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1.4 El territorio como espacio de identidad

1.4.1 La Nación y el espacio delimitado

El territorio que se establece a partir de acuerdos entre sus habitantes, conglomerados por objetivos comunes, experiencias compartidas que se definen como identidad o cultura.

La idea de nación surge con el movimiento cultural europeo llamado Romanticismo, que inicia en el siglo XVIII, pero es hasta el siglo XIX, cuando los individuos motivados por la idea del “individualismo e intereses particulares domina el pensamiento europeo, cuando se buscaba ir en contra de las tendencias generalizadoras y universalizantes.” (Chabod & Matrangelo , 1987, pág. 19)

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Las naciones se concibieron como espacios delimitados, con características particulares, en las que se manifestaron ideales de soberanía, seguridad, identidad-pertenencia, territorios aislados y bien definidos por sus elementos, sus potenciales físicos (ríos, lagos y zonas costeras). Una manera sencilla de definir una nación es considerando su “población y definiéndola como un grupo étnico políticamente organizado, que vive en un aislamiento relativo respecto a otros grupos étnicos, fenómeno muy frecuente en sociedades étnicamente subdesarrolladas hasta el pasado muy reciente.” (Akzin, 1968, pág. 44)

El territorio, referido a la nación, también juega como “dispositivo identitario, sobre dos niveles. Por un lado constituyendo a su interior relaciones de vecindad: en términos generales, definiendo y articulando un dominio de contigüidad espacial entre sus miembros, conectándolos, concentrándolos, comunicándolos en diversos registros –económico, demográfico, político e institucional.” (Richard, 2006, pág. 181) El mismo autor al referirse a la nación, plantea que ha sido necesario establecer relaciones de orden metafórico, un objeto simbólico, de tal forma que quienes conforman una nación se identifican los unos a los otros como iguales.

Los centros de las ciudades y las capitales, son monumentos que otorgan identidad y ejercen un poder institucional sobre quienes forman o residen en ella. Estos centros son unidos y ligados entre sí por un conjunto de conectores, carreteras y pasadores que organizan los itinerarios. “a la entrada de las ciudades, en el espacio triste de los grandes complejos, de las zonas industrializadas y de los supermercados, están plantados los anuncios que nos invitan a visitar los monumentos antiguos. A lo largo de autopistas se multiplican las referencias a las curiosidades locales que deberían retenernos aun cuando estamos de paso, como si la alusión al tiempo y a los lugares antiguos no fuese hoy sino una manera de mentar el espacio presente”. (Augé, 1996, pág. 79)

Desde el punto de vista antropológico, nación podría definirse como: “una comunidad política imaginada, inherentemente limitada y soberana. Es imaginada porque aun los miembros de la nación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas”, nunca tendrán ningún tipo de contacto directo, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión. (Anderson, 1993, pág. 23) La creación de un espacio imaginario del que todos se sienten parte, aun estando en el mismo territorio, da lugar a la creación de un espacio virtual aún más amplio, en el que los salvadoreños radicados en otros territorios distantes también se puedan sentir parte de

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su nación mediante el uso de los medios de comunicación, en los que hay interacción con otros individuos estableciendo así una comunidad.

“La nación se imagina limitada (desde el punto de vista físico) porque incluso la mayor de ellas, que alberga tal vez a mil millones de seres humanos vivos, tienen fronteras finitas, aunque elásticas, más allá de las cuales se encuentran otras naciones.” (Anderson, 1993, pág. 25) Como individuos, que permanecen en un territorio determinado, se sienten parte de un conglomerado con quienes comparte intereses y los considera como iguales; la nación se imagina como comunidad porque, independientemente de la desigualdad y la explotación que exista, la nación se concibe siempre como un espacio con manifestaciones de compañerismo horizontal.

