Esta columna fue publicada por Antonio Caballero el 25 de octubre de 2008. Ahora, el periodista argumenta, por supuesto con su dosis de sarcasmo, que hay que calumniar a los indígenas llamándolos terroristas cuando organizan marchas de protesta, porque su resistencia pacífica y sus reclamos justos dan mal ejemplo. En realidad, los indígenas son simplemente ciudadanos colombianos, aceptados constitucionalmente, que por medio de la “minga” quieren hacer valer sus derechos. No son latifundistas, ni mercenarios y mucho menos terroristas.
El primer argumento que pudimos encontrar responde a las características del
razonamiento por contradicción. Caballero parte de que el presidente Uribe dice mentiras con gran frescura. Luego, cuando es descubierto, afirma que lo engañaron sus subalternos y que todo sucedió a sus espaldas.
Para soportar esta hipótesis, el columnista ofrece un argumento que responde a las características de la ilustración. Tiene que ver con el uso del emblema de la Cruz Roja por parte del ejército colombiano en la Operación Jaque. En principio, las autoridades correspondientes negaron el hecho y después de que se conoció el video de las Farc no les quedó más remedio que admitir su error.
En este punto, Caballero se apoya en una analogía para darle más fuerza a su argumento. El columnista estableció un parecido entre los ministros y generales de Uribe con unos loritos amaestrados, puesto que todos respondieron una y otra vez que no habían utilizado los emblemas del ente humanitario durante el rescate de los secuestrados.
141 Este párrafo termina con la siguiente pregunta retórica: “¿Será que les volvieron a pagar a las Farc por el video, como antes por los rehenes?” Como es evidente, Caballero hace una analogía basada en la semejanza entre las dos situaciones mencionadas.
En el segundo párrafo encontramos un argumento que responde a los nexos de coexistencia. En un principio, el Gobierno sostuvo que el Departamento Administrativo de Seguridad no hizo interceptaciones ilegales a la oposición. “Y resulta igualmente que sí, que altos funcionarios del gobierno sí buscaban testimonios contra los magistrados de la Corte entre los narcoparamilitares […]”. Podemos ver entonces una contradicción entre lo que dijo el Gobierno, y lo que hizo.
En el tercer párrafo encontramos, en primer lugar, un argumento que responde a los
nexos de sucesión. El columnista pretende dar cuenta de que las cosas que en principio son negadas, resultan al final ser ciertas. Pero el Presidente nunca se da por enterado. Y es precisamente en esta premisa donde encontramos un argumento por contradicción. Caballero plantea implícitamente la siguiente pregunta: ¿cómo puede ser posible que todo lo que ocurre, ocurra a espaldas del Presidente, si él “lo sabe todo y está en todas partes”?.
El cuarto párrafo comienza con un argumento por transitividad. El columnista sostiene que Uribe miente en lo relacionado con la marcha de la protesta indígena. En otras palabras, Caballero lo plantea así: “Ahora lo estamos viendo con la minga, como la llaman los indios del Cauca”.
Es, entonces, cuando aparece un argumento por definición. Caballero escribe que los aborígenes llaman “minga” “a sus acciones de beneficio colectivo (el “convite”, traducen los de otras regiones más hispanizadas: pues se trata de convidar a la gente a un esfuerzo común que es además una fiesta)”.
Posteriormente, nos enfrentamos a un argumento que combina la ilustración con la analogía. El columnista nos muestra un caso concreto en el que Uribe miente y luego se retracta: después de que el mandatario calificara de infamia el haber acusado a la Policía de abrir fuego contra la marcha; “el presidente salió en televisión con todos sus generales y ministros, [y aquí está la analogía] silenciosos como perritos amaestrados a reconocer que sí: que la Policía sí había disparado”.
A continuación nos encontramos, de nuevo, con un argumento por analogía. En el quinto párrafo, Caballero establece una similitud entre el discurso de Uribe y el del ex
142 presidente Turbay. El mandatario actual afirmó que los indígenas muertos se habían matado ellos mismos en una acción terrorista. Y el tristemente célebre por su Estatuto de Seguridad, el ex jefe de estado Julio Cesar Turbay, decía, en su tiempo, que “los torturados se autotorturan para desprestigiar al gobierno”.
También vale la pena señalar una analogía implícita. Ésta ocurre cuando Uribe afirma que todo ocurrió a sus espaldas. El mismo argumento que utilizó Samper para safarse del Proceso 8.000. Definitivamente, el que anda entre la miel, algo se le pega.
En el sexto párrafo encontramos un argumento que mezcla las características de la contradicción, con el de pesos, medidas y probabilidades. En primer lugar, cuando Caballero demuestra que Álvaro Uribe tiene una hacienda grandísima en los valles del Sinú, deja claro que los aborígenes no son los únicos latifundistas del país. Y en segundo lugar, podemos ver que cuando el periodista escribe que la finca del mandatario es de dos mil hectáreas, más que informar, la cifra impresiona, sobre todo si se tiene en cuenta el contexto en el que fue mencionado el dato.
