• No se han encontrado resultados

E L SENTIDO DEL TRABAJO PROFESIONAL

LAS RELACIONES PROFESIONALES

1. E L SENTIDO DEL TRABAJO PROFESIONAL

a) El sentido primario del trabajo profesional

§ El significado que el trabajo tiene en el conjunto de la vida de cada perso- na, su porqué más radical, no puede ser distinto que el de cualquier otra actividad humana: responder a su vocación a la vida buena. Sin embargo, si razonásemos a partir de esta consideración aislada, omitiendo la reflexión global acerca de las actividades que el hombre ha de realizar para vivir bien, sería fácil llegar algunas conclusiones erróneas sobre el sentido del trabajo profesional. Concretamente, esa desatención podría llevarnos a una percepción tendencialmente totalitaria de la relevancia ética que tiene esta actividad —muy difundida, por desgracia, en nuestra cultura: «todo en función del éxito profesional».

Para no incurrir en un error teórico o práctico de este tipo, es necesario tener presente que entre los muchos bienes que integran la vida buena, los más esencia- les (amor-afecto interpersonal y consejo amistoso) sólo pueden obtenerse como resultado de nuestro comportamiento en el ámbito de las comunidades de amis- tad. Por esta razón, el objetivo primario que la persona debería perseguir con to- das sus actividades sociales, profesionales o de otro tipo es el nacimiento y sub- sistencia de estas comunidades, asegurando la propia integración armónica en alguna o algunas de ellas (comenzando por la familia); mientras que esas otras actividades sociales vienen «después».

El sentido primario del trabajo profesional es, por tanto, el que se manifies- ta cuando examinamos este fenómeno desde la perspectiva de las necesidades de los grupos de amistad. Se constata así que las relaciones de colaboración que las personas pueden establecer dentro de estas comunidades son absolutamente insu- ficientes para satisfacer muchas de las exigencias físicas y culturales de los indi- viduos que las componen y para la subsistencia misma de esos grupos. Resulta necesario que sus miembros —o, al menos, algunos de ellos— se incorporen a un sistema de relaciones más amplio, en el que, a cambio de la propia actividad es- pecializada (técnica) de producción o distribución de bienes de naturaleza física o cultural, obtengan para sí mismos y para las propias comunidades de amistad los otros bienes de esta naturaleza de los que carecen.

Este sistema de relaciones es la sociedad del trabajo, que coincide sustan- cialmente con el «mercado» de la teoría económica («lugar» de naturaleza ideal en el que se realizan tales intercambios) y con el «segundo sector» de la ciencia sociológica (el «primero» sería el Estado). El dinero, en sus varias modalidades, es el medio —hoy por hoy insustituible— para cambiar unos bienes con otros o,

dicho todavía con mayor precisión, para operar el intercambio de la propia acti- vidad profesional con la actividad profesional de los demás componentes del mercado (el dinero, en definitiva, no es otra cosa que trabajo potencial, capacidad de hacer que otros trabajen para mí). En fin, lo que más importa, el sentido pri- mario, aunque parcial, de todas estas realidades —el trabajo profesional, el mer- cado y el dinero— es satisfacer adecuadamente las necesidades de bienes mate- riales y culturales de las comunidades de amistad a las que los trabajadores pertenecen, y que estos grupos no pueden obtener por sí mismos.

b) El sentido pleno del trabajo profesional

§ El «deber-ser» más elemental e irrenunciable del trabajo profesional es, por tanto, el que se deriva de su «ser» una actividad que permite dar solución ade- cuada a la escasez, a la limitación de los medios que el hombre encuentra a su dis- posición en la Naturaleza y en las comunidades de amistad. Pero, como se habrá intuido, esta concepción del sentido del trabajo profesional no puede considerar- se completa ni —por tanto— deben reputarse definitivas e insuperables las con- clusiones morales que hasta ahora hemos obtenido. En caso contrario, habríamos, sí, disminuido el riesgo de incurrir en una visión tendencialmente totalitaria del trabajo, pero sólo para acercarnos peligrosamente a otra concepción de signo opuesto, también deformada. Me refiero concretamente a la concepción pura- mente instrumental de esta actividad propia de quien mira sólo de puertas aden- tro: «se ha de trabajar lo estrictamente necesario para permitir una existencia dig- na a quienes forman parte de mis comunidades de amistad; por lo que se refiere a las demás personas afectadas por mi actividad, habré de limitarme —en el mejor de los casos— a respetar lo estrictamente exigido por la honestidad».

Para evitar este otro tipo de error, nuestra conclusión relativa al sentido pri- mario del trabajo profesional habrá de ser completada teniendo en cuenta que, en realidad, tanto el sujeto activo de esta actividad (el empresario, el obrero, el mé- dico, etc.) como su beneficiario (el obrero en relación al empresario y el empre- sario en relación al obrero, los clientes en relación a ambos, el paciente, etc.) no sólo son seres afectados por las necesidades materiales y culturales que he veni- do mencionando. Son bastante más: son seres humanos.

En consecuencia, la sociedad del trabajo se nos presenta como una sociedad de los hombres y para los hombres, como un sistema de relaciones en el que los destinatarios objetivos del proceso productivo protagonizado por el trabajador son siempre, mediata o inmediatamente, otros seres humanos como él e igual- mente llamados a realizar su valor inconmensurable de personas en las relaciones interpersonales. Será entonces tarea de cada uno descubrir esta dimensión del tra- bajo, dirigir y actualizar la intencionalidad en esta dirección y poner en práctica todas sus implicaciones, sin más límites éticos que los derivados de las exigen- cias (prioritarias) de sus grupos de amistad.

§ Teniendo en cuenta esta nueva perspectiva, que no anula sino que com- pleta la precedente, el sentido pleno del trabajo profesional se configura como el de una actividad:

— cuya finalidad primordial es hacer accesibles a los grupos de amistad de los que el trabajador es miembro aquellos bienes de naturaleza física y cultural que son necesarios para su subsistencia y desarrollo y que por sí mismos no pueden producir;

— y que, además, constituye un ámbito de directa realización del valor de persona del trabajador, que se actualizará en la medida en que con su ac- tividad profesional respete y —en lo posible— promueva el valor de persona de los demás; una promoción que, en este ámbito, habrá de co- menzar por la satisfacción lo más perfecta posible de las necesidades fí- sicas o culturales para las que se ha requerido su intervención y que mu- chas veces podrá desembocar en las formas de ayuda típicas de las relaciones de amistad.

Se trata de un doble objetivo que, atendiendo a las relaciones recíprocas que origina, podría indicarse de forma sintética como realización del bien común de

la sociedad del trabajo.

Outline

Documento similar