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NUEVAS Y ANTIGUAS CUESTIONES

In document papeles - de economía española (página 88-95)

PERSPECTIVA GENERAL

III. NUEVAS Y ANTIGUAS CUESTIONES

tuadora de varios decenios (27).

La circunstancia que, seguramen- te, más debe llamar la atención de los historiadores es el hecho de que, una vez superada aquella in- fluencia, y corregido de modo po- sitivo el rumbo del crecimiento económico, la evolución se aco- modó a dicha tendencia secular.

Por otra parte, en su Historia económica de la España contem- poránea, Carreras y Tafunell ha- blan de crecimiento indiscutible

—es decir, se ha crecido y se ha crecido mucho—, pero en absolu- to, afirman, España ha convergi- do económicamente con la Europa más avanzada. En otras palabras, según estos autores, el producto o renta por habitante, ha aumen- tado en España de modo espec- tacular desde mediados del siglo XX, hasta situarse en niveles de bienestar indiscutible, pero el ni- vel relativo de ingreso o riqueza entre nuestro país y el resto de Europa occidental no ha variado desde hace más de un siglo (28).

Coinciden en este punto con Lean- dro Prados, quien en El progreso económicoseñala que la tenden- cia de la economía española, con un crecimiento más acusado entre 1850 y 1883 que el experimenta- do por los países europeos avan- zados, se distanció de éstos desde el último tercio del siglo XIX, para converger de nuevo a partir de 1958. El aumento del PIBpor ha- bitante de España entre 1958 y 1974 fue del 5,86 por 100, frente al 3,74 por 100 de la Europa más rica. Y aunque entre 1974 y 1986 se moderó dicho ritmo, volvió a acelerarse después de esta últi- ma fecha, de manera que el PIB

por habitante de España ha creci- do, entre 1986 y 1998, a una tasa anual del 3,31 por 100 frente al 0,75 por 100 del resto de los paí- ses europeos más adelantados.

Este esfuerzo ha permitido que España, en 1999, alcance un PIB

per cápita equivalente al 73,7 por

100 de las ocho economías euro- peas más avanzadas, nivel relativo ligeramente inferior al que le co- rrespondía en 1870. En la última década del siglo XX, el PIBpor ha- bitante de España representó el 55 por 100 del correspondiente a Estados Unidos, algo por debajo de lo que muestra la misma com- paración durante la última déca- da del siglo XIX. La cuestión que cabe plantearse, en este punto, es la identificación de los límites que impedirían el acceso de la socie- dad española a niveles relativa- mente superiores de riqueza y bienestar.

III. NUEVAS Y ANTIGUAS

hispana no se ha circunscrito a los siglos XVI y XVII, sino que se ha prolongado al Setecientos. En este campo, se han tomado en consi- deración las tendencias y la cuan- tía de los flujos monetarios y mer- cantiles trasatlánticos, y también los fundamentos teóricos y los re- sultados de la política colonial ilus- trada en los reinados de Carlos III y Carlos IV. Estos estudios com- prenden también las circunstan- cias que antecedieron al final del monopolio mercantil transoceáni- co. Es éste un problema de trata- miento plural, donde confluyen aportaciones de historia política, del pensamiento económico y también de historia económica, tanto de España como de Amé- rica. La acción de los Ilustrados en el gobierno económico de Espa- ña merece juicios contradictorios por parte de los especialistas. En el caso del fin del monopolio co- mercial, antecedente inmediato de la independencia americana, hay una opinión unánime acerca de su inviabilidad, y de manera unánime se vincula este hecho histórico con la llegada del libera- lismo a ambos lados del Atlánti- co (32).

Algunas de las preguntas que hoy se plantean los historiadores de la economía especializados en la Edad Moderna son las siguien- tes: ¿hasta qué punto el pasado, el que va del siglo XVI, o incluso desde épocas anteriores, hasta el siglo XIX, condiciona la sociedad española contemporánea? Y, de ser así, como efectivamente creen muchos especialistas, ¿cuáles y cuán importantes son dichos con- dicionantes? (33). Los límites físi- cos y la viabilidad de las explota- ciones agrarias, el proceso de arraigo de las instituciones propias de la economía de mercado o las tendencias seguidas por la pobla- ción podrían ser algunos de dichos condicionantes. En la actualidad, los historiadores analizan, entre

otros problemas, los niveles de vida en los siglos XVI al XVIII, es- pecialmente en el mundo rural.