En el séptimo párrafo, encontramos un argumento por transitividad. Caballero trata de lograr la adhesión de sus lectores al plantear que todo lo que les hemos hecho los blancos a los indios, son cosas que tal vez se puedan explicar o aun defender. Pero no negar. Esta premisa adquiere validez por ser expuesta justo después de la cita de Uribe en la que se dice que este país es “respetuoso de la diversidad”, y que los únicos latifundistas en Colombia son los indígenas.
El octavo párrafo continúa con el argumento de transitividad. Lo vemos claramente por su introducción: “Y luego vino ya no solo la negación en redondo de la historia, sino la mentira frontal para justificar que se siga repitiendo la historia […]”.
También pudimos identificar un argumento basado en la contradicción. Si Uribe es consciente de las implicaciones que tiene en nuestro país hacer cualquier tipo de señalamiento hacia alguna comunidad, estuvo mal hecho señalar, además de dueños de latifundios, de terroristas a los integrantes de la minga. Se supone que como presidente debería velar por el bienestar de todos los colombianos.
El octavo párrafo termina con el uso del argumento por definición, acompañado por una dosis de sarcasmo. Caballero afirma que “Por lo visto los indios, además de
143 latifundistas (lo fueron: todo lo que hoy se llama América era suyo), son mercenarios. Y terroristas, claro”.
Y en el noveno párrafo identificamos un nexo de sucesión. Esta vez, Caballero quiere mostrar que la minga no fue lo que el Presidente y su Ministro de Defensa quisieron mostrar. Al contrario, los indígenas son los únicos en Colombia que se han enfrentado al terrorismo sin recurrir a la “autodefensa”, son los únicos que con hondas y bastones han enfrentado y en ocasiones derrotado tanto a la guerrilla, como a paramilitares y a la fuerza pública.
El último argumento al que el columnista acude está basado en pesos, medidas y probabilidades. Caballero plantea que durante los últimos seis años de lucha del pueblo indígena, la Seguridad Democrática ha asesinado 1.253 aborígenes. El recurso a esta cifra, más que informar, busca impresionar.
Ahora, en cuanto al garante de esta columna, podemos afirmar que este radica en que la historia se repite. Es decir, los blancos vuelven a abusar de los indígenas. Por otra parte, y a partir de la argumentación de Caballero, podemos decir que el texto responde al adagio que reza: “al caído, caerle”; porque lo que hizo el Gobierno fue maltratar aún más la dignidad del pueblo indígena.
Por otra parte, podemos decir que esta columna responde tanto a los fundamentos basados en hechos y evidencias como a los del conocimiento del mundo del destinatario. El número de indígenas muertos y todas las mentiras de Uribe, a las que Caballero hace referencia, ocurrieron ante la mirada de toda la sociedad colombiana.
En cuanto a las falacias, hay que decir que en esta columna, a pesar del sarcasmo que maneja, no contiene ninguna. Todas sus premisas están debidamente sustentadas y los argumentos están utilizados correctamente.
Para abordar nuestro estudio sobre las audiencias presentamos el siguiente esquema:
A favor En contra No relevante Total
93 15 12 120
Veamos el caso de un forista que, al hacer las cuentas de quiénes podrían ser los verdaderos latifundistas de Colombia, le da toda la razón al argumento de Caballero:
144 Oriana Font D Alba
Sobre el porcentaje de tierras que tienen los indigenas, eso es algo sorpresivo. Pretenden justificar el destierro de los indigenas con eso de que " son el dos por ciento de la poblacion y tienen el 27 por ciento de las tierras colombianas". A ver, y quienes son los otros dueños de la tierra? Son un porcentaje mucho menor, no son el 2 por ciento, son el 0.5 por ciento de la poblacion la que tiene bajo su poder el resto de terreno. Y eso es mucho mas sorpresivo. Porque a ver, cualquier ciudadano, comun y corriente, no tiene en su poder finquitas de dos mil hectareas. Esas tierras ya saben quienes las poseen.
Estudiemos ahora un comentario basado en la falacia de la falsa autoridad, que se muestra en contra de lo expuesto en la columna de Caballero:
GUSTAVO MONTOYA
Para mejor información léanse el artículo de Plinio Apuleyo Mendoza. "La Nueva Estrategia de las Farc" ahiu dice como el cano esta infiltrando a los indigenas,a las centrales obreras para crear un ambiente de agitación para apresurar la renuncia de Uribe y asi tener la opción de poder crear el cano un partido político.
