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Constitución de identidades

In document Los nuevos rostros de la marginalidad. (página 121-133)

Sociabilidad limitada

4. Constitución de identidades

La f igura del recuperador se puede ubicar al f inal de un largo proceso de exclusión social que implica por una part e la expulsión del mercado de t rabaj o f ormal y por la ot ra la f ract ura o debilit amient o de los lazos sociales. En est e movimient o, los suj et os t erminan por asumir posiciones de t rabaj o est igmat izadas14 que agregan un padecimient o adicional a las ya de por sí dif íciles condiciones de laborales. De hecho, vamos a sost ener que el t rabaj o en cont act o direct o con la basura t iene connot aciones negat ivas para la const rucción de una ident idad laboral, al menos en t ant o sea vivido como un ret roceso respect o de posiciones laborales (t rayect orias 14 Irving Gof f man: Est igma, La ident idad det eriorada, Amorrort u, Bs. As. 2001.

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personales y f amiliares) f ormales u of icios “ t radicionales” . Podemos incluso suponer que recurrir a una est rat egia de supervivencia que implica el t rabaj o en cont act o direct o con los desechos y la basura de ot ras personas t iene implicancias direct as en el enclasamient o de los suj et os, más allá de su impact o en los ingresos, la salud o las posibilidades de reproducción f amiliares de est os t rabaj adores. Y es cont ra est os ef ect os, que se est ruct uran gran part e de los discursos de los act ores, t ant o cuando reconocen la debilidad de su posición y el padecimient o que implica, como cuando generan o nivelan sus signif icados con ot ros espacios sociales y práct icas posibles, señalando que en def init iva “ no es t an malo” , que “ peor es robar” , “ que es un t rabaj o como cualquier ot ro” , et c. Est o es así en la medida que creamos con Bourdieu que cada dimensión del est ilo de vida de un suj et o t iñe al rest o. En est e marco concept ual, las acciones de los suj et os se encuent ran armonizas por esquemas generales de acción15, que conf orman un habit us.

En la medida que la mirada de los ot ros es un component e cent ral en la const rucción de ident idades sociales la reconversión de est e t rabaj o en una act ividad valorada socialment e es una t area que supone la disput a simbólica por los sent idos en dist int os niveles discursivos. Un recuperador que t rabaj a dent ro de un marco cooperat ivo dice: "Queremos t ener la posibil idad de que l a gent e ent ienda que nuest ro t rabaj o es digno. La gent e cree que los pobres no queremos hacer cosas mej ores y progresar, nosot ros t ambién t enemos ideas" (C).

En el discurso de los act ores encont ramos indicios del desarrollo de una polít ica de la ident idad16, en el sent ido que Gof f man ut iliza el t érmino, dando paso a la administ ración de las relaciones sociales para reducir la t ensión que provoca el est igma. En est e proceso pueden producirse dos punt os de vist a: el endogrupal y el exogrupal. El primero implica la exacerbación de las dif erencias que originan el est igma con el f in de aument ar la cohesión con el grupo est igmat izado. Est a perspect iva permit e la consolidación de una ident idad dent ro de est a act ividad laboral y puede considerarse f undament al para el avance de experiencias de t ipo cooperat ivo. Por ot ra part e, el t ipo de alienación exogrupal se ref iere al marco simbólico amplio que preconiza la igualdad de t odos los suj et os como miembros del t odo social. La acept ación de est a suert e supone ciert a dosis de resignación y asumir a nivel personal una alt a dosis de responsabilidad por la sit uación padecida: “ La nat uraleza de un ‘ buen aj ust e’ es ahora evident e. Exige que el individuo est igmat izado se acept e, alegre e inconscient ement e como igual a los normales, mient ras que, al mismo t iempo, se alej a por su volunt ad de aquellas sit uaciones en las cuales los normales t endrían dif icult ad en f ingir un t ipo de acept ación similar” (Gof f man, op cit , pag. 143). En nuest ro caso, el riesgo de asumir en un marco de crecient e exclusión est a sit uación como “ nat ural” t iene dos consecuencias: la primera es una alt a dosis de pasividad, agudizada por el asilamient o de est os t rabaj adores, que lleva a acept ar (“ es lo que hay” ) las opciones sin plant earse acciones polít icas para su t ransf ormación. Pero t ambién es resignarse a evit ar esas

sit uaciones donde el est igma pueda result ar evident e o inacept able. En est e punt o,

es muchas veces la policía la que se hace eco de est e malest ar ent re los aj ust es sociales de las ident idades virt uales (esperadas) en dist int os espacios sociales y las

