El recurso criminal en la agenda televisiva no es un asunto nuevo ni local. Su articulación transgenérica con el policial y otros géneros ficcionales, sumada a la espectacularidad orientada a captar consumi- dores, son parte de viejos recursos de la TV comercial.
Mc Combs cita un viejo axioma del periodismo que rezaba: “Dame treinta minutos en la comisaría y te daré una oleada de crímenes”. En resumen, dice: “la inseguridad ciudadana y la preocupación por la delincuencia como problema social tienen muchos más que ver con la agenda mediática que con las realidades de la delincuencia en el vecin- dario, el área metropolitana o el conjunto del país”132.
La crónica policial ha sido históricamente un género de la produc-
132 Mc Combs, Maxwell, Estableciendo la agenda. El impacto de los medios en
ción periodística, cuya circulación discursiva ponía en foco el análisis social, biográfico y psicológico de los criminales, así como la investiga- ción judicial y policial, contenidos todos que dialogaban con formatos clásicos de la ficción, tanto literaria como audiovisual. El hecho policial no interpelaba al poder político ni establecía una psicosis de pánico colectivo; era simplemente parte de una crónica sobre el delito que mostraba los desajustes y retrasos de una sociedad en el contexto de una ilusión de progreso típica de la modernidad.
Pero a partir de los procesos de concentración y articulación del dispositivo multimedia –como vimos en los capítulos anteriores–, la violencia y el crimen dejaron de ser unidades de información aisladas dentro de múltiples focos de atención periodística para convertirse en el eje principal del discurso audiovisual.
El ciudadano en peligro resulta entonces una construcción de época en la que conviven la ausencia de protección social y la intimidación de los medios. Representa no solo al consumidor individualizado que no puede cambiar de canal por la fascinación del terror, sino también una categoría política que fortalece la capacidad de intervención de las cor- poraciones de medios en la disputa por mayores espacios de poder.
La decisión política del ciudadano se encuentra entonces, en cierta manera, interferida por la coexistencia con las narrativas fragmentadas de la televisión:
“La información televisiva cotidiana presenta por tanto una situa- ción de aprendizaje imposible: el público es asediado por informacio- nes fragmentarias, totalmente inapropiadas para formar un marco cognoscitivo adecuado a las opciones que el elector deberá llevar a cabo”133.
Si bien es cierto que el relato audiovisual, especialmente en su for- mato televisivo, plantea normalmente una transgresión y hasta una incertidumbre inherente a la definición de la noticia, como algo llama- tivo, diferente y –en lo posible– espectacular, la carretera por la que circulan tales productos en su vínculo con el público no es azarosa o
133 Wolf, Mauro, La investigación de la comunicación de masas, Instrumentos
espontánea. Depende tanto de las condiciones de producción (móvi- les, recursos, cámaras, etc.) como de sus condiciones de emisión. Esta suma de componentes serán determinantes en la construcción de un significante que, muchas veces, es independiente de la noticia misma.
En tales condiciones, las audiencias ven mermadas sus posibilida- des de recepción crítica, tienen una vida política atravesada por las representaciones (mediáticas) partidarias y de la dirigencia, y lo mismo sucede con otras esferas de participación social. Las vías y puentes de comunicación que funcionaron en tiempos de movilidad social, partici- pación y organizaciones contenedoras están cortados por las mismas circunstancias que fragmentaron el tejido social.
La concentración mediática y la disputa política en la Argentina le darían un encuadre particular a este fenómeno. Es significativo el con- texto en que proliferó la “oleada de crímenes” en la Argentina en una particular coyuntura.
El año 2007 fue el de la primera renovación presidencial post cri- sis y la economía registraba valores positivos consecutivos por quinto año. En vísperas del traspaso del mando presidencial –hacia fines de año– Clarín aseguraba que “la herencia económica que recibe la Presi- denta es la mejor que se haya visto en una transición en los últimos 25 años, desde la vuelta de la democracia”134, en tanto que las consultoras
privadas subrayaban que “casi todos los sectores presentan un fuerte incremento y, por primera vez tras la salida de la convertibilidad, es mayor el aumento de los servicios que el de los bienes”135.
