Magno, y fingidos motivos de la guerra, hace tanto papel el monarca asturiano,- y por eso en fin infie- ro, que los sucesos verdaderos y falsos de aquella campaña contribuyen á probar que los Alaveses, Guipuzcoanos y Vizcainos estaban sujetos al rey de Oviedo, como rodeados de vasallos del mismo.
5 Muerto Silon, su viuda la reyna Adosinda y los grandes del reyno eligieron por sucesor á don Alonso, sobrino de esta señora, hijo de Fruela su hermano, y nieto de Alonso i . Mauregato, hijo de este y de una sierva, formo partido contrario, y se apodero' del trono, que conservo seis años incomple-
tos , hasta setecientos ochenta y ocho en que falleció de muerte natural, y fué enterrado en la iglesia del apóstol san Juan de la villa de Pravia; porque Alon- so , lejos de oponerse á la usurpación de su tio, se re- tiro' á vivir en Alava entre los parientes de su ma-
dre doña Munia
6 La retirada de don Alonso dio motivo á va- rios escritores para sostener la opinion de que la pro- vincia era pais independente adonde no alcanzaba el poder del intruso Mauregato; pero me parece l d - giçaiuíèliz este modo de argüir, porqué supuesta h moderación de don Alonso, y su resolución de no turbar la monarquía con guerras civiles, podia vivir efírsus dominios sin rezelo de persecución de su tio, estaado^an alejadô de la corte y negocios políticos:
Mauregato tampoco tenia que temer dé un sobrino tan moderado la sublevación de los pueblos; por lo qye no hay repugnancia en el retiro de aquel á vi-
- *t¡''<6W&stiato, obispo dé Sálámánca, Cronicón, n. i*p , Esp. Sag.,
ALAVA , GUIPUZCOA Y VIZCAYA. ^
vir entre sus parientes maternos con la sujeción del pais á un soberano á quien por fin todos réconocié- ron como tal á pesar de la elección referida.
7 E l estado anterior era de se.r partes del reyno las tres provincias: lo mismo consta por lo respecti- vo á tiempos posteriores, según veremos luego. Para creer lo contrario en la época intermedia, era pre?
ciso un documento fidedigno en que constasen .la li-i bertad y nueva subordinación, el qual no existe., y >
8 Es verdad que la cro'nica general dixo haber sido la retirada de don Alonso á Navarra t, y don Rodrigo, que á Alava y Navarra *; pero siendo es- tos dos historiadores cinco siglos posteriores al suce- so, y constando expresamente del obispo de Sala- manca, casi coetáneo, haber sido á Alava, es forzoso convenir en que los otros añadieron voluntariamen- te lo de Navarra por el débil fundamento de haber sido navarra o' vascona la reyna doña Munia.
9 La serie de los acaecimientos testifica tam- bién que don Alonso había cedido tan completa- mente sus derechos, que se podia tener por seguro dentro de la monarquía sin necesidad de buscar asi- lo forastero, pues habiendo fallecido Mauregato, ni don Alonso pensó hacer valer la elección antes ve- rificada en su favor, ni los electores se creyeron- obligados á sostenerla; antes bien celebráron otra li- bre y pacíficamente en don Bermudo i , sobrino de.
don Alonso r, hijo de Fruela, hermano suyo; siendo muy digna de notar la circunstancia de ser clérigo
i Crónica general de Esp., part. 3 , tratando de Mauregato y Alonso ir.
3 Don Rodrigo, de rsbus Hisp,, lib. 4, cap. 7,
5<5 CAPITULO V I .
ya diácono el electo; sin embargo de lo qual le pre- firiéron á don Alonso, á quien poco antes habían es- cogido para rey.
r"io' Si el suceso justifica que nada había que te- mer del carácter pacífico de don Alonso, lo confir- ma mucho mas la conducta del nuevo rey don Ber- mudo, pues le llevó á la corte sin dilación; y á los
ttks años (no obstante hallarse casado con doña Ocenda Nunilona \ y tener dos hijos, Ramiro y García) * renunció el reyno para que recayera en don Alonso su sobrino, después de lo qual vivió en su compañía largos tiempos conservando armonía y büéna inteligencia ».
