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165terapia filial

In document Fundamentos de Terapia de Juego (2a. Ed.) (página 176-178)

Risë VanFleet

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interés en adoptar a la niña si eso fuera posible, pero las dificultades para manejar su conducta hicieron que reconsideraran su decisión. Al no saber cómo controlarla, a me- nudo la amenazaban con enviarla a una institución si no se comportaba.

Marli y sus padres sustitutos fueron remitidos a los servicios de terapia de juego por la dependencia de cuidado sustituto. Después de la entrevista inicial y la evaluación familiar integral, la terapeuta recomendó la terapia filial como núcleo de un plan global de tratamiento que incluía terapia de juego individual para el manejo del trauma así como consulta con los padres para controlar el ambiente del hogar. Se consideró que la terapia filial dotaría a los padres sustitutos de las herramientas que necesitaban para estabilizar la situación, aliviar las tensiones y crear un ambiente cariñoso pero estructurado para Marli. Era probable que la niña se beneficiara de las sesiones de juego a medida que resolviera los senti- mientos relacionados con su historia de trauma y apegos rotos y estableciera una relación más sana con su familia sustituta.

Steve y Lauren, los padres sustitutos, estaban dispuestos a aprender a dirigir las sesiones de juego y cambiar la atmósfera negativa de su hogar. Expresaron que su deseo de adoptar de Marli se mantendría si fuese posible controlar y más adelante eliminar sus conductas extremas. Tres sesiones de entrenamiento de una hora les bastaron para aprender las habilidades de la sesión de juego. La terapeuta añadió una sesión adicional de juego simulado en que les enseñó cómo responder a material sumamente emocional o agresivo durante las sesiones de juego y los hizo practicar el establecimiento de límites.

A Marli le encantó tener la primera sesión con Lauren. Al principio jugó con cautela con los platos y alimentos de plástico, pero después de unos minutos salpicó el agua. Abría el recipiente y trataba de mojar a Lauren, quien se hacía a un lado y establecía un límite: “Marli, no puedes lanzarme agua ni mojarme, pero puedes hacer casi cualquier otra cosa”. Marli jugó luego con una muñeca y decía: “Esta es una bebé malvada. Puede hacer lo que quiera”. Después fingió que el bebé lanzaba el agua a Lauren. Con un poco de duda, Lauren pasó a la segunda fase del estableci- miento de límites: “Marli, recuerda que te dije que no podías mojarme. Si lo intentas de nuevo, dejaremos el cuarto de juego”. Marli contestó: “¡No fui YO, fue esa BEBÉ MALVADA!” Lauren guardó silencio en este punto, pero Marli no lo intentó de nuevo. En lugar de eso, jugó con el bebé en una esquina dándole la espalda a Lauren.

Durante la sesión de información realizada al final, la terapeuta examinó con Lauren los múltiples puntos buenos de la sesión de juego; la elogió por el uso de la escucha empática y su habilidad para reconocer algunos de los sentimientos de Marli, así como por su firmeza al establecer los límites; también le sugirió algunas formas de reflejar algunos sentimientos de enojo de la niña y una respuesta que podría usar si Marli intentaba culpar por su mala conducta a bebés malvados o a cualquier otra cosa: “Marli, yo sé que quieres mojarme, pero no importa si eres tú o los bebés malvados. Si vuelvo a ser mojada, tendré que dejar el cuarto de juego especial”. Lauren dijo que le aliviaba saber cómo manejar esta situación, y Marli no volvió a presionar.

Marli continuó con su juego desafiante en la siguiente sesión con Steve, aunque eligió otras conductas para poner a prueba los límites, como lanzarle objetos y tratar de subir a la mesa. La terapeuta analizó con Lauren y Steve la manera en que esos

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Principales enfoques teóricos

aspectos agresivos del juego no sólo pretendían poner a prueba los límites sino posi- blemente expresaban algunos de los sentimientos de enojo reprimidos de Marli por su dificultad en el pasado. Ambos padres admitieron esa posibilidad.

La tercera sesión de juego de Marli, que fue con Lauren, cambió un poco. La niña trató de romper un solo límite al inicio y luego jugó con los muñecos bebés durante el resto de la sesión. Le dijo a Lauren que tenían que ir a comprar algunos bebés y que debían elegir a los “buenos”. Lauren, en el papel que Marli le había asignado, fue a la tienda imaginaria y preguntó a la vendedora (Marli) si tenía algunos bebés buenos en venta. Marli le ofreció uno e intercambiaron dinero de juguete por el muñeco. Luego Marli le dijo a Lauren (ambas todavía en su respectivo papel) que debía cuidar bien de su nuevo bebé.

En el análisis posterior a la sesión, Lauren y Steve (que había presenciado la sesión desde una esquina del cuarto de juego) expresaron sorpresa de que Marli representara ese tipo de escenario de adopción. Se mostraron entusiasmados por continuar cuando empezaron a ver el potencial de las sesiones de juego para libe- rar algunos de los sentimientos y experiencias de Marli.

En la siguiente sesión de juego con Steve, Marli anunció que el bebé que había comprado era muy malo y procedió a darle nalgadas muy fuertes por una serie infi- nita de fechorías. Steve hizo un excelente trabajo al reflejar el enojo de la niña hacia el bebé, el hecho de que el bebé al parecer no podía hacer nada bien y lo frustrante que esto resultaba para Marli. En el análisis posterior, Steve dijo que había podido advertir con mucha claridad los sentimientos de la niña y sentir la intensidad de los mismos.

Debido a la dificultad para controlar a Marli, Steve y Lauren pidieron a la te- rapeuta que observara varias sesiones más antes de que las realizaran en casa. Fue durante esas sesiones que Marli empezó a hablar como bebé, a sentarse en el regazo de sus padres y a pedirles que le cantaran y le contaran cuentos. Había aparecido un tema de cariño. Marli también jugaba de manera regular con la pequeña figura de un novio vestido con un traje negro al que llamaba “el tipo malo”. En su juego, el tipo malo causaba mucho daño a diversos personajes, pero al final era enviado a la cárcel (una pequeña estructura hecha con cubos). Este juego parecía una reminiscencia de su enojo hacia el amigo de la madre que la había tratado tan mal.

Con tanta información relevante que se desplegaba ante ellos, Lauren y Steve desarrollaron un gran compromiso en el mantenimiento de las sesiones de juego. Se habían vuelto competentes en su realización y la terapeuta les insistía en que empezaran las sesiones más independientes en casa. Planearon que cada uno rea- lizaría una sesión especial de juego con la niña durante 30 minutos a la semana.

Durante su primera sesión de juego en casa con Steve, Marli puso a prueba dos límites, y al final acordaron “alimentar” a las muñecas. La niña preparó luego una comida imaginaria para que Steve la comiera, lo que él hizo con gran entusiasmo. Casi al final de la sesión, Marli empezó a fingir que era un monstruo aterrador que asustaba y atacaba a gente inocente, incluyendo a Steve. En otras sesiones le pidió a Lauren y Steve que simularan ser el monstruo y usaran máscaras. Les pidió que fueran aterradores, pero no demasiado. Ellos intentaron jugar como la niña deseaba. Aunque al principio se mostraba vacilante, Marli se volvió cada vez más audaz en sus esfuerzos por derrotar al monstruo, al que simulaba disparar y

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