CAPÍTULO IV DISCUSIÓN
A) Cronología
52
definición del tiempo histórico, un concepto de orden superior que engloba conceptos interrelacionados como: cronología, periodización, sucesión, causalidad, duración, simultaneidad, cambio y continuidad, que para efectos de la investigación constituyen las dimensiones de la categoría de tiempo histórico y que debe ser abordada didácticamente en la educación básica regular de acuerdo al nivel de complejidad, siendo la educación secundaria el nivel educativo donde se logre la comprensión de este concepto superior.
Por otra parte, Mattozzi (2002), citado por Santisteban (2007) considera que el pensamiento temporal está formado por una red de relaciones conceptuales, donde se sitúan los hechos personales o históricos de una manera más o menos estructurada, así como otros estudios parecidos (Audigier y Basuyau, 1994; Cooper, 2002); de modo tal que “…la mayoría de trabajos desde la psicología y desde la didáctica parecen demostrar que para el aprendizaje del tiempo histórico es necesario comprender su estructura conceptual”
(Santisteban, 2007, p. 22).
Por ello, se reitera una vez más, para conocer el nivel de comprensión del tiempo histórico en los estudiantes de educación secundaria, es necesario contar con un modelo de representación del concepto de tiempo histórico y sus respectivos subconceptos que lo conforman.
A continuación se desarrollan los conceptos que conforman el tiempo histórico del modelo propuesto en la investigación.
53
El término cronología deviene de la palabra griega khronos (tiempo) y logos (estudio), es decir está referido al estudio del tiempo, pero alusivo exclusivamente al tiempo medible, cuantitativo, que como ya se expuesto anteriormente y con bastante fundamento, a pesar de ser un concepto constitutivo importante de la ciencia histórica, es apenas un ápice del tiempo histórico, que evidentemente requiere ser abordado por los estudiantes, pero de modo adecuado, haciendo uso de una serie de herramientas para tal fin. Como dice Pagés (2009), es necesario que los estudiantes aprendan de manera correcta el uso de la cronología para darle un sentido a la historia.
Al respecto, Smits (1997; en Pagés, 2010) decía “If pupils are to make sense of history, they need to have some idea about how we
‘mesure’ and reference events in history in terms of when they occurred, and to build up a mental framework of the past” (p. 4).
Precisamente, para que los estudiantes puedan darle sentido a la historia, requieren tener alguna idea acerca de cómo ´medir´ y referir acontecimientos en la historia en términos de cuándo ocurrieron, y construir un marco mental del pasado. Ahí la importancia de la cronología.
En la misma línea, para Audigier y Basayau (1994; citado por Pagés, 2010), la cronología es un instrumento privilegiado de la historia que debe ser enseñado como tal. Al respecto mencionan:
“Il n’y a pas d’histoire et donc d’enseignement de l’histoire qui ne s’appuie sur une maîtrise rigoureuse de la chronologie, mais cette dernière ne saurait réduire l’histoire à la connaissance d’un ensemble de dates plus o moins liées entre elles par un discours prétendument continu” (pp. 8-9).
Para los autores no hay una historia y por lo tanto una enseñanza de la historia que no se sustente en el control estricto de la cronología, pero no se puede reducir la historia al conocimiento de un conjunto de fechas más o menos relacionadas entre ellos mediante un
54
discurso supuestamente continuo. Nuevamente aquí se hace énfasis en que la historia y específicamente el tiempo histórico no pueden reducirse solamente a la cronología.
Asimismo Pagés y Santisteban (2010) en relación a esta discusión manifiestan que:
La cronología corresponde a la representación de un tiempo objetivo, que necesitamos para situar los acontecimientos históricos, así como para ordenarlos en una sucesión o, en algunos casos, para decidir la simultaneidad de los hechos. Sin embargo, la cronología no nos dice nada sobre la calidad o el valor de lo que se mide. La cronología no es el tiempo histórico.
Es un requisito para aprenderlo pues sitúa los cambios y las continuidades pero no los explica (p. 295).
Por ello a pesar de que no se puede ignorar la cronología y hacer historia sin fechas ni periodizaciones donde se puedan situar los hechos, es necesario señalar que, a pesar de constituir un soporte necesario e imprescindible del tiempo histórico, no se puede ni se debe confundir la cronología con el tiempo histórico, como dice Pagés (1998), es una condición necesaria pero no suficiente.
Por otra parte, Carretero et al. (1989, pág. 116) sostienen que la cronología está referido a “la distinción de los sistemas convencionales de medición del tiempo, respecto al uso de los calendarios y de las eras históricas, concretamente la era cristiana y la era musulmana”. De la misma idea es Aróstegui (1995), para quien la cronología también es un sistema convencional de medición del tiempo.
Ruíz (2010) menciona que la cronología (tiempo cronológico) como medición del tiempo astronómico (meses, años, días, horas), mediante la cual, la sucesión de hechos humanos quedan situados en intervalos de tiempo absoluto, únicamente es el tiempo físico, que surge para establecer un antes y un después.
55
Aunque existen diferentes formas de abordar el tiempo cronológico dependiendo de la cultura, en la actualidad la datación de los años basada en la era cristiana es la más extendida y es la que utiliza la mayoría de los organismos internacionales.
La cronología cristiana se hace a partir del nacimiento de Jesucristo, que es el año 1 de la era cristiana. Por eso se dice que los años posteriores son años después de Cristo (d.c.) y los anteriores son años antes de Cristo (a.c.).
En cambio los musulmanes, empezaron a contar los años a partir del momento en que Mahoma, el profeta del Islam, escapó de la ciudad de La Meca para difundir su doctrina, que tiene correspondencia con el año 622 de nuestra era.