I i E l rey nado de don Bermudo no nos ofrece memorias relativas á mi objeto. E l monge de Albel- da dice que tuvo guerra en la Bureba, sin expresar Èón quien4: don Juan de Ferreras opinó que* con los Moros; y es verosímil, pues estaban vecinos en la Rioja. Como no hay monumento alguno que per- suada la extensión de Alava hasta la Bureba, á pesar de quanto escribió Moret en los anales de Navarra por no confesar la sujeción de los Vascones, no pre- tendo traer a comêqiíètícia tal campana,
• 12 Tampoco nos ofrece muchas noticias el rey- nado de don Alonso n el Casto, no obstante su lar- ga duración de cincuenta y dos años Los cronicones oiiginales nada dicen: la escritura de erección y do-
i Florez,, Reyna» Católicas, tomo i , en don Bermudo.
í Sebastian, Cronicón, níim. 20.
$ Sebastian, Cronicón, nínii. 20. =Monge de Silos, Cronicón, núm. 32 , en la Esp, Sag., tomo 17.
4 Albeldense, Cronicón, n. 57, en el tomo 13 de la Esp. Sag-
ALAVA, GUIPUZCOA Y VIZCAYA. 57
tacion del obispado de Valpuesta por este monarca en favor de don Juan su maestro, fecha á veinte y uno de Diciembre de la era ochocientos quarenta y dos, año ochocientos quatro;•> publicada por fr; Hen- rique Florez presenta materia j>ara deducir algunas reflexiones. Señala los límites del distrito, con cuyos fondos dota la iglesia, y son ios mismos que dividen ahora Castilla la Vieja de la provincia de Alava por las hermandades de Valdegobia y la Ribera.
13 Sabemos que el obispado de Valpuesta seguia su línea hasta la villa de Cueto de las Asturias de Santillana, dividiendo"por donde hoy el arzobispado de Burgos y los obispados de Calahorra y Santan- der \ Pertenecen á aquel varios pueblos alaveses dé las.hermandades antes citadas, y al de Santander once de la de Arciniega, que forman el arciprestaz- go de Tudela de Ayala, y muchos en las Encarta-
1 Florez, Esp. Ssg., tomo 26 en el apéndice, núm. 2 ; y eft nuestro apéndice la escritura de fundación del monasterio de santa María de Náxera año 1052.
2 Escritura de fundación y dotación del monasterio de santa María de Náxera, que se pondrá en el apéndice de está obra; y prevenimos para gobierno de nuestros lectores, que aunque quisí-*
mos citar las escrituras con el número mismo que tendrán en el apéndice, para excusar la molestia de buscar con mas trabajo la que necesiten, no nos ha sido posible, por no saber al tiempo de i m - primir este tomo qual número corresponderá, mediante que espe- ramos nuevos documentos; pero el orden cronológico que observa- remos en su colocación, la distinción de siglos, que insinuaremos ea las márgenes altas por epígrafe, y un índice también cronológico en el principio de la colección diplomática suplirán este defecto;
de manera que en el índice y en el cuerpo de los apéndices será fácil.hallar por la fecha de cada escritura la página de la que se
quiera leer.
PARTE I. H
58 CAPITULO v r .
dones de Vizcaya, todos occidentales á la línea di- visoria. No consta qual rey formo' la demarcación diocesana^ pera parece verosímil haber sido don Aíoñso fundador del obispado, y en tal caso tene- mos un exercício de la soberanía en el territorio de la provincia de Alava y Encartaciones de Vizcaya, que supone dominación libre, y no mera protección por voluntãd de los naturales, pues sujetaba pue-
blos alaveses y vizcaínos á. jurisdicción eclesiástica castellana.
14 Los Anales composteíanos (escritos en el si- glo x í n ) dicen que en el mes tercero de la era ocho- cientos treinta, año setecientos noventa y dos , vino á Alava el moro Abultaman; el mismo que invadid las Vardulias era ochocientos quarenta y quatro, año ochocientos seis, y murió á manos de los cristianos en la batalla de Písuerga :.
15 E l arzobispo don Rodrigo nos dio noticia de otra expedición no referida en los cronicones, di- ciendo que Abdelcarin, capitán general del rey Mo- ro de Co'rdoba Aliaran, d Alhakcn, vino con exér- cito contra los cristianos en la egira doscientas, que comenzó en diez de Agosto de ochocientos quince, y acabtí en Veinte y ocho de Julio de ochocientos diez y seis,* y después de haber tenido sitiada la ciu- dad de Calahorra por bastante tiempo, llego hasta el mar destruyendo muchos pueblos, y regreso al rey- no de Cordoba lleno de riquezas y de gloria V
16 N i el arzobispo ni el autor de los Anales
1 Anales composteíanos, en la Esp. Sag., t. 23.
; 2 Don Rodrigo, Hist. Arabwm, cap. 25, edición de Madrid del afio 17P3.
