2.7 ¿Qué es el amor?
2.10. Las diferencias entre Keter y Daat
Siempre debemos tener presente este gran problema que se encuentra dentro de Daat: las parciali- dades de la verdad siempre son el producto de nuestras perspectivas fragmentarias. ¿Es posible que siendo nosotros fragmentos podamos captar las unificaciones esenciales del nivel de Keter?
Es preocupante cuando un fragmento, siendo consciente de su condición fragmentaria, utiliza su perspectiva (Daat) para hacernos creer que ha ingresado en Keter y que es el poseedor de la verdad absoluta.
Como somos fragmentaciones manifestadas, lo único que podemos captar, por nuestra propia es- tructura predeterminada, son parcialidades de la verdad en el nivel de Daat. Pero debemos saber que sustancialmente estamos unidos al Ein Sof y que, a pesar de nuestras manifestaciones fragmentarias que siempre nos acercan a Daat, si captamos la esencia de lo oculto que hay detrás de Daat nos en- contraremos con Keter. Pero para ello debemos trabajar en unificaciones constantes que nos lleven a la esencia de las cosas, y por consiguiente a nuestra propia esencia.
Todo nivel superior se encuentra oculto en relación al nivel revelado. Ahora bien, como toda re- velación revela, también debe necesariamente ocultar en forma simultánea. La revelación revela lo que puede revelar y oculta lo que no puede revelar, porque, para que se revele una cuestión oculta, se debe operar en un nivel superior de revelación y siempre que el receptor (kli) pueda soportar dicha revelación.
Siendo el Ein Sof lo oculto permanente, por definición, toda nuestra existencia constituye un pro- ceso de revelación al infinito. El ascenso continuo, por más mínimo que sea, constituye el sentido de nuestra existencia; por ese motivo, quien se encamina dentro de la vida en un proceso constante de ascensión en el canal Jojmá-Keter, y si se siente feliz dentro de dicho proceso, es que ya ingresó realmente en Keter.
Ingresar en Keter nunca trae como resultado el dominio de Keter, porque siempre somos fragmen- tos con visiones fragmentarias por predeterminación estructural dentro del diseño divino.
Hay discrepancias entre los cabalistas en relación a este asunto. Algunos cabalistas han sostenido que jamás podremos salir de Jojmá, que es la fuente de la sabiduría de Dios; por tanto, a medida que crece, el ser humano se encuentra dentro de un proceso infinito dentro de la dimensión de Jojmá y 376 Friedrich Weinreb: Kabbala: el libro de los profetas [Buenos Aires: Sigal], 1993, p. 111. Cuando Bilam ve el conjunto de Israel no puede maldecir, porque el mal es fruto de las fragmentaciones de la verdad (las perspectivas). Cuando se puede contemplar la unidad del sistema solamente se puede bendecir, porque la bueno siempre se asocia dentro del judaísmo a la unidad, por ese motivo Dios (Ein Sof) es el bien supremo (aunque está más allá del bien y del mal tal como los conocemos como conceptos finitos).
nunca conoce Keter. Esta posición se ve reflejada en el análisis de Moshe Idel:
Una vez más, comenzaremos por un enunciado de rabí Ezra de Gerona, que retoma probablemente una concepción preexistente: Los hombres piadosos de antaño hacían subir su pensamiento hasta el lugar de su fuente, y recitaban las mitzvot y los mandamientos, y gracias a esta recitación y a esta adhesión del pensamiento las cosas eran bendecidas y sobreabundaban, y recibían un influjo (divino) derivado de la ani- quilación del pensamiento. Como en los análisis anteriores, la ascensión del pensamiento precede al acto de adhesión; el objeto de la adhesión es no obstante diferente. Parece que el hombre piadoso debe hacer volver el pensamiento humano a su fuente celestial en el mundo divino, y, por consiguiente, unirla a la sefirá de
Jojmá, de donde había emanado. Como indica explícitamente Rabí Ezra, el pensamiento humano no puede
remontarse más allá de su fuente, lo mismo que el agua no puede alcanzar un nivel superior a aquel del que ha descendido. El pensamiento se mantiene, pues, por debajo de la sefirá Keter o aniquilación del pensa- miento, y recibe su influjo.
