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Que los chicos no se enteren

In document Los nuevos rostros de la marginalidad. (página 109-111)

La preocupación máxima de estas mujeres es la preservación física y psíquica de sus hijos. La imagen de la madre debía permanecer intachable.

“O sea yo decía que trabajaba limpiando oficina en mi casa. Decía que iba, laburaba de noche que iba a limpiar oficina, a lo chico para que no sospechen. Me iba, o sea entraba me iba a a la sei de la tarde, al otro día que se yo a la seis de la mañana, siete...” Mercedes

"Es más ellas nunca se enteraron que yo me fui a la noche." Laura

apabullant e angust ia de que f rent e a sus seres más queridos, las inf ormaciones se crucen indebidament e y quede revelado el secret o que con t ant o t rabaj o habían guardado.

Igualment e, puert as adent ro de sus hogares se sient en int ranquilas: el mayor miedo de las ent revist adas est á relacionado con que sus hij os se ent eren, lo que a veces es muy dif ícil de conseguir: “ Como l a ropa que yo t enía de t rabaj o, porque obviament e así no t rabaj aba, la ropa la t uve que t irar porque un día mi hij a revol viendo mi pl acard l a encont ró, y qué es est o mamá?. "36. La presencia de los

hij os, que en la act ualidad son pre-adolescent es, al volver más improbable el secret o, se va conf igurando como un fact or que les impide probar para reinsert arse en el of icio: "Es al go que no vol vería a hacer porque ya el hecho de que est án más grandes y ya piden expl icaciones y de dónde sacas l a pl at a sino t rabaj as y que por ahí me encuent ran cosas o t e ven cansada, por qué est ás cansada si dormís t oda l a noche y cosas así y t e ponen en un compromiso. O t e pasa que siempre al gún conocido t e encont rás en la cal l e, y de dónde l o conoces mama y quién es” .37 De

t odos modos, ellas creen que haberse ret irado del t rabaj o puede igualment e levant ar en los niños t ant as sospechas como seguir o reinsert arse en él. Los niños poseen una mirada ret rospect iva que puede llevarlos a pensar por que sus mamás no les compran t ant os j uguet es como ant es: “ Lo que no vol vería es a t rabaj ar en l a noche, no vol vería, ya no porque ya me desacost umbré y es como que ya t omé conciencia de que mis hij as ya son grandes y ya t e pregunt an, y mamá de dónde sacas l a pl at a (…) pero como ant es si vos no t rabaj abas podías comprarme un pl ayst at ion y ahora no” .38.

Hoy en día, ret iradas de la prost it ución sobre t odo por cuest iones de edad (la de sus hij os y las suyas propias), siguen t ransit ando por una pendient e de vulnerabilidad social y laboral pero que no se relaciona ya con el est igma derivado del caráct er sexual del t rabaj o que hicieron (años después, sus cansinos efect os de arrast re apenas si son t angibles en el barrio) sino que se relaciona f uert ement e con la posición económico-social. En la act ualidad, sus escasas posibilidades de acceso a un empleo est able no difieren significat ivament e de las de cualquier muj er vecina pobre.

- Las relaciones sociales.

El universo complet o de las práct icas sociales posibles de los suj et os est á conf ormado por la suma de sus espacios de sociabilidad (vecindario, t rabaj o, escuela, clubes, asociaciones, et c. ). La mayoría de los suj et os sociales circulan ent re ellos ampliando su vida social, cult ural y laboral. Sin embargo, est as premisas t eóricas present es en muchos análisis del fenómeno de la socialización, deberían incorporar las salvedades originadas en el sist ema de est rat if icación social. El cont ext o de ext rema pobreza en que desarrollan sus biograf ías las ent revist adas hace sospechar que para algunas cat egorías sociales, esos posibles movimient os de libert ad relat iva no son t ant os puest o que la pobreza los ha reducido drást icament e.

