CAPÍTULO III: LOS MODELOS TEÓRICOS SOBRE LOS EFECTOS MEDIÁTICOS: INVESTIGACIONES Y TEORÍAS
EFECTO DE REALIDAD
III.3.3. La naturaleza inconsciente y acumulativa del poder mediático
III.3.3.2. Los medios de comunicación televisivos como agentes de socialización
produce una culturización y transmisión de representaciones mentales de la realidad que responden al universo simbólico de este medio de comunicación específico alejándose de las tendencias reales presentes de manera efectiva en la sociedad.
El poder mediático ejercido por este tipo específico de medios de comunicación, pueden alcanzar un nivel de afectación mayor debido a que la exposición a sus mensajes mediáticos no permite el mantenimiento de una actitud los suficientemente selectiva, como en el caso del consumo de informaciones contenidas en otros medios. Asimismo, sus características específicas hacen de la fruición televisiva más persuasiva y potente que la del resto de los medios, adquiriendo el poder de transmitir actitudes conductuales y emotivas a los individuos receptores.
III.3.3.2. Los medios de comunicación televisivos como agentes de socialización
Las predisposiciones y preferencias que se adquirían antaño a través de fuentes de información primarias tales como las relaciones interpersonales o la percepción directa, son sustituidas en el nuevo contexto histórico-social por la televisión, considerada como un “sistema centralizado para contar historias en el que sus dramatizaciones, noticiarios, publicidad y otros programas conforman un sistema relativamente coherente de imágenes y mensajes que son llevados a cada hogar” (Gerbner et. al., en Bryant y Zillmann, 1996: 36)211. Así, el medio televisivo se convierte en la primera fuente primaria común de socialización e información cotidiana (mayoritariamente, según algunos autores, en forma de diversión). Trascendiendo las barreras históricas de movilidad y de cultura existentes en periodos anteriores, las élites y el resto de la población comparten el ritual diario de información televisiva con cualquier tipo de público (homogeneización), situando al medio televisivo como un nuevo “sistema cultural nacional compartido”, hasta el punto de que “a partir de la continua repetición de formas (mitos,
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Para Mauro Wolf existe una notable amplitud, fragmentarización y heterogeneidad en la investigación empírica relativa a la hipótesis de la que parte esta teoría por la que se plantea el papel de los medios como agentes de socialización en base a la diversidad de ámbitos de socialización existentes en los que los MDC toman protagonismo, tales como la socialización política o la socialización de las identidades sexuales, raciales o relativas a las diferentes edades, y en relación a cómo “los media socializan el comportamiento asocial, y, por reacción, de cómo pueden también socializar el comportamiento sociable” (Wolf, 1994: 103).
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Se trata del artículo de Gerbner, G. Gross, L., Morgan, M. y Signorielli, N. (1996): “Crecer con la televisión: perspectiva de aculturación”, en Bryant, J. y Zillmann, D. (op.cit.) p.p. 35-66.
ideologías, datos, relaciones, etc.) que sirven para definir el mundo y legitimar el orden social”, surge, según algunos autores, el establecimiento de una analogía entre televisión y religión, desde el punto de vista de sus funciones sociales.
La televisión, como medio de comunicación de masas específico, cuenta con dos importantes características que diferencian su acción mediática de la de otros medios, a saber, la homogeneización que provocan sus contenidos y la pasividad que implica su consumo por parte de los receptores. En primer lugar, en relación a la homogeneización del contenido televisivo, podemos decir que del estudio Cultural Indicators
llevado a cabo por Gerbner, Gross, Morgan y Signorielli en 1967, en el que se exploran las consecuencias de crecer y vivir con la televisión y se analiza la aculturación que esta exposición continuada provoca sobre el público receptor, se desprende que la televisión difiere de otros medios de comunicación por su “producción masiva centralizada de un conjunto coherente de imágenes y mensajes producidos para poblaciones globales y por su relativamente poco selectiva y casi ritual utilización. La exposición a patrones totales más que a géneros o programas específicos es lo que marca la diferencia histórica y las consecuencias específicas de la vida con la televisión, es decir, el fomento de concepciones de realidad compartidas por unos públicos que, por lo demás, son muy heterogéneos” (Gerbner, Gross, Morgan y Signorielli en Bryant y Zillmann, 1996: 35-66). Por otro lado, sobre la pasividad implícita que conlleva el consumo de este medio de comunicación específico, resulta interesante señalar que a pesar de que “los espectadores pueden experimentar un nuevo sentido de poder y control derivados de la capacidad de que disponen para congelar un fotograma, volver a ver una escena, eludir los anuncios con un avance rápido e incluso evitarlos totalmente” (Morgan, Sanahan y Harris, 1990), lo cierto es que comparada con otros medios de comunicación, la televisión ofrece una elección relativamente restringida para una variedad de intereses y de públicos de una magnitud inmensa. La mayoría de los programas televisivos son comerciales por necesidad, diseñados para audiencias amplias y heterogéneas y relativamente poco selectivas. En este sentido, la cantidad y variedad de elección al alcance del espectador, está limitada por el hecho de que muchos programas dirigidos a la misma audiencia en general son similares tanto en apariencia como por su atractivo (Signorielli, 1986: 36). En este sentido, “cuanto más se ve la televisión menos selectivo se puede ser” (Sun, 1989: 28).
En definitiva, la naturaleza y las características propias de la televisión determinan la existencia de “una exposición masiva y común a largo plazo de públicos muy amplios y heterogéneos a historias sistemáticas y repetitivas, distribuidas de forma masiva y producidas centralmente”, produciendo lo que Wolf denomina como “socializaciones colaterales” de
la fruición televisiva212. Este efecto colateral del consumo informativo mediático se traduce, a su vez, en un efecto de realidad inducido por el contenido transmitido por los medios de comunicación, lo que los convertiente, según los modelos desarrollados durante este periodo, en los principales agentes constructores de imágenes y representaciones mentales de la realidad social213.