Risë VanFleet
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convierten en “terapeutas”, pero al utilizar las habilidades de la terapia de juego centrada en el niño se vuelven mejores padres. Aunque pueden mostrarse escép- ticos o abrumados cuando se les da a conocer la terapia filial, su respuesta suele ser rápida y positiva a la relación amistosa y afirmativa que se desarrolla con el terapeuta. El uso del humor por parte del terapeuta y la atmósfera desenfadada durante las sesiones ayudan a crear relaciones colaborativas con los padres que en ocasiones han tenido dificultades durante años con otros profesionales. Una de las características más notables de la terapia filial es quizá la rapidez con que los padres “se ponen a la altura de las circunstancias” y se muestran entusiastas por su propia transformación, lo que demuestra el poder de la profecía autorrealizada. Los terapeutas filiales aprenden a ver y esperar las fortalezas en los padres y a uti- lizarlas de manera pragmática para resolver los problemas del niño y de la familia.
aPlicaciones clÍnicas
La terapia filial ha sido empleada para atender diversos problemas infantiles y familiares. Su aplicabilidad es extensa debido a que es un enfoque orientado a la familia y al proceso. Se ha empleado con éxito en problemas como ansiedad y temor, problemas de conducta, depresión, trauma, problemas de apego, trastornos por déficit de atención, enojo y agresión, conductas negativistas, tendencias perfec- cionistas y obsesivas-compulsivas, duelo y pérdida, enfermedades crónicas, niños en el espectro autista, y problemas familiares como violencia doméstica y abuso de drogas (VanFleet, 2005; VanFleet y Guerney, 2003). Se ha empleado la terapia filial para establecer un puente entre los hogares sustitutos y la adopción, así como en la reunificación familiar (VanFleet, 2006c; VanFleet y Sniscak, en prensa). Aunque existen algunas situaciones en que la terapia filial no debería utilizarse, o en que de- bería emplearse más tarde en el proceso de tratamiento, su aplicabilidad es amplia. La mayoría de los padres pueden aprender a conducir las sesiones si los terapeutas filiales recibieron entrenamiento completo en los métodos para hacerlo. La terapia filial puede usarse en la gran mayoría de los problemas.
La flexibilidad de la terapia filial permite su empleo en muchos escenarios, inclu- yendo la práctica privada, los servicios comunitarios de salud mental, servicios en el hogar o servicios móviles, escenarios de protección al menor, albergues y programas residenciales, escenarios educativos (en que los padres o maestros conducen las sesio- nes de juego), programas de intervención temprana como Head Start, centros para la atención de niños y familias en crisis, y hospitales (VanFleet y Guerney, 2003).
La terapia filial también puede adaptarse y aplicarse a distintas culturas. En EUA ha sido empleada con muchos grupos culturales diversos entre los que se incluyen familias afroamericanas, latinoamericanas, y de los pueblos nativos, asiaticoamericanos, etcétera. También se ha generado un considerable y crecien- te interés en muchos países de Europa, Medio Oriente, África, Lejano Oriente, Australia, Nueva Zelanda y Sudamérica. La razón de su atractivo transcultural es triple. Primero, el juego es universal entre los niños. Dondequiera que vivan, los niños juegan si se les permite hacerlo, y lo hacen dentro de la cultura, los eventos y las circunstancias que rigen sus vidas. La naturaleza no directiva de las sesiones de juego permite que éste refleje los antecedentes culturales de los niños.
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Principales enfoques teóricos
Segundo, si bien las prácticas y tradiciones familiares varían de una cultura a otra, la mayoría de las culturas, si no es que todas, valoran a las familias. Tercero, dado que los padres participan como compañeros, traen consigo el conocimiento del contexto familiar. Proporcionan información y entendimiento que a un terapeu- ta le resultaría imposible obtener sin su colaboración. Es común que los padres ofrezcan indicios importantes que ayudan a identificar los posibles significados de los temas del juego de sus hijos en un contexto cultural. Quizá uno de los rasgos más importantes de la competencia cultural en la psicoterapia es la posibilidad de hablar con libertad acerca de las creencias y prácticas culturales y el respeto otorgado a los clientes por sus experiencias únicas. El proceso de la terapia filial, con su énfasis en la empatía, la aceptación y el empoderamiento, honra e incor- pora la singularidad e individualidad de los niños y familias participantes, y las consideraciones culturales desempeñan un papel importante en esa singularidad.
aPoYo emPÍrico
La terapia filial es una de las formas de la terapia de juego más estudiadas. A lo largo de sus 50 años de historia se han hecho investigaciones sobre su eficacia y su proceso; también se ha estudiado la forma grupal de educación a los padres, conocida como terapia de la relación entre el niño y los padres (TRNP) (Landreth y Bratton, 2006). Un metaanálisis de la terapia de juego y la terapia filial demos- tró con claridad que la participación de los padres, en especial en la forma de la terapia filial, mejoraba considerablemente los resultados de la terapia de juego (Bratton, Ray, Rhine y Jones, 2005). Un resumen de la investigación sobre la tera- pia filial muestra la solidez de esta integración de terapia de juego y terapia fami- liar (VanFleet, Ryan y Smith, 2005). En general, estudios controlados de la terapia filial han demostrado de manera sistemática mejoras en la conducta infantil y los problemas reportados, aceptación y empatía de los padres, mejora en los niveles de habilidad y de estrés de los padres, y mayor satisfacción con la vida familiar.
caso ilustratiVo
En el siguiente caso ilustrativo se cambió toda la información que permitiría la identificación de los clientes para proteger su privacidad. Además, este caso re- presenta una combinación de tres familias en circunstancias similares. Pese a ello, ofrece una imagen realista del proceso e impacto de la terapia filial.
Marli tenía cuatro años cuando fue colocada en un hogar sustituto después de que en repetidas ocasiones su madre alcohólica la había dejado sola con un amigo que gol- peaba a la niña sin cesar porque no podía dejar de llorar cuando estaba con él. Este fue un caso de negligencia, y aunque Marli tenía un gran apego a su abuela materna, tam- poco ella parecía una tutora apropiada por sus problemas de abuso del alcohol, por lo que mostraba conducta errática. A Marli le agradaba su familia sustituta, un ma- trimonio joven, pero tenía dificultades para controlar los arrebatos que presentaba de manera periódica debido al trauma, aunados a graves problemas conductuales. De ma- nera inesperada, Marli empezó a presentar ataques de furia en que gritaba, hacía hoyos en las paredes y amenazaba con lastimar a los padres sustitutos y quemar su casa. En ocasiones también trataba de patear a los padres. Al principio la pareja había mostrado
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