hermandad traía relación específica de las calidades y condiciones de las jóvenes. El número de nombradas dependía de la capacidad de la hacienda en cada año. No todos los hermanos podían nombrar, sólo los que hubiesen cumplido con sus responsabilidades anuales. Los nombres de todos los hermanos que cumplían con las condiciones para participar en la elección de las nombradas se echaban en una urna y otras tantas cédulas blancas en las cuales iban escritos la palabra dote en otra urna. Se sacaba una de cada urna y se unía, dándolo a los priores que presidieran el cabildo y éstos al contador quien lo escribía en un libro. De esta manera se elegía a cada uno de los hermanos que le había tocado el nombramiento de dotes.
Las jóvenes elegidas se debían acercar con su fe de bautismo, información que justificase su nacimiento en Sevilla o sus arrabales, fe de vecindad de sus padres y el nombramiento del hermano que le tocó en suerte. El secretario recibía estos documentos, quien apuntaba a la doncella nombrada en el “Libro de dotadas”. Se anotaba su nombre y el de sus padres, lugar de nacimiento, el día de su bautismo con las señas más notorias de su persona y a cambio recibían una cedula con un número.
Acto seguido, los priores, consiliarios, oficiales se repartían entre sí las visitas a realizar a las doncellas. Cada uno de estos hermanos iban a la collación o barriada donde vivía la doncella a informarse, visitando al cura de la parroquia, vecinos y otras personas que la conociera, averiguando sobre su estado, vida y honestidad, si era soltera o casada, si procedía de legítimo matrimonio y si era hija de negros, mulatos o moros, para excluir a la nombrada que no cumpliera con los requisitos exigidos para la entrega de la dote.
Cada año, las doncellas nombradas se reunían por la mañana en la capilla de la Anunciación en el día de la Natividad de María, el 8 de septiembre.312 Ese día se juntaban los priores, el secretario y el tesorero en la capilla de las doncellas para comprobar si las jóvenes que habían concurrido coincidían con las nombradas y visitadas, comprobándolo con las señas indicadas en los informes. Además, las doncellas se acercaban a la capilla con una madrina, quien juraba que eran las nombradas.
La ceremonia empezaba con una misa rezada en la capilla por uno de los capellanes que al terminar coincidía con la procesión encabezada por el arzobispo y el cabildo catedralicio que al pasar por la capilla de la Anunciación recogían a los que salían de ella: los tres priores de la cofradía y sus consiliarios, con los demás hermanos de la hermandad de dos en dos con las velas blancas encendidas y entre ellos una doncella dotada con una dueña que la llevaba de la mano.313 Todas las doncellas de dote llevaban mantos de grana blanca y por este orden iban saliendo cada una. La procesión se dirigía al altar mayor de la catedral donde se ponían los escaños para que asistieran las autoridades de la hermandad a la misa y al sermón con música por las almas del fundador y benefactores de la hermandad. Acabado el oficio, los cofrades y las doncellas volvían en procesión a la capilla de las doncellas.
La constitución o reglamento indica que se le entregaba a cada dotada al final de la ceremonia un papel de molde con el que intercambiaba la dote prometida al efectuarse el matrimonio.
Efectividad de la dote: el matrimonio. La cantidad de la dote entregada era de dieciocho mil setecientos maravedíes, aunque se daba licencia para aumentarla según las limosnas entregadas, pero iguales para todas.
La doncella se acercaba al aproximarse la fecha de su matrimonio al secretario de la hermandad y le entregaba el papel de molde que le habían dado el día de la procesión y solicitaba un certificado de nombramiento de dote, llevándolo al contador para que lo escribiera en el libro correspondiente. El prior elegía a dos cofrades para que sirviesen de testigos del casamiento y confirmaron si se trataba de la misma doncella nombrada. También, comprobaban si la fe de bautismo entregada al secretario correspondía a la de la parroquia donde hubiese sido
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Esta capilla tenía permiso para absolver pecados ocho días antes y después de la fiesta de la Anunciación, realizada por presbíteros, seculares y regulares de cualquier orden y mendicantes.
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Según la constitución indica que cuando pasaba la procesión de la iglesia por la capilla, iban saliendo las doncellas de una en una, con sus velas de cera encendidas y con cada una un cofrade.
