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Abraham Abulafia (1240-1292)

In document Tesis Mario Saban (página 36-39)

3 ¿Qué es la Cábala?

10. Abraham Abulafia (1240-1292)

Aunque sé que la gente me denunciará, tanto a mí como a mis libros, no desistiré de escribir.

En la era mesiánica solo tendrá sentido la meditación sobre el In- finito.

Abraham Abulafia

En la historia del pensamiento a veces aparecen seres humanos que dejan su impronta a través de los siglos. Uno de estos hombres fue, sin lugar a dudas, rabí Abraham Abulafia. La tradición mística del judaísmo le ha otorgado el título de “rabí” como a tantos otros pensadores; sin embargo, no sabe- mos quién lo ordenó como “rabino”. Es posible, como he explicado en otra oportunidad, que sea la grandeza de su pensamiento la que haya propiciado que las generaciones posteriores le denominaran “rabí”. Son los que yo denomino “rabinos reales” de la historia judía, aquellos que sin la aprobación (a veces con el rechazo) de las instituciones de su época aportan una “originalidad” clave dentro del pensamiento judío.

Abraham ben Shemuel Abulafia nació en Zaragoza en el año 1240 (año 5000 del calendario he- breo). El hecho de que su nacimiento coincidieran con el 5000 era, para él, un signo de que su alma estaba destinada a una misión especial.

Durante su juventud se trasladó a la ciudad de Tudela (Navarra) y allí estudió profundamente den- tro de la congregación hebrea de la ciudad. A los 18 años perdió a su padre. Parece ser que a los 20 años viajó a la tierra de Israel, y posteriormente se trasladó a Grecia, donde se casó.

Entre los años 1271 y 1273 lo encontramos en Barcelona, donde al parecer tenía un grupo de es- tudios de Cábala. En el año 1273, un joven, ocho años menor que Abulafia, entra a formar parte de su grupo de estudio y con el tiempo se convertirá en uno de los más grandes cabalistas del pueblo de Israel, rabí Yosef Gikatilla de Medinaceli, autor de la obra Shaarei Ora (Las puertas de la luz). Otro discípulo que aparece en aquellos tiempos es Shem Tov de Burgos.

Abulafia aprendió el Talmud y la Torá de su propio padre, alcanzando un conocimiento aceptable. El rabino de Barcelona Shelomo Ben Adret lo acusó de loco y hereje porque Abulafia proponía que la profecía nunca había desaparecido del pueblo de Israel a pesar del cierre del canon bíblico. Ben Adret dijo que Abulafia no tenía el suficiente conocimiento del Talmud. Sobre la personalidad de Abulafia, el rabí Aryeh Kaplan (1934-1983) dice:

Cuando el Rashba33 le acusó de ser un inculto, él le contestó que había completado todo el Talmud y había

aprendido de dos maestros prominentes a tomar decisiones sobre asuntos de la ley religiosa. También afirma haber dominado Julin, el tratado talmúdico que trata de los puntos más delicados de las leyes dietarias, y que constituye el núcleo del aprendizaje rabínico tradicional. En muchos lugares aparece claramente que Abulafia tenía en gran estima a los maestros del Talmud. En una ocasión afirma abiertamente que, de no 33 Rashba es el acróstico de rabí Shelomo Ben Adret, el gran rabino de Barcelona.

haber sido presionado por sus discípulos, se habría dedicado a estudiar el Talmud, en vez de escribir libros sobre los misterios.

Los primeros estudios de Abulafia consistieron principalmente en las obras de los grandes filósofos ju- díos, y escribe así que originalmente consideraba a la filosofía como la más grande de todas las disciplinas. La famosa Guía de los Perplejos de Maimónides permaneció siendo uno de sus libros favoritos, y más tarde llegaría a escribir tres comentarios diferentes sobre ella.