Otro texto de origen gerundense proporciona una descripción complementaria del pensamiento y de la segunda sefirá. Rabí Azriel, bajo la influencia evidente de Rabí Ezra, escribe: “Di a la sabiduría tú eres mi hermana”; es decir, hay que reunir el pensamiento humano con Jojmá, de manera que ambos se hagan una única entidad. Podemos suponer que cuando el pensamiento llega a su fuente se hace totalmente idéntica a ella, lo mismo que el agua que regresa a su fuente. Asistimos aquí también a una ascensión que precede a la unión total, esta vez en relación con el pensamiento humano: sin embargo, a diferencia del alma humana al alma celestial, y solo finalmente a la Shejiná -la manifestación divina inferior-, el pensamiento alcanza la potencia divina más elevada, la Jojmá. Esta diferencia merece un examen: la unión del alma con una sefirá divina es solamente posible cuando esta alma se separa del cuerpo de forma definitiva, mientras que el pen- samiento, una facultad del alma, puede subir mas allá de la esfera a la que el alma es capaz de elevarse. Según Rabí Ezra el intento de superar la sefirá de Jojmá no acabará solamente en la confusión del pensamiento, sino en el retorno del alma a su fuente. Esta vez, el cabalista trata de una forma “negativa” de muerte en compara- ción con la muerte extática que puede sobrevenir durante la unión del alma con el alma universal. En otras palabras, la unión ontológica puede culminar en una muerte extática, mientras que la unión epistémica, cuando es forzada, tiende a terminar en una experiencia temible y mortal.377
Desde nuestra perspectiva, esta posición de rabí Ezra de Gerona no se puede sostener, como muchos cabalistas posteriores han señalado, por la existencia de una Jojmá superior (en el nivel de la intui- ción), que es donde se encuentra “la profecía”, que nos conecta directamente con Keter. Por lo tanto, para ingresar en Keter378 no es necesaria “la muerte física”, necesitamos ajustar nuestra capacidad a la
experiencia de vivir dentro del mundo de la unidad (Alef). El pensamiento de la escuela de Gerona, según el cual no se puede salir de Jojmá e ingresar en Keter, es una consecuencia de la idea de que la dimensión de Keter es parte del mismo Ein Sof y no se puede alcanzar de ninguna manera. Por el contrario, los cabalistas posteriores definieron las diferencias entre Keter y el Or Ein Sof379; por ese
377 Moshe Idel: Cábala [Barcelona: Siruela], 2005, pp. 84-85.
378 Aunque podamos sobrevivir físicamente al ingreso en Keter, debemos estar preparados para este ingreso porque realmente podríamos llegar a la confusión de nuestra identidad (a la locura). Por ese motivo, debemos ser conscientes siempre de nunca perder el camino de regreso a casa (el binomio Jojmá-Biná). Recordemos que Jojmá representa al padre y Biná a la madre. Cuando estamos solos en Keter y confundidos debemos regresar a la casa paterna-materna. Jojmá y Biná, como nuestros padres, representan la zona de seguridad en la que hemos crecido. Nuestra identidad separada de nuestro padre y de nuestra madre aparece en nuestro avance sobre Keter. Como nuestra identidad es un proceso de construcción continuo, toda nuestra vida es un intento permanente de avanzar hacia Keter. En Keter no solamente se encuentra la Corona de Dios, en Keter está nuestra corona. Cada uno es rey de su propia vida dentro del esquema que nos ha diseñado el gran Rey (el Ein Sof). Frente al Ein Sof no somos nada, en la construcción de nuestra identidad somos los reyes. Somos reyes que debemos conquistar nuestra corona todos los días. Keter, por lo tanto, representa el máximo esfuerzo que debemos desarrollar dentro de nuestras vidas, porque para esto fuimos creados.
379 Debemos recordar la diferencia entre el Ein Sof en su esencia y el Or del Ein Sof. Lo que produjo toda la existencia dentro del vacío es la Luz del Ein Sof (Or Ein Sof), por lo que entre Keter y el Ein Sof encontramos el Or Ein
motivo, el ingreso en Keter no supone de ninguna manera tener un contacto directo con el Ein Sof, sino siempre un contacto indirecto.
En Daat obtuvimos el libre albedrío como un bien, pero a su vez apareció la posibilidad de que este mismo libre albedrío nos pueda provocar un mal. El bien de Daat aparece cuando sabemos “unificar” las fragmentaciones que nos elevarán hacia Keter; el mal de Daat aparece cuando creemos que Daat es Keter y solamente nos unimos a las fragmentaciones como si estas últimas fueran realidades en sí mismas. El mal es, entonces, el alejamiento del Ein Sof de las estructuras fragmentadas, y el bien es la unificación constante hacia el Infinito.
Para el judaísmo no existen las “totalidades”, porque todas las supuestas totalidades (fragmenta- ciones de un nivel superior) de esta existencia fragmentaria siempre son fragmentos que no permiten ver el “todo” en el nivel del Ein Sof. Así, la totalidad absoluta del Ein Sof queda fuera de toda posibi- lidad humana de comprensión en términos del pensamiento (Jojmá-Biná). Es más, este es el requisito de nuestra supervivencia dentro de la existencia, porque el Ein Sof debe restringirse para que no se borren todas las manifestaciones de la Creación.
