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doncellas huérfanas y pobres por no tener con qué poder casarse, suelen hazer muchos hierros a donde Dios es deservido”.298 La abundancia de esta obra pía en Sevilla respondía al hecho de que era lugar de gran afluencia de inmigración tanto de hombres como de mujeres, generando con ello un incremento de la prostitución y las uniones extramatrimoniales.

En Sevilla, las instituciones religiosas preferidas por los fundadores de patronatos de dotes de doncellas (sin trabajar a cambio) eran la Casa de la Misericordia, la catedral y las cofradías.299 Los tipos de dotes entregados en forma gratuita eran dinero o ajuar. La convocatoria era pública, donde se indicaban las condiciones. Estas dotes estaban destinadas, en general, a doncellas pobres, huérfanas, cristianas viejas, de buena vida y fama, aunque acotadas geográficamente a determinadas collaciones o villas según voluntad del fundador del patronato. En todas las instituciones de donde poseemos noticias se realizaba el nombramiento y entrega de dotes una vez al año, salvo excepciones, hasta dos veces. La institución nombraba una comisión que examinaba las solicitudes, eligiéndolas por designación o por sorteo. Se hacía un seguimiento de cada doncella nombrada por un visitador. La entrega de las dotes era pública, previa procesión por las calles de Sevilla y después de haberse casado y velado ante la presencia de un testigo, enviado por el patronato a dotar.

2.5.1. La dote entregada por instituciones como un incentivo para disminuir el número de mujeres solteras en las ciudades

Las ciudades en la Edad Moderna, por lo general, albergaban una mayor población femenina que masculina, por lo que muchas de ellas no lograban casarse. Mujeres solteras que vivían solas o formando un tipo de familia de mujeres solas que se reunían entre ellas para tratar de sobrevivir en ciudades peligrosas. Esta práctica se realizó entre mujeres de todo estamento social, desde las hijas no herederas que no lograban casarse y no se quedaban en la casa de sus padres o hermano heredero y pasaban a vivir de modo independiente, después de recibir la parte legitima heredada y con frecuencia, otras más pobres, que se juntaban con otras mujeres, sobreviviendo del ejercicio de algún oficio. Las mujeres formaban eficaces redes de emigración que asociaban a hermanas, tías, sobrinas, etc. Se trataba de verdaderas colonias femeninas en un escenario, el urbano, hostil para las mujeres solas, en el cual se desvanecían las solidaridades familiares y vecinales de su entorno habitual.300 Ya desde el siglo XVI, Sevilla era una ciudad ocupada en su mayor parte por mujeres, según el cronista Luis de Peraza.301 Una situación que se mantendría hasta finales del Antiguo Régimen.

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SÁNCHEZ HERRERO, J. (1997: 189): Se trata de la hermandad y cofradía de la Soledad de Nuestra Señora de Castro del Río (Córdoba) 1574, canon 32.

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DÍAZ HERNÁNDEZ, J. M. (2003: 143): En realidad, toda ciudad de importancia en la Monarquía hispánica y aún antes creó una capilla para dotación de doncellas en su catedral, por ejemplo la Santa Capilla de San Andrés en la catedral de Jaén, aunque posteriormente trasladada a la iglesia de San Andrés, de dicha localidad. Institución de gran repercusión en la vida local. Tuvo un buen número de bienes y posesiones que sirvieron para realizar una importantísima labor social y benéfica. Globalizadora de muchos patronatos que se fueron añadiendo en el trascurso de los siglos al primer patronato fundado por Gutierre González Doncel, clérigo giennense, residente en Roma, donde llegó a formar parte de la familia pontificia, siendo secretario de León X. La fundación de esta institución tuvo lugar en 1515. Se encargaba no sólo de dotar a doncellas pobres, sino educar a niños en la doctrina cristiana y vestir pobres.

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PERRY, M.E. (2012: 158 y 197): Un informe de 1667 sobre la pobreza de Sevilla reflejaba doscientos sesenta y un familias dirigidas por mujeres y solamente trece por hombres en la parroquia de la Catedral. Las mujeres eran frecuentemente abandonadas por maridos en paro o con empleos precarios que emigraban para probar fortuna en otras ciudades, el ejército o las Indias. Algunos extranjeros se casaban con sevillanas para disfrutar de determinados privilegios políticos y económicos y luego las abandonaban. También habían muchas solteras y viudas. Por eso, un informe sobre las obras de caridad que se hicieron en Sevilla en 1670 describía un gran número de viudas y solteras que no tenían más ingresos que los de su propio trabajo, si es que lo tenían. Estimaba que cada una podía ganar solo un real al día, y el pan costaba cinco reales. Y muchas terminaban en la prostitución; REY CASTELAO, O. (2009a:145).