15 Pierre Bourdieu: La distinción, Taurus 1998.

16 Irving Goffman: Estigma, La identidad deteriorada, Amorrortu, Bs. As. 2001.

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ident idades reales que port an los suj et os en cuest ión, cont ribuyendo a f ort alecer est a sumisión hacia una alienación exogrupal.

Es así que puede post ularse la exist encia de una suert e de precarización simbólica del t rabaj o de recuperación o en t érminos de Jahoda, de privación relat iva, en t ant o est e t rabaj o no lograría cumplir con funciones lat ent es17: generar cat egorías de la experiencia que habilit en una int egración en el t ej ido social, más allá de permit ir la reproducción de la f uerza de t rabaj o. Est a sit uación se manif iest a en los discursos como “ f alt a de dignidad” de la labor, concept o que una y ot ra vez aparece como un ej e y operador simbólico que resume su sit uación. Pero por ot ra part e, la idea de es un t rabaj o digno “ como cualquier ot ro” est á present e t ambién

en su discurso. Creemos que est o debe int erpret arse como las huellas de una est rat egia de const rucción de un cont radiscurso que acort a las dist ancias ent re ellos y los Ot ros, ent re quienes han aprendido a subsist ir a cost a de t ransgredir los límit es de un codificador social t an signif icat ivo como es la posición laboral. Del mismo modo, debe considerase el énf asis sobre los niveles de “ aut onomía” o “ libert ad” relat iva que permit e est e t rabaj o: “ es lo más l indo, sal ís cuando querés” (caso C)

Pensar en una precarización simbólica implica no considerar que las def iciencias de int egración que present a el t rabaj o de los recuperadores son inmut ables, ni t ampoco ext rañas a procesos sociales e hist óricos. Est a sit uación es product o de luchas sociales permanent es que en gran medida pueden considerarse un ref lej o de los avances y ret rocesos de los act ores en sus sit uaciones mat eriales. Pero pensar en un ref lej o no implica considerar que est amos hablando de una dimensión secundaria de los procesos sociales. En un conocido t rabaj o, Alt husser18 llamaba la at ención sobre la cent ralidad de los aparat os ideológicos del est ado (AIE) para la reproducción del sist ema capit alist a, y en part icular, para la reproducción de las relaciones sociales. Est e enf oque viene a complet ar una línea de invest igación iniciada en el marxismo principalment e por Gramsci en sus t rabaj os dent ro de la prisión y son aport es de sumo valor para una t eoría de las ideologías19. En esa ocasión, sus análisis llevaron a resalt ar el papel del sist ema educat ivo para proveer esquemas de acción adecuados a los requerimient os de las f uerzas product ivas. Hoy podemos pensar que ese papel cent ral (y est o es solo una int uición) es ocupado por los medios masivos, en especial la radio y la TV20. Parece ent onces import ant e considerar el ef ect o de los discursos mediát icos que se const ruyen en t orno a est as nuevas posiciones laborales y sus ef ect os sobre las ident idades de los t rabaj adores. Al menos quisiéramos analizar dos dimensiones o ef ect os que provoca: solidaridad y disciplinamient o.

En part e, la discusión mediát ica y la f uert e visibilidad que genera al f enómeno promueve reacciones de solidaridad desde ciert os sect ores sociales, que se encargan de at enuar el padecimient o de est os t rabaj adores: se conocen muchas 17 Jahoda, M., Empleo y desempleo. Un análisis socio-psicológico, Ed.Morata, Madrid, 1987

18 Ideología y Aparatos ideológicos de Estado (AEI), en Ideología, Un mapa de la cuestión, Slavoj Zizek comp., Ed. Fondo de Cult ura, 2003.

