Sociabilidad limitada
2. Asistidos: la tragedia del “ fin de un mundo social”
En un libro clásico del pensamient o sociológico, Pet er Berger y Thomas Luckmann (2003) sost ienen que la exist encia del individuo en t ant o ser social implica su part icipación en la cult ura, ent endida ést a como una serie de f iguras que, en t ant o element os obj et ivos, ant eriores e impuest os al individuo, se present an como roles e ident idades disponibles. En est e sent ido, f iguras como padre, madre, muj er, t rabaj ador, por nombrar algunas de las que result an de int erés para el present e t rabaj o, aparecen como obj et ivaciones propias de la cult ura que son int ernalizadas por los individuos en el proceso de socialización. La int ernalización del mundo obj et ivo, que no por ser obj et ivo dej a de ser una creación humana, fij a est ruct uras subj et ivas en la conciencia, siendo la int eracción permanent e con los “ ot ros signif icat ivos” la que mant iene la plausibilidad del mundo const ruido.
El individuo asume roles e ident idades obj et ivas, dadas de ant e mano. Por consiguient e, el individuo es, en part e, la sociedad int ernalizada en él, el mundo obj et ivo por el cual est ruct ura su conciencia subj et iva. Se percibe a sí mismo a t ravés de las f iguras cult urales disponibles en la sociedad. En est e sent ido, se es muj er, t rabaj ador, o madre, en base al signif icado que est as f iguras t ienen en la sociedad. Ser madre significa haber int ernalizado la ident idad de madre en t ant o hecho social.
La exist encia cot idiana del individuo supone la reproducción de roles e ident idades int ernalizados baj o det erminadas condiciones obj et ivas, est ruct urales. El mundo subj et ivo supone su correlat o en el mundo obj et ivo. La desest ruct uración del segundo, produce la pérdida de plausibilidad del primero. En la medida en que el mundo subj et ivo se reproduce en la conversación con los ot ros signif icat ivos, la int errupción de la misma produce una crisis de plausibilidad de la conciencia. Sin embargo, t al como sost iene Pierre Bourdieu (1991), el hábit us port ado por el suj et o t iene la part icularidad de poder sobrevivir a las condiciones est ruct urales que le dieron origen. De ahí que la relación ent re el mundo obj et ivo y el subj et ivo est é plagada de complej idades que dif icult an pensarlos en t érminos de variables dependient es e independient es. La desest ruct uración del mundo obj et ivo puede llevar a que los individuos recurran a las ident idades adquiridas como crit erios válidos de percepción de la realidad, pudiendo ut ilizarlas como base de clasif icación del mundo t ransf ormado: t omando palabras y ej emplos de nuest ros ent revist ados, si el mundo no permit e el desarrollo de la ident idad de madre “ t al como debe ser” , es porque el mundo mismo es el que est á “ hecho un desast re” . Los individuos ent revist ados en est a invest igación fueron socializados en un mundo que ya no exist e. Los cambios han t enido lugar en el ámbit o del t rabaj o, de la f amilia, de la salud, de la relación con el Est ado y con las inst it uciones religiosas. Son cambios que implican la adopción de roles que, quizás, no concuerdan con las ident idades int ernalizadas baj o condiciones est ruct urales que hoy día f orman part e del pasado. Un mundo en el cual se reproducían det erminados rit uales que garant izaban su est abilidad ha dado lugar a una realidad caract erizada por la incert idumbre que suponen t rabaj os precarizados, salit as de at ención médica sin médicos, inseguridad por exposición a la violencia, et c. Los ent revist ados se
relat an en un present e de mayor vulnerabilidad, y se sit úan en un relat o que considera t ant o el t iempo más largo de la t rayect oria f amiliar, como el t iempo más cort o de la propia t rayect oria laboral.
El padre de Mónica era paraguayo y la madre f ormoseña. Luego de inst alarse en Capit al Federal, se f ueron a vivir por la zona de Quilmes. Él poseía un empleo como reparador de aires acondicionados –gozando de derechos laborales– y murió en f orma premat ura, a los 55 años. Su madre, ama de casa, t rabaj aba circunst ancialment e como empleada domést ica hast a que empezó a cobrar la pensión del padre. El marido de Mónica t rabaj ó sucesivament e de t axist a, de albañil y de zinguero, hast a que perdió el t rabaj o en enero de 2002. Ella t rabaj ó de operaria, y más t arde empezó a percibir planes sociales –f ue “ Manzanera” – a part ir del año ‘ 92. La crisis la f ue convirt iendo en el sost én del hogar, con la colaboración de su marido que lleva a su hij o a la escuela.
Valeria es hermana de Mónica, y compart e con ella las represent aciones sobre un pasado f amiliar libre de las preocupaciones económicas que en el present e son t an acuciant es: aunque no eran ricos, nunca les f alt ó nada. Valeria describe a su papá como un hombre muy cult o, maest ro, aunque nunca ej erció. Siempre quiso que est udiaran, para “que int ent emos ser al guien en l a vida” : su sueño era “ vernos recibidos de al go, no con 5t o año y nada más” . La educación de los hij os es un valor
muy import ant e que su padre t rat ó de inculcar a ella y a sus hermanos, y que ella a su vez t rat a de t ransmit ir a sus hij as. A Valeria le gust aba mucho el colegio, pero t uvo que dej ar en cuart o año porque quedó embarazada. Aún lament a esa decisión: “me arrepient o t oda la vida de no haber t erminado el secundario” . Cuando quedó embarazada se casó, y llegó a t rabaj ar un t iempo en una f ábrica, hace años. Ese empleo “ f ormal ” no est uvo exent o, sin embargo, de inseguridades: cuando se rompió una pierna, el seguro no le cubrió la enf ermedad y t uvo que renunciar. “ Después de ahí no enganché nada más” ; por ot ro lado, no necesit aba: vivía con “ el padre de l as nenas” y no le hacía mucha f alt a.
Hoy, años después, Valeria ent iende que su vida es más dura: t odos los días se levant a a las seis menos cuart o de la mañana, les hace el t é a sus nenas, y las prepara para la escuela. Sus dos hij as mayores van a una escuela pública, la más chiquit a se queda con la abuela: Valeria hubiera querido que f uera a un j ardín de inf ant es privado, el mismo al que f ueron sus hij as mayores, pero su sit uación económica no se lo permit ió, ent onces comenzará preescolar en el público el año que viene. Desde su casa hast a la escuela son 13 cuadras, y de ahí al lugar de reunión de su cuadrilla del “ Plan Trabaj ar” , ot ras 27 cuadras. Tomar colect ivos cot idianament e es impensable: no hay plat a para medios de t ransport e. La biciclet a que t iene se rompió hace mucho, y t ampoco t iene recursos para arreglarla. Est e caminar es definido por ella en t érminos de “ peregrinación” .
En est e mundo desest ruct urado, donde incluso la presencia est at al parece cont ribuir a la reproducción de la sensación de est ar sumidos en una desorganización sin sent ido, los individuos int eract úan con ident idades ancladas en un mundo que ya no es, y que forman part e de su est ruct ura subj et iva, redefiniéndolas pero sin poder dej ar de pensarse como part ícipes de una realidad vivida como “ anormal” , precisament e porque no responde a esas represent aciones. La condición de ser benef iciarios de planes de asist encia est at al, que const it uyen el principal ingreso f amiliar, supone la dif icult ad de encont rar def iniciones del sí mismo que asuman la f unción de est ruct uradores de la vida cot idiana. Asumir una
aut o-def inición que art icule rasgos ident it arios es ardua en un cont ext o de precarización de los ej es ordenadores de la vida en la que los suj et os han const ruido sus represent aciones de lo que es deseable para sí mismos. La sit uación de crisis, expresada en la inst alación del desempleo como hecho insuperable, en el aument o de los indicadores de pobreza, en los cuerpos det eriorados, en la reconf iguración de la percepción respect o al espacio que se habit a, en el papel asumido por inst it uciones religiosas que han venido a suplir la ausencia del Est ado en t errenos de vit al import ancia, ha desest ruct urado las t rayect orias personales de individuos sumidos en sit uaciones de vulnerabilidad, enf rent ados a una serie de impediment os práct icos para la realización de la vida que alguna vez habían proyect ado.
Mart a t iene seis hij os y vive, como sus hermanas, en el barrio Las Malvinas, en San Francisco Solano. Su marido est á desocupado desde el año 1995, aproximadament e, cuando fue despedido de su t rabaj o como obrero met alúrgico. Act ualment e es benef iciario de un plan (que aún no había cobrado en el moment o de la ent revist a). Desde el despido de su marido, Mart a t rabaj a en un comedor de Carit as, la red int ernacional de asist encia de la Iglesia Cat ólica, a t ravés de un plan barrial. No recibe sueldo, pero logra sat isf acer det erminadas necesidades. Por un lado, a t ravés de est e ámbit o Mart a puede acceder a la aliment ación básica para la subsist encia de su familia. Por el ot ro, el comedor f unciona como un espacio út il en la relación con sus el cuidado hij os, ya que est os permanecen “ en cont ención” mient ras ella se dedica a ot ras act ividades. Sin embargo, no le permit e sat isf acer ot ras necesidades, como la compra de pañales, art ículos de limpieza y ropa. Hace un año Mart a es beneficiaria de un plan social (PEL), por el que t iene que dedicarse a cort ar el past o y a limpiar zanj as en las calles. Su salario es de $160, y le dura una semana. Compara la sit uación ant erior a la devaluación con la que vive act ualment e. Ant es se podía dar algunos “ l uj os” como comprar un lit ro de yogurt , una mant eca, un dulce, cosa que ya no puede. Mart a define la sit uación act ual con el t érmino “ desast re” .