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1.2 La comunicación y la socialización

1.2.2 La comunicación en la construcción de identidad cultural

El intercambio de experiencias es la que permite la construcción de identidades, las costumbres y experiencias previas se manifiestan en el presente y pasan a ser el pasado; el transmitir de generación en generación la experiencia y el conocimiento, la forma de hacer las cosas y aceptar por lo tanto el contexto como un “deber ser”, “las cosas son así porque siempre han sido así”, se suma el trabajo de los medios de comunicación, la repetición y la aceptación de la realidad como un proceso normal y permanente.

El sujeto no es una unidad monolítica y mecánica de acción, que siempre es seguro, decidido, responsable, más bien representa un sistema complejo, afectado simultáneamente por innumerables procesos donde lo personal y lo social se integran de forma permanente, generando sentidos subjetivos diferentes que definen el valor de esta experiencia para el sujeto que la vive. De esta diversidad dependerá la integración del sentido subjetivo de cada una de sus nuevas experiencias. (Rey, 2000)

Entonces, el proceso de aprendizaje se inicia siempre en el exterior (instrumentos mediadores) luego se transforma en un proceso de desarrollo interno. El niño o niña es responsable último de su propio proceso de aprendizaje. Es él o ella quien construye el conocimiento y nadie puede sustituirle en esa tarea, sin embargo, requiere del mediador para orientar esta actividad con el fin de que la construcción que hace el niño o niña se acerque de forma progresiva a lo que significan y representan los contenidos como saberes culturales. Las actividades compartidas ayudan a los niños a internalizar las modalidades de pensamiento y conducta de su sociedad y hacer propio sus usos y costumbres. El lenguaje no solo debe considerarse como expresión de conocimientos e ideas sino como un medio esencial para aprender y pensar acerca de nuestro mundo. (Vigotsky, 2012)

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El fin de la educación es mejorar las condiciones iniciales del educando, proporcionándole experiencias, aprendizajes y bagaje cognitivo para el desenvolvimiento futuro de la persona. En ese sentido, la educación está orientada al ser humano singular, aunque entienda esa singularidad en un entorno social.

Los niños que ahora crecen en las sociedades urbanas industrializadas-transnacionales, se ven inmersos en tareas de clasificación de objetos, coherentes con los requerimientos de su educación posterior y de las formas de trabajo propias de sus cultura, la auto-clasificación en la que se aceptan realidades, muchas veces ajenas al entorno inmediato y se establecen visiones y proyecciones irreales en el que se define una sociedad y una forma única de hacer las cosas, la producción estandarizada y el consumo desmedido.

El nuevo conocimiento que la industria mediática-propaga, compartido en todo el mundo por todos los jóvenes, aparece ausente de valores éticos, porque en realidad está orientado a potenciar la competitividad en torno a las llamadas “nuevas oportunidades de negocio”, el talento para el éxito comercial, el conocimiento asociado a su valor económico […] la industria del negocio cultural, cree que puede empezar a estandarizar los procesos de consumo en una cultura universal… (Chaparro Escudero, 2015, pág. 272)

En los procesos de formación educativa, aunque todos los niños reciban la misma información, cada uno se identificará con un modelo que responderá a sus costumbres o a la información previa. La naturaleza de las herramientas culturales en un momento histórico dado incide en la definición operacional de inteligencia, de modo que las habilidades necesarias para utilizar ese conjunto de herramientas devienen un componente importante en la definición de inteligencia por parte del grupo. (Lalueza, Isabel Crespo, & Silvia Camps, pág. 58)

La oportunidad de cambiar la visión generalizada en espacios individuales, en el que se fomente la propuesta personal de cada ciudadano frente a su realidad, está en los primeros años de formación; la capacidad de identificarse y ubicarse dentro de su propio espacio, definir prioridades, oportunidades y retos, solo pueden ser el resultado del conocimiento y el análisis construido desde adentro, no injertado ni como receta generalizada; es determinante la información, el conocimiento heredado y las experiencias en los procesos de formación.