19 Slavoj Zizek, el espectro de la ideología, en Ideología, Un mapa de la cuestión, Slavoj Zizek comp., Ed. Fondo de Cult ura, 2003.

20 La debilidad del AIE educativo puede sentirse en la percepción j uvenil de que la escuela “ no sirve para nada” en t ant o no prepara para conseguir un empleo.

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anécdot as de colaboración espont ánea, ent rega de remedios, ropa, comida, campañas de vacunación promovidas por vecinos con “ buena conciencia” , campañas de bolsas verdes, et c. Pero, por ot ra part e, t ambién mult iplica la imagen

palpable del “ cast igo” reservado en est a sociedad para quienes pierden el t rabaj o,

para quienes no se “ adapt an” a los designios del mercado o simplement e t iene la mala suert e de volverse obsolet os ant e la “ marcha de la economía” . En def init iva, est a imagen, de privación y humillación, escenif ica de algún modo los f ant asmas

del desempleo y la exclusión. Y en una sociedad f uert ement e est ruct urada simbólicament e desde las posiciones laborales (t ant o posit ivas como negat ivas) la presencia de est as imágenes t ienen un ef ect o disciplinador, que se apoya sobre el miedo a la pérdida de una ident idad posit iva (incluidos), ej e sobre el que la modernidad const ruye suj et os dóciles donde ej ercer el poder est ruct urant e del Est ado. Ent onces, las emociones de los act ores pueden dirigirse en sent ido opuest o: rechazo hacia el Ot ro (que se conviert e ent onces en un posible ladrón, una amenaza pot encial), incomodidad ant e la basura puest a en el cent ro de la escena, la preocupación por la higiene y la sanidad, que son en part e cont racaras del rechazo hacia una realidad de exclusión crecient e y cercana, et c. En est e sent ido, podemos decir que la cent ralidad que adquirió la discusión sobre los problemas sanit arios y de “ inseguridad” para los vecinos de la ciudad en los últ imos t iempos t uvo menos impact o sobre las condiciones obj et ivas de gest ión de los problemas ciudadanos que sobre el humor de la ciudadanía en relación a los t rabaj adores recuperadores (aument o de la desconfianza) y la f ragment ación ent re los sect ores populares.

Siguiendo a Wacquant 21 nos parece import ant e incluir la mirada de Norbert Elias sobre la const rucción de la subj et ividad moderna para ent ender las connot aciones de est os operadores de disciplinamient o sobre los procesos de consolidación de ident idades. El miedo, ent iende Elías, “ proporciona el mecanismo cent ral de la

int royección de los cont roles sociales y la “ regulación” (aut oadminist rada) de t oda la vida inst int iva y af ect iva” 22. Por una part e, la represión de los inst int os (violent os) que esperamos de los ot ros en función de un renunciamient o en f avor del Est ado, pareciera ponerse en duda cuando est e dej a de garant izar a los suj et os la mínima seguridad aliment aria, laboral, f ísica, et c. Pero, exist e una nueva angust ia, que cont ribuye a conf ormar la subj et ividad necesaria para la inst auración de un sist ema capit alist a de rapiña, y es el miedo a ser excl uido. De algún modo,

las f amilias que revuelven la basura act ualizan esa imagen que las conviert e en signos que se pref iere no ver o se busca deliberadament e alej ar. Est os f enómenos cont ribuyen al debilit amient o de los lazos sociales y la persist encia de una amplia f ragment ación social ent re suj et os que en realidad pueden t ener posiciones obj et ivas cercanas.

Est e marco concept ual puede incluso colaborar en la int erpret ación de las direcciones que adopt an las discusiones públicas en t orno a los recuperadores, y en part icular con la ut ilización de argument os ligados a la problemát ica sanit aria que implica la separación de los residuos recuperables en la vía pública. Analizando los modos de comport arse en la edad media, Elías det ermina que el proceso de 21 Wacquant : Parias urbanos, Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio, Manant ial 2001.

