El misterio de la Creación
1.24. La Torá para los cabalistas
El Ein Sof tuvo siempre que establecer un proceso de autorreducción para crear algo fuera de sí mis- mo. Siguiendo esta línea de análisis, nos encontramos con un problema en la definición del propio concepto de la Torá. Por ese motivo, los cabalistas dicen que la Torá representa todo el plan general del universo y que, por lo tanto, no se encuentra exclusivamente dentro de la escritura219. Si radica-
lizamos el análisis podríamos decir que toda la información del Ein Sof (aun la que no conocemos) constituye la verdadera Torá.
Si cogemos el camino de comprender la Torá como el plan general del universo, podríamos llegar a la conclusión de que la Torá es la máxima manifestación posible del Ein Sof y podríamos, por esta misma vía, llegar a una conclusión: que la Torá misma es Dios220.
Muchos rabinos han llegado a esta posición extrema, que podríamos denominar como una “toralatría”221; es decir, una idolatría a la Torá. La Torá, a pesar de su infinitud sustancial, es para no-
sotros una vía de acceso a las manifestaciones del Ein Sof, pero no es el Ein Sof mismo, sino el reflejo del Ein Sof en un canal finito de manifestación. Para la gran mayoría de los autores judíos, la Torá es un canal que parece finito en el nivel literal, pero que es infinito si ahondamos en todos sus niveles. la Bet nos otorga la conciencia de que en realidad somos lo único que existe. La posibilidad de lograr una conciencia que penetre simultáneamente en ambos mundos es el objetivo del misticismo judío.
218 Recuerdo a mi amigo el gran pensador judío argentino Carlos (Najmán) Escudé, que en un programa de televisión dijo (en su época de agnosticismo) que “Dios no podía estar contenido dentro de un libro”; y el rabino Goldman, respondió, en aquel momento: “Este hombre es el único que cree en Dios”.
219 En el judaísmo medieval, esto llevó a todos los sabios judíos (en especial en Sefarad) a estudiar todas las ciencias (gramática, astronomía, astrología, física, matemática, geometría, medicina, etc.), porque todas las ciencias estaban contenidas en la Torá. A mi modo de ver, en la actualidad el judaísmo ha encerrado el concepto de Torá a lo estrictamente religioso, cuando, en la Edad Media, la Torá era un concepto amplio y abierto a todas las ciencias. Si la Torá representa todo el universo, cualquier disciplina científica es un camino de Torá para llegar al Ein Sof. Así las cosas un médico tiene el mismo nivel de importancia que el rabino, porque a través de la medicina se llega al Ein Sof, siendo que todo conocimiento es una parte de la misma Torá. De todos modos, nunca la Torá pierde el sentido literal. Los sentidos más profundos del texto nunca destruyen el sentido básico de la letra de la escritura.
220 “Es por eso que la Torá ha sido comparada al agua, pues tal como el agua desciende de un nivel superior a uno inferior, del mismo modo ha descendido la Torá de su sitio de gloria. En su estado original la Torá es la voluntad y la sabiduría de Dios, y la Torá es uno y lo mismo con Dios, a quien ningún pensamiento puede aprehender. De allí la Torá ha viajado en descenso por etapas de ocultamiento, etapa tras etapa en el Hishtalshelut (encadenamiento) de los mundos, hasta que se invistió en cuestiones materiales y cosas de este mundo corpóreo, que abarcan casi todos los mandamientos de la Torá y sus leyes, también en las combinaciones de letras físicas escritas con tinta en un libro (a saber) los veinticuatro libros de la Torá, Neviím y Ketubím, a fin de que cada pensamiento humano pueda aprehenderlos, y para que aun el habla y la acción, que se encuentran en un nivel inferior al pensamiento puedan aprehenderlas e investirse en ellas” (Shneur Zalman de Liadí: Sefer Shel Beinonim: Tania [Buenos Aires: Kehot Lubavitch Sudamericana], 1992, p. 61).
221 La palabra “Toralatría” no existe, pero tuvimos que crear una palabra para poder describir una situación determinada.
Si el Ein Sof se manifestó en la Torá, y la Torá es una manifestación, entonces podemos decir que la Torá es limitada. La Torá se transforma paradójicamente a la vez en una forma limitada e ilimitada de revelación: es limitada al propio texto y, en cambio, es ilimitada, porque el judaísmo ha creado la interpretación infinita del texto222 y es, a partir de esta interpretación infinita, y por su propia infinitud,
que el judaísmo llevó la interpretación de la Torá al grado del Ein Sof. Al destruir las limitaciones escriturarias de la Torá y comprender toda la información universal como parte de la esencia de la Torá, el judaísmo no redujo su campo de acción, sino que, por el contrario, amplió sus horizontes y, en cierta medida, se salvó de caer en un reduccionismo religioso223.