También puede extenderse la mis- ma cuestión a la época contem- poránea, sobre todo en el siglo XIX, cuando tuvo lugar la difícil adaptación de las economías tra- dicionales a la moderna econo- mía de mercado (34). Es preciso apuntar, en este sentido, que la respuesta del sector agrario al reto de la modernización económica, a partir del siglo XIX, merece, por algunos especialistas, antes un jui- cio positivo que negativo, tenien- do en consideración las difíciles circunstancias en que se encon- traba la economía y, en general, la sociedad española durante la pri- mera mitad del siglo XIX (35).

Esta última y difícil pregunta lleva al observador a los proble- mas de la economía agraria en las primeras etapas del proceso de in- dustrialización. Es éste un aparta- do de la historia económica que atrae en España a muchos inves- tigadores, algunos de ellos reuni- dos en equipos de trabajo (ése es el caso del Grupo de Estudios de Historia Rural), hasta el punto de crear un órgano propio de publi- cación de sus planteamientos y discusiones, la Revista de Historia Agraria. Hace años que existe también, radicada en Barcelona, la Revista de Historia Industrial, manteniéndose, como publicación de la especialidad, abierta a la ge- neralidad de los historiadores de la economía, la Revista de Historia Económica, que cuenta con más de veinte años de antigüedad. En nuestro examen general de las ac- tuales tendencias de la historia económica agraria, sólo podemos referirnos a unos cuantos títulos significativos, sobre esta materia, de los muchos editados en los úl- timos años. En primer lugar, debe prestarse atención a aquellos li- bros que se ocupan de los cam- bios a largo plazo que acontecie-

ron en el sector primario, al adap- tarse éste al régimen jurídico li- beral y a la economía de mercado (36). Hay también otros estudios, de contenido más específicamen- te económico, que tratan de re- lacionar la evolución de la agri- cultura con el crecimiento general en términos de productividad y dotación de recursos (37).

En los estudios generales so- bre largas etapas económicas, una variable que ocupa un lugar es- tratégico es la población, cuya na- turaleza endógena o exógena res- pecto del crecimiento, según los modelos explicativos utilizados, tiene diferentes manifestaciones, como la esperanza de vida, el gra- do de urbanización, la distribución espacial, la composición de la fuer- za de trabajo o los movimientos migratorios. Los historiadores de la población, o los demógrafos his- tóricos, desarrollan líneas distin- tas de investigación, progresiva- mente integrados en proyectos científicos plurinacionales (38).

Relacionado con la variable po- blacional, aunque de naturaleza obviamente diversa, está el capital humano, uno de los factores con- siderados estratégicos, junto con las instituciones, para el creci- miento económico y para la con- vergencia de las sociedades a me- dio plazo. En el caso español, el juicio histórico sobre la incidencia de esta variable es claramente ne- gativo (39).

¿Forma parte del capital huma- no el conjunto de predisposiciones culturales que se atribuyen al em- presario como sujeto abstracto? La voluntad de crear e innovar, el gus- to por el riesgo, la búsqueda del beneficio material y del aprecio so- cial, el afán de conocimiento, la tendencia al intercambio, conjun- tados en el mismo sujeto, son im- pulsos básicos de los empresarios en las economías abiertas y están presentes en las sociedades eu-

ropeas al menos desde la época del mercantilismo. También se ha dicho —por ejemplo, Gabriel Tor- tella ha llamado la atención sobre este punto— que una de las ca- rencias históricas de España ha sido la de grandes empresarios, com- parables a los que hubo en Estados Unidos, Europa occidental o Japón, en cuanto a logros y ambiciones internacionales. A este argumen- to se le ha opuesto el protagonis- mo histórico, en el caso español, de la pequeña y mediana empre- sa dentro del sector privado de la economía, mientras que, hasta hace poco tiempo, la gran empre- sa frecuentemente —salvo excep- ciones como la banca, la energía o los transportes— ha tenido titula- ridad pública o ha estado relacio- nada con el Estado por vínculos excepcionales.

