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La búsqueda del sentido de la existencia

In document Tesis Mario Saban (página 112-114)

El misterio de la Creación

1.22. La búsqueda del sentido de la existencia

En este punto, y con el transcurso de los años, me adhiero en forma personal a esta perspectiva, por- que comprendo que no todo el mundo tiene interés en saber por qué y para qué estamos aquí, y cuál es el sentido de nuestra vida; es más, estoy convencido de que la gran mayoría de los seres humanos desean (deseamos) evadirse (evadirnos) de estos temas. Esta evasión tiene dos fundamentos posibles: por una parte el miedo205, y por la otra, la imposibilidad estructural de que un cuerpo determinado ma-

terial no pueda soportar la información que trae el alma y por ese motivo la reprime con la intención de su supervivencia biológica.

El ser humano, en la gran mayoría de los casos, prefiere la seguridad de la ignorancia a la libertad del pensamiento206, porque, en realidad, el ser humano se oculta de sí mismo207. Y al ocultarse de sí

204 El ascenso de un nivel a otro se realiza solo si la persona es infeliz en el nivel en el que se encuentra. No se deben mostrar realidades ocultas superiores a los seres humanos que son felices en los niveles más bajos de la existencia material, porque no todas las almas están en situación de reconocer la divinidad que tienen dentro de sí mismas sin llegar a la locura. Cada uno debe alcanzar el nivel que su estructura material predeterminada puede soportar. Pero el esfuerzo por alcanzar dicho nivel se debe hacer en todos los casos.

205 Una de las grandes enseñanzas de la mística judía es que no podemos presionar a nadie a elevarse del nivel en el que se encuentra si esa persona no desea elevarse. Antes de ayudar a una persona a ascender debemos confirmar que dicha persona desea realizar el esfuerzo de elevación.

206 Particularmente prefiero la libertad a la seguridad, pero estoy seguro de que esta inclinación personal no es compartida dentro de la experiencia de la realidad por la gran mayoría. A nuestro alrededor, la “masa” desea evadirse de la realidad.

207 Para poder autoconocerse, el ser humano debe ascender a los grados más altos del alma (neshamá o el alma intelectual; jaiá, la voluntad profunda del alma; e iejidá, la función del alma como fragmento de la unidad divina). En

mismo se oculta del fragmento de Dios que existe dentro de él. Entonces, la única revelación real del ser humano es revelar dentro de su fragmentación la sustancia divina del Ein Sof que se esconde dentro de su vasija.

Es como si Dios no solamente se ocultara de sus revelaciones, sino que, dentro de dichas revela- ciones, pueden existir diferentes grados de ocultamiento. Porque sabemos que todo lo que se revela al mismo tiempo debe ocultar necesariamente algo para ser revelado. Esta es la característica básica de nuestra predeterminación estructural.

Ahora bien, a diferencia del ocultamiento de Dios, que opera simplemente para que sus fragmen- tos puedan manifestarse fuera del Ein Sof, el ser humano, al ocultarse de sí mismo, en realidad desea perder su conciencia para convencerse de las ilusiones derivadas del mundo de la fragmentación.

Al ocultar su divinidad, el ser humano no puede reflejar sino su sola materialidad, y aunque la materialidad dentro de la mística judía es un componente esencial de la espiritualidad misma, lo que debemos saber es que el ser humano, a través de la materia, oculta sus realidades más profundas. To- das las manifestaciones dimensionales que estudiaremos tienen esa capacidad paradójica de revelar y ocultar al mismo tiempo.

Las realidades más profundas, dentro de cada fragmento, contienen la luz de Dios. Al ocultarnos de nosotros mismos, nos ocultamos de Dios, y entonces se genera la paradoja de que Dios se debe ocultar de sí mismo para que nosotros podamos existir, pero nosotros, para contactar con Dios, de- bemos revelar lo divino que tenemos en nuestro interior. Porque el Ein Sof debe realizar el esfuerzo de su propio ocultamiento para permitir nuestra existencia, y nosotros debemos realizar el esfuerzo de nuestra propia revelación para conocerlo; en realidad, para su propio autoconocimiento divino. Cada vez que revelamos algo del Ein Sof, en nuestro interior o fuera de nosotros, siempre el Ein Sof se oculta.