Abulafia menciona que fue introducido a la Guía por un cierto Rabí Hillel de Capua. Se trata con toda se- guridad de Rabí Hillel de Verona (1220-1295), que vivió en Capua entre 1260 y 1271. Rabí Hillel había sido discípulo del famoso Rabí Jonah Gerondi (1194-1263). Rabí Jonah había sido vehemente opositor a la Guía Maimónides, pero hacia el final de su vida hizo una confesión pública lamentando esta actitud. Rabí Hillel siguió a su maestro, llegando a ser un inquebrantable defensor de las enseñanzas de Maimónides. Cuando Shlomo Petit, un líder cabalista de Akko, intentó que se volviera a levantar una prohibición contra la Guía, Rabí Hillel se convirtió en uno de sus más importantes defensores…

Es gracias a Rabí Hillel que Abulafia desarrolló una fuerte actitud positiva hacia las enseñanzas de Mai- mónides, en oposición directa a muchos cabalistas de la época.34

Abraham Abulafia estudió profundamente la Guía de los Perplejos de Maimónides; según Abulafia, el misticismo no era contrario al racionalismo de Maimónides, sino que se complementaban. Por el contrario, consideró que sus teorías místicas eran la consecuencia última de la Guía de los Perplejos. Estudió los grandes misterios del judaísmo (el Maasé Bereshit y el Maasé Merkabá). Estaba fami- liarizado con el Sefer Ha Bahir y se consideraba seguidor del método del Sefer Yetzirá (Libro de la Formación). Como cabalista entendía que no debía escribir todo lo que sabía; por ese motivo dice:

Quiero escribir y no debo, no quiero escribir sobre ellos pero no puedo negarme a hacerlo; por ello escri- bo y me detengo, y luego hago una alusión al asunto en otro pasaje: éste es mi procedimiento.35

Abulafia consideraba que el método del Yetzirá, por utilizar los 22 canales con las 22 letras del alfabe- to hebreo, era superior al método de las 10 dimensiones o sefirot. La influencia del Sefer Yetzirá sobre Abulafia es muy importante. Rabí Aryeh Kaplan dice al respecto:

No hay duda de que el Sefer Yetzirá jugó un papel de la máxima importancia en la carrera de Abulafia. En su esbozo autobiográfico el escribe que consideraba su iniciación en los misterios del Sefer Yetzirá como el mayor punto de inflexión en su vida. En otro lugar dice haber estudiado el Sefer Yetzirá junto a doce de sus comentarios principales, tanto filosóficos como cabalísticos.

Su maestro en el Sefer Yetzirá fue Rabí Baruj Togarmi, quien aparentemente también influyó en Rabí Isa- ac de Akko. Rabí Baruj escribió un libro Maftejot Ha Cábala (Las llaves de la Cábala), que era un comentario al Sefer Yetzirá con manipulaciones numéricas (guematria) en un estilo muy parecido al de Abulafia. Ade- más de esto, parece que Abulafia aprendió una buena parte de la tradición mística de Rabí Baruj. El apellido Togarmi podría indicar que Rabí Baruj provenía de Turquía (Togarma). Esto implicaría que la tradición mística podría haber sido preservada allí de una forma continuada. Lo cual es bastante plausible ya que, en aquella época, Turquía tenía una comunidad judía que había florecido desde los tiempos de Alejandro Magno.36

Abulafia no estaba impresionado por la teología cristiana y siempre dijo que los dogmas del cristianis- mo no eran comprensibles. Pero el episodio más relevante de su vida en relación al mundo cristiano fue su intento de convertir al Papa al judaísmo. El Papa en aquel entonces era Nicolás III, que falleció en Italia el 22 de agosto de 1280. Unos días antes de morir, el papa Nicolás III advirtió que si Abu-

34 Aryeh Kaplan: Meditación y Cábala [Madrid: Equipo Difusor del Libro], 2002, pp. 73-74. 35 Gershom Scholem: Las grandes tendencias de la mística judía [Madrid: Siruela], 2000. 36 Aryeh Kaplan: Meditación y Cábala [Madrid: Equipo Difusor del Libro], 2002, p. 75.

lafia entraba a Roma debía ser arrestado y quemado vivo. Abraham Abulafia realizó algunas de sus meditaciones secretas. Cuando ingresó en Roma supo que el Papa había fallecido. Algunos atribuyen la muerte del Papa a sus técnicas de meditación. Al llegar a Roma, los franciscanos le encarcelaron durante 28 días y finalmente fue liberado.