Y para terminar, un caso de Comentario no relevante. Se trata de un lector que si bien no comulga con las ideas expuestas por el columnista, no lo supo expresar de manera acertada:
JULMIDA YO
PARA LEER A ESTE IMBECIL RESENTIDO Y MAL INTENCIONADO, PRIMERO HAY QUE DEPEJAR LOS PARENTESIS....(JA JA JA JA ) ....(KMBNNCVJJA JA JA JA ).
“Un aplauso”
Esta columna fue publicada el 01 de noviembre de 2008. Antonio Caballero argumenta que el gobierno se merece un aplauso, porque “está muy bien que por fin los más altos representantes del Estado empiecen a reconocer que las Fuerzas Armadas cometen excesos, torturas, detenciones que terminan en la desaparición de detenidos, ejecuciones extrajudiciales y crímenes de guerra”.
El primer argumento que identificamos responde al razonamiento mediante el modelo. Caballero reitera que la posición que asumió el gobierno es la correcta. Lo podemos ver en la siguiente afirmación: “Hay que felicitar al presidente Uribe, al ministro
145 Santos, al general Padilla por su decisión de pasar a retiro a tres generales y siete coroneles (y otros tres más hace ocho días), más una decena de oficiales y suboficiales de menor rango, por los infames “falsos positivos”, con decenas de muertos denunciados en las últimas Semanas”.
El segundo argumento, por un lado, cumple con las características de los basados en pesos medidas y probabilidades. Caballero llama la atención sobre el hecho de que falta sólo un año para que se cumpla el plazo del acuerdo que hicieron conjuntamente Andrés Pastrana y Álvaro Uribe con la Corte Penal Internacional (CPI). Este pacto blinda al Estado de responsabilidades por crímenes de guerra durante el tiempo que, según se calculó, tomaría derrotar la subversión en Colombia. Caballero acude a este hecho para sustentar que ya iba siendo hora de que se empezara a limpiar el Ejército (y la Policía y el DAS).
Por otra parte, este argumento cumple con las características de los nexos de sucesión. Recordemos que estos se pueden usar, entre otras cosas, para dar cuenta de un fenómeno en su cadena incidental. Después de leer el segundo párrafo de la columna, queda claro en qué consiste el acuerdo entre la CPI y el gobierno de nuestro país.
En el tercer párrafo nos reencontramos con el argumento por el modelo. Esta vez Caballero sostiene que está muy bien que los crímenes se reconozcan, que se acepte que no se trata de hechos aislados, de “manzanas podridas” y de “ovejas negras” que no entrañan responsabilidad institucional ni política de sus superiores.
En el mismo párrafo, también encontramos un argumento por definición. Caballero afirma que mientras no cambien las convicciones de quienes hacen la guerra, y de los civiles que la ordenan desde el poder político, habrá que repetir indefinidamente la limpieza de las Fuerzas Militares.
Según Caballero, lo que se debe cambiar es “La convicción profunda, [y es entonces cuando la define] reforzada además por el adiestramiento y el ejemplo recibidos de los Estados Unidos, de que todo vale en la guerra contra la subversión, hoy llamada narcoterrorista; ayer, comunista; antier, bandolera. De que valen el asesinato y la tortura, la desaparición forzada, la expulsión, porque el enemigo no merece respeto”.
El cuarto párrafo continúa con lo que se entiende por dicha “convicción”:
“Todo vale porque la vida no vale nada. La de los demás: esos, literalmente, desechables que constituyen el grueso del pueblo colombiano (y que hay que
146 distinguir, claro, de los llamados "colombianos de bien"). Los desechables se
pueden desechar. Usar y tirar. Eliminar cuando ya no sirven. Intercambiar. Pueden ser usados indiferentemente como guerrilleros o como paramilitares, como sicarios de la mafia o como mensajeros de moto o como desempleados o como subempleados o como reinsertados o como votantes cautivos o como víctimas de los "falsos positivos militares". Su vida real no importa, salvo desde el ángulo de la estadística […]”.
Si nos detenemos por un momento en éste aparte, podríamos identificar dos garantes que caracterizan a este Gobierno. El primero, “lo que no sirve, estorba”. Al parecer, para Uribe y sus colaboradores, los colombianos que no estamos en el poder sobramos. El segundo es que “el fin justifica los medios”. Por tanto, todo vale en pro de la Seguridad Democrática.
Dicho párrafo termina con un argumento por el ejemplo. Para explicarnos en qué consiste la tan mencionada “convicción”, Caballero acude al caso del coronel Plazas Vega. Este personaje, ““que defendía la democracia, maestro”, puede decir que los cadáveres de los desaparecidos de la cafetería del Palacio de Justicia están donde no están, y tiene que salir Medicina Legal a desmentirlo. Ah ¿eran otros muertos? Da lo mismo”.