Así, la Torá literal nos conduce a conocer las manifestaciones limitadas del Ein Sof en esta realidad existencial; en cambio, por la infinita interpretación de la Torá accedemos a la infinitud de posibilida- des del conocimiento, que nos acercan a la infinitud del Ein Sof mismo.
La Torá actuaría, en este sentido, como el elemento fundamental de revelación de todo el Árbol de la Vida. La Torá sería, pues, el conducto general de todas las dimensiones en el campo de la finitud. Por esa razón la Torá comienza con la palabra hebrea Bereshit, palabra que contiene en primer lugar la letra Bet, y no con la primera letra del alfabeto hebreo (la Alef), porque simboliza que toda la creación de Dios es una consecuencia de una manifestación limitada del Ein Sof y que, por tanto, toda la lectura de la Torá se reduce en términos literales al mundo de la Bet.
Aunque los grados de comprensión del mundo de la Bet son perceptibles como infinitos desde nuestra perspectiva limitada predeterminada, son finitos vistos desde el Ein Sof.
Los cabalistas dicen que bajo la literalidad de la Torá se esconden los secretos que revelarían el sustrato sustancial del mundo de la Alef. La Alef es el mismo Ein Sof, es el verdadero nombre de Dios en el ocultamiento y, por lo tanto, el Tetragrama es el nombre de Dios en su posición revelada. Así, el Tetragrama es el nombre que podemos soportar, pero no su nombre real. Porque en realidad no existe un nombre real que podamos soportar. El Ein Sof se encuentra mas allá de todos los nombres posibles. En el campo de la fragmentación, dentro de las diferentes dimensiones, Dios posee muchos nom- bres, pero ningún nombre es comparable a la Alef. Es más, podríamos decir que la Alef es el nombre que le adjudicamos al Ein Sof en su nivel de ocultamiento, pero, en realidad, no existe ningún nombre posible. Dentro del Ein Sof la Alef no existe como “nombre”, allí no existe la posibilidad de que algo sea nombrado. Nosotros nombramos como “Alef” un Ein Sof que en esencia no es ni la Alef, sino que es la causa del nacimiento de la letra Alef. Pese a estos límites, al Ein Sof en el nivel oculto lo deno- minamos como “Alef”224.
Que la Torá comience con la letra Bet hace referencia simplemente al mundo de la fragmentación. Para los cabalistas, la Torá es el plan general de la creación que proviene del mundo de la Alef. La Alef, por lo tanto, es el Ein Sof con o sin la existencia del mundo de la Bet. Porque, a pesar de no existir el mundo de la Bet, la Alef existía, y aunque el mundo de la Bet hipotéticamente desapareciera 222 El judaísmo llegó a estudiar de forma equivalente la Torá como toda la representación de la realidad. Una realidad que indudablemente supera el texto escrito.
223 Gran parte de las religiones son “reduccionistas”, porque tienden a reducir su verdad al canon por medio del cual desean controlar la realidad. Todas las religiones son verdades parciales y ninguna puede llegar al Ein Sof, porque todas son construcciones humanas dentro del campo de la fragmentación. Si a esto le agregamos el relativismo histórico de la evolución religiosa, podemos decir que una religión es un marco referencial institucional y cultural modificable por la evolución antropológica del ser humano. La religión, pues, trabaja reducida al mundo de la Bet; la mística judía trabaja tomando en cuenta la existencia del mundo de la Alef, buscando la unidad esencial del Ein Sof.
224 El nombre de la letra Alef se compone de tres letras: alef, lamed y pei o fei. De esa Alef nos interesa la primera letra alef, que a su vez contiene una letra alef, y así hasta el infinito. En realidad, lo que debemos hacer no es expandir al infinito las letras derivadas de la palabra Alef, sino, por el contrario, unificar el contenido interno de la alef para llegar a la esencia del Ein Sof. Sin embargo, tenemos un límite en el proceso de unificación.
en el futuro, la Alef seguiría existiendo.
Así, la Torá funcionaría en una cantidad infinita de niveles de acuerdo a nuestra percepción de la realidad, desde los niveles de máxima revelación hasta los niveles de mayor ocultamiento225. Porque
tenemos la capacidad infinita de perfectibilidad al infinito, y esa perfectibilidad constante nos reduce siempre a la aceptación continua de nuestras limitaciones. Porque si el fragmento es perfectible, el Ein Sof es la perfección esencial. Y lo perfectible solamente puede avanzar a través de un proceso de perfeccionamiento constante226.