ALAVA,
GUrPUZCOAY VIZCAYA.
f()refieren cosa por donde podamos venir en conoci- miento .de quien fuera el soberano, en cuyos domi- nios hicieron los Moros aquellas correrías; por lo que pasaremos á investigar el reynado de Ramiro i,
<¡ue sucedió á su primo, y era hijo del anterior don Bermudo i el diácono.
17 Apenas ocupo el trono don Ramiro, se lè rebelo' (con ánimo de usurpar la corona) el conde Nepociano, auxiliado de los Asturianos y Vascones que seguían su partido. Prontamente se disipo la conjuración, porque habiendo don Ramiro marcha- do contra ellos, los alcanzo' en Galicia, prendió'al conde, y cediendo de su empresa los Asturianos y Vascones, prestaron obediencia á su legítimo rey, que gozo' del trono sin turbación interior I .
18 Fr. Manuel Risco no entendió' que los favo- recedores del conde Nepociano fuesen los pueblos de Asturias y Vasconia, sino las tropas asturianas y vas^- cónas que habría en la corte d sus cercanías *. Para mis objetos es indiferente. De qualquiera modo ha de resultar que los pueblos vascones eran parte del reyno de Asturias, porque de lo contrario seria 'm~
verosímil haber tropas vasconas en atención á que por ento'nces no era costumbre tener exércitos vi- vos en tiempos de paz, ni de mantener soldados extrangeros. Si los Vascones eran vasallos, mejor los Alaveses, Guipuzcoanos y Vizcainos por lo antes expresado.
19 Lázaro Gonzalez de Acevedo (con el deseo
t1 Cronicón albeldense, níim. 59. = E1 de Sebastian, núm. 23. =s El de Silos, niitn. 33 , en la Esp. Sag., tomos 13 y 17.
» Risco , Esp. Sag., t. 32 , capítulos 17 y 18.
(5o CAPTTUXO vr.
de combatir el diploma de los voros de Ramiro i al apóstol Santiago, que se supone hecho en accion.de -gracias de la.batalla .de Clavijo) recurrió á todos los extremos que le sugirió su imaginación; y entre ellos al de afirmar,. que no solo era fingida la escritu- ra, sipo incierta la aparición de Santiago , incierta la tataUa , é;indert0,el;«aotivo del tributo de las don- C'ellas;; proposiciones todas distintas entre sí, y capar ees las. unas de ser ciertas sin dependencia de las otras. Tara negarlo todo sostuvo la paradoxa de que don Ramiro i solo tenia treinta leguas de. monarquía»
y, «sas en terreno despoblado, montañoso y pobre, por lo que no podia juntar exército mayor que de quatro mil hombres Como dixese verdad Ace- vedo, resultaba la conseqiiencia de que Alava, Giú- ftízGoa y Vizcaya n o eran parte de la-monarquía de Asturias, porque distan de Oviedo mucho-j^a&jdç
las treinta leguas, pero no la dixo.
• 20 Hemos visto que el reyno de Asturias llegaba hasta los Pirineos. Es cierro que los Moros ocuparon la Navarra, la Rioja Jbaxa, y las perras llanas de CastL lia; peto fton •nuesttosi.crjoniconçsí consta que don sálptwaírjeJíCatólico reconquisto' la Rioja hasta la vi*
lia dCiCenicero, tres leguasjmas arriba de Logroño en la.oi illa, meridional del Ebro: que don Fruela 1 .**>á sefior delferritoKkb que-medlaabasiá la A'.asconia;
y. que el mismo Ramiro i componía.sü-exército coñ.
lus pueblos vascones, que le sirvieron fieles después de abandonar al rebelde Nepociariô. Yo bien creo guç.nada hubo de quanto se cuenta en el dipluma,
1 GonzaJçz de: Acevedo , Memorial y .Discursos contra el pri- vilegio de los votos do. Santiago, disc. 6, cap. 17.
A1AVA , GTTTPTTZCOA Y VIZCAYA. 6t
y que la base de la ficción fué la batalla del sucesor de Ramiro, que luego citaremos; pero en lo res- fiectívoá la extension del reyno de Asturias, la pro- posición de Acevedo se debe reputar como exâge^
ración de un defensor de pleytos.
