Risë VanFleet
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cabo por el profesional pertinente. Aunque es posible emplear enfoques psicoedu- cativos en el modelo médico, las suposiciones y los métodos son muy diferentes. En un modelo psicoeducativo el terapeuta piensa más como educador. La intervención consiste en identificar el conocimiento y las habilidades que podrían ser de utilidad para el cliente, enseñar ese conocimiento y esas habilidades y ayudar a la persona o familia a adaptarlas y emplearlas en su propia vida. De esta manera se abordan los problemas psicológicos, emocionales, conductuales, sociales y del desarrollo. En este proceso resulta útil la formación clínica que ayude al profesional a identificar el conocimiento y las habilidades más útiles para afrontar las dificultades de la familia.
La terapia filial es un enfoque orientado al proceso, lo cual significa que los terapeutas esperan que si crean un ambiente empático, de aceptación y enfocado en el cliente, éste resolverá muchos de sus problemas. Aunque la terapia filial está diseñada para alcanzar varias metas del niño, los padres y de la familia, esto se logra mediante el fortalecimiento de las relaciones familiares. Es a través de este proceso que las metas son alcanzadas, por lo que los terapeutas se concentran más en la formación de la relación mediante el uso del juego que en metas específicas. Si el proceso está bien diseñado, como sucede en la terapia filial, y si es bien rea- lizado por un terapeuta con un entrenamiento apropiado, entonces se cumplirán las metas específicas. Es tarea del terapeuta mantener la integridad del proceso para que éste pueda obrar su magia.
En relación con esto, la terapia filial empodera a los niños, los padres y las fami-
lias. Los terapeutas se enfocan en el proceso, lo que permite que los niños y sus pa-
dres resuelvan muchos de sus problemas. En las sesiones de juego se proporciona a los niños considerable libertad para expresar libremente sus sentimientos y deseos, comunicar sus anhelos, resolver problemas y dominar sus miedos o traumas. Se pro- porciona a los padres las herramientas que necesitan para realizar todo su potencial como padres, pero se les deja a ellos las decisiones específicas de la crianza. Una vez que están mejor equipados con las habilidades desarrolladas en el proceso de la te- rapia filial, es más probable que los padres tomen decisiones y se comporten de ma- neras que aseguren el sano desarrollo psicosocial de sus hijos. Los terapeutas deben crear un ambiente seguro y de aceptación para los padres, y enseñarles a crear un am- biente seguro y de aceptación para sus hijos. Es en este clima de empatía, respeto, en- trenamiento de habilidades y apoyo que los padres obtienen confianza y equilibrio en su aproximación (tal como en el estilo autoritativo de crianza recomendado por Baumrind [1971]), y son sus hijos quienes cosechan los beneficios.
Los terapeutas que utilizan la terapia filial involucran a los padres como ver-
daderos compañeros en el proceso. Los terapeutas aprenden a valorar la infor-
mación y las ideas que los padres aportan al proceso, ya que éstos son en verdad los mejores expertos del mundo en sus propios hijos. Es posible que no hayan tratado bien a sus hijos, sus relaciones pueden ser conflictivas y dañadas, sus habilidades de crianza quizá sean muy deficientes, pero aun así conocen a sus hijos y saben qué esperar de ellos mucho mejor de lo que podrá saber cualquier terapeuta. Los padres conocen los hábitos, tendencias, preferencias y reacciones de sus hijos de- bido a que viven con ellos. Sus relaciones son íntimas, aunque no sean ideales. En esencia, los padres comprenden el contexto en que viven ellos y sus hijos, y esto
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Principales enfoques teóricos
es una información vital para la terapia. En la terapia filial el terapeuta trata a los padres con el respeto, la sensibilidad y la empatía que merecen, lo que contribu- ye a formar una relación terapéutica verdaderamente colaborativa. El terapeuta lleva a la terapia familiar su conocimiento especializado sobre desarrollo infantil, y añade la terapia de juego a la ecuación, mientras que los padres proporcionan la “inteligencia” sobre el escenario. En ocasiones es difícil forjar dichas colabora- ciones, en especial con los padres que son obligados a asistir por la corte o que tienen desconfianza de la terapia, pero los esfuerzos por atraerlos y apoyarlos en el proceso de la terapia filial se ven recompensados por su participación y cambio verdadero, lo que garantiza también mejores resultados para sus hijos.
Los clínicos que utilizan la terapia filial también aprecian el valor y uso del
poder del juego en la formación de un apego sano, el fortalecimiento de las rela-
ciones y la solución de problemas individuales y familiares. El juego es la forma principal por la cual los niños aprenden acerca del mundo, se expresan y desarro- llan sus habilidades físicas, sociales, cognitivas y emocionales (Brown y Vaughan, 2009; Elkind, 2007; Ginsburg, 2007; Sutton-Smith, 2008; VanFleet, 2000). Van- Fleet (2008b) definió a la terapia de juego como “un campo amplio que usa la inclinación natural de los niños al juego como una forma de crear un ambiente terapéutico emocionalmente seguro que aliente la comunicación, la formación de relaciones, la expresión y la solución de problemas en el niño” (p. 15). Muchos consideran que la terapia de juego es el tratamiento de elección, sensible al desa- rrollo, para la mayoría de los problemas infantiles.
Metas de la terapia filial
Aunque la terapia filial es una terapia orientada al proceso, está diseñada para cumplir varias metas. En general, su meta es contribuir al fortalecimiento de las familias por medio de la obtención de relaciones más satisfactorias basadas en el amor, la comprensión, la confianza, la seguridad, la lealtad, la pertenencia, la compasión, la compañía y el disfrute (Cavedo y Guerney, 1999). Los problemas tienden a desaparecer cuando se satisfacen esas necesidades de los miembros de la familia. Además, las metas de la terapia filial son congruentes con los estu- dios sobre los estilos de crianza más eficaces (por ejemplo, la aproximación de la crianza autoritativa de Baumrind [1971]). Guerney (1997) sugirió que la terapia filial enseña a los padres a desarrollar las actitudes y conductas asociadas con los padres de los niños socialmente competentes. Su investigación sugiere también que cuando los padres muestran empatía durante el juego libre, los niños exhiben por lo general un comportamiento más dócil a los deseos de sus padres (Guerney, 1997). También se encontró que lo contrario era cierto: los niños eran menos obedientes cuando sus padres ejercían mucho control o se entrometían durante los periodos de juego libre.
En concreto, las metas de la terapia filial pueden dividirse en tres áreas. Prime- ro, la terapia filial está diseñada para ayudar a los niños a a) reconocer y expresar sus sentimientos de manera constructiva y precisa, b) aumentar su autoestima y confianza, c) eliminar sus conductas inadaptadas, d) desarrollar habilidades de solución de problemas, e) lograr dominio de sus temores y otros sentimientos, f)
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