Y así, cada vez que nos revelamos, revelamos fragmentariamente la luz derivada del Ein Sof que poseemos. Toda revelación fragmentaria oculta en realidad el sistema en su totalidad. Esto constituye la esencia de nuestro universo, una existencia fragmentaria que debe ocultar su relación con el siste- ma general208.

El ser humano desea existir como una realidad autónoma e independiente del sistema general de predeterminación que creó el Ein Sof para sus manifestaciones. Este deseo de existencia fragmentaria surge como una ilusión de este mundo fragmentado. Sin embargo, la verdadera realidad es la unión general dentro del Ein Sof.

El ocultamiento del Ein Sof se produce para sostener las revelaciones; sin embargo, el ocultamien- to dentro de sus fragmentos es un contrasentido, porque sus fragmentos fueron creados para revelarse. Entonces, lo que fue creado para la revelación debe revelarse y no ocultarse. Y el Ein Sof se debe ocultar para permitir este sistema de revelaciones fragmentarias en el mundo de la manifestación.

Cuando ocultamos algo que debemos revelar estamos frenando la dinámica de la estructura sobre la que se asienta toda la creación. Es por ese motivo que todo fragmento, que por naturaleza es una revelación, debe revelarse tarde o temprano. Porque todo lo que se encuentra oculto dentro del mundo de la fragmentación tiene como destino la revelación.

Un fragmento que desea ocultarse de forma absoluta intensifica la producción del mal en este general la mayoría prefiere quedarse en el nivel de nefesh (el alma animal) o pasar al nivel de ruaj (el alma emocional).

208 Todo el sistema general de la existencia, en el campo de las manifestaciones, se encuentra completamente interrelacionado. Nuestros “egos” deben comprender que son fragmentos de una realidad mayor que tiene conciencia de existencia, aun cuando sus fragmentos solamente posean en forma consciente conciencia fragmentaria.

mundo209, porque lo que el fragmento debe revelar es la “luz interior”, que representa la conexión

intrínseca que tiene cada fragmento con el Ein Sof en sí mismo.

Nosotros no somos unos fragmentos revelados sin importancia, somos fragmentos revelados que, a su vez, pueden revelar dentro de un proceso de ascenso210 constante. La gran mayoría de los frag-

mentos revelados en la creación existen, y por su misma existencia se revelan; en cambio, el ser hu- mano es una revelación que tiene una potencia mayor debido a su posibilidad de revelación hacia el exterior y hacia el interior de sí mismo. Las demás revelaciones, por su misma existencia biológica, se revelan. El ser humano, en cambio, no solamente se está revelando, sino que además fuerza a la revelación de los fragmentos que lo rodean. Entonces, el ser humano se revela de dos modos: con su propia existencia211 y forzando la revelación de las energías ocultas en todas las manifestaciones

exteriores.

Si todas las situaciones posibles de revelación son infinitas, podríamos decir que no hay forma alguna por la cual se produzca una revelación total, inclusive en relación con nosotros mismos, que somos fragmentos manifestados. Sin embargo, no debemos considerar esta situación como una inca- pacidad, sino como una predeterminación estructural.

Sin embargo, a pesar de que, por nuestra propia finitud, no podamos conocer estructuralmente todas las situaciones posibles, lo que sí es posible conocer es la sustancia esencial sobre la base del modelo en el cual fuimos creados212. Si existe un modelo, entonces todos los fragmentos (a pesar de

nuestras diferencias) poseemos una esencia objetiva equivalente, y esa esencia objetiva es la sustan- cia proveniente del Ein Sof. Porque, si existe algo estrictamente “objetivo”, es el Ein Sof, ya que todo el mundo de la fragmentación sostiene un mundo de subjetividades que, por su propia posición en el espacio, no pueden conocer213 el sistema en su totalidad.

Por lo tanto, la sustancia del Ein Sof es el común denominador que unifica potencialmente todas sus manifestaciones. En esencia, sustancialmente todo es lo mismo, porque proviene de la misma fuente.

In document Tesis Mario Saban (página 112-114)

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