El jueves 25 de septiembre de 2008, Fernando Londoño se pronunció frente a la decisión del Banco de la República de subir las tasas de interés. Lo hizo mediante su columna en EL TIEMPO, titulada “Aterrizaje suave”. Los hechos que lo animaron a escribir al respecto fueron dos: primero, que supuestamente el Banco de la República había encontrado en la inflación la principal causa de la crisis económica; y segundo, que la Junta Directiva de esta entidad decidiera un crecimiento anual sostenible, y por lo tanto menor del que tenía el país.
Su estrategia fue mostrar los argumentos que, aparentemente, presentó el Banco para tomar su decisión y confrontarlos con los propios, para concluir que el Banco era el responsable de la crisis económica. En palabras del profesor Álvaro Díaz, a esto se denomina refutación (2002, p. 85). Para el Banco, la inflación provocó la crisis; para Londoño, ésta es sólo una causa artificial.
El siguiente párrafo representa de manera contundente, la estrategia de Londoño en esta columna:
“Nada valieron advertencias, reflexiones, súplicas. Que la inflación no era causa del crecimiento, sino expresión inevitable de una crisis petrolera acompañada de otra alimentaria, dijimos muchos. Que no sabíamos nada de economía, replicaron ellos. Que no es malo crecer tanto, cuando hay armonía en tantas cifras y cuando la inversión es poderosa y permanente, agregábamos. Pues nada”
59 Según Perelman, los argumentos se presentan bajo la forma de un nexo que permite transferir a la conclusión la adhesión acordada a las premisas (1997, p. 76). En este contexto, veamos el siguiente caso.
Londoño parte de la siguiente afirmación:
“El República tenía que recordar con nostalgia esos meses felices en que puso las tasas interbancarias por encima del ciento por ciento anual, en que logró quebrar unos cuantos bancos y de paso a centenares de miles de infelices deudores”.
De aquí, pasa a concluir que:
“Las tasas de interés hicieron lo suyo. La gente dejó de comprar, aterrada con los costos. Los que ya habían comprado empezaron a no pagar, forzados por el precio del dinero; los fabricantes, a no producir, los comerciantes, a no vender, los constructores, a parar ventas y proyectos”.
El caso anterior, en apariencia, mantiene la forma de un argumento. Además coincide con la definición de transitividad planteada por Perelman: propiedad de una relación que permite pasar de la afirmación de que ella existe entre un término y un segundo, entre este segundo término y un tercero, a la conclusión de que se da entre el primer término y el tercero (Perelman, 1997, p. 101). Una regla que se expresa en el silogismo.
Sin embargo, esta argumentación presenta un error. Recordemos la definición de falacia sugerida por Aristóteles. Este autor la define como un argumento que sin ser válido se presenta consciente o inconscientemente como tal, por lo que puede llevar a engaño a una persona poco avisada (Perelman, 1997, p. 170). De la premisa que plantea Londoño, no se sigue la conclusión.
¿A qué tipo de falacia nos enfrentamos? Según Nocetti, esta sería una falacia de composición o relevancia porque las razones que se aportan para la conclusión son intencionalmente inadecuadas desde el punto de vista lógico, aunque muy convincentes (1990, p. 14). Para ser más claro, estamos ante la falacia de causa falsa (non sequitur).
Nos encontramos ante esta falacia cuando se establece una relación causal inatinente para argumentar de modo intencional a favor o en contra de algo (Nocetti, 1990, p. 28).Es un término genérico para una conclusión cuestionable sobre causa y efecto (Nocetti, 1990, p. 129).
60 En la misma columna podemos identificar otro tipo de falacia. Álvaro Díaz, refiriéndose al hombre de paja, afirma que la podemos identificar cuando se destacan las opiniones menos importantes del rival y se ignoran deliberadamente sus argumentos más sólidos (2002, p. 117). Al pasar por alto muchas razones en las que la Junta Directiva basó su decisión, Londoño desvió la atención. Esta falla en el razonamiento está presente en todo el artículo, puesto que sólo se presentan los argumentos débiles que expuso el Banco.
En la misma pieza se pueden identificar otras falacias como la de falsa analogía y la del ataque personal:
“Con ese 'Eureka' en los labios, los directores se dieron a planear el aterrizaje suave que necesitábamos, para conducirnos a un crecimiento sostenible del cinco y medio o seis por ciento anual, algo más de acuerdo con nuestra pobreza espiritual. O con la de ellos” (Londoño, 25 de septiembre de 2008).
Para Díaz, cuando una analogía se extiende en su alcance —apoyándose en suposiciones cuestionables— el razonamiento puede resultar falaz, porque hay un punto en el que la similitud desaparece (2002, p. 107). El crecimiento anual del país no se puede relacionar con la “pobreza espiritual”de los miembros del Banco de la República porque la vida interior de los miembros de la Junta no se relaciona de ninguna manera con la decisión de subir las tasas de interés.