Al margen de la polémica, es preciso destacar que uno de los rasgos nuevos de la historia eco- nómica, desarrollados con indu- dable vitalidad editorial durante los últimos veinte años, ha sido la historia de empresarios, la histo- ria de empresas y la metodología de la historia empresarial propia- mente dicha, una especialidad que cuenta, en muchos países, con asociaciones, revistas y centros de investigación y enseñanza propios (40). Creo que puede decirse, a favor de la mayor parte de la his- toria empresarial que se hace en España, que trata de imprimir un carácter científico a sus investiga- ciones, procurando conectar el de- sarrollo empresarial con el cambio general económico y con otras va- riables como el acceso a la tecno- logía o la inversión industrial (41).

Se intenta rehuir, de este modo, el relato meramente descriptivo o la consideración aislada de las em- presas sin su adecuado encuadre en un sector que agrupa otras en- tidades e implica la existencia de relaciones complejas con otras economías.

Las empresas públicas de ca- rácter industrial, energético y de transportes, aunque parece más apropiado referirse a grupos o conglomerados de empresas, tam- bién han sido objeto de estudios históricos. Un caso que ha recibi- do particular atención, explicable por el elevado peso específico que tuvo en el sector industrial y ener- gético a lo largo de más de me- dio siglo de existencia, y por las implicaciones de política econó- mica y también ideológicas que tuvo en su nacimiento, es el del Instituto Nacional de Industria (42).

La pluralidad de estudios dedica- dos al INI seguramente sólo es comparable a la diversidad de mo- nografías existentes sobre el fe- rrocarril (43). Otras industrias y sectores, incluidas tradicional- mente en España en el sector pú- blico, son refino y distribución de hidrocarburos, astilleros y tabaco;

todos ellos han sido también es- tudiadas por diferentes historia- dores (44).

En cuanto a lo que ciertamen- te constituye el núcleo del sec- tor público de una economía, las políticas que, en este campo, de- sarrolla el Estado, hay que hacer referencia, en primer lugar, a la política fiscal. En este campo, Es- paña cuenta con un conjunto bi- bliográfico de indudable riqueza.

Limitándome, como en las pági- nas que anteceden a ésta, a las publicaciones editadas durante los últimos veinte años, es preci- so mencionar, en primer lugar, un libro de Miguel Artola que abar- ca los proyectos y reformas tri- butarias emprendidas desde la guerra de Independencia hasta la Restauración (45). También a es- tos años corresponde la espera- da recopilación, realizada por Francisco Comín, de los artículos de Enrique Fuentes Quintana so- bre las reformas fiscales más im- portantes llevadas a cabo en los siglos XIX y XX (46). Un período

asimismo amplio es el que com- prenden los diferentes libros de Francisco Comín, en los cuales se efectúa una reconstrucción mi- nuciosa y ordenada de las cuen- tas del Estado español, interpre- tando con claridad conceptual y expositiva tanto el lado de los in- gresos como el del gasto públi- co, la relación entre la política fis- cal y la monetaria, la deuda del Estado y del Tesoro, el fraude, la empresa pública y la política de bienestar social, entre otros as- pectos (47). Han aparecido, asi- mismo, monografías dedicadas a reformas tributarias en períodos más limitados, o referidas a re- formadores y figuras impositivas concretas (48).

En cuanto a la política mone- taria, son varias las líneas de in- vestigación que se han emprendi- do y continuado en los dos últimos decenios. Por una parte, se han publicado varios estudios sobre el Banco de España y sus antece- dentes, y también sobre el siste- ma emisor de Cuba en el siglo XIX (49). Por otra parte, se han lleva- do a cabo varios trabajos sobre la política monetaria seguida en España en los siglos XIX y XX. Una de las cuestiones tratadas es la pe- culiar situación de la peseta des- pués de 1883, cuando quedó des- vinculada del oro. Las ventajas e inconvenientes de este comporta- miento monetario singular, en una época en que el patrón oro era el sistema comúnmente aceptado, tema que ya suscitara don Juan Sardá en 1948, no ha dejado de estimular la aparición de nuevos trabajos de investigación (50). Para este último autor, con quien fun- damentalmente está de acuerdo Gabriel Tortella, la mayor flexibili- dad del sistema fiduciario a fines del siglo XIX y primer tercio del XX, unida al comportamiento pruden- te del banco emisor, permitieron una mejor provisión de medios de pago a la economía española que

