cies, hubiera crecido el volumen sin utilidad': sigo la marcha de mis narraciones conforme á la resul- tancia de las escrituras y autores originales: los que no lo son, y carecen de crítica, están rebatidos por sí mismos. „ L o s hombres (decía Tucídides)-'
«reciben unos de otros la fama de los sucesos an-
«teriores á su edad sin examen, aun quando se-
«trate -de asuntos de su pais: los mas huyen del>
«trabajo que cuesta investigar la verdad, y pre-
«fieren las especies que^ hallan prontas ¿y fáciles.^
"Pero yo aseguro qüe acertarán los qúe crean
«las.cosas conforme las cuento después dé gran-
*>des investigaciones, y no como las pintjáron los
»poetas, ensalzándolas con sus adornos, ni como
«las contaron los historiadores mas amigos del vulf
«go que de la verdad, sin acreditar su nárracion^f
«no obstante que la antigüedad misma de los su-
«cesos hizo declinar hacia las fábulas en tanto
«grado,: que ya es moda:né creerles;'? Tito i^ivid*
en el principio de su Historia romana siguió la- propia idea, diciendo : „ N o formo intención de
«sostener ó reprobar lo que hay escrito del-tiem-<
«pojámterior á la fundación de Roma, ríl de quan-t í>do estaba para poblarse, porque su;naríia&on'
«no tanto es historia confirmada con monumento!»
«verídicos, quanto fábula pintada con los colores
«hermosos de la poesía. Es privilegio de la anti-
«güedad el fingir á favor de las ciudades unos prin-
X X X I I PRÓLOGO.
¡Mcipios tan augustos , que unan á los dioses con
«los hombres
29 Sin embargo cito alguna vez i mis contra- lios quando su verdadero mérito, como el de Garibay, ó la calidad de su narración lo dicta.
¿j-No todos los escritores (decia Estrabon) son dig-
•mos de que gastemos el tiempo en impugnarlos,
»>ni aun en citarlos quando no los seguimos. Su»
«jetamos al juicio de nuestra crítica solos aquellos
*>de quienes consta que supieron escribir, porque
»*ttô ;es decoroso entrar en batalla literaria con to- ados, siho contra un Eratóstenes, un Posidonio,
»>un Híparco, un Polibio y otros de su clase V*
%tieO' ^pú^ttteKiíaes • saber los principales autores qiie. éscribiéron i favor de la antigua libertad so*
berana del pais vascongado, lea el índice iv-con que finaliza esté tomo, y verá que el desentender- rtie de ellos en él cuerpo de la historia no ha si- do ignorancia,, sino deliberación por amor á la btóevedt&*f"" N •• r' ;.
30 E l estilo de mi obra es claro, sencillo y sin afectación, como corresponde á las didácticas.
j^JLa seiicillez de las palabras da cierto grado de
«valor á las noticias, " decia Quintiliano 35 pbr lo*qual, tratando del griego Lisias, afirmaba que
r- Tito Livio, Hist. Rom., lib. i , dec. i , en el principio.
a'':E$fraboh¿ 'Rer. geográficti líb.-'í."
3 Quintilianó) Inst. eraf., lib. H,^cap. 3. '
hubiera perdido la gracia, y aun la autoridad de fidedigno, elevando su estilo". Luciano en las re- glas para escribir historia enseñaba que se cuidase poco de la pulcritud de las frases, cou tal que se manifestase sencillamente la verdad *; y ciertamen- te no dexa de verificarse lo que de algunos escri- tores afirmó san Clemente Alexandrino, diciendo, que quando ponían mucho cuidado en las palabras, se distraían del asunto3. E l buen estilo complace á los lectores, produciendo el feliz efecto de au- mentar los deseos de apurar las cosas hasta su fin, como escribió el sapientísimo Luis Vives4; pero' la bondad es respectiva. Quando las obras se re- ducen á reunir muchos hechos inconexos, es i m - posible la narración enlazada con elegancia para deleytar: es preciso contentarse con ua- leaguage puro, y períodos cortados sin artificio ni aspereza de palabras. Finalmente yo me acomodo bien á la doctrina de san Agustín, en cuyo concepto era propiedad de los buenos ingenios el fixiar su eon- siderácion en decir verdad, mas que en las frasesi con qúe se dices. ' , n
j E l Busfno allí,, lib, p , cap. 4. . j . - . . a Luciano en el' dialogo, Qúomodo ' hisíoria nrihmãa' sit, 3 San Clemente , Stromath , lib. 2.
4 Luis Vives, de cans, cotruft. ar. lib. 2, tomo 1, página mihí, 37 a.
5 San Agustint i i dtet.criit., Ub. 4 , cap. x i .
; ' g i M i cuidado principal ha sido buscar aque-, lia. A i chivos,, çolecçiones diplowcicas, obras ia,:, editas, todOr en fií*,. quanto hc.podido adquirir relativo al objeto, he tenido presenté. E l deseo de hallar la verdad me hizo tomar el principio de mis iíwestigaciojaes d4§de k«doíBÍnacÍDn tómmz^ y se- guir paso ^pasó la,narración d¿ Ibajescrkojies coer."
táñeos en cada época, refiriéndola: sin,, afirmar nada por autoridad propia, tanto que pudiera decirse de mi obra casi lo mismo que Apolidoro dixo de la de QááQ®±mtbmv-f{tá ,'i«ÍTalguttio.-quit«se¿dé eliailas
«ípwposiciQrés^.agénas, -quedapia én blanco1." Sin.
«embargo puedo sostener , como Agathio en el principio dejsu bástoria de la, guerm de los/.godos^
qae-j,, he • silbido hasta' los: tiempos primitivos paraj
«compeóerícon obras agenas una>Tiia original, que
«ningún otro escritor hatírabajado.1;Para esto he leído todos los escritores- que alegó en confirma-' et@n de mi narrativa, siafiáiajaçg demitas*Sagenas5 y>
earn mvn^ms kpebòwâêá poaqud, nó sieridà-ótigir!
e a t ó | no me .debía conteritau 'con ellos, médiante la sentencia de Cicerón de ser „ propio de los hm
«genios perezosos el beber en los arroyos, pu-
»>diendp subir, hasta la fueiibldélas ndtpás'5. * 32 Concluyo, pues, diciendo que sí alguno
i IXÓgencfslttrcio-lidét-Jt-Ut -FtlStofot, lib. 7, en Grisípo.
a Agathio,de bellogottorum, lib. r , en el principio.' 3 Cicerón, ^e oritttrt^ *.