En cuanto al Ataque personal, o ad hominem ofensivo, recordemos que éste consiste en ofender al adversario mediante ataques personales, en vez de cuestionar los méritos de sus argumentos (Díaz, 2002, p. 101). En este caso, Londoño se apoya en la supuesta pobreza espiritual de los miembros de la Junta para desacreditarlos.
En cuanto a las falacias lingüísticas, pudimos identificar una dicotomía. Recordemos que este tipo de falacias se observan cuando aplicamos a los dos polos de una oposición real una pareja de términos diferentes, valorando uno de los polos para descalificar al otro. Es esto precisamente lo que ocurre cuando Londoño plantea los supuestos argumentos del Banco de la República y los enfrenta con los propios.
Se abordará ahora la percepción del público acerca de esta columna. Según la página de EL TIEMPO la comentaron 23 personas. Sin embargo, una vez hecho el análisis podemos encontrar que varios de los comentarios identificados son una repetición de los no identificados. En comparación con las demás columnas de Londoño, es muy bajo el número
61 de comentarios que recibió. Una posible razón sería que el tema económico no apasiona a muchos lectores ni es del dominio de la mayoría.
A favor En contra No relevante Total
05 01 13 19
El siguiente comentario ilustra bastante bien la percepción de los lectores que se manifestaron a favor de la argumentación del articulista1:
Por: HernandoReyes Santos
“Excelente columna, asiderada en profundos conocimientos y juiciosas elucubraciones”
El adjetivo “asiderado/a” no aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE). Tampoco es posible encontrar el verbo “asiderar”. En cambio, elucubrar consiste en elaborar una divagación complicada y con apariencia de profundidad. El ejemplo es bueno porque representa el estilo de Londoño y el uso de un sarcasmo difícil de percibir.
Veamos ahora el caso del único lector que no estuvo de acuerdo con el argumento de Londoño:
Por: Delaunay
Mal, dr. londoño: el br no atrajo el capital extranjero, eso lo vienen haciendo y defendiendo desde hace 20 años neoliberales como usted. sa "inflación" que usted a que ud. se refiere no la puede controlar el br ni subiendo las tasas porque es "importada", tal es la dependencia del capital extranjero. el br puede subir o bajar las tasas cuando se le de la gana, siempre ha sido así. lo que nunca existió desde antes de su adorado "neoliberalismo" era la facilidad de inversión y de especulación. por favor, retráctese de culpar al br y más bien evalúe quién defiende tanto la ied, que nos está causando estanflación.(Londoño, 25 de septiembre de 2008).
En cuanto a los comentarios no relevantes, caben varios en esta clasificación. En el foro fue bastante común encontrar peleas entre los foristas, que por supuesto no aportaban nada al debate. Lo mismo pasa con los lectores que se manifestaron en contra por medio de
1
Las transcripciones de los comentarios en los foros de opinión son fieles a los originales, con sus erratas, con el fin de no desvirtuar los usos del lenguaje en el ámbito digital.
62 ataques personales, que no tienen nada que ver con los argumentos que planteaba Londoño en su columna. Veamos el siguiente ejemplo:
Por: Hacedor
Se imaginan a fernando londoño de asesor del banco de la república???? los hace meter toda la platica del tesoro nacional, las reservas y cuanto peso, dólar y euro encuentre en una cuentica suya en las islas caimán con el argumento de que él si pone a producir esa platica. ¡¡¡¡ladrón caradura!!!.
“¿Desencuadernado?”
Se estudiará ahora la columna publicada el 8 de octubre, que pareciera ser la continuación de la columna “Aterrizaje suave”, a la cual Londoño Hoyos hace una referencia explícita. Sin embargo, y para sorpresa de muchos, el verdadero tema es la crisis económica producida por la Seguridad Democrática.
La estrategia en esta columna es mencionar una a una las razones por las cuales la Seguridad Democrática se ha venido a menos, para terminar preguntando si el país se está desarmando. En el ámbito argumentativo este razonamiento cumple con las características del entimema. Díaz lo define como un silogismo en el que está implícita la conclusión o alguna de las premisas, las cuales pueden ser más de las que se utilizan en un razonamiento estrictamente lógico (2002, p. 25).
Desde este punto de vista, el argumento de esta columna, al igual que el del anterior, responde a las características de transitividad expuestas por Perelman. En este caso, la crisis económica, los escándalos de las Fuerzas Militares, el crecimiento de las llamadas bandas emergentes, el aumento de los cultivos ilícitos, de los homicidios, de la inseguridad, la deplorable política internacional y nacional y las huelgas de los jueces y de los corteros de caña le sirven como argumentos a Fernando Londoño para concluir que el país se está desencuadernando. La columna tiene la forma de un silogismo, con múltiples premisas.
En esta pieza se encontraron varias falacias. La primera: “Al Banco de la República le dio por "aterrizarnos" y nos produjo fenomenal porrazo”. Este es un ejemplo de
inducciones precipitadas. Siguiendo a Díaz, la conclusión a la que se llega es demasiado general en relación con las premisas en que se apoya (2002, p. 112). Este caso ilustra bien
63 la falacia puesto que el columnista plantea que la única razón de la crisis económica fue la decisión del Banco de la República de subir las tasas de interés. También corresponde a la causa falsa.