El quinto párrafo nos ofrece una sucesión de ejemplos que sustentan la siguiente premisa: “Para saber si los pases a retiro de unos cuantos oficiales significan que de verdad está cambiando esa convicción profunda de que hablo hay que ver si son seguidos de algo más: de juicios, de condenas”.
El primer ejemplo que utiliza Caballero es el de la tipificación como delito de la desaparición forzada en el año 2000. Caballero escribe que desde entonces no ha habido ningún acusado, ningún procesado, ningún condenado, pese a que este delito sigue afectando a unas quinientas personas cada año.
Este caso también nos sirve para identificar el uso de otros dos argumentos. El primero es el de pesos medidas y probabilidades, porque el recurso a la cifra impresiona. Y el segundo es un razonamiento por contradicción porque hay una incongruencia entre el tiempo de vida del delito de la desaparición forzada, el número de víctimas al año y la cantidad de personas que han sido procesadas por esta falta.
Por otra parte, para afirmar que las medidas que tomó el gobierno deben estar seguidas de juicios y de condenas, el columnista recurre a un caso de impunidad. El segundo ejemplo que utiliza Caballero es el de Convención Interamericana sobre la
147 desaparición Forzada, firmada en septiembre del 2007. Este acuerdo no ha sido ratificado todavía.
Y el tercer caso al que el columnista hace referencia para demostrar que hay varias medidas que no terminan en juicios ni condenas, es el de la Ley de Víctimas. “[…] el gobierno y sus parlamentarios leales se rehúsan obstinadamente a reconocer como víctimas del conflicto (y a reconocer que hay conflicto) a las que lo hayan sido de los agentes del Estado: soldados, policías, detectives del DAS. Como si no existieran”.
Como podemos ver, el recurso a estos tres ejemplos está dirigido a dar cuenta del fenómeno que demuestra que a pesar de que existen las leyes, no hay juicios ni condenas. Este razonamiento es una forma de apreciar este hecho, por sus consecuencias. Por lo tanto, el quinto párrafo responde a las características de los nexos de sucesión.
La última premisa que defiende Caballero es que el reconocimiento hecho por los más altos representantes del Estado sobre sus culpas además de insuficiente, parece sólo de labios para afuera. Al parecer, la ‘convicción’ permanece. Para sustentar este argumento, Caballero utiliza dos ejemplos tomados del discurso del Presidente.
El primero, es que al mandatario colombiano se le escapó decir que los desaparecidos habían sido “ajusticiados” por el ejército. Mediante esta cita, queda demostrado que la “convicción” de la que habla Caballero sigue vigente.
En el segundo caso, Uribe dijo que con las masacres de Guaitarilla a Soacha, los militares hacen “quedar mal” al gobierno. “No puede ser que alguien que secuestra y mata a un ciudadano para presentarlo como un “positivo” simplemente los “haga quedar mal””. Es obvio que es algo mucho más grave. Este caso reitera la persistencia de la tan mencionada “convicción”.
Ahora, al aplicar la teoría de Toulmin, expuesta por el profesor Álvaro Díaz, identificaremos el garante. En esta columna, encontramos dos: el primero, “ver para creer”. Habrá que esperar si la supuesta purga a las FFMM resulta suficiente. Y el segundo, “la justicia es para todos”. Eso incluye al personal de la Fuerza Pública.
Por otra parte, podemos decir que el texto de Caballero responde a las características de los fundamentos basados en hechos y evidencias y, también, en el
148 columnista respecto a que ninguna persona ha sido condenada por el delito de desaparición forzada constituye un ejemplo de apelación a las evidencias.
En segundo lugar, al escribir al principio del texto que “hace decenios un general tras otro, un ministro de Defensa tras otro, un presidente tras otro han negado los crímenes de estado”; el periodista apela a una memoria histórica, de la cual podemos dar fe la mayoría de los colombianos.
Volviendo nuestra mirada hacia las falacias, vale la pena mencionar que en esta columna no encontramos ningún caso que se pueda interpretar como una violación a las reglas de un buen argumento (Weston, 1998).
En cuanto al estudio sobre las audiencias, es necesario consultar el siguiente esquema:
A favor En contra No relevante Total
54 15 11 80
Veamos un comentario que se manifiesta de acuerdo con que las destituciones deben estar acompañadas de juicios y condenas:
alvaro de jesús. vasquez villa
Lastimosamente no pasará nada.Desafortunadamente no los condenarán ,su error fue dejarse sorprender.Pero allá en el ejército les quedan sus amigos quienes como cosa rara nunca los acusaran.Lo insólito es que una vez en la "civil" montaran una empresa de seguridad para trabajarle al mismo estado , o una EPS, que aunque esté recién montada ya tiene como mínimo 20 años de experiencia en salud.
Ahora presentamos un forista que piensa que aplaudir al gobierno por una medida superficial es algo totalmente desfasado: