CAPÍTULO IV DISCUSIÓN
E) Duración
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identificación de diferentes tipos de factores causales y acciones intencionales; y, el tercer nivel es el más complejo, ya que se articulan la explicación intencional y la causal, como ocurre en la realidad, y se elaboran teorías explicativas más o menos complejas.
En este contexto, se supone que para abordar este aprendizaje el estudiante debe haberse familiarizado ya con algunos aspectos del trabajo del historiador, tales como el planteamiento de las hipótesis, clasificar y analizar las fuentes, evidenciar las contradicciones de los testimonios, entre otros (Prats, 2001).
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o de algunas coyunturas políticas (un intervalo caracterizado por el dominio político de un personaje –el franquismo– o de una mayoría absoluta de determinada ideología en un parlamento democrático, etc.).
Finalmente, está la larga duración, el llamado tiempo de las permanencias, de las estructuras; ahí están los modos de producción, las mentalidades, el folklore, lo imaginario, las actitudes ante la vida y ante la muerte, la fiesta, y otras continuidades que se modifican muy poco o muy lentamente. Precisamente este tiempo (larga duración) es la que explica mejor y a fondo los hechos históricos, ya que engloba los otros dos tiempos; además sobre la larga duración se operan las discontinuidades, las fracturas, las revoluciones (Trepat, 2006).
Bellver (2001) manifiesta que desde una concepción influida por el estructuralismo y el materialismo histórico, la Escuela de los Annales y en especial Braudel se puede afirmar que hay tres niveles de tiempo histórico:
La larga duración o estructuras cuya estabilidad es muy grande.
La coyuntura, es el estadio intermedio, en que el cambio es perceptible.
El acontecimiento, es lo más visible pero lo menos significativo.
a) Larga duración o Estructura
Para las ciencias sociales el término estructura provine del vocablo latino “structura”, derivado del verbo “struo” (reunir ordenadamente). En sentido literal significa construcción, fábrica. Así se puede decir que “es un conjunto de elementos independientes, pero interdependientes y conexionados, que forman un todo. Ninguno de ellos tiene sentido sino es en relación con los demás” (Del Moral, 1999, p. 79).
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Por su parte, Torres (1999) señala que la larga duración se conceptualiza bajo la denominación de estructura, estado social, sistema, modo de producción, etc. Más adelante afirma:
En la actualidad se han estudiado sistemas sociales de tan larga duración que se habla de historia inmóvil; en este tipo de procesos, aunque no se aprecian cambios, el estudio histórico es posible por la existencia necesaria de interacción y movimiento social reproductor. Es el caso de la historia de las necesidades humanas que se cubren con las religiones monoteístas, las relaciones asociativas pecado-culpabilidad, la actitud social frente al incesto, la solución de conflictos mediante la violencia, la expansión de la innovación o enfermedad por las rutas comerciales, etc. (p 27).
La larga duración vincula las fuerzas profundas de la historia, las estructuras que permanecen inmóviles durante extensos períodos.
“Toda estructura pasa por un período de formación y a pesar de su inmovilidad, se irá fragmentando para dar lugar a una nueva estructura, a partir de las revoluciones (Henao, 2002, pág. 116).
Según Bellver (2001) la estructura puede ser definida como un conjunto, un paisaje heterogéneo, donde se entrelazan la demografía, la economía, las clases, los elementos políticos, jurídicos, ideológicos dentro de las que se desarrolla la vida de los hombres.
La estructura constituye el cimiento de la sociedad y llegan a durar siglos, influyen en la vida de los pueblos por varias generaciones y solo se modifican mediante fenómenos de extraordinaria trascendencia (Bellver, 2001). Por ejemplo el paso de las sociedades cazadoras y recolectoras a las sociedades agrícolas o de ésta a las sociedades industriales.
Por su parte Tuñón de Lara (1999) distingue la estructura en general de la estructura histórica cuando afirma:
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Llamamos estructura en general, a un conjunto de partes o elementos que actúan mutuamente unos en otros y que no pueden comprenderse sino en esa interacción mutua; y llamamos estructura histórica a un conjunto de grupos sociales con sus relaciones mutuas de todo orden –económico, político, jurídico–, que sólo son inteligibles a partir de esa interdependencia recíproca (p.17).
En ese sentido, las estructuras son un conjunto formado por hechos de variada índole: demográficos, económicos, sociales, políticos, jurídicos, ideológicos y artísticos, que se interrelacionan unos a otros; todos juntos constituyen el marco dentro del cual se desarrolla la sociedad.