Según parece, Abulafia fue a ver al Papa para convertirlo al judaísmo. Su muerte, unos días antes de la entrevista, lo salvó de ser quemado en la hoguera. Desde Roma viajó a Barcelona y nuevamente lo encontramos en la ciudad condal a finales de 1280. En ese año asumía como rabino de la ciudad Shelomo ben Adret, quien lo acusó de “loco”. Abandona Barcelona en el año 1281 y se traslada a la ciudad de Palmira, en Sicilia, y allí escribe su obra Refinamiento del Intelecto (1282). Posteriormente Abulafia se traslada a Mesina, pero la oposición oficial de los rabinos de las diferentes congregacio- nes, cada día más fuerte, le llevó a un nuevo traslado, en el año 1288, a la isla de Comino, cerca de la isla de Malta. A partir de ese momento no sabemos nada de Abulafia. Algunos especulan que regresó a Barcelona y que está enterrado en el cementerio judío medieval del Montjüic; otros dicen que murió en Italia. Sin embargo, nadie conoce exactamente el lugar donde está enterrado. Lo más probable es que falleciera en Sicilia y fuera enterrado allí.

Hasta hace casi diez años, las obras de Abraham Abulafia se encontraban prácticamente todas en manuscrito y pasaban de generación en generación dentro de las sociedades secretas de la Cábala. Entre 1999 y 2000 comenzaron a ser publicadas, en idioma hebreo, casi todas sus obras (no todas, porque muchas han desaparecido); es por ese motivo que en los últimos años he podido adquirir estas obras en hebreo y estudiarlas.

El gran investigador Moshe Idel escribió su tesis doctoral sobre el pensamiento de Abulafia. En una carta a Abraham Comti, de la ciudad de Mesina, Abulafia dice que escribió 26 libros sobre los misterios y 22 libros proféticos. El rabino Aryeh Kaplan advierte que estos números no son casuales, porque el 26 corresponde al valor numérico del Tetragrama y el 22, a los canales o letras hebreas de interconexión de las dimensiones del Árbol de la Vida. En la obra Meditación y Cábala, el rabí y cabalista judío Aryeh Kaplan estudia, a lo largo de más de veinte páginas, los métodos de meditación y las enseñanzas de Abraham Abulafia. Una tesis doctoral que recomiendo sobre Abraham Abulafia es la realizada por la Dra. María del Rosario de Paz Blanco para la Universidad Complutense de Ma- drid.37

Quiero finalizar esta pequeña síntesis de este gran cabalista con algunas reflexiones del historiador Gershom Scholem que hace referencia al núcleo fundamental del pensamiento de Abulafia:38

En consecuencia, Abraham Abulafia se ve obligado a buscar un objeto absoluto -por decirlo de alguna manera- para meditar sobre él; es decir, un objeto capaz de estimular la vida más profunda del alma y de liberarla de las percepciones corrientes. Dicho de otro modo, busca algo que, sin tener por su parte mucha o, de ser posible, ninguna importancia, pueda adquirir la máxima importancia. Y cree haber encontrado un objeto que reúne todas esas condiciones: se trata del alfabeto hebreo, de las letras que forman el lenguaje escrito. Si bien el hecho de que el alma esté ocupada meditando sobre verdades abstractas constituye un gran paso adelante, no basta, porque aun así sigue demasiado ligada al significado específico de estas verdades. El propósito de Abulafia es presentarle al alma algo que no sólo sea abstracto sino que, en sentido estricto, no pueda determinarse como objeto, pues todo lo determinado tiene una importancia y una individualidad propias. Al basarse en la naturaleza abstracta e incorpórea de la escritura, desarrolla una teoría de la contem- plación mística de las letras y de sus configuraciones como partes constitutivas del Nombre de Dios. Pues 37 María del Rosario de Paz Blanco: Lenguaje y experiencia en la mística judía. Director de tesis: José Miguel Marinas Herreras [Madrid: Universidad Complutense], 2008.

éste es el objeto real y, podría decirse, el objeto específicamente judío de contemplación mística: el Nombre de Dios, que es algo absoluto porque refleja el sentido oculto y la totalidad de la existencia; el Nombre a través del cual todo lo demás adquiere sentido y que, sin embargo, para la mente humana no tiene ningún significado concreto y especifico. En suma, Abulafia cree que quien consiga convertir el gran Nombre de Dios -la cosa menos concreta y perceptible del mundo- en objeto de su meditación está en condiciones de alcanzar el verdadero éxtasis místico.

In document Tesis Mario Saban (página 36-39)

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