El misterio de la Creación
1.25. El objetivo de la existencia es el proceso de ascenso hacia el Ein Sof
A pesar de que la meta es la imposibilidad absoluta en todos los casos, el sentido de nuestra existencia lo podemos construir en los avances más elevados en los campos de la abstracción que nos conduzcan al desarrollo de nuestra máxima capacidad. Así, buscando al Ein Sof imposible231, nos encontramos
con el desarrollo máximo de todas nuestras posibilidades finitas en el campo de la fragmentación. Solamente por este motivo valdría la pena realizar el esfuerzo de ascender hacia el Ein Sof232. Es más,
si nunca llegamos al Ein Sof, lo importante es ese acercamiento máximo que revela todas las fuerzas ocultas y potenciales del ser humano en su proceso de ascenso continuo.
Y aunque no encontremos jamás la esencia del Ein Sof, lo que sí encontraremos es el sentido de nuestra propia existencia temporal. ¿Acaso al encontrar nuestro sentido de la vida no hemos encon- trado lo que debíamos encontrar: ese fragmento del Ein Sof que se encuentra en el interior de nosotros mismos? Paradójicamente, cuanto más buscamos al Ein Sof con toda nuestra capacidad, encontramos en realidad nuestro “yo esencial”233 e interior, que es el producto de todos los esfuerzos derivados de
esta búsqueda imposible. ¿Y no es acaso esa búsqueda del “yo esencial” la búsqueda de la imagen y semejanza del Ein Sof en la finitud de nuestra propia fragmentación?
Es entonces cuando se produce una nueva paradoja existencial: cuando buscamos el sentido de nuestra vida, en realidad ya lo hemos encontrado, porque todo el sentido de nuestra vida se encuentra en el mismo proceso de búsqueda.
Porque nuestra existencia no tiene un sentido estático, sino un sentido existencial que tiene una característica que nunca podemos dejar de percibir: el movimiento. El sentido existencial se forma de acuerdo al movimiento que desarrollamos. Y en este punto encontramos una nueva paradoja: el movimiento se despliega por un objetivo, pero cada objetivo de nuestra existencia se encuentra dentro del movimiento mismo. Así las cosas, a mayor movimiento234 se producen nuevos descubrimientos de
nuestras potencialidades existenciales235.
231 ¿Tiene sentido la búsqueda de lo “imposible”? Precisamente lo que le otorga sentido a nuestra existencia no es la satisfacción de lo posible, sino la insatisfacción de los imposible.
232 Y al “ascender hacia el Ein Sof” descendemos dentro de nosotros mismos, porque en realidad todo ascenso es un descenso, y todo descenso es un ascenso. La búsqueda de Dios es una búsqueda de nosotros mismos, porque si Dios es el modelo de nuestro ser interior, toda nuestra interioridad es una proyección de Dios dentro del campo de la fragmentación del mundo de la Bet.
233 El “yo” esencial se revela dentro de la dimensión de Tiferet que estudiaremos más adelante; sin embargo, siempre tenemos una parte oculta de nuestro yo, que es el Keter no manifestado de la estructura de nuestro propio Árbol de la Vida.
234 Los movimientos no se deben reducir a movimientos materiales, sino a los movimientos emocionales e intelectuales. Si nuestras emociones están en movimiento, estamos buscando el equilibrio emocional dentro del movimiento mismo. No es casualidad que una aceleración del movimiento de la luz determine la parálisis del tiempo, según ha descubierto la ciencia. Quizás el objetivo último del movimiento mismo sea la conquista del tiempo, en otros términos, la inmortalidad por la parálisis temporal. A pesar de ello, el Ein Sof seguirá siendo completamente diferente de sus fragmentaciones porque estas serán siempre limitadas dentro del espacio.
El Ein Sof representa la búsqueda del conocimiento del ser humano al infinito. Somos tan limitados y finitos que todo lo que busquemos más allá de nuestra finitud estructural nos otorga el placer de la búsqueda y, por lo tanto, siempre provoca el deseo de continuar existiendo.
Toda búsqueda se fundamenta en nuestra capacidad de movimiento, porque lo que no se mueve236
no crea nada. Y esto lo sabemos porque la creación divina, en el vacío, se produjo por el primer mo- vimiento en el interior del Ein Sof. Así que podemos decir que el movimiento es consustancial a la aparición del vacío.
Sin embargo, en los niveles más profundos Luria tenía razón, porque siempre llegamos a un nivel donde nos faltan las palabras para describir esos niveles de sod. Sin embargo, en los niveles exte- riores del mismo sod, y siguiendo a Abulafia, podemos llegar a describir todo lo que nuestra propia capacidad sea capaz237. Es más, particularmente realizaré el intento de “crear nuevas palabras”, no
existentes,238 para poder describir ciertas cuestiones en las que me encuentre imposibilitado lingüísti-
camente. No deseo que el lenguaje limite mi avance a las más profundas manifestaciones del Ein Sof. Si el lenguaje, en cierto sentido, es lo único que tengo para avanzar en la descripción del Árbol de la Vida, y me encuentro limitado por las palabras que componen el idioma, debo superar las limitaciones del lenguaje239.