Valdeón (1999) agrupa los hechos en varios niveles: la base económica, estructura social, organización política y superestructura cultural, los mismos que guardan armonía entre sí, y, son algo así, como el marco que posibilita la vida humana.
Por otra parte, según Cardoso y Brignoli (s/f) citado por Bellver (2001) el concepto de estructura:
En historia económica y en general, aparece vinculado a la toma de conciencia de los historiadores de que el estudio de la evolución de las sociedades demuestra la existencia de ciertos sectores y elementos de la realidad social, caracterizados por una estabilidad y una permanencia relativas… (p.20).
Aparentemente, la estructura nos da una impresión de inmovilidad, pero solamente es una impresión, la realidad es que en ella el dinamismo temporal existe, pero es interno. La interacción de las partes que se acaba de señalar nos confirma su existencia.
Aunque ese todo que constituye la estructura está formado, en gran parte, por una especie de armonía que hace que los diferentes componentes se atraigan, eso no quiere decir que no existan otros
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elementos que permanecen en dicha estructura a la fuerza, bien porque son reliquias de un pasado que se resiste a desaparecer, bien porque forman parte de procesos de muy diversa duración que tienden a derribar la estructura actual y sustituirla por otra que se va delineando en el futuro (Bellver, 2001).
El mismo Bellver (2001, pp. 21-22) señala que “La relación de fuerza existente entre los elementos defensores de la estructura y de la los elementos conflictivos nos hace dividirlas en estables e inestables”. Estructura estable es aquella en la que las fuerzas defensoras del orden estructural se imponen a las adversarias. Los grupos que sostienen el orden social reúnen los poderes económico, político y cultural, como por ejemplo la situación actual del mundo occidental.
Los poderes son compartidos, están también en manos de individuos que buscan otra estructura distinta de aquella en la que viven; por tanto se dan enfrentamientos y luchas por el dominio del dinamismo social. Al respecto Bellver (2001) señala que las estructuras inestables pueden evolucionar de dos maneras. Se pueden adaptar a las presiones internas buscando fórmulas de compromiso o pueden resistir a toda evolución hasta que la adversidad coyuntural se una a la presión interior y se produzca el estallido revolucionario. Esto por ejemplo ocurrió en Rusia, sobre todo, a partir de 1905.
De la conflictividad interna de la estructura se deduce que la historia formada por grandes periodos o historia estructural, si bien es cierto, que está unida a lo duradero, no se puede entender como algo inmóvil, sino como un largo periodo en el que el cambio es muy lento, oculto, interior, porque el cambio es la entraña misma de la historia humana. Esta historia lenta y larga equipara a la historia estructural, entendida como el conjunto de relaciones que unen a un determinado grupo humano y condicionan la vida del individuo.
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Pero esta estructura, este conjunto de relaciones es conflictivo en sí mismo. “Esas contradicciones llevan a una constante de la historia, la conflictividad, pero mientras que la estructura comprende una situación conflictiva potencial, la coyuntura supone la expresión abierta y manifiesta de esa conflictividad, que puede llevar al cambio estructural” (Tuñón de Lara, 1991, p.124).
La sociedad en su lento devenir, lleva dentro de sí el conflicto posible que permanece oculto en su interior y sólo estalla cuando sobreviene la coyuntura. La duración de ésta es más o menos breve y, en ella, el ritmo del tiempo histórico se acelera, gana en densidad y los conflictos, latentes durante largo tiempo, afloran y estallan.
b) Mediana duración o Coyuntura
De acuerdo a lo expuesto en líneas arriba, la mediana duración constituiría el tiempo histórico intermedio entre la larga duración y los acontecimientos puntuales, llámese procesos económicos (series de precios o salarios), crisis, revoluciones.
También se puede decir que son situaciones históricas de mediano plazo que sirven de escenario a los acontecimientos y que suelen durar algunos años o décadas. Por ejemplo, la influencia de alguna generación intelectual, cierta corriente artística, el efecto de algunas medidas económicas o el periodo de gobierno (Henao, 2002).
La coyuntura tiene una duración más o menos breve, condicionada por lo que tarde en resolverse la correlación de fuerzas en conflicto. Contiene la expresión abierta y manifiesta de la situación de conflictividad de la estructura, que puede desencadenar un cambio estructural (Tuñón de Lara, 1991). Al respecto, el mismo autor afirma:
Los tiempos favorables o desfavorables, ha dicho Pierre Villar, no crean las contradicciones de la estructura, sino que las revelan, haciéndolas más agudas. Marcan la actuación de fuerzas internas que aprovechan los momentos coyunturales
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para internar derribar la estructura, la coyuntura le da una fecha al choque histórico, pero no la causa (p.124).
