¿Qué me sugieres que haga? "Sheridan murmuró." He estado trabajando en solitario y me va bastante bien."
"Eso es una mentira," la Sra. D dijo. "Sé que lo has intentado, pero si no hubiera asomado la cabeza ayer, podrías haberte lastimado mal tratando de hacer el ejercicio de las barras por tí misma."
"Lo estaba manejando." Sheridan sabía que la Sra. D tenía razón, pero no estaba dispuesta a admitirlo. De hecho, todo su cuerpo le dolía, y el dolor de cabeza que la había atormentado durante toda la noche no había amainado.
"Y en cuanto a lo que sugiero, creo que sabes la respuesta." "No."
"Sheridan." La Sra. D sacudió la cabeza. "Tienes que encontrar a Lark y traerla de vuelta. Ella era la persona adecuada para el trabajo, y dejaste que tu orgullo y tu capacidad de ser una sabelotodo se interpusiera en el camino. Cometiste un error despidiendola, y tú lo sabes."
Sheridan estaba acostumbrada a la franqueza de la Sra. D, pero esta vez ella era casi demasiado brusca. Parpadeando ante una sensación de ardor debajo de sus párpados, Sheridan trató de reunir la fuerza suficiente para mantenerse firme. "Contrato y despido a los que me da la gana."
"Sí, lo haces, pero tienes que vivir con las consecuencias." La voz de la Sra. D era suave, pero sus palabras cortaron como un cuchillo. "Ahora, considera lo más importante para ti — llegar a estar mejor a tiempo para la reunión o estar determinada a no quedar mal." "No me preocupa quedar mal. Me importa poco lo que la gente piensa de mí."
"Normalmente estaría de acuerdo contigo, pero en este caso, diría que estás llena de ello. Te importa lo que Lark piense. Y también te importa que la despediste."
Era doloroso respirar, y Sheridan se sintió desinflada ya que sabía que la Sra. D tenía razón. "Está bien. Dale a Roy Vogel una llamada — "
"No. Tú llamaras a Lark. O mejor aún, ve a visitarla en persona."
"¿Qué?" Acorralada por los severos ojos azules de la Sra. D, Sheridan se presionó contra el respaldo de su silla de ruedas. "No tengo ni idea de dónde encontrarla. Podría haber conseguido un nuevo trabajo al instante. Con sus aptitudes, debería ser fácil."
"Algo me dice que necesitaba un descanso después de su despido bastante brusco. Sus padres viven en Boerne y esa es su dirección de facturación. Haz los cálculos, Sheridan. No es difícil."
"No seas condescendiente conmigo, Glenda Drew" Sheridan replicó, usando deliberadamente el odiado primer nombre de la Sra. D. "Estás empujando tu suerte."
"No estoy empujando nada. Tienes que bajar de tu pedestal. No te estás haciendo ningún favor, sabes."
Era imposible resistir a la Sra. D cuando sonaba tan segura y tierna. "Está bien. Tú ganas." El fuego salió de ella, y se dejó caer hacia los lados. "Iré a verla. Feliz ahora?" "Mucho." La Sra. D se levantó y besó a Sheridan suavemente en la frente. "No te preocupes. Si eres honesta y hablas desde tu corazón, Lark entenderá. No creo que esa chica tenga un hueso vengativo o rencoroso en su cuerpo."
"Sé que no. Realmente la hice trizas bastante bien, sin embargo."
Aunque la Sra. D era cercana a Sheridan, no usaba comúnmente expresiones de cariño. Escuchar una, en este momento, era increíblemente relajante.
"Está bien. Lo haré," Sheridan dijo con un suspiro. ¿Por qué no deberías esperar lo peor? Ha sido el modus operandi de la vida desde hace bastante tiempo.
Ñ
Sheridan salió de la minivan usando las rampas que se extendían automáticamente y miró la casa donde vivían los padres de Lark. Situada en el extremo más alejado de North Main Street, era una gran casa de piedra con una tienda en el frente.
"¡Atrapada!" un chico joven gritó, llamando la atención de Sheridan hacia el césped a la derecha de la casa. Él sonrió a un niño más pequeño parado junto a él antes de golpear la pelota dos veces en su guante, entonces asumió la posición clásica del lanzador.
