Aún con binoculares, ver el dosel bosque lluvioso tropical desde el suelo es todo un reto, imagine que desea ver algo de cerca, quizás un ave, un insecto, una flor. O desde la pers- pectiva de un científico, imagine que desea tomar datos de algún objeto. Ahora imagine que debe hacerlo desde 35 m de distancia o más. En términos de béisbol, ¡es como observar a un escarabajo caminando por el cojín de la base meta, cuando usted esta en segunda base o más aún desde fuera del campo! Esta, por supuesto, es exactamente la situación cuando uno se encuentra en el suelo del bosque intentado estudiar algo en el dosel superior. Pero, al menos en unos pocos lugares, ahora es posible acceder directa- mente al dosel del bosque lluvioso. Y parafraseando al astronauta John Glenn, cuando se elevó en la misión orbital Friendship 7 en 1962, “Oh, esa vista es tremenda”.
Hay una torre no lejos de Manaus, Brasil, localizada dentro de un bosque lluvioso primario, una torre lo suficientemente elevada para sobrepasar apenas el dosel. Desde el suave vaivén arriba de esta estructura, uno puede disfrutar de kilómetros de paisa- je, viendo vastas áreas del bosque mientras al mismo tiempo está rodeado por las copas de docenas de árboles del dosel. Es desde tal punto ventajoso, que uno puede ver un Águila Arpía (Harpia harpyia) planear sobre su cabeza u observar al raro Pájaro Militar (Haematoderus militaris). Aves coloridas como la Cotinga Pompadour (Xipholena puni-
nunca sabría que se encuentran ahí. Bandadas mixtas de forrajeo de aves del dosel se encuentran ahora al nivel de los ojos. Coloridas mariposas, muchas de ellas habitan- tes estrictos del dosel, que son raras o nunca vistas en el sotobosque, son aquí fáciles de observar. Monos, ardillas y otras criaturas habitantes del dosel, pueden ser vistas desde arriba, ya que de hecho se las mira hacia abajo. Pero una torre, pese a todas sus ventajas, es limitada. Ocupa un área muy restringida. Una forma aún mejor de ver y estudiar el dosel, podría ser caminar por el, la clase de cosas que hacen los monos aulladores. Y hay un lugar donde esto es posible.
El Centro Amazónico de Educación Ambiental e Investigación (ACEER), está localizado en una de las áreas más ricas en especies en la alta Amazonia, junto al Río Napo, casi 60 km al este de Iquitos, Perú. La característica que hace único a ACEER entre las estaciones de campo, es que el sitio incluye un sendero elevado sobre el dosel de más de 400 metros de largo, un elaborado sendero arbóreo interconectado con catorce árboles emergentes, permitiéndole a uno literalmente caminar a través del dosel del bosque lluvioso. Cada uno de los árboles utilizados en el andador esta dota- do de fuertes plataformas de madera, que soportan varias personas permitiéndoles observar hacia el dosel. Los estrechos senderos entre las plataformas de los árboles están construidos más bien como puentes suspendidos, soportados por fuertes cables metálicos y con malla a los lados para proveer seguridad y protección total. Los puen- tes vibran un poco, especialmente cuando más de una persona camina por ellos. Uno de ellos es de casi la longitud de un campo de fútbol, proporcionando una abrumado- ra, aunque tambaleante, vista del bosque debajo de uno. La primera plataforma esta cerca de 17 m por encima del suelo del bosque, pero los senderos eventualmente con- ducen a una plataforma que está a 36 m por encima del suelo. Desde esta privilegiada posición, uno contempla un panorama ininterrumpido del bosque lluvioso de muchos, muchos kilómetros. Y sí, esa vista es tremenda.
Desde el interior del dosel se tiene una inmediata, casi avasalladora impresión de la riqueza del bosque lluvioso. Los árboles son cualquier cosa menos uniformes en altura y hay tantas especies que se preguntará si en los cuatrocientos metros del sen- dero, usted pasa dos de la misma especie o si cada árbol que pasa es diferente de cual- quier otro. Uno nota los variados tamaños y formas de las hojas y ve que algunas están dañadas por hormigas corta hojas, insectos que han caminado pacientemente 30 m hacia arriba por el tronco del árbol, para colectar alimento para sus jardines subterrá- neos de hongos. Ahora puede realmente observar los finos detalles de las plantas epi- fitas, como orquídeas y bromelias. Puede ver hacia abajo dentro de las bromelias y aprender que clase de diminutos animales habitan estos microhábitats muy por enci- ma del suelo del bosque. Uno nota el terreno desigual abajo y se da cuenta de que el dosel no es continuo, más bien está interrumpido por claros frecuentes, de diferentes tamaños. Un macho de Trogon de Collar (Trogon collaris) está posado 6 m por debajo del sendero. Que extraño es mirar esta criatura hacia abajo. Un macho de Cotinga Celeste (Cotinga cayana), se exhibe a nivel de nuestros ojos, una asombrosa ave tur- quesa, cuyo plumaje parece brillar con iridiscencias a plena luz del sol.
Un árbol cercano a una de las plataformas está cargado de frutos, cientos de peque- ños frutos naranja parecidos a bayas atiborran las ramas. Los árboles con frutos, nor- malmente atraen multitudes y este no es la excepción. Coloridos tangaraes de seis especies diferentes se acercan volando para deleitarse con frutas a no más de 3 m de
nosotros. Igualmente llamativos tucancillos se unen a las tangaraes. Dos tranquilos Monos Saki Monje (Pithecia monachus), aparentemente una hembra y un joven, se ven en el árbol con fruta. Sus largas y espesas colas cuelgan limpiamente debajo de la rama en la que están sentados, ya que éstos no tienen cola prensil, como los aulladores, araña y lanudos. Los monos pronto se dan cuenta de que no están solos. La hembra nos ve y se frota la barbilla en la rama. Se para totalmente erecta y emite un corto y demostrativo grito para advertirnos que no nos acerquemos más. No necesita preocu- parse. No vamos a dejar la seguridad del andador. Estamos maravillados de cómo los monos han adquirido las habilidades necesarias, para moverse sin esfuerzo a través del tenue mundo tridimensional del dosel del bosque lluvioso. Una frenética Ardilla
Enana (Microsciurus flaviventer), del tamaño de una ardilla terrestre(Tamias spp.),
pariente evolutivo de los colectores de bellotas del norte, echa a correr con aplomo por
la parte inferior de una rama a 30 m del suelo. Un pensamiento recurrente,como en
muchas otras ocasiones: desde el suelo, nunca sabríamos que estos pequeños anima- les están aquí arriba.
El sendero sobre el dosel es una amplia y única ventana a la vida sobre el sotobos- que. Es excitante visitarlo, estar ahí al amanecer, cuando el bosque abajo esta aún cubierto de bruma u observar la puesta de sol sobre lo que parece un paisaje sin fin de bosque lluvioso. Pero también brinda una oportunidad, para la clase de investigación que se requiere hacer para entender con precisión los ritmos de la vida en este hábitat esencial. Pronto sabremos más acerca del bosque lluvioso, porque otros senderos sobre el dosel como el del ACEER se están construyendo en diversos bosques lluviosos (Wilson 1991; Moffett 1993).