Por otra parte, el mismo Pagés (1998) señala que el dominio de la cronología por parte de los estudiantes les permitirá orientarse en el tiempo, vale decir, saber cuándo pasan, han pasado o pasarán los hechos, los fenómenos sociales, y relacionarlos entre sí según hayan pasado antes o después (sucesión) o pasen a la vez (simultaneidad).
Como se puede apreciar esta categoría está relacionada, a su vez, con otras, que en su interrelación dialéctica forman el tiempo histórico.
De la misma manera, Torres (1999) afirma que la cronología, y su referente conceptual, el tiempo cronológico, es esencial en el trabajo del historiador y del profesor. Además sostiene que actualmente la imagen del tiempo histórico no debe ser la de una línea del tiempo, sino la de un entramado temporal dinámico, un tejido o malla temporal, más orgánica, donde se aprecie la concepción del tiempo como algo múltiple y diferenciado según su ritmo de cambio y duración.
Finalmente la cronología por lo menos debe apuntar a dos aspectos, cuales son, la medición del tiempo en base a las unidades de medida establecidas por la cronología cristiana; y, el conocimiento
56
de fechas de ciertos acontecimientos puntuales que se considerarían de importancia en la historia.
a) Medición del tiempo histórico
Acosta (2012) afirma que el tiempo cronológico implica fechar con precisión identificando con exactitud una amplia gama de objetos, artefactos, conceptos y hechos históricos relacionados con los diferentes períodos y sub periodos.
Pagés (2009) señala que la cronología (cristiana) es fácil de ensayar y de aprender, siendo los obstáculos cronológicos más difíciles aquellos que se derivan del inexistente año cero (nacimiento de Cristo) y de la relación años-siglos.
En la cronología cristiana se completan los años de manera diferente si van hacia el pasado más remoto o van hacia el presente. Es el clásico menos 100 antes de Cristo o menos 3334 también antes de Cristo y el 100 o el 3334 después de Cristo. El otro obstáculo es la relación año (336 y 1254, por ejemplo) con el siglo (IV y XIII), la tendencia de la mayoría de los alumnos es relacionarlos con los siglos III y XII... (pág. 3) Según Arostegui (1995) se utilizan varias unidades de medida del tiempo que abarcan períodos de diferente duración. Las más frecuentes son las siguientes: Año (365 días), lustro (5 años), década (10 años), siglo (100 años), milenio (1 000 años).
Para medir etapas históricas o leer libros de Historia se debe saber a qué siglo corresponden los diferentes años. Lo más importante es saber que el siglo I comienza en el año 1 d.c. y que dura hasta el año 100 d.c. A partir de ahí todos los demás siglos son consecutivos: Siglo III, del año 201 al año 300. Por ejemplo en el siguiente cuadro se pueden apreciar algunos ejemplos.
57
Hecho histórico Año Siglo
Invasión española al Tahuantinsuyo 1532 XVI
Batalla de Ayacucho 1824 XIX
La guerra con Chile 1879 - 1883 XIX
Caída de la dictadura de Alberto Fujimori 2001 XXI Fuente: Elaboración propia.
La invasión española al Tahuantinsuyo se dio en el año 1532, es decir estamos hablando de treinta y dos (32) años del siglo XVI, ya que el siglo XV ha concluido el año 1500 y a partir del año 1501 ya nos ubicamos en el siglo XVI. La misma lógica funciona en el caso de la caída de la dictadura de Alberto Fujimori (2001), que se ubica en el siglo XXI, es decir un (01) año del siglo XXI, dado que el siglo XX ha concluido el año 2000. Lo mismo se aplica en los demás ejemplos.
b) Conocimiento de fechas
Se debe partir de la idea de si el conocimiento de fechas debe ser el tema central de la enseñanza de la historia. Al respecto Carretero et al. (1989, p. 124) señalan que “la mayor parte de los profesores manifiestan su acuerdo con que el alumno debe conocer al menos un cierto número de fechas suficientemente relevante…”
Más adelante afirman que “con el aprendizaje memorístico de fechas se le va proporcionando al alumno un marco temporal, aunque sea fragmentario y escasamente comprensivo” (Carretero et al., 1989, p. 127), por lo que se puede decir que estos autores defienden la memorización de fechas.
Al respecto, creemos que los estudiantes no deberían tener la obligación de conocer una barbaridad de fechas, en cuanto al número se refiere, muchas de ellas de carácter anecdótico, sino ciertas fechas puntuales para así situar temporalmente los acontecimientos dentro del proceso histórico. Llegar al extremo de pretender que los estudiantes conozcan fechas (día, mes y año) del nacimiento de ciertos personajes dizque importante, de batallas y otros
58
acontecimientos de escasa relevancia es llegar al extremo de hacer una historia meramente anecdótica y sin sentido para los estudiantes.
No debemos olvidar que dentro de las muchas fechas que se manejan a lo largo de la historia, existen un reducido número de fechas importantes, que constituyen verdaderos hitos históricos, que todo estudiante debe conocer y más aún si se trata de una historia nacional o regional específica. En el caso peruano una fecha puntual es la caída del imperio de Tahuantinsuyo (1532) o el inicio de la república (1821) o si se quiere la proclamación de la independencia del Perú (28 de julio de 1821), entre otros. Pero de ninguna manera se puede ni se debe nacer una historia centrada únicamente en la memorización de fechas.
Por otro lado, Maestro (1987) sostiene que las fechas, incluso las que marcan la duración, es decir el comienzo y el fin de un proceso histórico, no tienen sentido por sí mismas, sino en relación a lo que ha ocurrido dentro de un determinado proceso; por lo que las fechas son un referente, un organizador. Por consiguiente la misma autora indica que la elaboración del eje cronológico debe ser un ejercicio final, de síntesis y no un ejercicio inicial.