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Este fenómeno se debía a que el número de mujeres en los tramos de edad nupcial en las ciudades era mucho más alto que el de hombres y eso tenía importantes consecuencias a la hora de casarse, por lo que una parte de ellas estaban destinadas a permanecer solteras. Una vez que las jóvenes terminaban su contrato laboral que incluía dote de sus amos o de instituciones, se las despedía y al no lograr casarse, muchas permanecían en las ciudades y no retornaban a sus pueblos de origen. El contrasentido de esto estaba en que las autoridades castigaban a las mujeres que no estuviesen bajo el amparo de hombres, fuesen amos, esposos, hermanos o instituciones y se desplazasen libremente por las calles como las regatonas. A veces en su impotencia, las autoridades daban plazo de unos días para tomar amos y ordenar este supuesto desorden. También se sospechaba de la libertad de las costureras y de toda mujer que se mantuviese económicamente sin el soporte de un hombre. Incluso no se veía bien que solteras acogiesen a jóvenes como aprendices en las labores domésticas. Recaía sobre estas mujeres la sospecha de ser una alcahueta que atrajese jóvenes para el ejercicio de la prostitución. En Ferrol, en 1767, el alcalde mayor había prohibido que las mujeres de menos de cuarenta años pudieran vivir solas, teniendo que irse, si no se empleaban como criadas, so pena de cárcel o destierro, lo que se extendía a quienes las alojaran. Asimismo, en 1776 continuó insistiéndose en el mandato de que las mujeres solas abandonaran la ciudad.302

En este contexto, las casas pías como la Misericordia y el hospital de San Hermenegildo en la capital hispalense ofrecía lo que la sociedad patriarcal exigía a las jóvenes mujeres inmigrantes que viniesen a trabajar, recluirse bajo la responsabilidad de un varón, fuese amo o institución civil-religiosa donde pudiese ejercer su trabajo, sin crear desorden en el sistema y para bien de ellas mismas ante una sociedad violenta estructuralmente hacia las mujeres, quienes ya había encontrado medios de sobrevivir agrupándose entre ellas, fundando beaterios y ayudando a otras mujeres a vivir en otras opciones más accesibles económicamente que no fuesen los conventos, que eran instituciones de difícil entrada por las elevadas dotes, ni el matrimonio, al que muchas mujeres rehuyeron por el miedo a los partos y la vida difícil que representaba. Este ataque frontal de ciertas mujeres al sistema de agruparse juntas para sobrevivir, no fue bien vista por las autoridades civiles y eclesiásticas. En consecuencia, las autoridades sólo permitieron tener tienda a las casadas y viudas, so pena de mil maravedís y diez días de cárcel si alquilaban casa, cama o cuarto a moza sola mayor de doce años, sin marido. Las casadas y viudas solo podían recibir a jóvenes entregadas de mano de sus padres para que aprendiesen a lavar, a coser o a laborar en algún oficio femenino y nada más, so pena que serían públicamente reconocidas por alcahuetas. También, las jóvenes tendrían que pagar una multa de trescientos maravedíes, diez días de cárcel y un año de destierro.303 De esta manera, la sociedad patriarcal estaba asociando a estas mujeres solas o agrupadas con la prostitución.

Desde el punto de vista legal, las mujeres viudas y solteras disfrutaban de un estatus jurídico similar al del varón; sin embargo, las autoridades urbanas no cesaron de denigrar a las solteras que vivían manteniéndose a sí mismas, conminándolas a que se recogiesen con sus padres o que buscasen amo a quien servir, e incluso les prohibieron o dificultaron, ganarse la vida con ciertos trabajos. No se alentaba a que las mujeres pudiesen mantenerse solas sin ayuda de un varón, pues estaban cuestionando el sistema patriarcal.304 Entre 1581-1582 las autoridades

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REY CASTELAO, O. (2009a: 33): Por ejemplo, según las investigaciones de esta investigadora, el déficit de varones había aumentado en la ciudad de Santiago de Compostela sobre todo en edad laboral de quince a veinte por ciento en la ciudad en 1787. Así, entre los varones de dieciséis a veinticinco años, había sesenta y nueve frente a ochenta y siete mujeres de esa edad y entre los varones de veinticinco a cuarenta años, había noventa frente a ciento doce mujeres de iguales características.

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Ibídem (2009a: 212): En este mandato municipal aparecen dos figuras características del meretricio, las alcahuetas y los rufianes, prohibidos estos por ley de 1469 y muy castigados. En Compostela, estas “madres” muy bien podían ser las mujeres recateras que traían mozas de las aldeas y consentían que tuvieran rufianes cuando teóricamente debían emplearlas como criadas. A finales del XVIII, las ordenanzas de la ciudad reiteraban severas disposiciones contra ellas.

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NAUSIA PIMOULIER, A.(2006 :233 y 244): En el caso de la viuda, un enorme recelo despertaba esta condición, pues la viudedad suponía un peligro potencialmente mayor que cualquier otro estado femenino por cuanto la mujer carecía de una figura masculina que la controlase.

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