El sentido de igualdad que surge de las “comunidades” está fuertemente influenciado por los sentimientos de pertenencia, nostalgia e identidad cultural. La nación nace, a partir de esos sentimientos; “una nación existe cuando un número considerable de miembros de una comunidad consideran formar parte de una nación, o se comportan como si así ocurriera. (Seton-Watson, 1977, pág. 5)

Con el establecimiento de las naciones, la conformación de los Estados y gobiernos, se buscaba la representatividad, el cuido y resguardo de los intereses de las mayorías, establecer un orden a fin de garantizar la soberanía; bajo esta estructura se da lugar al monopolio en la toma de decisiones por una parte representativa de las mayorías en unos límites territoriales determinados. “El Estado define la ciudadanía, confiriendo derechos y exigiendo obligaciones a sus súbditos. Además, extiende su autoridad a los extranjeros bajo su jurisdicción.” (Castells, 2009, pág. 68)

En su estudio sobre la nación, Marcel Mauss presenta la siguiente idea:

Entendemos por nación a una sociedad material y moralmente integrada a un poder central estable y permanente, con fronteras determinadas, y a un relativa unidad moral, mental y cultural de los habitantes, que adhieren conscientemente al Estado y a sus leyes. (La nación , 1969, pág. 584)

Así pues, las naciones producen Estados y lo hacen ejerciendo el monopolio de la violencia dentro de un territorio dado. La articulación del poder estatal y de la política se produce en una sociedad que el Estado define como tal. Éste es el supuesto implícito de la mayoría de los análisis sobre el poder, que observan las relaciones de poder dentro de un Estado construido

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territorialmente o entre Estados. Una estructura definida como nación, Estado y territorio definen los límites de la sociedad. (Castells, 2009, pág. 41)

Con la definición de un poder central representado por los gobiernos, la nación delimitada por un territorio sobre el cual ejerce jurisdicción y dominio, con su establecimiento buscaba definir un solo sentir para quienes conforman la nación y ocupan su territorio, un fin utópico considerando las desigualdades entre los individuos.

Montañez y Delgado en su libro “Espacio, territorio y región” argumentan que la actividad espacial de los actores es diferencial y por lo tanto su capacidad real y potencial de crear, recrear y apropiarse del territorio es desigual. Es diferencial porque dichos actores proceden de cierta extracción social y cierta posición en la estructuración social en un territorio determinado. Además, los mismos autores afirman: Dado que la capacidad y alcance de la actividad espacial es desigual y convergente en los lugares, la apropiación de territorios y, por consiguiente, la creación de territorialidad, generan una “geografía del poder caracterizada por la desigualdad, la discriminación, la exclusión, la tensión y el conflicto”; una geografía que se expresan no solamente en las relaciones y fronteras sociales sino en “el uso, consumo, ocupación y apropiación del espacio y del territorio que serán igualmente diferentes y desiguales.” (Montañez & Delgado, 1998, págs. 123-125)

Se trata de una consideración lógica partiendo de que no todos los individuos que conforman una sociedad tienen las mismas posibilidades (capacidades materiales, económicas o de formación) y que por lo tanto existen diversas visiones y formas de abordaje de las realidades, por lo que no es posible imaginar una nación con habitantes en el que todos compartan el mismo objetivo, pero sí es posible que al menos compartan intereses en común; Sunstein en su libro República.com, cita a Brutus, un antifederalista detractor de la Constitución de Estados Unidos quien decía: “En una república, las formas, sentimientos e intereses del pueblo deben ser similares. En caso contrario, habrá un continuo enfrentamiento de opiniones y los representantes de una parte lucharán constantemente contra los de la otra”. (Sunstein, 2003, pág. 48) Las luchas que ahora se libran son más ligeras y de gran alcance, mediante el uso de los medios de comunicación en los que se expresan y demandan acciones.

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Si las relaciones de poder existen en estructuras sociales concretas que se constituyen a partir de “formaciones espaciotemporales ya no se sitúan primordialmente a nivel nacional sino que son locales y globales al mismo tiempo”, los límites de la sociedad cambian, lo mismo que en el marco de referencia de las relaciones de poder trascienden lo nacional. Esto no quiere decir que el estado-nación desaparezca. “Significa que los límites nacionales de las relaciones de poder son tan sólo una de las dimensiones en las que operan el poder y el contrapoder.” Esto no significa que se cambia al Estado, en su forma y funciones, más bien hay una reestructuración hacia una “nueva forma de estado: el estado red.” (Castells, 2009, pág. 43)

Michael Mann propone que para entender las fuentes sociales del poder hay que considerar algunos elementos, partiendo de su investigación histórica y conceptualiza a las sociedades como “formadas por múltiples redes socio-espaciales de poder superpuestas y que interactúan”. (Mann, 1986, pág. 1) Se trata de múltiples redes que representan poderes que no están definidos dentro de un territorio establecido por el Estado y que por lo tanto la nación, como espacio delimitado es permeado por fuerzas ahora más notables por el intercambio de información.