22 Elías, El proceso de civilización, pág. 443, Citado por Wacquant, Parias urbanos.

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inst auración de los “ buenos modales” sigue un curso inverso al que se supone habit ualment e: primero avanza el límit e de los escrúpulos en correspondencia con

un ciert o cambio de las relaciones humana, y sólo post eriorment e se considera que est e comport amient o (comer con los dedos, limpiarse las manos en un t rapo común, t irar los desechos o escupir en el piso, et c. ) es higiénicament e incorrect o y se j ust if ica con relaciones causales relat ivas a las enf ermedades; est a convicción racional no es en absolut o el mot or de la “ civilización” de las f ormas de comport amient o23. En est e sent ido cabría pregunt arse cuant a de la preocupación por el det erioro en la est ét ica pública, la “ suciedad” que se genera, et c. se corresponde con un análisis racional sobre est as problemát icas, y cuant o se asient a en el reposicionamient o y puest a en evidencia que est a act ividad de recuperación implica para los límit es de la violencia y el cuerpo en el espacio público de la ciudad.

En las ent revist as hemos podido observar como algunos t est imonios relat ivizan la idea de la exist encia de una solidaridad mayorit aria de la sociedad con est os t rabaj adores. “En algunos lugares nos ponen vidr io para que no busquemos en l a basur a, pero eso es porque muchos ciruj as revuel ven t odo y dej an t odo t irado” (E)

; "no es t an real est a idea de que la gent e est á ent ernecida con los cart oneros y con la miseria en general. Muchos nos sacarían de la cal le si pudieran. Hay una act it ud muy cont radict oria. En buena medida, los vecinos ven su propia pobreza ref lej ada en los car t oneros y reacciona en f orma opuest a" (C. ). Ot ro dat o

signif icat ivo surge al pregunt arse sobre la solidaridad ent re recolect ores en la calle. “Solo ent re conocidos, porque hay mucha desconf ianza” (P). Cuando se le

pregunt ó si est o era bueno o malo, el ent revist ado respondió: “ es bueno, hay que ser desconf iado” . El ciruj a es “ desconf iado y j odido, muy individual ist a” (C) .

Int egrar est a act ividad al conj unt o de las relaciones sociales reconocidas en el plano j urídico y obj et ivament e prot egidas en el plano práct ico, pareciera t ener para los t rabaj adores un impact o simbólico que no es menor: pasar del ciruj eo a la recuperación. Y est o significa, por supuest o, que al ser nombrada no lleve consigo

una carga simbólica negat iva. “ Legalidad” , nos dicen los ent revist ados, es equivalent e a “ dignidad” . Est a dimensión de la exclusión, que se suma a la f alt a de bienes, insuf iciencia de ingresos y carencia de derechos sociales básicos, es la que lleva a Wacquant 24 a hablar en parias urbanos para el caso de los habit ant es del guet o negro en EEUU: “ est ar privado de condiciones y medios de vida adecuados, ser pobre en una sociedad rica ent raña t ener el est at us de una anomal ía social, y

carecer de cont rol sobre la represent ación e ident idad colect ivas propias: el análisis de la mancha pública en el guet o nort eamericano y la perif eria urbana f rancesa sirve para dest acar la desposesión simbólica que t ransf orma a sus habit ant es en verdaderos parias sociales. ”

A su vez, como ya se mencionó, es import ant e dest acar que la dignidad se reaf irma en una aut o-percepción de ciert a idea de libert ad. Las visiones de los ent revist ados en est e aspect o no son de ningún modo homogéneament e negat ivas. En varios casos, los ent revist ados hicieron ref erencia a ciert o grado de “ elección” sobre el 23 Norbert Elias, op cit..

24 Wacquant 2001, op cit.

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t rabaj o, manif est ando punt os de cont act o y proximidad con las ant iguas práct icas de los crot os. “Para mi es el más lindo, de t odos los t rabaj o que hice. Hice muchos t rabaj os, de t odo, servicio domést ico, cuidar chicos, cuidar viej it os. .. . Es lo más l indo, porque sos libre, levant as lo que querés, haces lo que querés, elegís, a mi la cal le me dio de comer muchas cosas, había verduleros que me dej aban la verdura,

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