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ALAVA , GUIPUZCOA Y VIZCAYA. 35

Alava, Rioja setentrional, GuipilzcoajVasconia oc- cicbnral, tierras 4e,Bidonia , Vizcaya, Durango, Orduña y Sopuerta d Encartaciones. En esta su- posición, ¿quién se podrá persuadir que c^da uno de, los nueve distritos formo república separada independiente? ¿Quién creerá que lo executo Viz»>

caya por sí sola sin Orduña, Durango ni Encartacio- nes ? ¿ Quién lo pensará de Guipúzcoa sin el territo- rio de Bidonia ni la Vasconia ? ¿ Quién de Alava, sin la JRioja, Ayala, Arciniega, Arrastaria y Llodio? Me parece que ninguno.

11 ¿Qué hicieron pues los moradores del país vascongado al tiempo de la invasion sarracénica ? No consta por monumento alguno coetáneo; pero por lo mismo "debemos pensar que harían lo que dicta la razón natural. Proseguirían obedeciendo á sus go- bernadores , los quales acordarían con los naturales del país lo conveniente á la defensa. Es verosímil que los nuevfe distritos* mèncíònados , d por lo me- nos su mayor parte fuesen gobernados por un solo gefe; y este procedería de acuerdo con los de países vecinos, para sostener el interés comuh. No «s fácíl afirmar con seguridad quien mandaba en Alava, Guí- ptfzcol y Vizcaya; peço según lo que indican los su- cesos posteriores fué persona afecta á don "Eelayo;

primer rey de Asturias.

12 No necesito investigar quando fué. sublimado al solio este príncipe?;; las disputas cronológicas, en . que los críticos moderíios han dividido sus opiniof- nes, nada influyen á mi objeto, para el qual solo im- porta inquirir si el país vascongado constituyó parte

de su monarquía.

$6 CAPITULO I I I .

13 Las circunstancias que me hicieron creer no haber existido allí repúblicas algunas independientes antes de la coronación de don Pelayo, permanecían después de ella: la prudencia exigia que los natura-

les apeteciesen un gefe poderoso para gobernarlo y defenderlo: tal era Pelayo, y nada mas verosímil que ponerse baxo el escudo de su protección, como los cristianos de las montañas de Santander, Leon y Asturias, unidos con ellos y sin diferencia de le-

gislación, que por enrónces seria la materia mas dis- tante de su pensamiento. ¿ Qual otro .gefe soberano, podriañ elegir ? ¿ Acaso el de los Pirineos como mas eefcáno? Todavía es un problema su existencia, y aun quando yo la supongaícomo cierta para prescin- dir de controversias inconexas, el hecho, cierro y re-^

sultante de los monumentos antiguos es que los vas- congados formaron parte del rey no de Asturias, y

no de otro alguno. - 14 En los capítulos siguientes haremos ver que

<Íon Alonso eliCatóHco, don Fmelai, don Ordo- ño 1, don Alonso i n y otros monarcas reynáron en las tres provincias domando rebeliones, castigan- do sublevados, y dando leyes con la misma potes- tad soberana que en Asturias, sin diferencia la mas

mínima. ... • 15 ¿ Quando comenzó esta sobéranía ? ¿ con qué

motivó? ¿porqué título? No hallamos documento alguno histórico que ofrezca la respuesta categórica- de tales preguntas. N i es fácil adivinarla sino'recur-- riendo á la coalición primitiva de los pueblos que consintiéron la elevación de Pelayo al trono.

16 Don Faustino Borbon publicó en el año ftiil

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setecientos novéntíf y siete una obra con el título de cartas para ilustrar la historia de la España árabe, dando noticia dé algunos historiadores mahometanos españoles que trataron de nuestras cosas, y traduciem do en ellas algunos fragmentos En la décima sétimal inserté uno que dixo ser de Jasan, Ben Melck, Beó Abu, Aabdet el-Lagui, visir de Almanzor, difunto en la egira quatrocientas veinte, año mil veinte y.

nueve de Cristo, quien tomo' f>ará su historia (escri- ta en el siglo x) las noticias de ¡otros mas antiguos,»

particularmente <i¿ires, que son: el primero Abu Saaid Ben Yunas, muerto en el mes de ghemadi, se- gundo de la egira trescientas quarenta y siete, año no- vedbntos cincuenta y ocho-de.«Cristo, el qual citaba á otro más antiguo nombrado el Zobri: segundó Aben Coton, y tercero el Shadfi , cuyas épocas se ignoran.

