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2.1 El aporte de los medios de comunicación Web 2.0 en la nueva configuración del mundo

2.1.2 Del transnacionalismo al surgimiento del espacio social transnacional

Antes de referirnos al transnacionalismo es preciso considerar que se trata de un proceso complejo resultado de los cambios en las relaciones sociales y de las migraciones. El flujo y establecimiento de los individuos en territorios lejanos que implica el cambio de costumbres, la

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adopción de nuevos hábitos, reforzados por el sistema económico, la producción y consumo de bienes y servicios, dentro del mercado global; bajo las nuevas estructuras del sistema económico mundial, se requiere del flujo de materia prima, bienes, servicios y mano de obra, que busca solventar sus necesidades en otros territorios.

El transnacionalismo se trata de procesos a través de los cuales los inmigrantes construyen “campos sociales que conectan su país de origen y su país de asentamiento.” Los inmigrantes que construyen campos sociales son designados “transmigrantes”. Los transmigrantes desarrollan y mantienen múltiples relaciones (familiares, económicas, sociales, organizacionales, religiosas, políticas) que sobrepasan fronteras. “Los transmigrantes actúan, toman decisiones y se sienten implicados, y desarrollan identidades dentro de redes sociales que les conectan a ellos con dos o más sociedades de forma simultánea.” (Glick Schiller, Basch , & Blanc-Szanton , 1992, págs. 1- 2)

El origen del término transnacionalismo se remonta al campo de la economía política del Siglo XIX para describir las corporaciones privadas que ya tenían grandes operaciones financieras y una presencia organizacional y administrativa en varios países. “Consecuentemente, el crecimiento de dichas asociaciones ha estado relacionado con el poder y la propiedad del capital en más de un país, la conquista de los mercados nacionales, las exportaciones […] el empleo de trabajadores en otro país a través de sucursales de una misma empresa matriz y por supuesto, la migración internacional.” (Moctezuma, 2014)

Como parte del transnacionalismo, la migración es la única respuesta para muchos habitantes de países clasificados en vías de desarrollo, porque la necesidad de migrar se produce en gran medida por “la inseguridad y la escasez de empleo y oportunidades en el país de origen, dando lugar a que buena parte de la población económicamente activa busque otras oportunidades en los países más ricos.” Los jóvenes que inician su vida productiva son especialmente propensos a migrar. Las familias se dividen, las comunidades se desarticulan, con el propósito de enviar a sus miembros “más aventajados al encuentro del destino en una supuesta tierra prometida.” Según Una Mirada Al nuevo Nosotros: El Impacto de las Migraciones, PNUD (Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador, 2005)

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La migración internacional es parte del proceso más amplio de la globalización en su forma actual, una de sus características centrales es que además de sobrepasar las fronteras nacionales en el ámbito económico y cultural, está transformando profundamente aspectos sociales y políticos que en el pasado no eran considerados. (Lungo & Kandel, 1999) Los cambios que ahora se experimentan a causa de las migraciones es resultado de los avances en las comunicaciones.

La migración, un proceso social de movimiento de personas en el espacio, tuvo siempre y sigue teniendo distintas facetas, como la demografía, la geografía, la historia, la economía, la política y la sociocultural. En el contexto actual, en el que hay una globalización económica y cultural, la implementación de las nuevas tecnologías en la comunicación y el transporte, hay un flujo constante de personas, de un lugar a otro, surge un tipo de migración internacional que puede definirse como transmigración.

A las formas tradicionales de migración internacional con su lógica de cambio de país para sobrevivir, se agrega la transmigración, que sigue la lógica de vivir cambiando de país. La migración ya no es un evento singular, transitorio y excepcional en la vida, sino que se convierte por sí misma en una forma de existir, de vivir y sobrevivir. (Pries, 2002, pág. 571)

En el marco de los procesos de globalización, la revolución tecnológica ocupa un lugar central en el cambio social mundial. En el campo de lo económico, en los circuitos financieros, en las telecomunicaciones, la revolución electrónica establecen los vínculos entre globalización y Estado: flujos de producción, informáticos, monetarios y de ideas que traspasan fronteras nacionales, superponiéndose a los mercados internos y regulaciones domésticas, alteran instituciones, acciones y relaciones de poder, “inauguran nuevos escenarios de interacción social transnacional y promueven tanto la aparición como la extinción de sujetos y actores.” (Toledo Patiño, 2013)

Las migraciones han generado los espacios sociales transnacionales, entendidas como las realidades de la vida cotidiana y de los mundos de vida que surgen esencialmente en el contexto de los procesos migratorios internacionales, que geográfica y espacialmente no son “unilocales sino plurilocales”, y que al mismo tiempo constituyen un espacio social que, lejos de ser transitorio, constituye su propia infraestructura de instituciones sociales. (Pries, 2002, pág. 579)

