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La Industria Vitivinícola y Desarrollo Local

2. GLOBALIZACIÓN Y NUEVAS GEOGRAFÍAS VITIVINÍCOLAS

2.4. La Industria Vitivinícola y Desarrollo Local

diversificación de la producción y la promoción del turismo. Sin embargo, a nivel nacional o internacional su impacto no es relevante, especialmente porque les resulta difícil competir con la calidad y el precio de los vinos producidos por sus vecinos chilenos o argentinos. Además, exponen los autores, actúan en su contra otros factores como el bajo consumo de vino entre la población, la poca importancia del sector y los altos impuestos de producción.

Otro ejemplo se presenta en el trabajo de Banks et al. (2013) para el caso de Tailandia. Al igual que Brasil, se trata de geografías que cuentan con perfil climático complicado para el cultivo, relativamente desconocidas en el mercado global, de poco impacto entre la población local y donde el consumo de vino se restringe a las clases altas de la población. El estudio subraya que una de las fuentes de ingresos para el negocio del vino en Tailandia es la exportación de su producción a restaurantes tailandeses en Reino Unido y EEUU. En este sentido, los inversores declaran que no se involucran en el negocio vitivinícola para obtener un beneficio financiero sino por el cachet cultural que se deriva de la naturaleza de la producción y el producto. Es decir, que se trata de una apuesta por una ganancia cualitativa (Boisier, 1999).

También el trabajo Bowen (2010) en el que compara la industria de queso Comté en Francia, y la industria tequilera en México arroja luz en la misma línea. Bowen recurre a la comparación de estas dos industrias por sus similitudes: una larga historia de producción y un origen en áreas relativamente marginales y rurales. La autora toma para su examen el concepto de embeddedness y la estrategia de la identidad a través de las indicaciones geográficas, y llega a la conclusión de que, a pesar de las similitudes entre estas dos industrias, su resultado y el impacto en el desarrollo local se encuentra en extremos opuestos para cada caso. Como muestra Bowen, mientras que en Francia la estrategia de las indicaciones geográficas (IG) ha llevado a la recuperación de métodos tradicionales y la revalorización y desarrollo de las comunidades rurales; en México el manejo de estas IG se ha dejado en manos de multinacionales (consecuencia de la política de apertura comercial de México orientada a la exportación) que han ido eliminando ciertas pautas de elaboración tradicionales, han desempoderado a los agricultores de agave, y no se ha registrado ninguna contribución sustancial al desarrollo rural. Bowen atribuye como una de las causas del problema la ausencia de compromiso entre el terroir y la calidad del producto, así como la falta de representación colectiva con respecto a los intereses de los diferentes actores (conclusiones similares se observan en el caso de Querétaro en México, como se ha descrito en el trabajo de De Jesús et al. 2020; se recomienda revisar Brulotte, 2019, donde se revisa el caso del mezcal y la

creación de valor).

En conjunto estas experiencias dejan ver que uno de los mayores desafíos se encuentra en la intersección entre el territorio, sus actores, la acción empresarial y la contestación e involucramiento de la población local. De acuerdo con Amtmann (1997) “el éxito de las iniciativas regionales dependerá, entre otros factores, de la posibilidad de que los diversos actores protagonicen conjuntamente las acciones en favor del desarrollo” (1997, p. 7). De manera que, el desarrollo que propone el autor coincide con lo que exponíamos sobre la producción del lugar. Esto es, el desarrollo entendido como: “el establecimiento de condiciones e instituciones que fomenten la realización del potencial de capacidades y facultades de las personas, las comunidades y los lugares” (Sen, 1999, Williams, 1983; como se citó en Pike et. al, 2007, p. 1263, [traducción propia]).

La realización de ese potencial de capacidades específico de cada región requiere, como primer paso, superar la visión economicista y promover concepciones en las que se integre la innovación y la creatividad. Como confirma el trabajo de Sánchez y Mungaray (2010) para el caso del Valle de Guadalupe, en Ensenada (Baja California, México), la calidad y la innovación son la base para que la actividad vitivinícola pueda traducirse en desarrollo, ya que son estos atributos los que permiten diferenciar el producto en el mercado nacional e internacional.

En el caso de Ensenada, en México, de referencia por el rápido posicionamiento que ha conseguido tanto a nivel nacional como internacional, se puede comprobar como la gastronomía, la industria del vino y de la cerveza artesanal dan cuenta de ese aprovechamiento de los recursos locales (Celaya, 2014), del aprendizaje colectivo, de la difusión del savoir faire9, de la diversificación de actividades a partir del turismo, la vitivinicultura y la gastronomía, y, en definitiva, de la capacidad de reinvención de una región con base en la incorporación de nuevas actividades productivas10. En este sentido, cabe mencionar de nuevo que la creatividad es un factor decisivo para el desarrollo.

Ciudades como Tucson (Arizona) y Ensenada (Baja California) miembros desde 2015 de la red UNESCO de ciudades gastronómicas creativas dan ejemplo de ello. Esta red tiene como fin posicionar la creatividad y la cultura en el centro de su plan de desarrollo local (UNESCO, s.f) En definitiva, desde la teoría y la práctica podemos afirmar que el sector de la gastronomía, y el

9 Con proyectos como “La Escuelita” del enólogo Hugo D’Acosta.

10No obstante, se necesitan estudios que comprueben los efectos reales e integrales de esta diversificación en el desarrollo. Especialmente referidos a sus efectos en el desarrollo de las comunidades locales e indígenas de la región, así como el impacto y la gestión de esta industria con respecto a los recursos naturales y sus limitaciones (en concreto la gestión del agua como recurso limitado en la región)

vino, y su impulso en las NGV, puede activar la promoción de nuevos sectores productivos, aumentar la competitividad de las comunidades, y generar una nueva imagen para el territorio. Sin embargo, como han demostrado las distintas experiencias argumentadas, solo un buen manejo puede hacerlo derivar en una iniciativa que promueva la innovación, la creatividad y el desarrollo local

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