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bautizada la joven. Finalmente, los cofrades presentaban una certificación. Las dotadas no podían casarse, sin notificarlo al secretario, si no lo hacían perdían la dote y su nombramiento. Las doncellas que no podían aportar los documentos necesarios, no se les dotaba de los bienes y limosnas de esta capilla, por lo que se nombraba a otras que tuviesen las mencionadas cualidades.
Se entregaban las dotes el martes tercero de la Pascua de Resurrección de cada año. Se reconocía la fe de nombramiento de dote, la fe de matrimonio y de velación, la fe de asistencia al matrimonio por el cofrade y carta de pago a la capilla de la Anunciación a favor de la nombrada, realizado por un escribano público.
B) Las dotes a doncellas pobres de la cofradía o hermandad de la Santa Vera Cruz de Sevilla.
La cofradía de la Santa Vera Cruz se fundó en la ciudad de Sevilla hacia 1448, siendo su fin principal la dotación de doncellas para tomar estado de casadas o de religiosas, así como la redención de cautivos. Esta hermandad constituye una de las más tempranas en entregar dotación para tomar estado a jóvenes pobres de este estudio. En cuanto al tema que nos interesa cumplió esta finalidad hasta 1832. La cofradía y sus hermanos se reunían el día de San Bernabé, el 11 de junio, cuando elegían a los oficiales (administrador, secretario, visitadores….), encargados de la dotación de doncellas. Se elegían y nombraban a las doncellas dotadas en los meses de abril y noviembre, las cuales salían en procesión el día de la fiesta de la Santa Cruz (3 de mayo) y el día de la fiesta de la Limpia Concepción de María (8 de diciembre). Posteriormente a dicho acto la doncella se podía casar y velar, avisando a la hermandad para que enviara a dos diputados, quienes, en dicho acto, le entregaría la dote. Así, se realizaba el nombramiento y la entrega de dotes dos veces al año.
La elección de las doncellas nombradas a la dote se hacía por sorteo, o bien designadas por los oficiales, siendo una dotación de doncellas pobres de carácter abierto, al admitir a cualquier doncella participar en el reparto de dotes. Ambas opciones -designación y suertes- fueron válidas desde 1599 hasta 1613, cuando la institución estableció, según sus normas, nombrar a las afortunadas a dotes entre las hijas de hermanos de la cofradía y doncellas cofrades que habían pagado para ser admitidas como tales. Desde entonces, se convirtió en una dotación de doncellas pobres de índole cerrada. Sin embargo, por el alto número de pretendientas, se las sometía a sorteo, y a las que no habían tenido suerte se las incluía en el próximo sorteo.
La cofradía de la Santa Vera Cruz de Sevilla administraba los diferentes patronatos que encomendaban sus bienes y juros a la realización de sus voluntades, otorgando dotes a doncellas pobres de entre once mil quinientos a dieciocho mil setecientos maravedíes, es decir, de veinticinco a cincuenta ducados, que constituía generalmente el tope máximo de una ayuda para tomar estado de casada de una mujer pobre. Esta hermandad recibió a más de diecisiete patronatos exclusivos para la dotación de doncellas pobres y se atenía a las rentas y las condiciones de cada uno de ellos. También administró otros patronatos en las que esta obra pía no fue prioridad, destinando una o dos dotes cada año, si es que lo podían hacer. Por ejemplo, doña Catalina de Ribera, fundadora del hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, fundó un patronato de dotes de doncellas pobres para tomar estado de casada bajo la administración de la cofradía de la Santa Vera Cruz. Llama la atención que Catalina de Ribera no haya dejado especificado la dotación de doncellas pobres en el hospital sevillano que fundó, encomendando esta misión a la buena voluntad de los patronos del hospital. En los archivos de la cofradía de la Vera Cruz se han encontrado una serie de dotes con un valor de cincuenta ducados cada uno del patronato de Catalina de Ribera; sólo han llegado noticias de veintidós dotes entregadas entre 1701 a 1830. En este contexto se podría indicar que en Castilla de la segunda mitad del XV, algunas nobles tendieron a crear hospitales para mujeres y a fundar patronazgos en cofradias para dotar a doncellas pobres. El imitar la santidad era tan atractivo y prestigioso entre las mujeres nobles como la conquista lo era entre los hombres. Estaba tan bien visto y daba tanta satisfacciones a estas mujeres aproximarse al modelo de santidad que muchas orientaron sus vidas, principalmente al final de las mismas, como la reina de Castilla, Isabel, a cuidar enfermas en hospitales creadas por ellas mismas. Algunas mujeres nobles lo hicieron, como Catalina