"Simplemente no me rompas el brazo, niño!" Lark, que acababa de llegar a la vista, gritó. "Tú y tu hermano, ustedes serán mi muerte."
El niño lanzó una bola curva que amenazaba con volar directo a Lark, que corrió hacia atrás, su mano enguantada levantada sobre su cabeza, pero la pelota continúo su trayectoria hacia Sheridan. Justo cuando Sheridan atrapó la pelota, el pie de Lark se deslizó fuera del camino del jardín de piedra caliza, y se tropezó mientras trataba de recuperar el equilibrio. Ella se tambaleo y cayó sobre su trasero con un ruido sordo. "¡Ow!"
Sheridan giró hacia delante de nuevo y se detuvo junto a Lark en el camino del jardín. "Hola, Lark. ¿Estás bien?"
La cabeza de Lark se alzó mientras miraba a Sheridan. "Sheridan," Lark chirrió. "¿Qué estás haciendo aquí?" El pulso acelerado de Lark era claramente visible en su cuello expuesto, y Sheridan se preguntó si su presencia inesperada o jugar a la pelota con el chico habían causado su actividad. Lark permaneció en el suelo, mirando hacia Sheridan. "Es decir, hola."
Sheridan extendió la mano. "Aquí. Deja que te ayude. Eso parecía doloroso." Miró al chico. "Bueno brazo allí, chico."
"Gracias. Me llamo Sean. Este es Michael. ¿Eres amiga de mi tía?" "Tía? Ah, ya veo. Sí, lo soy. Mi nombre es Sheridan."
Sean le dio la mano a Sheridan. "Puedo ayudarla a levantarse." Él tiró de una azorada Lark. "Seis - Uno, tía Lark."
"Embarazoso." Lark se sacudió un poco de césped de sus jeans. "Vayan ahora. La abuela está haciendo helados."
"¡Genial!" Dijeron los chicos en coro. Sean agitó sus dedos a Sheridan en un pequeño gesto divertido antes de que desaparecieran por la puerta principal.
"Sean parece ser un niño muy agradable," Sheridan dijo, sintiéndose un poco incómoda, por lo que jugueteó con sus dedos, entrelazandolos y soltandolos una y otra vez.
"Lo es. Sean es uno de los mejores lanzadores del Distrito 19, y como acabas de ver, él tiene un buen lanzamiento. Sus tres hermanos también son geniales, pero un puñado, como puedes imaginar."
"Dios, creo que sí. Cuatro niños." Sheridan estaba impresionada. "No has respondido a mi pregunta," Lark le recordó.
"Necesito hablar contigo."
"¿Por qué?" Los ojos de Lark estaban sin expresión, pero su ceño fruncido mostraba que no iba a simplemente complacer a Sheridan.
"Por favor." Sheridan sintió que sus mejillas ligeramente se calentaban. "En privado. Algún lugar donde podamos ir?"
"Claro. La sala de estar esta por lo general fuera de límites para los niños. Sígueme." "Me refería al exterior. Esta silla — " Sheridan señaló hacia sus ruedas.
"No será un problema. Tenemos rampas."
Sheridan alzó las cejas, pero no hizo la pregunta que quería. "De acuerdo."
Lark guió a Sheridan a la vuelta de la esquina a la entrada lateral al lado del garaje, donde una rampa conducía a una pequeña terraza junto a la puerta.
"Muy inteligente," Sheridan dijo. "¿Pero por qué?" "Verás."
En ese preciso momento, Fiona giró hacia ellas en la silla eléctrica. "Lark, yo — oh, tenemos compañía. No lo sabía." Ella miró a Sheridan con abierta curiosidad. "Soy Fiona Mitchell, la hermana de Lark." Un avión de papel pasó. "Y debo añadir que esta mocosa no me pertenece."
"Encantada de conocerte. Soy Sheridan Ward." Sheridan se sintió conmocionada cuando se inclinó hacia adelante para estrechar la mano de Fiona. Rápidamente echó un vistazo a la mano izquierda inmóvil de Fiona, colocada alrededor de lo que parecían vendas enrolladas. Dios. ¿Qué le ha pasado a ella?