Los relatos sobre el ciudadano en peligro coinciden, entonces, con un período de recuperación de los principales indicadores económicos y sociales136, con cinco años de estabilidad luego de la gravísima crisis
del 2001.
Según una publicación especializada de consultores económicos vinculados con la ortodoxia neoliberal, la economía creció hacia octu-
134 Campanario, Sebastián, “Con la mejor herencia económica en 25 años y siete
desafíos”, Diario Clarín, 9 de diciembre de 2007, pp. 12-13.
135 Ecolatina, Consultora en Economía y Empresas. Informe Económico Semanal
645, 28 de diciembre 2007.
136 Diario Clarín: “Cristina asume con la tasa de crecimiento del PBI más alta para
bre de 2007 un 9,4% en términos interanuales, resultando “el mejor registro desde el inicio de la recuperación económica”:
“El dinamismo de la actividad económica durante los primeros diez meses de 2007 respondió al fuerte crecimiento del consumo (más de dos tercios del PBI), que continúa motorizando el crecimiento eco- nómico, impulsado por una activa política fiscal de estímulo a la de- manda agregada vía incrementos salariales, de haberes jubilatorios, subsidios y aumento del gasto público. En este sentido, los volúmenes de ventas en supermercados crecieron un 15.4% en el acumulado enero-octubre 07, en relación a igual período de 2006, siendo el mejor registro desde el inicio de la recuperación económica”137.
Sin embargo, la escena está dominada por el peligro y la población responde a la consigna. En una encuesta de Ipsos-Mora y Araujo del mismo año, el 10% de la población económicamente activa del país (2,5 millones de personas) reconoció tener un arma, “para defenderse de los delincuentes”.
“Según la Fundación Lebensohn (Red Argentina para el Desarme), todos los días la prensa difunde una muerte, por arma de fuego, que
no tiene relación con la inseguridad. Son suicidios, accidentes, crímenes pasionales. Entre 1997 y 2005 hubo 31.043 muertes por
armas de fuego en la Argentina (Fuente Universidad de San Andrés). El Estado ha lanzado un programa nacional de entrega voluntaria de armas de fuego. Ya se recolectaron cerca de 60.000, a razón de 687 por día. En octubre último (2007) 20.000 fueron destruidas”138.
Un análisis sobre el comportamiento televisivo en la época permitió clasificar los títulos de 70 jornadas periodísticas entre febrero y junio de 2007 sobre un total de 350 noticieros de los canales de televisión abierta de la Ciudad de Buenos Aires en prime time. Ello permitió establecer un total de 1446 titulares, que se agruparon alrededor de nueve grandes ejes de articulación.
137 Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) Newsletter Economía
& Regiones, Director. Rogelio Frigerio, 20 de diciembre de 2007, Buenos Aires,
www.economiayregiones.com.ar.
El resultado fue que 356 titulares correspondieron a Inseguridad y Violencia, 227 a Información general, 234 a Información política (incluyendo la campaña electoral presidencial), 181 a Gestión guber- namental, 132 a Accidentes y Catástrofes, 105 a Justicia y Derechos Humanos, 105 a Conflictividad social, 74 a Clima y medio ambiente y 35 menciones para Noticias internacionales.
En suma, durante el primer semestre de 2007, los noticieros centra- les de la televisión local dedicaron casi la mitad de sus títulos de apertu- ra a la información de crímenes, accidentes y amenazas contra la vida y la salud de las personas, así como convulsiones en las provincias. La “agenda del miedo” duplicó la cantidad de menciones en titulares que las que correspondieron a la información política y electoral139.
El agrupamiento temático de los titulares puso de manifiesto que 533 menciones (más de la tercera parte del total) correspondieron a situaciones de riesgo para la integridad de las personas e instituciones –incluyendo crímenes, delitos, catástrofes y atentados–, en tanto que otra buena parte se destinó a la cobertura de conflictos provinciales e institucionales –a veces también violentos– en conjunto con las campa- ñas electorales.
Semejante profusión de violencia televisiva no responde solo a (y promueve) comportamientos sociales, sino que tiene un claro senti- do político. La transferencia de sentido en la sociedad del individuo atemorizado hace que se delegue la responsabilidad personal y se adjudiquen al gobierno en cabeza del Estado todas las explicaciones sobre las dificultades cotidianas (seguridad, salud, protección social, etc.), aun cuando su carencia está directamente vinculada con las po- líticas privatizadoras y de desmantelamiento de la estructura pública durante los 90.
La prédica de resignificación ideológica de los conflictos sociales y la deshistorización de los pools mediáticos –surgidos durante el período neoliberal– ha sido sumamente efectiva. Desaparecen la responsabi-
139 La cuenta no incluyó en ese renglón los discursos de campaña que tematizaron
esa misma agenda (la inseguridad), ni tampoco las situaciones de violencia e ines- tabilidad (asesinato de un maestro en Neuquén, caída del gobierno en La Rioja, crisis en Santa Cruz) que tienen origen político o institucional y por lo tanto deben ubicarse en este rubro (política), aunque remitan a situaciones intimidatorias.
lidad social y también la individual, en tanto que el comportamiento depredador de los grupos económicos y financieros –que terminaron incautando bienes y depósitos personales al comenzar el siglo– como el endeudamiento público y la precarización de la vida personal serán reclamados como inoperancia gubernamental.
La inseguridad individual, social e institucional causada por la impo- sición de recetas de mercado se narrarán como limitaciones de la po- lítica. En particular a partir de 2003 cuando la gestión gubernamental asuma un rol de reparación, desendeudamiento y salida del esquema individual neoliberal. Los agentes económicos y financieros responsa- bles de la crisis transfieren la carga simbólica a la clase política y recu- peran prontamente su prestigio sobre la base –otra vez– de poner los costos en la cuenta del Estado, cuya capacidad de gestión se ocuparon, previamente, de anular.
La herencia del desamparo neoliberal se superpone con las huellas de otros traumas que ha vivido la sociedad entre 1976 y 2003 (Dic- tadura, Malvinas, hiperinflación). El desamparo social se constituye en un importante factor de inseguridad que induce al resentimiento, la actitud defensiva y el rechazo hacia el pluralismo y la diferencia. La inseguridad tanto social como civil parecen caras de una misma moneda. La problemática de la inseguridad es, de algún modo, el retorno de las clases peligrosas, como la cristalización en grupos situados en los márgenes de todas las amenazas que entraña en si misma una sociedad.
El “riesgo argentino” tiene un plus por sobre el fenómeno global de la incertidumbre que acompaña la globalización y la posmodernidad. La emergencia de una “sociedad del riesgo”, abordada en diferentes trabajos por investigadores como Ulrich Beck y Robert Castel, parece potenciada en nuestro caso. Ambos investigadores sociales analizan que el principio de la incertidumbre es lo que gobierna el porvenir de la civilización. Ella se refiere no solo al sentimiento de frustración acerca de la seguridad perdida sino que obliga a distinguir entre los riesgos provocados por las contingencias de la vida que pueden ser socializadas y las amenazas que se reconocen pero de las cuales no nos podemos proteger.
alrededor de la figura del individuo moderno que vive la experiencia de su vulnerabilidad”140.
La fragilidad de la vida social en las condiciones actuales –que será permanentemente invocada por los medios– produce ese vacío que solo se completa con lo que Castel denomina una “búsqueda desenfre- nada de seguridad”.
“La inseguridad moderna no sería la ausencia de protecciones. Sino más bien su reverso, su sombra llevada a un universo social que se ha organizado alrededor de una búsqueda sin fin de protecciones o de una búsqueda desenfrenada de seguridad”141.
En la profusión de noticias sobre el crimen, el dato principal parece ser que “se ha producido otro hecho policial”, cuando el mensaje sub- yacente sería “la delincuencia se ha descontrolado y las autoridades
no reprimen”. En esa secuencia narrativa intervienen tanto los críme-
nes pasionales como problemas de violencia social o deportiva142.