la que hubiese permitido el patrón oro, teniendo en cuenta la cróni- ca posición deficitaria de la balan- za por cuenta corriente. Por el con- trario, para Pablo Martín Aceña, el apartamiento del patrón oro fue perjudicial, pues contribuyó al ma- yor aislamiento de la economía es- pañola respecto al exterior y re- forzó las tendencias proteccionistas que comenzaron a manifestarse de modo decidido en la Restau- ración (51). A las reservas de oro del Banco de España, y al uso que de ellas se hizo en la Guerra Civil de 1936, ha dedicado este autor un libro reciente (52).

Los estudios sobre el sistema crediticio tienen en el siglo XX un campo de trabajo sumamente fructífero. En lo que se refiere a la banca privada, son varios los tra- bajos dirigidos a analizar, median- te diferentes contrastes de carác- ter estadístico y econométrico, la hipotética interrelación entre Go- bierno y gran banca, las políticas más o menos intervencionistas se- guidas en ese tiempo, el grado de concentración monopolista du- rante las diferentes etapas políticas del Novecientos y la rentabilidad como criterio de eficacia empre- sarial (53). Las cajas de ahorros han sido objeto también de nu- merosos estudios institucionales.

Desde un punto de vista general, además de los trabajos de carác- ter histórico contenidos en los nú- meros de PAPELES DE ECONOMÍA

ESPAÑOLA citados al comienzo de las presentes páginas, hay algu- nos estudios monográficos del sec- tor, como el dedicado por Ma- nuel Titos y Javier Piñal a las cajas de ahorros durante el franquismo (54). Sobre los restantes interme- diarios financieros, debe recordarse la existencia de monografías de carácter institucional sobre las bol- sas, pero no hay aún estudios en forma de libro, aunque sí exce- lentes artículos y documentos de trabajo, que respondan a las ca-

racterísticas de la moderna histo- ria económica, tal y como queda reflejada en las anteriores páginas.

Tampoco contamos por el mo- mento con publicaciones mono- gráficas extensas sobre inversio- nes y captación de tecnología extranjeras similares a la obra clá- sica del profesor Albert Broder, aunque hay, por fortuna, jóvenes investigadores que han publica- do en revistas artículos de singu- lar calidad sobre esta cuestión. Sí contamos, en cambio, con estu- dios que relacionan la política económica del franquismo y las tendencias de las principales ma- cromagnitudes del período con la mayor o menor apertura al exte- rior del sistema y la coyuntura in- ternacional (55). A partir del li- bro, ya clásico de Manuel Jesús González, La economía política del franquismo(Madrid, Tecnos, 1980), la historiografía económi- ca sobre el franquismo —la era de Franco, según el término de Ramón Tamames— ha experi- mentado una progresión indiscu- tible. Parece que, hoy por hoy, son los primeros veinte años de aquel régimen, ciertamente los más exóticos desde el punto de vista del canon de la economía neoclásica, los que atraen con mayor intensidad la atención de los especialistas (56).

Resulta difícil prever cuáles se- rán los futuros senderos que abran, o que prosigan, los historiadores de la economía española. La cau- tela de quien expresa esta opinión viene avalada por el contraste en- tre las profecías que se hicieron sobre el futuro de un campo cien- tífico concreto y la realidad. Pero no creo que sea en exceso aven- turado afirmar que algunas de las realidades históricas exploradas, en la Baja Edad Media, en el si- glo XVII o a mediados del XX, to- davía deparan muchas sorpresas y, por fortuna, vivaces polémicas.

NOTAS

(1) Debe también ponerse de relieve, en este punto, la meritoria labor de edición que la Fundación de la Confederación Española de Cajas de Ahorro ha llevado a cabo de escritos históricos de economistas españoles de los si- glos XIX y XX, como Ramón SANTILLÁN, Francisco BERNIS, Valentín ANDRÉSÁLVAREZ, José María ZUMALACÁRREGUI, Ramón CARANDE, Román PERPIÑÁ

GRAU, Manuel de TORRESy José CASTAÑEDA, en- tre otros.

