indianas. En el virreinato del Perú se llegó al extremo de fundar conventos con el simple propósito de depositar ahí a toda la prole femenina familiar, pues les salía más barato esto que dotar a cada una. Las mujeres representaban el honor familiar y no podían hacer uso de su libertad por la capacidad que tenían de procrear con cualquiera y mancillar el linaje paterno. Una niña al nacer significaba división del patrimonio familiar, al menos para los estamentos altos y para los pretendientes significaba la oportunidad de acceder a estos linajes o a los círculos cerrados de la élite (emparentando con ellas), hacer fortuna o engrandecer la propia y demandar la dote que por la fuerza de la costumbre, se había hecho ley, y tenían derecho sus futuras esposas. En la mayoría de los casos, eran los pretendientes quienes dictaban las condiciones del acuerdo, y algunos hombres aprovechaban y exigían mucho más de lo debido. La familia de la dotada accedía cuando entendían que era un buen partido del cual obtener réditos.
La dote de las monjas resulta diferente en la forma, el contenido y la función con respecto a la que se daba a las mujeres que se casaban. En las colonias castellanas, estas dotes servían como entidades crediticias y patrimoniales que volvían censos de cuyas rentas vivían las monjas hidalgas. El dinero captado de esta manera estaba a disposición de la comunidad religiosa o de la monja a título individual y era puesto a circular a través de préstamos hipotecarios (censos), lo que convertían a estos lugares de oración-conventos- en las únicas fuentes de capital de algunas regiones basadas en la economía agrícola.230
Aproximadamente, las dotes elevadas estaban sobre los diez mil reales, las de tipo normal o medio de dos a diez mil reales y las dotes pequeñas por debajo de los dos mil reales231. Aunque una cantidad fuere escasa, una dotada podía considerarla suficientemente importante como para ser llevada a escritura pública y resguardarla para proteger su futuro; sin embargo, existirían otras dotes de igual o mayor o menor cuantía, que no llegaron a ser escrituradas.
Hay que tener en cuenta que estas obras pías se mantenían sin el menor reajuste a lo largo del tiempo y la cantidad legada estaba sometida a inflaciones y desvalorizaciones monetarias que la hacían cada vez menos apetecibles. Así y todo muchas se mantuvieron hasta el siglo XX más por tradición y prestigio familiar que por el verdadero motivo por la que se creó que fue casar a la jóvenes con personas de su mismo nivel socioeconómico. Un ejemplo de dotes que nacieron en la modernidad que continuaron en la contemporaneidad sería el de una obra pía para dotación de doncellas de linaje en Santiago de Chile que duró desde 1777 hasta 1969. Dote anual de mil pesos a doncellas pobres del linaje de Nicolás de los Olivos y Hurtado de Mendoza, para matrimonio o convento. El testamento indicaba que si no hubiese doncella de su linaje, el obispo elegiría a la joven. El testador dejó un patrimonio de cuyas rentas mantendrían esta dotación que duró 192 años. Las beneficiadas fueron las descendientes de su sobrino, pues el testador fue soltero y no dejó descendencia directa. En 1820, el Estado expropió las propiedades, pero asumió el pago anual de las dotes, luego lo haría el Fisco. El 24 de mayo de 1968 a través de la ley16.840 que en su artículo 192 extinguió la obligación del Estado de pagar los réditos de los censos venciendo el 31 de diciembre de 1969.232
A) Dotes de nobles
Los estudios de dotes se han hecho a partir de este estamento por su abundancia en los archivos, por lo que el resultado es que se ha considerado la dote como exclusiva de la élite, haciendo énfasis en su carácter de alianza patrimonial y estudiando su función desde el punto de
230
GOMEZ NAVARRO, S. (2004: 87): La dote constituía uno de los ingresos básicos de las comunidades religiosas femeninas del Antiguo Régimen e instrumento de su gestión patrimonial; que su aportación efectiva sólo era obligatorio realizarla en el momento de la profesión religiosa, como mandaba el Concilio de Trento. Los que tenían parentesco con los fundadores y las que prestaban servicios musicales no lo pagaban.
231
DÍAZ HERNÁNDEZ, J. M. (2003: 190, 193 y 194).
232
80
vista de la estructuración de las élites, la conformación de linajes y la transmisión de las herencias. Subrayando sólo el significado jurídico y económico de la dote por la profusión de fuentes normativas y cartas contrato de dote; sin embargo, se olvida su carácter simbólico, social, cultural y religioso, además de su papel en la constitución de la identidad de las élites.