“El mal” es, en Daat, nuestra incapacidad para poder percibir la diferencia entre el Daat y el Keter, y, en consecuencia, quedamos atrapados dentro de las fragmentaciones como si estas fueran reales. En cambio, encontramos “el bien” de Daat cuando percibimos el nivel de Keter. El bien es, pues, cuando el Daat se encuentra en línea directa hacia Keter; el mal, cuando un ser humano cree que se encuentra en Keter y en realidad es una ilusión dentro de su Daat. Cuando el sujeto impone su subje- tividad como “verdad objetiva” es cuando se desarrolla el mal.
Si nuestro Daat apunta a totalizar nuestra perspectiva del conocimiento como una verdad objetiva del nivel de Keter estamos trabajando para el mal. En cambio, cuando nuestro conocimiento en Daat se guía por la línea de conexión entre el Daat y el Keter, y tenemos como fin la verdad objetiva del nivel de Keter, entonces ajustamos al máximo de nuestras posibilidades nuestro Daat subjetivo al Ke- ter objetivo de la Divinidad, sabiendo de antemano que siempre estaremos vislumbrando realidades fragmentarias por debajo de Keter; es entonces cuando somos conscientes que nos encaminamos ha- cia el bien. Entonces, algo es “bueno” cuando unificamos las fragmentaciones del nivel del Daat hasta nuestra capacidad máxima siempre limitada y finita con el objetivo de acercarnos a Keter; en cambio, lo “malo” aparece cuando vamos fragmentando la realidad de modo que construimos permanentes contradicciones entre las partes sin poder captar el nivel de unidad interna que tienen dichas fragmen- taciones entre sí. Las contradicciones que son reales vistas desde el mundo de la fragmentación (Bet), son ilusiones vistas desde el mundo de la unidad (Alef).
Así nacieron de forma conjunta el bien y el mal, como producto de la puesta en movimiento de nuestro libre albedrío. La libertad siempre es positiva, aunque la utilicemos bien o mal. Porque a través de nuestra libertad (limitada a los límites predeterminados), aunque hemos conocido el mal, podemos existir fragmentariamente con conciencia del nivel Bet. El precio por nuestra existencia fragmentaria con conciencia subjetiva libre es la posibilidad del mal380.
Existe un secreto en la Cábala que asegura que en el futuro podremos disfrutar del universo de Atzilut381 y del libre albedrío donde destruiremos el mal para siempre382. Este es un secreto del nivel de
“Sod de Sod” y se me ha prohibido explicarlo, porque pertenece al nivel de la profecía. encontramos la luz del Infinito.
380 El tema del mal requiere un estudio independiente y más profundo. Quedá pendiente para una futura investigación. 381 Los tres universos inferiores regresarán al universo de Atzilut. La prueba de este proceso será la destrucción del mal y de la muerte para siempre.
Caímos del nivel de la verdad de Keter al nivel de la confusión entre el bien y el mal producto del Daat. En el nivel de verdad de Keter no teníamos que hacer ningún esfuerzo para ser lo que somos, porque ya éramos lo que el Ein Sof decidió por predeterminación absoluta; en cambio, después de la caída, ahora tenemos que hacer el esfuerzo de encontrarnos a nosotros mismos dentro de la confusión creada entre el bien y el mal dentro de Daat. Ahora Daat nos insta a realizar el máximo esfuerzo posi- ble para nuestro crecimiento. Somos libres para crecer y ascender al Ein Sof o hundirnos y descender al vacío del mal.
Debemos saber que el verdadero mal no es el mal en sí mismo, sino la confusión actual entre el bien y el mal. Mientras que en el Gan Edén existía el mal, no existía la confusión entre ellos. Así, lo bueno es conocer dónde está situado el mal en forma completa. Si Keter era la máxima posibilidad de perfección dentro de nuestros límites en la finitud predeterminada, Daat es la máxima posibilidad de ascender hacia la perfección por nuestro propio esfuerzo.
Lo bueno no es, entonces, simplemente lo “bueno en sí mismo”, sino que lo bueno se encuentra dentro de la posibilidad de no confundir el bien y el mal. El Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal no se fundamenta simplemente en la existencia del bien y del mal, sino en su confusión perma- nente. Por este motivo, el Árbol de la Vida no representa la destrucción del mal, sino la destrucción de la confusión entre lo bueno y lo malo. La luz de Keter se encuentra cuando las cosas “se aclaran”, y no podemos ver la luz cuando las cosas “se oscurecen”.
Todo el esfuerzo del ser humano dentro de la historia es el ascenso constante de Daat a Keter. Cuando el Ein Sof construyó al primer ser humano, lo situó en Keter de forma predeterminada, pero ahora, para poder subir a Keter, se debe partir del propio esfuerzo383 del ser humano.