Por ejemplo la segunda guerra mundial provocó un desmoronamiento de la estructura nazi, no la derribaron las fuerzas internas, sino externas; además la época de entre guerras constituyó una mala coyuntura para el liberalismo. Una mala coyuntura la pone a prueba, puede incluso hacerla caer. De esta manera unimos en una visión integradora el estudio de las estructuras y de las coyunturas:
del tiempo estático y del cambio.
Por su parte Cardoso y Brignoli (s/f) citados por Bellver (2001, p.23) afirmaban que:
La coyuntura es una referencia al tiempo externo, al contrario del tiempo estructural, que centra nuestra atención en el interno; amos tiempos, el coyuntural y el estructural, poseen ritmos distintos, pero más que opuestos son complementarios.
Sin el conflicto estructural no se darían las coyunturas. Son dos maneras de percibir el proceso histórico en su diversidad y unidad.
Sin embargo, en la historia parece que los cambios estructurales son los resultados de las fuerzas internas que se han ido fortaleciendo a lo largo del tiempo y que aprovechan los momentos coyunturales adversos para derribar el orden establecido. Por ejemplo es lo que ocurrió durante la revolución francesa y la revolución rusa de 1917.
La duración de la coyuntura dependerá de lo que tarde en decidirse el enfrentamiento de las fuerzas en conflicto. Según sea este, cambiará o continuará el sentido del proceso histórico y se abrirá una nueva etapa a medida que el cambio ocurrido, en un nivel de la estructura, vaya alcanzando a todos los niveles y podamos decir que toda ella ha sido afectada por el cambio.
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En suma se puede decir que la coyuntura es un periodo de cambios e inestabilidad en la que por lo general están exaltadas no solo los ánimos, sino todos los indicadores económicos, sociales y políticos. Ejemplos de coyuntura en el Perú serían: el shock económico de 1990 o el recambio político y derrumbe autoritario de Fujimori, la inestabilidad económica e incremento del factor riego-país en el año 2000.
c) Corta duración o Acontecimiento
El acontecimiento es un hecho singular único e irrepetible, que a decir de Pagés (1998) debe ser en gran medida, el punto de partida de la enseñanza de la historia y de la formación de la temporalidad en los estudiantes; pero desde una perspectiva más global que plantee la complejidad del tiempo histórico.
La corta duración, relacionada con los acontecimientos, es para Braudel (1989) un tiempo engañoso que poco o nada explica los movimientos históricos, ya que no permite el análisis de las recurrencias y los cambios. Sin embargo según Pomian (1990) el tiempo corto está relacionado con los otros dos tiempos, por lo que es básico para entender la subjetividad de los agentes históricos ante los hechos.
Por otra parte Bellver (2001, p. 12) señala que “el término coyuntura no cabe confundirlo con la idea de ‘acontecimiento’, que es meramente factual y de naturaleza irrepetible”.
Por tanto, acontecimiento es un hecho que sucede en un momento dado. Se caracteriza por una ruptura o transición en el curso de los sucesos y por su carácter relativamente efímero, aunque tenga repercusiones en el futuro. En un sentido general, acontecimiento es todo lo que sucede y posee un carácter poco común, incluso excepcional; se puede decir que son fenómenos sociales vividos y percibidos de manera directa por las personas.
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Ejemplos de acontecimientos en la historia del Perú serían la sublevación de Túpac Amaru II en Perú en el siglo XVIII en contra de la explotación colonial española, las batallas de Ayacucho, Junín, Arica, Huamachuco, entre otros, así como la firma del tratado de Ancón entre Perú y Chile o la marcha de los cuatro suyos liderada por Alejandro Toledo, entre otros.
Pagés (1998) por su parte afirma que los acontecimientos constituyen la base de la enseñanza de la historia escolar. Sin embargo esta forma de abordar la historia, que podría denominarse historia de los acontecimientos, es criticada por el mismo autor, quien señala que al fijarse solo en la singularidad del acontecimiento político, sin relacionarlo con fenómenos estructurales de más larga duración, esta historia carece de sentido, pues el acontecimiento sólo sería históricamente inteligible en relación con la sociedad que lo produce.
Según Braudel (1989) el acontecimiento ha sido el objeto tradicional de la historiografía pero que debe ser superada al considerar el nivel intermedio de la coyuntura y el nivel superior de la larga duración.