Por otra parte, se puede identificar, en medio del sarcasmo del columnista, la falacia del ataque personal. Cuando Londoño escribe: “Ya dirán los sabios que somos víctimas de una crisis mundial”, hace referencia a los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República. El ataque está en llamarlos ‘sabios’, puesto que los considera responsables de la crisis económica.
Después, vuelve a caer en las inducciones precipitadas y en la causa falsa. Cuando afirma: “mucho antes de que se hablara de créditos subprime ya nos habían condenado, los muchachos de la Junta, a la revaluación y a la recesión más inclementes”, nuevamente induce a pensar que el Banco de la República es el único responsable de la recesión económica.
Poco después, Londoño incurre en las mismas falacias: “Pero cuando teníamos por cierto que en la Corte estaba lo peor, los jueces saltan a la palestra y decretan un paro inconstitucional e ilegal”. De lo anterior, no queda claro por qué se califica el paro con esos adjetivos.
Incluso, este último caso es útil para ilustrar nuevamente la falacia del ataque personal. Sin dar argumentos, y asumiendo que el lector comparte su posición (“teníamos por cierto”), Londoño califica a la Corte como lo peor.
Con respecto a las falacias lingüísticas, pudimos identificar la de anfibología. Con asiduidad los enunciados afirman o niegan algo de manera confusa, y si no tenemos un contexto que nos pueda aclarar el sentido, no podremos precisar qué nos dicen; cuando de modo intencional están así expresados se comete este tipo de falacia (Nocetti, 1990, p. 47).
Londoño termina su argumentación diciendo que “El que quiera presidente abordo, que tome las vías de hecho”. Esto quiere decir que actúe (recuerda el famoso llamado a la “acción intrépida” de Laureano Gómez para evitar el avance del liberalismo). El siguiente comentario demuestra que efectivamente esta afirmación es confusa:
Por: tatonio123
Después de leer esta columna del sr. londoño uno se pregunta como fué posible que dijera cosas sensatas y en cierta manera contrarias a las que ha acostumbrado en sus
64 columnas anteriores. es posible que le haya pasado algo parecido a saulo, el soldado
romano, al cual le cayó un rayo y lo transformó en paulo, un discípulo de jesús.es dificil hacer un diagnóstico de este aparente cambio, cuando todos sabemos de su capacidad para engañar en provecho propio, como lo hizo en el famoso caso de invercolsa.será que vió inminente su salida como comentarista de EL TIEMPO y quiere mostrarse un poco más concilador ?. sin embargo, su última frase invitando a un golpe de estado, lo ha desenmascarado y ha mostrado su verdadero rostro (Londoño, 8 de octubre de 2008).
En cuanto a la percepción de los lectores, puede decirse que esta columna sorprendió a más de uno y los comentarios a favor y en contra estuvieron muy parejos. Antes de presentar el respectivo cuadro de análisis, veamos una reacción típica:
Por: carlitoslazarte
Bueno, por primera vez desde que tengo uso de razon puedo leer una opinión casi ajustada a la realidad por parte de este vejete, de este mequetrefe que tambien por primera vez no parece drogado por un coctel de viagra y sanax. y tiene razon el ex ministro asesino de perros, el gobierno esta descuadernado (Londoño, 8 de octubre de 2008).
A favor En contra No relevante Total
19 20 128 167
Aquí tenemos un ejemplo de los comentarios a favor: Por: unamuno
Doctor londoño, por favor enviele este escrito al mesias para que se baje de la nube y ponga los pies en el suelo y se de cuenta de la terrible realidad colombiana que usted describe.
Al respecto, sólo cabe mencionar que es extraño encontrar a un lector que está de acuerdo con Londoño y en contra de Uribe.
Veamos ahora un caso de un comentario no relevante: Por: LesterBurnham
65 Este es un ejemplo de la polarización política que se genera en las columnas de opinión.
Continuemos con un comentario en contra: Por: asegurado
La economia era un gran orgullo? seguramente para algunos pocos, esos grandes empresarios que encontraron trampas con este gobierno para salir mas ricos. ( caso bavaria). inversion extranjera ? eso se llama venta del pais. cuantos empleos " dignos" ha generado estas privatizaciones ? las vias de hecho ya fueron practicadas por uribe para tomarse el poder completo. el pacto de ralito para la refundacion de la patria asi lo demuestran, amparado por manos criminales que ademas impusieron una reforma agraria a la brava. ahora se rasga las vestiduras este personaje oscuro.facista descarado y ladro de pacotilla
Este comentario también es útil para identificar una de las falacias en el artículo de Londoño. El articulista parte de que (¿antes de Uribe?) la economía era un orgullo y de que la inversión extranjera generó empleos dignos para luego asegurar que el Banco de la República quiso terminar con tan buena época. Es evidente que las premisas de las que parte no son del todo aceptadas. Por tanto, podemos afirmar que estamos ante una petición de principio.