Ya no poseemos la verdad automática del nivel de Keter, ahora debemos ascender desde Daat ha- cia Keter. En el nivel del Keter puro no necesitábamos de la existencia material de las dimensiones in- feriores; en cambio, para poder ascender de Daat a Keter necesitamos aprender desde las dimensiones más bajas de la materia. Existe un gran secreto del judaísmo que asegura que todo lo que se encuentra en Maljut es la energía de Keter que se encuentra oculta dentro de la realidad más densa de la materia. En realidad, todo lo que se encuentra en todas las dimensiones del Árbol de la Vida es la energía derivada de Keter en diversos grados de contracción. Así, podríamos denominar a Jojmá como la primera contracción de Keter; a Biná, como la segunda contracción de Keter; a Jesed, como la tercera contracción de Keter; a Guevurá, como la cuarta contracción de Keter, y así sucesivamente. Les he- mos otorgado nombres a las diferentes dimensiones, pero todas son contracciones del Or Ein Sof en algún nivel y lo que las diferencia es justamente el nivel en el que se encuentran.
Quizás en ese camino se encuentra el sentido de la vida del ser humano, en el desarrollo activo de nuestras fuerzas desde Daat a Keter para ascender por nuestro propio esfuerzo. Todo ascenso tiene que pasar por el desafío de comprender la diferencia entre el Daat y Keter384.
El judaísmo ha comprendido un gran secreto de la existencia: que cada fragmento existente de 383 Quizás esta es la mejor diferencia de nuestra realidad con otras realidades posibles, la necesidad de desplegar nuestro esfuerzo permanente para crear la realidad. Nosotros somos co-creadores de la Creación. Porque somos revelaciones que revelamos nuevas revelaciones, porque somos la revelación de Dios mismo dentro de la finitud.
384 La confusión entre el Daat y el Keter, entre nuestra perspectiva subjetiva del conocimiento con la verdad objetiva de Keter, es la soberbia del ser humano de creerse algo que no es. Una persona que es soberbia, en el judaísmo, es un contrasentido, porque su soberbia reemplaza a Dios, y jamás sale de su estado de Daat. Es importante no confundir soberbia con autoconfianza y no justificar racionalmente la soberbia como autoconfianza. La confianza en nuestras propias fuerzas es importante, pero no podemos creernos más de lo que somos; en ese caso, no solamente caeríamos en la soberbia, sino en la idolatría de reemplazar a Dios. La soberbia hace que reemplacemos nuestra perspectiva subjetiva de
esta realidad, para ascender hacia Keter, debe realizar el trabajo de “unificación” de todas las frag- mentaciones existentes385. Pero debemos saber que durante nuestra existencia no alcanzaremos la
unificación de todas las fragmentaciones, sino la unificación máxima que nos permite nuestra propia capacidad.
Por ese motivo, cuando experimentamos la realidad debemos unificar los opuestos, ya que en todo momento debemos ser conscientes de que no son opuestos en el nivel más alto del Ein Sof. Dentro de la unidad sustancial desaparece toda posibilidad de oposición. La primera oposición (Ein Sof-vacío) fue creada con el único objetivo de hacer posible la Creación, así que antes del vacío no existía opo- sición; es más, dentro del Ein Sof no existe oposición a pesar de la existencia del vacío, ya que las energías del Ein Sof que operan dentro del vacío son sustancialmente el mismo Ein Sof en el nivel de la finitud.
Las oposiciones dentro de esta existencia en el mundo de la fragmentación son falsas vistas desde el mundo de la unidad, pero son reales exclusivamente dentro del mundo de la fragmentación, y son falsas en relación a los niveles de unificación que podemos alcanzar. Es por esto que muchas veces quien estudia la Cábala por primera vez (el iniciado) se confunde con casi todos los asuntos que tra- tamos debido a que podemos estudiar cada “asunto” visto desde el nivel superior del Ein Sof o visto desde el nivel inferior (desde la existencia que se encuentra en el vacío). Debemos ser cuidadosos a la hora de acercarnos a cualquier tema que tratemos, porque lo podemos comprender desde arriba o desde abajo.
Cuando por el conocimiento (Daat), por el amor (Tiferet), por el sexo (Yesod) o por la acción ma- terial (Maljut) nos unificamos con las otras fragmentaciones lo que hacemos es elevarnos a Keter. Siempre que intentamos equilibrarnos hacia la línea media del Árbol de la Vida, ascendemos auto- máticamente.
Debemos, pues, realizar dos tipos de unificación diferentes: una unificación interna de nuestras dimensiones y una unificación externa con el resto de fragmentaciones. Esta es una labor para toda la vida.
Un fragmento no puede ascender dentro de su soledad estructural (aunque a veces la soledad386 sea
un estado necesario frente al ruido social del sinsentido), ya que no es conveniente buscar una soledad permanente que nos desvincule de la realidad.
El ascenso no se produce a consecuencia de la lucha entre las fragmentaciones existentes como si