(2) Las presentes páginas no tienen por ob- jeto ofrecer al lector un balance bibliográfico de la copiosa literatura que ha aparecido, en los últimos decenios, sobre historia económica en España. Sólo pretende esbozar unos rasgos generales de los nuevos planteamientos que se hacen en la especialidad, con referencias que apoyen los argumentos contenidos en el texto principal. En este sentido, se han omitido las ci- tas y llamadas de artículos, documentos de tra- bajo y libros de historia regional y sectorial. Por otra parte, debo remitirme, para un conoci- miento cabal de las diversas actividades de los historiadores de la economía española, alBoletín de la Asociación Española de Historia Económica, cuya página web es:www.aehe.net.

(3) He desarrollado esta cuestión en Pedro TEDDE DELORCA, «La incorporación de la Historia Económica a los estudios universitarios en España», en Enrique FUENTESQUINTANA(dir.), Economía y economistas españoles, 8 vols., 7, La consolidación académica de la Economía:

619-660, Galaxia Gutenberg y FUNCAS, Barce- lona, 2002.

(4) La contribución histórica más decisiva de estos economistas puede ejemplificarse en los siguientes títulos: Fabián ESTAPÉy RODRÍGUEZ, La reforma tributaria de 1845, Instituto de Estudios Fiscales, Madrid, 1971; Enrique FUENTES

QUINTANA, Las reformas tributarias en España.

Teoría, historia, propuestas, Crítica, Barcelona, 1990; Gabriel SOLÉVILLALONGA, La reforma fis- cal de Villaverde, 1899-1900, Editorial de Derecho Financiero, Madrid, 1967; Juan VELARDE

FUERTES(ed.), 1900-2000: Historia de un es- fuerzo colectivo. Cómo España superó el pesi- mismo y la pobreza, 2 vols., Planeta-Fundación BCH, Barcelona, 2000.

(5) Un buen ejemplo es el de José Luis GARCÍADELGADO(dir.), España. Economía, Espasa Calpe, Madrid, 1993, y España, Economía: ante el siglo XXI, Espasa Calpe, Madrid, 1999.

(6) Detrás de estos nombres se encuen- tran los de dos pioneros, curiosamente espe- cializados ambos en Historia Medieval: Luis García de Valdeavellano en Madrid y Jaume Vicens Vives en Barcelona.

(7) Las referencias a la historia económica de España estuvieron muy presentes en los sie- te volúmenes de la Historia de España Alfa- guara(Alianza, Madrid, 1973-1975), dirigida por Miguel ARTOLA, de la que eran autores, res- pectivamente, A. CABOy M. VIGIL, J. A. GARCÍA DECORTÁZAR, A. DOMÍNGUEZORTIZ, G. ANES, M.

ARTOLA, M. MARTÍNEZCUADRADOy R. TAMAMES.

(8) Al mencionado número 20 de PAPELES DE

ECONOMÍAESPAÑOLAhay que añadir las siguien- tes visiones de conjunto: Nicolás SÁNCHEZ- ALBORNOZ(comp.), La modernización económi- ca de España (1830-1930), Alianza, Madrid, 1985; Jordi NADALy Albert CARRERAS(dirs.), Pautas regionales de la industrialización española, Ariel, Barcelona, 1990; Rafael DOMÍNGUEZMARTÍN, La riqueza de las regiones. Las desigualdades eco- nómicas regionales de España, 1700-2000, Alianza, Madrid, 2000; Luis GERMÁN, Enrique LLOPIS, Jordi MALUQUER DEMOTESy Santiago ZAPATA, Historia económica regional de España.

Siglos XIX y XX, Crítica, Barcelona, 2001.

(9) Un buen ejemplo de los primeros re- sultados de la nueva tendencia en España es el libro colectivo, de Pablo MARTÍNACEÑAy Leandro PRADOS DE LAESCOSURA(eds.), La nueva historia económica en España, Tecnos, Madrid, 1985.