21' A Ramiro i sucedió' don Ordoño i su hijo, y los principios de su reynado nos ofrecen ya pruebas de que su monarquía llegaba hasta los Vascones, in-' cluyendo por consiguiente las tres provincias vas- congadas. El obispo de Salamanca y los monges de Albelda^ Silos dicen que se le rebelaron aquellos en el primer año de su imperio, que paso'fen perso- na, los domo con la fuerza de las armas, y sujerd de nuevo la provincia. En su regreso i Jas Asturias supo que Muza (antes Cristiano , ahora Moro) rey de Toledo, Zaragoza y Tudela, le iiivusiia.;la F. ioja, con un exército grande, cuyas espaldas creia, d*fen- dldasipor;la plaza de ananas que. acababa de construir èn Albelda: Ordoño destino' la frutad de sus tropas á sitiarla, y con la otra salid al encuentro: dio bata- llá'en una espaciosa colina del monte Laturce: que- dó:'¡victorioso, dexando muertos en el campo diez niil Mofosj entre ellos García, yerno de Muza, que hu^o hSrido mortalmente Don Ordoño tomo la plaza de Albelda, en la qual encontró grandes r i - quezas,,, y entre ellas mtíreciéron particular atendioa los regalõs que.eJ rey de Françiia Qá#l©$ el C a l v a ha- bía hacho.í Muza« por redimir Jas vexdcípnes qjievlef éausaba con sus correrías por Cataluña y â õ m i n i o é
franceses.Xa victoria dio motivo 4,qt»e Lupo, rey
Xftpro de Toledq, hijo dç Myza,,se.,^i^Íera; poç vp- luntad propia vasallo y tributgno^le ^oatOfidí^o^ijK
62 CAPITULO VI.
le sirviera toda su vida fidelísimamente aun en guer- ras con otros Moros
22 Yo he reconocido por mí mismo el monte de la batalla sito entre las villas de Albelda, Clavijo, san Prudencio y Rivafrecha, dos leguas al mediodía de Logroño: uno dè sus monteei líos, sito en jurisdic- ción de Clavijo, conserva el nombre de cerro de la ma- tanza, el qual verosímilmente adquirió por la tra- dición de aquella célebre batalla; y creo que la fa- ma de la victoria pasando de siglo á siglo con las al- teraciones consiguientes á la ignoiancia humana y gusto de lo maravilloso, fué la ba>e de la ficción del diploma de los votos de Santiago , en el qual se ha^
ria sonar á Ramiro y no á Ordoño, porque correria ya la voz de la victoria por el padre, y no por el hi- JO» á ¡.la qual pudo' contribuir haber sido recien muer!o¿.:Ran»r&.¿.- • -.v •.••<•.'•" • •• ^ .'•
23 Sea en esta parte lo que fuere de mis conje- turas, lo que resulta cierto es que los dominios del rey de Asturias llegaban hasta los Vascones por el oriente, y las sierras de Cameros por el mediodía, de manera que la línea divisoria con los Moros 'cor?
ria desde Sel Pirineo por las montañas occideritáles de Navarra , cordillera de Borunda, Campezo y Ber- nedo, hasta el punto en qué mudando su dirección hacía.el poniente sobr ia ^illa dé; Laguardia^ y si^
guiendo.p¿r lo que Ifám^os'Sosie^pa'-ae-N'yvarra-é néontes ééhTokñtí'h.má 'Búraáon, pasaba la línea so*
bréeí-Ebro al risco fronterizo de Bilibio, de allí á Cellorigo, Pancorvo, Vibrado y Víllafranca de
' ^ ^ f l aWén^nVe; riúm 59. Salamanca, núm. 23. Silehsc
ALAVA.
montes de Oca, en los que la frontera baxaba hacia el oriente por las sierras de san Lorenzo, san Millan y los Cameros; quedando para los Moros por enton- ces lo mejor de la Rioja,'que es el válle de lás dos márgenes de Ebro,á lo que asentirán quantos co-
nozcan el pais y tomen por datos los dos puntos re*
sultantes de la historia, que son la línea de los Vas^- cones y el pueblo de Albelda, cuya verdad se con*
firmará en el capítulo siguiente; por lo que los Ala- veses, Guipuzcoanos y Vizcainos eran vasallos de Asturias, pues habitaban dentro de los dominios de su: monarca , sin que haya documento alguno histó- rico que insinúe lo contrario, ni dé motivo para discurrirlo.