Para ellas, el re-encuent ro con la pobreza que t uvo lugar con post erioridad al t rabaj o en la prost it ución f ue muy crudo. Mient ras t rabaj aban sexualment e, mas allá de suf rir por la est igmat ización, eran capaces no solament e de generar 36 Ent revist a a Laura, muj er.

37 Ent revist a a Laura, muj er. 38 Ent revist a a Laura, muj er.

ingresos (comparat ivament e) import ant es y mej orar la calidad de vida de su f amilia, sino t ambién de acumular “ capit al social”39 dent ro de ese mundo, es decir,

de hacer uso de una red de relaciones que f uncionaba recomendándolas de “ boca en boca” a encargadas de ot ros prost íbulos o a ot ros client es part iculares. Ese ent ramado de relaciones sociales que habían sabido const ruir era una f uent e pot encial de t rabaj o permanent e. Pero es de not ar que, paralelament e a la acumulación de capit al social en la prost it ución, descendía el quant um de capit al social acumulado en el barrio porque, como se señalara, el “ est igma” del t rabaj o hacia que est as muj eres evit aran las compañías de los vecinos por el t emor a verse descubiert as.

Est a sit uación de desat ención hacia el vecindario que en su moment o consideraron necesaria, es percibida en la act ualidad como un problema, sobre t odo, de cara a conseguir una reinserción laboral “ normal” . En ausencia de las relaciones sociales del pasado, descubrirán que solament e en el barrio (o a t ravés de sus miembros) es que podrán aspirar a un empleo -ignoran sí f ormal o inf ormal- pero est able. Conseguir t rabaj o, o const it uir client es para un deseado emprendimient o personal, de ahora en más, dependerá t ípicament e de las relaciones barriales o, en ot ras palabras, de organizar la acumulación originaria de capit al social en el pequeño radio que circunda al lugar de residencia, como expresa Laura: “ me gust aría el día de mañana ponerme un negocio así sea pequeño o grande, de a poco ir armándome una pel uquería y t rabaj ar en mi casa, eso seria mi ideal para un f ut uro. Trat ar de conseguir un “ t rabaj o normal ” , de l o que sea, de l impieza, en una f abrica. "40

Fournier y Soldano (2001) denominan “ espacios de insularización” a los lugares caract erizados por su capacidad para condicionar t errit orialment e las f ormas de la sociabilidad y de obt ención de empleos. Lo inf ruct uoso de salir en búsqueda de t rabaj o (o la misma imposibilidad de hacerlo porque no se cuent a con dinero para el viaj e, o porque se sient e la

cert eza de que en los cent ros urbanos se f racasará), t ransf orma al espacio barrial del ámbit o de lo f amiliar y conocido, al ámbit o de lo posible.

La vuelt a def init iva al barrio ha condicionado de una manera part icular la vida de las ent revist adas: si en el pasado, con ingresos suf icient es, realizaban desplazamient os generales por f uera del barrio de residencia, en la act ualidad, los mismos se han reducido product o de sit uaciones de crecient e cont racción monet aria por la f alt a de t rabaj o, hecho pot enciado por la pérdida de "cont act os" que pudieran quedarles del mundo de la prost it ución para hacerse con algo de dinero “ de vez en cuando”41. Ellas saben que en la act ualidad t odo “ el” mercado

de t rabaj o queda fuera del vecindario, reconocimient o que las obliga, a algunas con resignación a ot ras con esperanzas, a buscar oport unidades laborales dent ro del ámbit o barrial. Pareciera t rat arse de un proceso de conf inamient o t errit orial y relacional, en el que la mayoría de los int ercambios sociales (ent re ellos las relaciones laborales) no pueden mas que incorporar a f amiliares y amigos.

39 BOURDIEU, 2002.

40 Ent revist a a Laura, muj er. 41 Ent revist a a Mercedes, muj er.

In document Los nuevos rostros de la marginalidad. (página 109-111)

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