Antes de la aparición de este libro, hubo va- liosas aportaciones en esta línea, como el es- tudio de Antonio Gómez Mendoza sobre Ferrocarriles y cambio económico en España, 1855-1913. Un enfoque de nueva historia eco- nómica en España, Alianza, Madrid, 1982, o la estimación retrospectiva de una serie históri- ca de magnitudes monetarias realizada por Rafael ANES, en el libro colectivo La banca es- pañola en la Restauración, dirigida por Gabriel TORTELLAy aparecida en 1974.

(10) Puede contrastarse esta afirmación con un examen de las tesis de historia econó- mica defendidas en los últimos años en España, parte de las cuales se han incorporado a di- versas publicaciones especializadas en este tipo de investigaciones. Así, el número extraordi- nario de la Revista de Historia Económica,pu- blicado en 2001 con el título Los novísimos en la historia económica de España, o algunos de los más recientes volúmenes de la colección Estudios de Historia Económica, editada por el Servicio de Estudios del Banco de España.

(11) Un excelente ejemplo de visión con- junta, desde la historia política y la historia eco- nómica, de la transformación contemporánea de la sociedad española es: Juan Pablo FUSIy Jordi PALAFOX, España: 1808-1996. El desafío de la modernidad, Espasa, Madrid, 1997.

(12) Leandro PRADOS DE LAESCOSURA, El pro- greso económico de España (1850-2000), Fundación BBVA, Bilbao, 2003.

(13) Leandro PRADOS DE LAESCOSURA, De imperio a nación. Crecimiento y atraso eco- nómico en España (1780-1930), Alianza, Madrid, 1988. Complementario del anterior es su texto interpretativo de las consecuencias, a medio plazo, de la emancipación americana sobre la economía española, contenido en Leandro PRADOS DE LA ESCOSURA y Samuel AMARAL(eds.), La independencia americana.

Consecuencias económicas, Alianza, Madrid, 1993. En dicho trabajo, PRADOSsubraya las consecuencias positivas que se derivaron, para España, de su integración comercial con el Norte de Europa, cuando éste llevó a cabo su revolución industrial, de manera que tal apro- ximación vino a compensar, en buena medi-

da, los efectos negativos de la pérdida del mo- nopolio comercial sobre América, tras la eman- cipación de los antiguos virreinatos a co- mienzos del siglo XIX.

(14) Gabriel TORTELLA, El desarrollo con- temporáneo de España. Historia económica de los siglos XIX y XX, Alianza, Madrid, 1994.

(15) Pedro FRAILEBALBÍN, Industrialización y grupos de presión. La economía política de la protección en España, 1900-1950, Alianza, Madrid, 1991, y La retórica contra la compe- tencia en España,1875-1895, Fundación Ar- gentaria-Visor, Madrid, 1998; Antonio TENA

JUNGUITO, Las estadísticas históricas del comer- cio exterior: fiabilidad y comparabilidad, Estu- dios de Historia Económica, 24, Servicio de Estudios del Banco de España, Madrid, 1992, y «The Spanish Foreing Sector, 1885-1985», en P. MARTÍNACEÑAy J. SIMPSON, The economic development of Spain since 1870, Edward Elgar, Algershot,1997: 402-418.

(16) José María SERRANOSANZ, El viraje proteccionista de la Restauración. La política comercial española, 1875-1895, Siglo XXI, Madrid, 1987; Marcela SABATÉSORT, El protec- cionismo legitimado. Política comercial al co- mienzos del siglo XX, Civitas, Madrid, 1996;

Eva PARDOSMARTÍNEZ, La incidencia de la pro- tección arancelaria en los mercados españoles (1870-1913), Estudios de Historia Económica, 37, Servicio de Estudios del Banco de España, Madrid, 1998.Se recoge una visión conjunta de este intenso debate en Carles SUDRIÁy Daniel A. TIRADO(eds.), Peseta y protección. Comercio exterior, moneda y crecimiento económico en la España de la Restauración, Edicions de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 2001.

(17) Jaume VICENSVIVESes el autor del ya clásico Manual de Historia Económica de España, Teide, Barcelona, 1959.

(18) Albert CARRERASy Xavier TAFUNELL, Historia económica de la España contemporá- nea, Crítica, Barcelona, 2004. Estos mismos autores han preparado la segunda edición de Estadísticas históricas de España. Siglos XIX y XX, Fundación BBVA(en prensa); la primera edi- ción de esta obra, supervisada por Albert CARRERAS, fue editada por la Fundación Banco Exterior, Madrid, 1989.