El protagonismo del miedo y la desprotección individual en la agen- da de la época coincide con el pase de las “biografías de bienestar” a las “biografías del riesgo” que caracterizan la emergencia de la “socie-
140 Castel, Robert, La inseguridad social. ¿Qué es estar protegido?, Ediciones
Manantial, Buenos Aires, 2004, p. 14.
141 Castel, Robert, op. cit., p. 12.
142 Dentro de la muestra analizada aparecen en primer lugar los crímenes de tipo
pasional o de impacto mediático (casos Belsunce y Dalmasso, “panadero mató a la vecina”, “mató a la novia y al suegro”, etc.), acompañados de episodios protagoni- zados por ricos o famosos (serie de robos en los countries, “asaltaron al conocido periodista Lage”, etc.), y también casos de violencia deportiva (“Di Zeo prófugo”, “Impunidad barrabrava”). La agenda incluye el seguimiento de casos judiciales y/o mediatizados (“gatillo fácil condenado”, “Di Zeo condenado”, “ordenamiento de travestis en la zona roja”, etc.), casos genéricos (“diez minutos de terror”, “moto- chorros al ataque”, “encañonaron menor en Flores”, “abuela golpeada”), violacio- nes y episodios del género delictivo policial como casos de secuestro de personas (“secuestros express”, “toma de rehenes en Flores”) y empleo de armas de fuego (“salidera y balazos”, “tiroteo en el country”, “balearon al futbolista Paredes”). Finalmente otras cuestiones que denotan los nuevos conflictos y problemáticas sociales como el fenómeno de los “patovicas” que ejercen la violencia contra me- nores con sentido discriminatorio, o los permanentes motines en las cárceles por falta de condiciones dignas de reclusión.
dad del riesgo”143 al fin de la modernidad, según el análisis que realiza
el sociólogo alemán Beck.
En la fase de la sociedad de riesgo mundial:
“... se produce el retorno de la incertidumbre, no solo en el sentido de que se pierde la confianza en que las instituciones claves del mundo industrializado –economía, derecho y política– estén en condiciones de contener y controlar las consecuencias amenazadoras que ellas engendran con los instrumentos a su disposición, sino también en el sentido de que –de manera transversal a las clases de ingresos– las biografías del bienestar se conviertan en biografías del riesgo, que pierden la seguridad material futura y la identidad social”144.
En esa identidad en disputa, la pertenencia social también pasa por la defensa individual frente a ese mundo amenazante. La fotó- grafa Ananké Asseff, quien retrata familias e individuos que se ar- man para la defensa personal, desarrolló una interesante reflexión sobre el tema en una entrevista publicada en uno de los diarios más tradicionales del país. Assef fundamentó el encuadre de sus retratos indicando que:
“… es una metáfora, no de una amenaza efectiva, sino de una condi- ción general de la vida humana de nuestros días, en la que los sujetos adquieren ciudadanía mediante la construcción compleja de su pro- pia inseguridad”145.
Tales situaciones operan sobre la huella del desasosiego como sen- timiento global impuesto por el cambio de época. La “angustia” del pasaje a la nueva etapa productiva y social.
Como el estado del tiempo, los precios de las mercaderías, los asun- tos familiares, etc. la inseguridad se convierte en tema obligado del en- cuentro social. La inclusión del sujeto en la vida social requiere de algún
143 Beck, Ulrich, “Prólogo: Hijos de la libertad: contra las lamentaciones por el
derrumbe de los valores”, Hijos de la libertad, p. 23, Fondo de Cultura Econó- mica, 1999.
144 Beck, Ulrich, op. cit.
contacto o conocimiento personal relacionado con esta agenda. Las re- vistas dominicales de los diarios de mayor circulación –vinculados empre- sarialmente con canales televisivos– abren sus ediciones con “El mapa del miedo”146, publicando una imagen satelital de la ciudad de Buenos Ai-
res en un discurso coincidente con la agenda de la inseguridad de la TV. Poco después algunos empresarios, cuyo ADN financiero revela la pertenencia al mundo de los 90, como el futuro socio de América, Francisco de Narváez, se lanzarán a la arena política haciendo campa- ña con su propio mapa de la inseguridad.