Son de sobra conocidos los arreglos matrimoniales entre la burguesía enriquecida y la nobleza. En Indias eran comunes estos arreglos matrimoniales entre comerciantes y descendientes de beneméritos y encomenderos, mientras que en la metrópoli no lo eran tanto porque estos casamientos desiguales, no estaban muy bien vistos y con frecuencia daban malos resultados.233Se plantea que cuando las familias eran nobles, pero con problemas económicos, la tendencia era casar sus hijos con mujeres de menor estatus que aportaran buenas dotes. En caso contrario, cuando eran ricos, pero de posición baja, buscaban mujeres que les trasmitieran su prestigio. De esta manera permitía a los ricos comerciantes, mineros emparentar con los nobles, dueños de tierras, que eran atraídos por el dinero, y por otro lado impedía el acceso al grupo de la elite de aquellos que no tuvieran la fortuna necesaria.234
La dote en los estamentos altos podría considerarse un acuerdo “matrimonial-
patrimonial”, que permitía arreglar matrimonios y proporcionar prestigio al nuevo hogar, es
decir, las mujeres fueron instrumentos de alianzas matrimoniales y de aportación de capital mediante las prácticas dotales.235 Aunque el padre de la doncella noble tenía que transmitir parte de su patrimonio para dar una buena dote a su hija, los beneficios que podían obtener con las alianzas justificaban ampliamente la inversión para disfrute propio y de sus descendientes. En el caso de las grandes dotes que pertenecían al estamento nobiliario la entrega de la dote se hacía próxima a celebrarse el matrimonio.236 En estos supuestos constatamos que el compromiso
233
DOMINGUEZ ORTIZ, A. (2003: 53): Los tratadistas religiosos aconsejaban que no se realizaran matrimonios desiguales estamentalmente, así, Fray Juan de Guardiola indicaba “El que no casa con su
igual a su hija le fuera menos mal enterrarla que no casarla, porque si muriera llorándola un día, y estando mal casada la llorarán cada día. El mercader rico, el escudero pobre, el labrador cuerdo y el oficial plebeyo no han menester en sus casas nueras que se sepan afeytar, sino nueras que sepan muy bien hilar, porque el día que las tales presumiesen de estrado y almohada, aquel día se pierde su casa y se va a lo hondo su hacienda. Vuelvo a decir que se guarden los tales de meter en sus casas a yerno que se alabe de muy hidalgo, que presuma de correr un caballo que no sepa sino pasearse por el pueblo, que se alabe de muy cortesano y que sepa mucho de naipes y tablero, porque en tal caso lo ha de ayunar el pobre suegro”. (“Tratado de la Nobleza y de los Títulos y Dictados que hoy día tienen los varones claros y grandes de España”. Madrid, 1591, capítulo 3).
234
DÍAZ HERNÁNDEZ, J. M. (2003: 78): En Francia se dio la generalización de la dote, costumbre que forzaba a la alta nobleza a elevados gastos suntuarios y a dotes ruidosas para mantener su rango, dejando a la mujer al margen del reparto de las tierras, transmitiéndolas solamente al primogénito lo cual llevaba a la familia a un considerable endeudamiento, parcialmente amortiguado en muchas ocasiones por la generosidad real que daba prebendas a este grupo social para tales efectos. La obligación que existía en Francia de trasmitir el patrimonio a las hijas, en caso de no haber varones, hace que los segundones se dediquen a una caza de estas dotes, para asegurarse el estatus social y económico.
235
ROBLES VIZCAÍNO, S. (2012: 237): A los esposos se les imponían las estrategias familiares y los deberes religiosos o sociales, relegando el amor entre personas, puesto que el matrimonio era un espacio de reproducción y no de pasión. Las estrategias de poder llevaban a matrimonios endogámicos entre los nobles, realizados entre personas próximas al entorno familiar para mantener o ascender socialmente; IGLESIAS RODRÍGUEZ, J.J. (2008:199). Dotes que podrían fluctuar en Sevilla de dieciséis mil ducados a ocho mil en el siglo XVII. Este autor remarca el papel de las mujeres como agentes de alianzas familiares, como aportadoras de capital y como propietaria;
236
IGLESIAS RODRÍGUEZ, J.J. (2008: 108, 113 y 116): Era una norma entre las familias de la nobleza local concertar y capitular el matrimonio de sus hijos con alguna anticipación e incluso hacer entrega de los bienes dotales previamente, muy seguros como estaban de que el matrimonio se llevaría a efecto, sin ningún contratiempo y que dichos bienes servirían en todos los casos para el sostén y confort del matrimonio y el mutuo beneficio social y económico. Entre las hidalgas, tras una carta de dote, venía escriturada la carta de capital que aportaba el marido y que disipaba pronto las dudas acerca de que pudiera tratarse de un hombre con pocos medios en busca de la caza de esta cuantiosa dote. Además, se debe tener en cuenta que la dote se equilibraba con aportación de arras por parte del marido y escritura de capital que indicara la igualdad social y económica el marido. Sin estos componentes se podría detectar una posible ambición de lucro dotal por parte del esposo.