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La migración internacional, considerada como todos los procesos de cambio de lugar de residencia, cambio de país y, consecuentemente, de Estado-nación. La migración internacional es relativamente reciente. Nació con el surgimiento de los modernos Estados Nación de los ultimo dos siglos. En la Francia del siglo XVIII cuando existió un aparato de Estado que seguía su propia política económica y que cobraba impuestos en sus fronteras, pero en el cual apenas se desarrolló un concepto de ciudadano. En América Latina los Estados-nación se formaron en el siglo XIX con base en las líneas geográficas marcadas por los imperios coloniales; en África la mayor parte de ellos surgió hasta después de la Segunda Guerra Mundial, es decir, hace menos de medio siglo. (Pries, 2002, pág. 581)

La migración internacional es el cambio duradero de personas de un Estado-nación a otro, vistos ambos como contenedores, es un fenómeno reciente. Debido a una configuración histórica única, el crecimiento demográfico muy acelerado en varias regiones del mundo, crisis económica y social en muchos países (sobre todo del sur), movimiento globalizado de capital y de muchos bienes y servicios, producción y distribución globalizadas de imágenes y expectativas, “una masa crítica de redes sociales de conocidos y familiares emigrantes o migrantes de retorno, nuevas tecnologías de comunicación baratas, medios de transporte rápido baratos está creciendo un tipo de migración internacional […] la migración se transforma de un cambiar de lugar para vivir hacia un vivir cambiando de lugar.” (Pries, 2002, pág. 582)

A través de la migración, muchos salvadoreños han podido abrirse camino en lugares nuevos, donde las oportunidades son mucho más amplias que las de sus lugares de origen. Con su propio ingenio y capacidades organizativas, los grupos familiares y comunitarios han aprendido cómo reducir la inseguridad de la travesía y facilitar la inserción social y laboral en un lugar de destino, los migrantes mantienen su conexión con su país y comunidad de origen mediante lazos que se estrechan por vías diversas, desde las remesas y la transferencia de conocimientos técnicos, destrezas empresariales y actitudes emprendedoras, hasta el comercio, el turismo, la comunicación, el apoyo político y el cambio cultural.

Los salvadoreños están creando un país con características, donde los migrantes establecen relaciones para adelante y atrás, van y vienen y viven con un pie en cada país. No se sabe si esa nueva patria transnacional será efímera o duradera. PNUD (Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador, 2005)

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El transnacionalismo, el efecto de las migraciones, ha cambiado las relaciones entre los miembros de la sociedad, la desintegración de la familia y el surgimiento de nuevos conceptos entres estos “familia transnacional” definida como las familias cuyos miembros viven, “una parte o la mayor parte del tiempo, separados a través de fronteras nacionales, siendo capaces de crear vínculos que provocan que sus miembros se sientan parte de una unidad y perciban su bienestar desde una dimensión colectiva, a pesar de la distancia física.” (Benítez, 2011, pág. 47)

Este tipo de familias rompen con esquemas tradicionales, hoy mantienen y en algunos casos fortalecen sus relaciones mediante el uso de las redes de comunicación que se generan en el espacio social transnacional.

El transnacionalismo provee una perspectiva analítica que va más allá de la experiencia de migración y desplazamiento, de tal forma que ayuda a comprender cómo personas que aunque no han emigrado sí participan y mantienen relaciones sociales y varias formas de comunicación que traspasan las fronteras del Estado-nación. (Benítez, 2011, págs. 38-39)

La construcción de nuevos espacios virtuales afecta o beneficia directamente los intereses de los Estados, porque los límites o el aislamiento territorial no son más impedimentos, para el acceso a la información, para el ejercicio de opinión, protesta o demanda en beneficio de los intereses colectivos; la participación ciudadana y sus exigencias se hacen cada vez más presentes. En tal sentido, es importante analizar el impacto que las TIC’s tienen en la unidad de la familia, particularmente desde la perspectiva de transformaciones en las prácticas y procesos de comunicación transnacional, y cómo se modifica el alcance, la intensidad, velocidad de los flujos de información y comunicación que se da entre los ciudadanos aún alejados de sus territorios originarios.

Producción masiva significa producción en serie, indiferenciada. Como en la producción comunicativa se trata de productos del pensamiento, de contenidos de conciencia, esta serialización e indiferenciación tiene también algo que ver con la producción del pensamiento indiferenciado, acrítico, esto es mágico.

La comunicación estandarizada borra la distancia critica del consumidor con su entorno, obstaculiza la reflexión necesaria para su conocimiento y dominio. De ahí que refuerce el poder de los pocos al ocultar las contradicciones y conflictos, al suprimir la diferencia entre imaginación

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y percepción, deseo y satisfacción, imagen y cosa. La sociedad productora y consumidora de comunicaciones simplificadas y estandarizadas es una sociedad de necesidades insatisfechas. Semejante sociedad se revela como presa fácil de los intereses autoritarios de los pequeños grupos productores.

La mayoría de las aventuras cotidianas ocurren en pantalla. Las experiencias de segunda o tercera mano han desplazado las experiencias primarias. La ficción se convierte en realidad. Pero para los productores de estas series y películas es un gran negocio.

Esta situación requiere, por tanto, una valorización que permita conciliar los imperativos económicos, con las exigencias culturales de una sociedad libre, es decir, consciente de sus necesidades humanas. (Caffarel, 1994, pág. 391)