CAPÍTULO III: LOS MODELOS TEÓRICOS SOBRE LOS EFECTOS MEDIÁTICOS: INVESTIGACIONES Y TEORÍAS
TEÓRICOS TEORÍAS QUE LOS INTEGRAN
III.1. EL MODELO DEL PODER FUERTE DE LOS MEDIOS Y EL EFECTO DE
III.1.2. Un modelo comunicativo propuesto desde la teoría de la información
Recapitulando lo expuesto hasta aquí sobre esta primera teoría sobre el poder y efectos mediáticos, la propuesta teórica que plantea la existencia de un poder de los medios fuerte y de unos efectos de persuasión que alcanzan la modificación de las actitudes y las opiniones de los individuos receptores, constituye la base del primer modelo hegemónico que determina la investigación sobre los efectos de la CDM. En este contexto,
la teoría de la aguja hipodérmica surgida en el primer periodo de
desarrollo, tendrá una validez que alcanzará fases posteriores de los estudios mediológicos, llegando a ser aceptados algunos de sus postulados por parte de la investigación actual156.
Lo cierto es que se mantiene durante bastante tiempo como una verdadera teoría de la comunicación estrechamente vinculada con otro paradigma, ampliamente extendido durante este primer periodo, como es
la teoría de la información, basada en los trabajos desarrollados en el
marco de la de ingeniería de las telecomunicaciones y cuyos planteamientos se centran esencialmente en el alcance de una
transmisión eficaz del mayor número de mensajes157. Según este
enfoque, la finalidad u objetivo principal del proceso comunicativo es
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En concreto, se trata, como veremos en apartados ulteriores, de retomar parte de sus planteamientos y aplicarlos al estudio de la CDM desde un enfoque contemporáneo de la misma.
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Para más detalle sobre esta teoría de la información, su ámbito de estudio, descripción, ventajas y limitaciones, véase Wolf, 1994: 126-138.
“justamente la de hacer pasar a través del canal, la máxima información con las mínimas interferencias y la máxima economía de tiempo y energía” (Alsina, 1995: 42-44)158.
Este esquema analítico del proceso comunicativo basado en la teoría de
la información, aunque con distintas versiones y variaciones
terminológicas, cuenta con una presencia notable, y considerablemente constante en los estudios mediológicos desarrollados a lo largo de varias décadas, logrando alcanzar un importante impacto en la investigación de los procesos comunicativos interpersonales y sociales. La característica de su funcionalidad se basa tanto en su gran aplicabilidad a fenómenos y procesos muy heterogéneos, como en el hecho de que permite descubrir los factores de interferencia de la transmisión de información –o ruido informativo-, planteado como una pérdida de la señal comunicativa o una información parasitaria que producida en el canal de transmisión.
Ello da pie a lo que algunos autores como Escarpit (1976) han denominado como “teorema del canal ruidoso”, a través del cual se trata de determinar la forma más económica, rápida y segura de codificar un mensaje sin que la presencia del ruido haga problemática su transmisión. La aplicación de este modelo consiste en tratar de alcanzar una mejor utilización de la codificación de los mensajes obteniendo, de este modo, mejoras en el rendimiento de la cadena informacional. A partir de este planteamiento se introduce un nuevo elemento en el proceso comunicativo: el código. Y es que, de cara a una adecuada comunicación, el código ha de ser el mismo tanto en el momento de la emisión del mensaje, como en el de la recepción del mismo por parte de los individuos159.
Sin embargo, una de las lagunas según algunos autores destacables de todos estos planteamientos, es que no abordan ni contemplan la importancia del significado social de los mensajes mediáticos, dejando de lado lo que parece suponer una de las dimensiones más relevantes del proceso de la CDM. En efecto, Wolf considera en ese sentido, que las aportaciones teóricas que se enmarcan dentro del primer modelo teórico de los efectos “(…) parecen tratarse de una dirección de investigación que se aleja de los objetivos prioritarios orientados sociológicamente y
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Por el planteamiento de principios homólogos, ambos paradigmas –la teoría de la aguja hipodérmica y la teoría de la información- se encuentran vinculadas en algún momento de su desarrollo teórico, con la teoría matemática de la comunicación, también denominada como modelo de Shannon (Shannon-Weaver, 1949) cuyas características específicas pueden verse en Rodrigo Alsina, M. (1995): Los modelos de la comunicación, Madrid, Tecnos, p.p. 42-47.