- 17 Antes de copiar el fragmento debo prevenir que Borbon cita y traduce en sus cartas otros mu?"

ehól, pâía persuadir 'que los Arabes, ignorlndo en el principio la geografía de España, y sabiendo quarí*

do llegáron á Portugal que se llamaba Galicia la provincia vecina, citaban con el nombre de Galiciñ todo el territorio occidental y setentrional de Espa- ña que dominaba don Pelayo. E l fragmento pues de Jasan el-Lagui, tratando de la batalla de Covadopgai dice así: L a prcrvincia de Galicia es desde el desagüé del Duero en el mar hasta los Pirineos, y no se hallan iflusulmanes en ella; y sus ciudades son Leüny'Lugo, Astorga, Pamplona y oizas ciudades *. i -3

18 Yo no entiendo el árabe en cuyo idioma po-*'

1 ' Borbon, Cartas árabes, carta J 4 en la pág, 94, y carta ipp

38 . cAPiTuto nr.

ne Borboii las citas del texto original, ni he visto el códice en que afirma existir: si fuese cierto y fiel, tendríamos prueba positiva de que Alava, Guipúz- coa y Vizcaya eran parte del reyno de Asturias en tiempo de don Pelayo, pues no se podia verificar de otro modo su extension hasta los Pirineos; pero que lo sea d no, el relato es cierto por lo que mani- fiestan, los tiempos posteriores.

19 Si el ducado de Cantabria en la monarquía gótica comprehendia no solamente la Rioja sino también el pais vascongado (como sostienen muchos, y no sin fundamento de prudentes conjeturas), aun parecerá más verosímil su agregación á la corona de Asturias, porque consta positivamente que Fabila, padre de Pelayo, y Pedro, padre de Alonso el Cató- lico, fueron duques de Cantabria 1: varios historia- dores modernos añaden que también lo fueron Pela- yo y Alonso; y se tiene por cosa cierta que estaban en la Cantabria al tiempo de la invasion. Don Ro- drigo escribió en el siglo x m (sin oponerse á los cro- nicones) que Pelayo residia en la Cantabria con su hermana, y que se fué con ella á las Asturias, deter- iftiáàdo à conmover los ánimos para defender el país cristiano, que habia quedado reducido á las Astu- rias, Vizcaya, Alava, Guipúzcoa y Ruconia S De Adonso también da motivo el monge de Albelda pa-

j i Crpnicon albádense, núm. 5 í , y el de Sebastiáit, núta. 8¿

en la Esp. Sag., tomo -i 3. = El de Silos, núm. 26, en la E$p. Sag., tomo 17, = Don Lucas de Tuy, Cronicón mundi, \lb. 4, § eo tem- f(íre.-=zI>on Rodrigo, de rebus H h p . , lib. 4, cap. 4. Crónica ge-, neral de Esp. ,,patr. g en don Pelayo ,%enel onceno año.

i Don Rodrigo, de rebus Hisp., lib. 4 , cap. 1.

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ra creer que vivia en la Cantabria después de la au- sencia de Pelayo, pues hablando de tiempos poste- riores, afirma que marcho' á las Asturias llamado de Pelayo para casarse con su hija Hermesenda '. Si con efecto habitaban en la Cantabria estos príncipes, y se fuéron áformar un cuerpo nacional en Asturias, era consiguiente conquistar antes de su marcha las vo- luntades de los vascongados para la union.

20 Debemos suponer en la fidelidad de estos, que profesaban amor á la familia reynante, y esta es otra conjetura no despreciable para creer su agrega- ción al reyno de Pelayo, porque Sebastian, obispo de Salamanca, dice que de los príncipes dela casa real algunos se fuéron á la Galia gótica, el mayor níímero á las Asturias, y Pelayo uno de estosSe- gún algunos modernos era nieto de Veremundo, du- que de Cantabria, y biznieto del rey Ervigio 5. Los obispos de Calahorra, prelados de las mismas pro-r vincías,se retíráron á Oviedo donde permanecieron baxo la protección de los monarcas asturianos hasta que volvieron á Alava, territorio; de su diócesi, dando origen al obispado alavense; y' no dexa de- probar este suceso la agregación del país vascongado' á la corona de Asturias +. . ;

21 Concluyo, pues, que los vancongados, como vasallos fidelísimos de los reyes godos, obedecierort á don Pelayo en el principio como á príncipe de la

t Cronicón albelcíense, núm. 1 2 , Esp. Sag., t. (fr z Sebastian, Cronicón, núm. 8, Esp. Sag., tomo (í,

¡5 Sota en la crónica de los príncipes de Cantabria , y don Luís de Salazar, Hist, de la casa de Lara, tomo r , tabla de los Godos.

4 Ruco rEsp, Sag., toma 33, tratado del obispo de Calahorras

40 CAPITULO III.

casa leal, caudillo general de los cristianos occiden- tales y setentrionales, y después como á rey y sobe- rano electivo, legítimo sucesor de don Rodrigo, en to qual no'procedieron con reservas ni protestas par- ticulares de sujetarse á soberanía puramente protecti- va, sino, lisa y llanamente como los Asturianos y de- mas pueblos.