"Si ustedes quieren char — quiero decir hablar," Fiona se corrigió, "la puerta de la sala está cerrada para mantener a los gemelos afuera. Estaban a punto de acuarelarse el mejor mantel de lino de mamá."
"Dios," Lark murmuró. "La llave en el lugar de siempre?"
"Sip." Fiona hizo la misma agitación con los dedos, como Sean había hecho. "Nos vemos, Sheridan." Ella giró su silla y las dejó a ambas solas.
"Fiona es dos años menor que yo." Lark guió a Sheridan hacia dos puertas de cristal y sacó un juego de llaves de detrás de una maceta. "Ella es la belleza de la familia. El resto de nosotros se parecen más a nuestro padre que a nuestra madre."
"Te ves muy bien para mí." Sheridan habló sin pensar, absorta por la casa llena de risas de niños, los adultos hablando, y el olor de la comida cocinandose.
"Gracias. Te ves muy bien también," Lark dijo cortésmente. Desbloqueando la puerta, le indicó a Sheridan que entrara. Se sentó en un sillón y tiró una pierna debajo de ella, aparentemente en calma y sin afectar. "¿Porqué estás aquí, Sheridan?"
"Para pedirte que me perdones y vuelvas." Sheridan habló rápidamente. Las palabras salieron desligadas y no tan juntas y suaves como le hubiera gustado.
"¿Por qué?"
"¿Porque qué?" Sheridan preguntó, confundida.
"Incluso si te perdono, lo que ya hice por cierto, ¿por qué debería volver? ¿Qué ha cambiado?" La voz de Lark, por el contrario, era de hecho tan suave y tranquila como Sheridan hubiera preferido que fuera la suya.
"No voy a mentir. He intentado varios otros PT después de que te fuiste. Uno trató de matarme, y los otros dos sólo llegaron hasta la entrevista. La Sra. D me hizo entrar en
razón, y todo lo que dijo fue algo que yo ya sabía." Sheridan sintió un sudor en su frente. La habitación daba a la calle y la luz del sol entraba por las ventanas. "Por favor, Lark."
Lark permaneció sentada en silencio por un momento, mirando hacia abajo a sus manos ligeramente dobladas. "Las cosas tendrían que ser muy diferentes, y no creo que puedas manejar eso."
"¿No me dejas incluso intentarlo?"
"Sé lo que quieres decir — ahora. Pero de vuelta a la mansión cuando los negocios llaman, tendrás un montón de excusas para no comprometerte con tu horario. Entonces no alcanzarás tu meta, y muestras vidas serán miserables." Lark se aclaró la garganta. "Me importa mucho ver como te haces eso a ti misma."
Las palabras quedaron flotando entre ellas, como si estuvieran suspendidas en los rayos del sol. Sheridan supo entonces que si dejaba a Lark deslizarse entre sus dedos, en cualquier capacidad, lo lamentaría durante mucho tiempo, tal vez para siempre. "Escucha," dijo y se giró lo suficientemente cerca de Lark para tomar su mano. "Tengo una idea. Que si nos pasamos las próximas semanas en el lago Travis? Todo lo que tenemos que considerar es estar de vuelta en San Antonio dos semanas antes de la reunión de accionistas. ¿Eso serviría?"
"Lago Travis. ¿No me dijiste que tienes una casa de verano o algo allí?" Lark habló lentamente.
"Sí." Sheridan sonrió con cautela. "Tiene cuatro dormitorios, seis baños, una cocina, una biblioteca que sirve como un estudio y una sala de estar. Muy manejable. Los Johnson viven en un bungalow en la propiedad y cuidan de la casa cuando estoy lejos. No he utilizado la casa en absoluto desde que llegué a casa del hospital."
"¿Por qué no?"
"Me sentía tan libre allí. Pasaba tiempo con Frank, y simplemente haciamos lo que queríamos."
"¿Frank?" Lark frunció el ceño. "¿Quién es Frank?"
"Mi setter irlandés, que vive allí de forma permanente." Sheridan creyó ver el alivio en el rostro de Lark.