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Puesto que los códigos empleados en la comunicación mediática han de adaptarse a un conjunto amplio de receptores, los mensajes y sus contenidos se presentan como híbridos y descomprometidos. En este sentido, Goffman señala el esfuerzo de las disciplinas de orientación lingüística al emplear el término código como recurso que informa y configura todos los acontecimientos que caen dentro de los límites de su aplicación (Goffman, 2006: 8).
centrados en la relación entre media y sociedad, como si ésta pudiese desarrollarse totalmente al margen de cualquier mecanismo de construcción de significado” (Wolf, 1994b: 133).
En este sentido, y en relación a otros esquemas que también se alejan de una orientación sociológica del proceso comunicativo, lo cierto es que para autores como Moragas i Spá “existe una clara diferencia en la razón teórica de esquemas (…) diríamos de carácter sociológico, y esquemas
como el de Shannon de carácter físico-matemático160. El esquema de
Shannon, en tanto que fórmula, pretende una aplicabilidad universal repetible. Los esquemas sociológicos no pretenden tanto la aplicabilidad y su utilización como fórmulas matemático-lógicas, como la posibilidad de sintetizar, resumir en unos trazos pertinentes y universales, la complejidad de elementos y estructuras de relación de estos elementos en los procesos de comunicación humanos” (Moragas i Spá en Alsina, 1995: 46).
A pesar de todo ello y de los vacíos teóricos que presenta esta perspectiva informacional de la CDM, la necesidad de contar con una teoría adecuada de los procesos comunicativos hará que se mantenga durante largo tiempo como un verdadero paradigma dominante, raramente puesto en cuestión y frecuentemente utilizado. ¿A qué se debe, por tanto, el mantenimiento de estos principios durante varias décadas como modelo teórico válido a pesar de no ser del todo adecuado? En este sentido, algunos autores plantean diversos factores que justifican esta permanencia y que contribuyen a que el abandono de
la teoría informacional suponga un proceso laborioso, lento y en parte aún
por completar. Por un lado, el planteamiento esencial y simplista que realiza del proceso comunicativo en términos estrictamente lineales que se extenderá, no obstante, como un esquema comunicativo general161. Por otro, este planteamiento informacional parece resultar adecuado y suficiente de cara al estudio del ámbito de interés primordial de la MCR que, durante un largo periodo de tiempo, consiste básicamente en analizar el proceso de transmisión masiva de los mensajes. Únicamente cuando empieza a adquirir peso la significación del proceso comunicativo desde la perspectiva semiótica explicita, y se plantea el posible efecto de los medios a largo plazo sobre las actitudes y cogniciones, entonces es en ese momento cuando todos los paradigmas teóricos planteados
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Cuyas características, por otro lado, se pueden equiparar al teorema planteado por Escarpit sobre el canal ruidoso al que acabamos de hacer referencia.
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Hay que decir que a la difusión más allá del ámbito en el que surge este planteamiento informacional contribuye enormemente la terminología matemática empleada en el paradigma lingüístico –en la literatura especializada denominado modelo lingüístico- planteado por Jakobson: “La legitimación y difusión dadas por la lingüística jakobsoniana a la versión <<dulcificada>> de la teoría informacional han constituido evidentemente uno de los motivos de su <<éxito>> como teoría comunicativa adecuada y bastante indiscutida” [las comillas son del autor] (Wolf, 1994b: 135).
durante este primer periodo dejan de ser adecuados para un análisis empírico y teórico de los efectos de la CDM.
Y por último, a ello se une otro freno importante de su abandono como perspectiva teórica adecuada, que es el hecho de que una teoría tan focalizada facilita la construcción de una metodología cada vez más perfeccionada y elaborada del análisis de contenido de los mensajes mediáticos, algo que no puede decirse de los modelos comunicativos elaborados posteriormente cuyos planteamientos teóricos no van acompañados de una metodología adecuada y efectiva, menguando en muchos casos su operatividad.
III.1.3. El paradigma de Lasswell y la superación de la teoría