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61terapia de juego analítica jungiana

Eric J Green

61terapia de juego analítica jungiana

niños contienen una función trascendente o arquetipo de autocuración (Allan, 1988; Fordham, 1994) que surge por medio de la producción del símbolo.

Los arquetipos forman la base de las actividades y conductas características que se asocian con la existencia humana, que son evolutivas y sobre las cuales avanza el desarrollo individual. Jung destacó la naturaleza afectiva de los arquetipos y creía que forman el vínculo entre los eventos psíquicos y el significado de la vida. Esos temas arquetípicos organizan las conductas de los niños y su comprensión es de primordial importancia cuando se sostiene la actitud analítica que se requiere para facilitar de manera eficaz la terapia de juego analítica jungiana.

Los terapeutas permiten la curación de los niños por medio de la seguridad in- herente a una relación terapéutica que no juzga y que atestigua el surgimiento del arquetipo de autocuración liberado de las psiques de los niños durante la terapia. El arquetipo de autocuración es un símbolo innato que promueve la curación por medio de la obtención de una conexión intrapsíquica bien adaptada entre el yo y el sí mismo (o self). El yo es la sede o facultad del razonamiento (el “yo” tal como lo conocemos), mientras que el sí mismo o self es el arquetipo organizador central que representa al yo ligado a la personalidad (o quizás el “alma”) (Green, 2009; Peery, 2003). Al unificar las oposiciones que afloran del interior, los niños logran un equilibrio entre las cargas del yo y el mundo externo (por ejemplo, el hogar, la escuela, los compañeros) y las necesidades del inconsciente personal (el mundo interno de los sentimientos).

La relación con la vida simbólica o la forma en que los niños relacionan sus símbolos internos es el punto central de la teoría de Jung sobre el crecimien- to psicológico (Jung, 1964). Jung creía que el desarrollo interno ocurre cuando un individuo reconoce y crea símbolos a partir de los sueños y fantasías y los sigue a dondequiera que conduzcan a través del proceso de imaginación activa. La psicología de Jung se centra alrededor del contraste del desacuerdo del yo que desciende al inframundo y su aprobación natural del mundo externo.

Los terapeutas de juego jungianos se enfocan en el papel de la psique en el desarrollo de la personalidad del niño. La psique se define como el centro del pensamiento del niño que regula las experiencias conscientes, como las con- ductas y los sentimientos. Jung (2009) explicó que la naturaleza evolutiva de la psique del niño es afectada por el inconsciente colectivo en la medida que las imágenes dentro del colectivo influyen en el proceso de individuación. El concepto de Jung del inconsciente colectivo era menos específico a la persona que el término inconsciente de Freud. Jung (1964) reemplazó la teoría freudiana del inconsciente personal (un depósito de recuerdos inconscientes y emociones reprimidas del individuo) con un inconsciente colectivo que contiene imágenes compartidas que sobrepasan la experiencia personal (o consciente) de un in- dividuo. El inconsciente colectivo consta de imágenes primordiales y motivos mitológicos que se manifiestan a menudo en los cuentos de hadas, los mitos griegos y las leyendas antiguas. Fordham (1994) llevó esto un paso más adelante y afirmó que la niñez (y no sólo la última parte de la vida adulta, como había argumentado Jung al inicio) es una época de individuación en que los niños uti- lizan los arquetipos dentro del inconsciente colectivo para crecer y asimilarse a

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Principales enfoques teóricos

su cultura. En los niños el proceso de crecimiento gira alrededor de la separación del yo respecto al sí mismo (self), mientras que en la adultez tardía el crecimiento ocurre a partir de la reintegración y alineamiento del sí mismo con el yo. En la niñez la individuación consiste simplemente en madurar o alejarse de la identi-

dad primaria (Astor, 1988), es decir, cuando el comportamiento de los niños en

relación con los objetos es como si sus fantasías acerca de ellos fueran realidad y los niños no tienen consciencia para percibir la cualidad de “como si”.

Jung creía que al nacer no hay consciencia del yo, y que el yo es el centro de la mente consciente. Afirmó que el yo está incrustado en el sí mismo. Fordham (1994) aseveró que al nacer el yo se desintegra (se disuelve), lo que es ejemplificado por el movimiento del ojo, la posibilidad de calmar a un bebé afligido, el chupeteo, ser tranquilizado y llorar, todo lo cual forma al yo. La desintegración del yo es seguida por la reintegración si el bebé es consolado por un cuidador. Cuando el niño reci- be un cuidado adecuado (es decir, es alimentado cuando tiene hambre, abrazado cuando tiene miedo, y se le cambia el pañal con regularidad), surgen introyeccio-

nes (imágenes internalizadas) positivas de los padres, lo que crea una sensación

de apego seguro. Los niños con un apego seguro están en posición de desarrollar habilidades saludables de afrontamiento y fortaleza del yo para resolver los sucesos adversos típicos del mundo externo. En algunos casos las necesidades primarias del bebé no son mediadas por un cuidador y el niño introyecta (internaliza) imágenes negativas de los imagos de la madre y el padre. Esas imágenes negativas son interna- lizadas como padres que no son lo bastante buenos, lo que crea defensas rígidas del yo (Allan, 1997). Las defensas del yo se vuelven inflexibles porque deben proteger al delicado yo del niño de la exterminación debido a numerosos sentimientos de abandono, negación y desdicha (Alan, 1988; Green, 2009).

Los terapeutas jungianos permanecen al nivel de sentimiento del niño (Allan, 1997). Los terapeutas del yo desean apresurarse, pero los analistas jungianos son observadores pacientes. Los jungianos reconocen que los niños deben ser tratados como individuos por derecho propio y no ser considerados como un mero síntoma dentro de un sistema familiar disfuncional. Antes de avanzar a la fase de trabajo en la práctica clínica, el terapeuta debe construir confianza con el niño y aceptar su personalidad. Una vez que se ha formado la confianza, el inconsciente del niño está libre para entrar al símbolo y éste se desintegra o es reducido a un sentimiento consciente o imagen reconocible. Por ejemplo, si un niño introvertido presenta ansiedad o un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el analista atestiguará qué imagen emerge con la neurosis del niño al ayudarlo a desconectar las energías del yo y pintar la imagen de la ansiedad. Los jungianos creen que al entrar al sentimiento del niño se cambia el afecto. La aproximación jungiana a la psicoterapia de juego depende de que los niños confíen en los símbolos y permitan que éstos los lleven a la curación por las imágenes de contención. Además, la naturaleza exitosa de la psicoterapia de juego jungiana depende del cultivo de la transferencia o, según lo describen lo jungia- nos, del trabajo en la transferencia. La psicoterapia sólo sirve si tanto el analista como el niño son cambiados dentro de las proyecciones de transferencia, fuera de las cuales ocurren la curación y el desarrollo.

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