"Oh, ya veo." Lark sonrió con cuidado. "Si estás dispuesta a salir de San Antonio por un tiempo, eso me muestra lo que necesito saber. Volveré a trabajar para ti, pero esta vez, si
me vuelves a despedir, o vuelves a ignorar tu horario ... sólo no quiero pasar por esto otra vez. Es decir, invertir mi tiempo y esfuerzos en el cuidado de ... quiero decir para tu rehabilitación." Lark sonaba solemne, a pesar de su sonrisa. "Entiendes eso?"
"Sí, Lark. Lo entiendo." Sheridan empezó a relajarse, aflojando las manos entrelazadas. "Gracias. No puedo correr el riesgo al fracaso y, lo que es más, te echaba de menos."
"¿Qué? ¿En serio?"
"En serio," Sheridan dijo y tuvo que reírse ante la obvia sorpresa de Lark. "Es interesante hablar contigo, y me desafías. Nunca sé lo que vas a decir a continuación, lo que es una cualidad rara."
"Demasiados decir si?" Lark le hizo un guiño.
"Podrías decirlo." Sheridan se pasó una mano por el pelo para disimular lo mucho que su mano temblaba. No había comido desde la mañana, y la ansiedad de hacerse vulnerable también le estaba pasando factura.
"Bueno, me encuentro bajo muchos nombres aquí en casa, pero el residente decir si no es uno de ellos."
Oyeron un golpe en la puerta y una voz preguntó por detrás de ella, "¿Puedo tentarlas con un poco de café o té? Arthur está horneando sus famosos rollos de canela."
"Sheridan?" Lark preguntó. "No quiero abus — "
Doris abrió la puerta y saludó a Sheridan. "No estás abusando, niña. Soy Doris Mitchell Hirsh, madre de Lark. Tenemos café y suficientes rollos de canela para alimentar a un ejército. Por favor quedate y ayuda a comer algunos de ellos. Sinceramente, necesitamos ayuda."
"Mamá, haces que papá parezca como un terrorista de rollos de canela o algo así." Lark se rió. "Estoy de acuerdo, sin embargo. Sería una blasfemia si ella se iba sin tener ninguno de sus rollos. Por cierto, ella es Sheridan Ward, mi ... mi, eh ..." Lark parecía haberse perdido, y Sheridan se dio cuenta de que ella estaba tratando de mantener la confidencialidad del paciente.
"Eres, como en tiempo presente?" La madre de Lark preguntó, mirando hacia atrás y hacia adelante entre ellas.
"Sí. Ella está de acuerdo en volver, y sé mejor ahora que volver a cometer el mismo error."
"Estoy muy contenta de escuchar eso." Sheridan podía oír el orgullo de una madre, y la protección, en la voz de Doris.
"Y me encantaría un poco de café. Sólo tengo que decirle a mi chofer — "
"Oh, te refieres a ese joven agradable, Dave?" Doris le preguntó con una sonrisa brillante. "Él ya está en la cocina charlando con Fiona y una de mis otras hijas, Garland. Tomando su segundo café y el tercer rollito, creo."
"¿Él esta?" Sheridan se sorprendió. "Eso es muy cordial de su parte, Sra. Hirsh." "Doris."
"Entonces, por favor llámeme Sheridan."
Sheridan la siguió cuando Doris la guió hacia la espaciosa cocina. Gabinetes de madera de cerezo y encimeras de mármol negro, junto con la plática feliz alrededor de la mesa, hacían una atmósfera acogedora. Fiona, que estaba sentada en un extremo de la mesa, alzó la vista y les hizo señas. "Mejor vengan rápido, ustedes. Los rollos están desapareciendo a la velocidad de la luz."
"Hey, no te preocupes por eso," un hombre voluminoso en la estufa dijo mientras sacaba otra bandeja del horno llena de enormes rollos de canela. "Hay más de donde vinieron." "Bueno, papá, porque puedo comer veinte más," Michael alardeó.
"Si alguien más hubiera dicho eso, no lo habría creído, hijo." Arthur dejó la bandeja y se acercó a Sheridan. "Bienvenida a nuestra casa, Sheridan. Soy Arthur, segundo padre de Lark. Y si te preguntas cómo sé quién eres, el método de mi esposa para entregar información familiar es increíble."
"Suena como un buen método. Disculpe, ha dicho segundo padre?"