Debo comprender toda la realidad existencial como un gran corpus simbolicum; esto es, debo comprender todas las informaciones existentes dentro de las manifestaciones fragmentarias como parte del lenguaje. El lenguaje no puede ser reducido a la escritura o a las palabras, sino, por el con- trario, a toda la realidad que puedo hipotéticamente describir, aunque no tenga hoy los términos de especie de competitividad frente a sí mismo. Este tema lo he desarrollado ampliamente en mi obra La matriz intelectual
del judaísmo y la Génesis de Europa (Buenos Aires, 2005).
236 Ahora bien, podemos establecer una “zona de seguridad” donde poseemos la ilusión de la falta de movimiento, sin embargo, el movimiento social continua existiendo a nuestro alrededor a pesar de la ilusión de la estática. Nuestra posición estática puede ser destruida por el movimiento general. Si nuestra zona de seguridad es transitoria esto no constituye un problema, sin embargo, si la posición estática continua en el tiempo las contradicciones entre el dinamismo del movimiento general, y nuestra parálisis pueden llevarnos a una desconexión de la realidad material. Lo que es importante producir es una “dinámica mental interior” superior al dinamismo social que nos rodea, en este sentido nos encontramos en el campo de la profecía porque nuestro pensamiento se adelanta hacia el futuro. Justamente es lo que hizo el judaísmo en los últimos siglos, porque muchos de sus pensadores desplegaron un dinamismo mental que las sociedades no pudieron soportar. Esta desconexión entre un judaísmo hiperactivo y las sociedades europeas que deseaban “conservar” cierta estática produjo cierto tipo de anti-judaísmo. La envidia del antisemita hacia el judío se puede definir en este caso como el odio que tiene quien no posee la mentalidad del progreso continuo y de quien no posee la idea de la perfectibilidad constante e ilimitada (el mesianismo potencial nunca consumado).
237 Un verdadero místico judío debería fluctuar entre Luria y Abulafia, por una parte, hacer todos los esfuerzos posibles de ascenso hacia el Ein Sof como Abulafia, y por otra parte tener la humildad de Luria de comprender que siempre tenemos enfrente de nuestras limitaciones al Ein Sof. Con Abulafia el judaísmo se centra en un valor fundamental “el esfuerzo de la persona en este mundo”, con Luria, “en la humildad del sabio que permite la conciencia en un ente superior que llamamos Dios”. Abulafia es el prototipo del judaísmo que desea progresar a pesar de todas las limitaciones estructurales, Luria es el prototipo de quien acepta los limites estructurales cuando han sido temporalmente alcanzados.
238 La idea de la creación de nuevas palabras dentro del lenguaje es una idea personal que creo que puede ayudar mucho en el proceso de ascenso hacia Keter. Si no tenemos nuevas palabras que nos ayuden a describir situaciones existentes pero de imposible descripción presente la ciencia no puede avanzar. Todo lenguaje tiene el problema central de su limitación y si forzamos estas limitaciones a limitaciones de orden superior podremos comprender energías superiores existentes pero que no podemos describir, y por lo tanto, no podemos alcanzar por falta de una descripción adecuada.
239 Esto me puede llevar a un problema, porque si expongo nuevas palabras inventadas en forma subjetiva para acceder a niveles superiores de comprensión de la realidad, entonces podría ser juzgado por el Tribunal de tesis por “palabras erróneas no existentes dentro de la lengua”. El cabalista en cierto sentido se muestra contrario a toda limitación lingüística proveniente de cualquier autoridad institucional. En este caso, la Real Academia de la Lengua Española o cualquier ente de regulación que limite el lenguaje no representaría para el cabalista ninguna autoridad, porque al limitar el lenguaje se limita automáticamente el pensamiento.
descripción.
Hipotéticamente debería extender mi lenguaje al infinito para describir el infinito. Como no tene- mos la capacidad de extender un lenguaje al infinito, debo “concentrar dentro del lenguaje” el mayor de los sentidos posibles240. Soy consciente de que al concentrar el sentido o los diversos sentidos den-
tro de una palabra puedo generar confusión en la transmisión del conocimiento, pero no tengo otra alternativa que trabajar con las herramientas limitadas que poseo. Si tuviera que clasificar lingüísti- camente la realidad, el trabajo sería imposible. Nunca nos atreveríamos a estudiar la realidad, porque partiríamos de la base que todas nuestras clasificaciones son finitas y eventualmente pueden provocar confusión241. A medida que trabajamos con niveles de mayor abstracción, las posibilidades de con-
fusión lingüística aumentan considerablemente debido a que debemos reducir en palabras limitadas sentidos más extensos. Este problema se nos presentará con mayor frecuencia en las dimensiones superiores del Árbol de la Vida.