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El conocimiento resulta ser la capacidad para reproducir los eventos vividos y no vividos, pero sabidos en la producción de experiencias. Así se delimita el juego de relaciones producidas entre el mundo digital y el analógico. Es decir, a través del acto de recordar llevamos a cabo una acción cercana al el mundo de los hechos reales, para convertirlos en eventos de la cultura. La producción de la cultura envuelve al propio hecho en su continuidad y permanencia, al denotar relaciones de reciprocidad, que permitan desarrollar vínculos entre los hechos reales y lo que se pueda decir de ellos. El conocimiento mantiene su resguardo en la memoria. Es decir, en un lugar ocupado por pensamientos analógicos y digitalizados que responden a la constitución de saberes fundamentados en el contacto con el hecho real. (Briggs & Peat, 1994, págs. 134-152)

El acto de comprender nos ubica en los terrenos de la relación existente entre el sentido común. Por ejemplo el acto de habla, donde la narración es el elemento constructor del discurso y la acción que prevalece de lo que se entiende como argumento de dicha narración. Luego, el sentido común es la unidad evocadora, en su sentido más amplio, de lo sucedido, cuyo saber logra la permanencia a través del saber colectivo, o mejor dicho de la memoria colectiva. “…El espacio recordado tiene la misión de seleccionar los recuerdos, presentarlos, tejer la trama de una memoria colectiva, que solo tiene en cuenta la continuidad mítica. Cuando, de hecho, sin embargo, está hecha de fisuras, de rupturas y de inmensos espacios de sombra” (Duvignaud, 1979, pág. 68)

Comprender es legitimar, es crear en la verosimilitud los niveles de la concordancia, para establecer en la memoria colectiva la acción del acto de habla como la técnica que hace voz. Es mostrar la movilidad y la fragilidad de la visión del pasado, cuya comprensión plasma en el presente la prolongación del pasado, en un presente permanente que tiende y quiere lograr su inmortalización, basada en los recuerdos pasados. “La memoria colectiva es una verdadera memoria cultural, enmarca y articula las ‘corrientes de pensamiento’ que han sobrevivido a las múltiples peripecias del pasado, actualizándose, eso sí modificadas en función de los retos e intereses del aquí y el ahora, en la experiencia del presente”. (Duch, 2002, pág. 166)

Recuerdo y memoria se convierten, en la capacidad de la sociedad para denotar sentido en el presente. Como consecuencia, el recuerdo, al igual que el acto de habla, refiere a la digitalización del saber para presentar en el discurso los procesos dignos de enunciar. La función del recuerdo se convierte en el móvil de la tradición y en la búsqueda de la permanencia, cuya articulación posibilita que el presente vivido sea el acto del estar aquí. (Todorov, 2000)

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En las RSOL, a menudo se identifican visiones de la realidad, resultado del conocimiento y las experiencias previas, algunas de estas formas son:

-El relato o referencia a mitologías y leyendas, expresan la cosmovisión y la actitud de la gente ante la realidad. Son referencias simbólicas que circulan normalmente de forma oral y se han pasado de generación en generación, construyendo un imaginario, parte de la memoria colectiva de la gente, y en muchos casos expresan la forma como el pueblo ha ido registrando su historia, esa que no aparece en ningún libro, pero que tiene más sentido para ellos, porque deriva en valores y normas de comportamiento.

-La transmisión del saber popular, referida a conocimientos adquiridos con base en el procesamiento constante de la experiencia empírica y transmisión directamente a cada nueva generación. Los temas son casi inagotable: clima, geografía, historia local, agronomía, zootecnia, producción de artesanías, construcción, carpintería, producción de utensilios, domésticos, uso de hierbas medicinales y la gastronomía. (Caffarel, 1994)

Las RSOL comparten tanta información como variedad en sus contenidos y es partir del conocimiento previo que se establecen temáticas a seguir; se establecen asociaciones entre los integrantes de estas redes de intercambio, quienes refuerzan sus conocimientos o fortalecen sus ideales al sentirse apoyados por otros.