El sod de la Torá posee el código227 del Ein Sof en sus entrañas, mientras que las partes reveladas de
la Torá se conectan con las manifestaciones fragmentarias del mundo de la Bet. Ahora bien, las mani- festaciones fragmentadas del mundo de la Bet son un reflejo espacial y temporal de la realidad eterna del mundo de la Alef y, por tanto, la imagen y semejanza de Dios. Así la Torá se puede encontrar en ambos niveles. Las interpretaciones de la Torá más secretas, al acercarse al secreto esencial del Ein Sof, nos descubren un nivel completamente desconocido: la Torá de Atzilut.
Sabemos que no podemos conocer la esencia del Ein Sof, pero podemos conocer sus manifesta- ciones, y si sus manifestaciones poseen algo de su esencia (ya que no existen manifestaciones sustan- cialmente independientes de la esencia básica del Ein Sof), entonces podemos encontrar a Dios dentro de nosotros mismos228. Este es el nivel máximo de autoconciencia posible: ser conscientes de nuestra
dependencia energética básica para lograr la existencia física. Cuando arribamos a esta conclusión, también debemos saber que Dios se encuentra dentro de nosotros mismos (tanto de mí mismo como de mi prójimo), lo cual hace que todo conflicto con mi prójimo es, en esencia, una lucha aparente entre los fragmentos divinos229.
La sustancia es lo que relaciona íntimamente al Ein Sof con sus manifestaciones derivadas. En estos términos, si la Torá es, por una parte, una manifestación limitada (por el exterior) e ilimitada (por su contenido interior), entonces podríamos permitirnos la posibilidad de escribir algo acerca de sus manifestaciones pese a la genuina imposibilidad luriana. Luria, al enfrentarse al Ein Sof, aceptó el silencio; Abulafia, estratégicamente, fue rodeando al Ein Sof por el estudio de sus fragmentaciones. Abulafia y gran parte de los cabalistas trabajaron las unificaciones230 de las fragmentaciones con el
objetivo de lograr una mayor comprensión de la existencia. Quedaba claro que no podía comprender 225 Como el Ein Sof es la máxima ocultación, entonces la Torá tendría un infinito número de niveles. Esto nos conduce a un trabajo de interpretación infinito de la realidad. El judaísmo, por lo tanto, propone al hombre la posibilidad de una labor imposible de finalizar. En dicha imposibilidad se fundamenta el sentido de la existencia.
226 La soberbia en el ser humano es uno de los peores males, porque reemplaza el poder de la perfectibilidad por la ilusión de la perfección. Probablemente este es uno de las importantes logros del judaísmo: ningún ser humano es perfecto, y de ahí que todo sea perfectible. La fuerza de la perfectibilidad constante produjo dentro de la mentalidad judía el mesianismo potencial que he estudiado en profundidad en una de mis obras anteriores (Mario Javier Saban: La matriz
intelectual del judaísmo y la génesis de Europa [Buenos Aires], 2005).
227 Así como el ser humano es imagen y semejanza de Dios, la Torá es el lenguaje del Ein Sof dentro de la fragmentación.
228 También cuando me uno a otra persona (un amigo) me estoy uniendo a Dios. Por ese motivo, como muchos filósofos judíos modernos han señalado, podemos encontrar a Dios en el rostro del otro. Los cabalistas dirán que podemos y debemos encontrar a Dios en nuestro propio interior.
229 ¿Cómo es posible que un fragmento del Ein Sof se contradiga con otro fragmento del Ein Sof? Es porque la fragmentación es la consecuencia de este nivel material que nos confunde. Por ese motivo, el asesinato o una agresión a cualquier prójimo es un ataque a un fragmento del Ein Sof. Cuando un fragmento del Ein Sof se conecta con el vacío y cree que ese vacío es la única realidad, al no sentirse parte del Ein Sof ataca a otro fragmento. La pérdida de conciencia de ser partes del Ein Sof hace que podamos atacar a otros fragmentos del Ein Sof. Por ese motivo, todos debemos ascender hacia el Ein Sof tomando conciencia, en primer lugar, de nuestro fragmento interior del Ein Sof.
230 En el judaísmo, las unificaciones son los trabajos de meditación más importantes para lograr la unificación de las diferencias energéticas que se desarrollan dentro de nuestra realidad.
la realidad en el marco de las fragmentaciones, porque estas fragmentaciones desvirtúan todo análisis de la realidad. La única forma que encontró Abulafia fue la de elevarse de nivel ascendiendo a otros niveles que le permitían visualizar mejor la existencia, y llegar a la conclusión de que, pese a que las fragmentaciones son reales en los niveles inferiores, son una ilusión en los niveles superiores.