(19) Esta apreciación ha sido refrendada recientemente por otros autores, que han ex- tendido la comparación a otros países de in- dustrialización tardía, con resultados desfavo- rables para España: Jordi MALUQUER DEMOTES, en Francisco COMÍN, Mauro HERNÁNDEZy Enrique LLOPIS(eds.), Historia económica de España.

Siglos X-XX, Crítica, Barcelona, 2002: 243-284.

(20) Jordi NADAL, Albert CARRERASy Carles SUDRIÁ(comps.), La economía española en el siglo XX. Una perspectiva histórica, Ariel, Barcelona, 1987.

(21) A esta cuestión se han referido.

Francisco COMÍN, en Francisco COMÍN, Mauro HERNÁNDEZy Enrique LLOPIS(eds.), Historia eco- nómica de España. Siglos X-XX: 285-329.

Leandro PRADOS DE LAESCOSURAconfirma esta in- terpretación escéptica sobre las consecuencias beneficiosas de la Gran Guerra para la eco- nomía española en El progreso económico de España: 157-158.

(22) Jordi NADAL(dir.), Atlas de la indus- trialización de España,1750-2000, Crítica- Fundación BBVA, Barcelona, 2003.

(23) Jordi NADALy Jordi CATALÁN(eds.), La cara oculta de la industrialización española. La modernización de los sectores no líderes (si- glos XIX y XX), Alianza, Madrid, 1994.

(24) Un libro reciente que trata esta cues- tión es el de José Luis GARCÍADELGADO, La mo- dernización económica en la España de Alfonso XIII, Espasa Calpe, Madrid, 2002. También, el de José Luis GARCÍADELGADOy Juan Carlos JIMÉNEZ, Un siglo de España. La economía, Marcial Pons, Madrid, 1999.

(25) Entre las monografías dedicadas a la historia económica del primer tercio del siglo XX y, más específicamente, a la incidencia de la crisis económica de 1929 en España: Juan HERNÁNDEZANDREU, España y la crisis de 1929, Espasa Calpe, Madrid, 1986, y Jordi PALAFOX, Atraso económico y democracia, La Segunda República y la economía española, 1892-1936, Crítica, Barcelona, 1991.

(26) Gonzalo ANES(ed.), Historia económi- ca de España. Siglos XIX y XX, Galaxia Guten- berg-Círculo de Lectores, Barcelona, 1999.

(27) Sobre este punto, puede consultar- se L. PRADOS DE LAESCOSURA, El progreso eco- nómico de España: 146-165.

(28) Albert CARRERASy Xavier TAFUNELL, Historia económica de la España contemporá- nea: 435-467.

(29) Es obligada, en este punto, la men- ción a la publicación de la versión definitiva del libro de Felipe RUÍZMARTÍN, Gran capitalis- mo y pequeño capitalismo. Simón Ruíz y sus negocios en Florencia, Crítica, Barcelona, 1990.

Casi simultáneamente apareció Las finanzas de la Monarquía Hispánica en tiempos de Felipe IV, Real Academia de la Historia, Madrid, 1990. Contamos con una valiosa y reciente recopilación de estudios sobre la economía monetaria y financiera de la época: Antonio MIGUELBERNAL(ed.), Dinero y crédito en la Monarquía Hispánica, Fundación ICO-Marcial Pons, Madrid, 2000. Debe subrayarse la ex- tensión del período estudiado por los histo- riadores de la economía de los Austrias hasta el reinado de Carlos II: Carmen SANZAYÁN, Los banqueros de Carlos II, 2 vols., Universidad de Valladolid, Valladolid, 1988.

(30) El profesor RUÍZMARTÍNsubrayó la im- portancia de los representantes de las oligar- quías urbanas en los debates de contenido fis- cal durante los siglos XVI y XVII. Sobre esta materia puede verse: Monarquía y Cortes en la Corona de Castilla. Las ciudades ante la políti- ca fiscal de Felipe II, Cortes de Castilla y León, Salamanca, 1990; Beatriz CÁRCELES DEGEA, Fraude y administración fiscal en Castilla (1632-

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