"Sí. Harold Mitchell fue el primer padre de Lark. Falleció hace más de veinte años. Tuve la suerte de heredarlos a todos ellos, por así decirlo, hace unos trece años, cuando se mudaron aquí a Boerne."
"Y realmente es un padre," Fiona dijo y tomó un sorbo de café. "Nosotros simplemente le informamos que no estábamos interesados en un padrastro, pero como un verdadero padre él era bienvenido."
"Nuestra hermana menor tenía sólo diez años en el momento. Realmente necesitaba un papá. Bueno, todos lo hicieron."
Sheridan vaciló, sin saber dónde encajaría en la mesa. Su inquietud debe haber sido obvia, porque uno de los chicos deslizó su silla más a la de su hermano y palmeó la mesa entre él y Fiona. Sheridan miró a Lark, quien se limitó a sonreír. Girando alrededor de Fiona, Sheridan estacionó su silla de ruedas, y el chico — Michael ¿verdad? — sonrió ampliamente a ella.
"Tu nombre realmente es Sheridan?" preguntó. "Sí, lo es. ¿Por qué lo preguntas?"
"Pensé que era el nombre de un niño. Un niño en la clase de Sean se llama Sheridan, y él es realmente un niño."
"Lo sé. Algunos chicos se burlaban de mí cuando era pequeña ya que me veía como una chica. Estaban muy sorprendidos cuando resultó que en realidad yo era una chica."
Sean y Michael se echaron a reír, escupiendo pequeños trozos de rollos de canela sobre la mesa. Su comportamiento rompió cualquier hielo que pudiera haber persistido, y pronto Sheridan se encontró siendo el centro de atención y el tema del interrogatorio más amable del que jamás había sido parte.
Los niños empezaron a hacer preguntas personales. "¿Tienes novio?"
"¿No?"
"Una novia entonces?"
Antes de que Sheridan pudiera responder, Lark interrumpió. "Ella tiene un perro llamado Frank."
Sheridan sacó su cartera y les mostró una fotografía de Frank sacando un palo del lago. Después de eso, los chicos se aburrieron y se excusaron.
Sheridan supo que tenía que asegurarse de no caer en esta trampa de intimidad. Por supuesto, la familia de Lark parecía realmente agradable y acogedora, pero no eran su familia. No debo olvidar eso.
Una hora más tarde, Sheridan le indicó a su chofer que era el momento de despedirse. Dave parecía reacio a salir, y quién podría culparlo? Había tenido toda la atención de Fiona durante los últimos quince minutos y besó su mano galantemente antes de que él ayudara a Sheridan a salir por la puerta. Lark la acompañó hasta el coche y puso una mano en su hombro antes de que ella montara el ascensor en la minivan.
"¿Quieres que vuelva contigo ahora?"
"No, Lark. Pasa esta noche con tus padres y disfruta de tu hermana. Tienes una familia encantadora. Fiona, tus padres, los chicos. Todo el mundo me hizo sentir muy bienvenida."
"Son geniales. Pero les encanta acercarse a la sangre nueva, como pudiste deducir." "Sí, los chicos son muy curiosos."
"Y un poco osados." Lark hizo una cara divertida y arrugó la nariz. "Lo siento por eso." "No hay problema. Me parece curioso que me hubieran preguntado si tenía novia."
"Ah. Bueno. Ellos son, cómo dicen, una familia moderna. Los chicos ..." Lark se ruborizó y vaciló, lo que allanó el camino a la especulación por parte de Sheridan.
"... son políticamente correctos?" Lark tosió. "Algo como eso."
"Nos vemos mañana. No olvides empacar más sudaderas y shorts. Es muy informal en el lago."
"Estoy deseando que llegue. Hay una piscina?"
"Sí. Haré que la Sra. D llamé con antelación para que el Sr. Johnson pueda llenarla." "¿Se calienta?"
"Sí. Y en este tiempo que hemos estado teniendo, no toma mucho." "Genial. Haremos un buen uso de ella."
Sheridan se detuvo dentro de la minivan y se dio la vuelta para mirar a Lark. "Para que lo sepas, no estoy muy entusiasmada con el agua."
"No te preocupes. No dejaré que te pase nada."