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este hecho entraría en contradicción con la idea instalada en la mentalidad colectiva de que el amo debía velar por los intereses de la muchacha, protegerla como si un miembro más de la familia se tratase, por el traslado de la responsabilidad paternal al amo.

La juventud y la virginidad de una doncella eran muy apetecibles para muchos hombres y los violadores eran en la mayoría de los casos personas que conocían, trataban diariamente a estas muchachas o al menos estaban al alcance de ellos visualmente. Estas mujeres de baja condición social estaban expuestas a este tipo de violencias y no estaban protegidas por la justicia de la misma forma que las hidalgas y eran distintas las penas y por lo tanto la valoración de la virginidad y el honor entre las jóvenes de distintos estamentos.

Igual que en la sociedad medieval, la sociedad del Antiguo Régimen, “bien por

desinterés, bien por falta de medios, sólo se comprometía a garantizar el honor y la integridad de las mujeres que permanencia recluidas en el ámbito familiar”.274 Es por eso que se pedía que las mujeres viviesen recluidas para su propia protección ante una sociedad patriarcal consciente de la violencia estructural hacia la mujer que vivía sin protección de su propia familia. De esta manera, la reclusión no sólo estaba destinada a las monjas, sino a toda mujer laica que se encontrase en condición de orfandad, sin vigilancia masculina, fuese niña, adolescente, mujer o anciana.275 Se crearon establecimientos cerrados al mundo, fomentados por el poder político y religioso– casas doctrinas, beaterios, recogimientos, galeras, casas de probación, asilos276 – que acogían mujeres solas de forma temporal o permanente, con la intención de vigilar su honestidad y “protegerlas del mundo” o corregirlas para “proteger al mundo de estas mujeres” por exponerse libremente y “separarlas de los hombres”. Es decir, la mujer que andaba libre por la ciudad estaba expuesta más fácilmente a la violencia,277 generalmente mujeres pobres que

acarrear agua, etc., y el salario desde un ducado a quince reales al mes y a los padres también se le pagaba una cantidad en el momento del contrato, según el tiempo de servicio. De esta manera, la muchacha se aseguraba alimentación, dinero, cobijo, atención en enfermedades y una dote, pero en otros casos no les pagaban y eran explotadas. No fueron infrecuentes las reclamaciones por pago impuntual. Este colectivo estuvo propenso a la violación violenta y a la seducción o engaño por falsa promesa de matrimonio que accedieron a tener relaciones sexuales con los estupradores, negándose después a cumplir su palabra. Los casos de criadas violadas fue alto. Los hombres sabían que las criadas estaban solas y no tenían el amparo de su familia. El perfil del violador era habitualmente soltero que atacaba a jóvenes indefensas. Ante la Justicia, las muchachas exigían satisfacción monetaria en la forma de dote para restituir su honor y poder colocarse en el mercado matrimonial en condiciones aceptables para la mentalidad de la época. Si había un embarazado implicaba crianza hasta matrimonio, pero la indiferencia social hacia que la violentada se conformara con una dote. Las pocas denuncias generalmente provenían de mujeres violentadas con resultado de embarazo. Según la investigación de esta historiadora, en Vitoria, Toledo, Burgos y Salamanca en el XVIII, el porcentaje de estupro era del catorce por ciento, estupro con embarazo e incumplimiento de palabra el veinte por ciento y el estupro con embarazo el sesenta y seis por ciento. Es interesante anotar que el mayor porcentaje de violadores estaban entre los amos con un treinta por ciento, seguido de los vecinos con un veinte por ciento, los compañeros de trabajo con un dieciocho por ciento, los hijos del amo con un once por ciento, y el restante por los sobrinos del amo, hijos del ama, huésped, cuñado y amigo del amo.

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PÉREZ DE TUDELA, M.J. (1988: 161).

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La reclusión se practicaba en el Antiguo Régimen de forma bastante extendida para vigilar el honor y castidad de las mujeres honestas y controlar a las descarriadas para poder “protegerse” la sociedad patriarcal de sus costumbres, robos y enfermedades venéreas. La diferencia entre ambas reclusiones fue el grado de violencia física y sicológica aplicada sobre las mujeres internas y, también, la contradicción que constituyeron algunos tipos de reclusión como oportunidad de desarrollo personal y en otros casos ambientes de la más completa y brutal represión y violencia hacia el sexo femenino.

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Otras instituciones que practicaron la reclusión femenina fueron los orfelinatos, recogimientos, hospitales de mujeres, asilos, beaterios y galeras o casas de arrepentidas. Instituciones creadas y sostenidas en su mayoría por la iglesia, por asociaciones de personas como cofradías, hermandades y por el Estado central y municipal. Estas formas de reclusión femeninas se unirían a las instituciones tradicionales que la practicaron que eran la familia, el matrimonio, la Iglesia a través de sus monasterios.

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AMS. Siglo XVII. Sección 4. Escribanías de Cabildo. Tomo 24 n. 28: En el XVII el administrador de un orfanato solicitó al cabildo que se prohibiera enviar a las niñas a hacer mandados, por ser la causa principal de mujeres perdidas.

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trataban de sobrevivir y que no tenían una familia constituida ni tenían medios o oportunidad de vivir en reclusión o no podían por tener que ganarse su dote, tener hijos que mantener o por no desearlo, viviendo libremente sin reclusión y por tanto faltando a la determinación masculina de agruparse en recintos cerrados. Pero no hay que olvidar que la violencia hacia la mujer también se podía encontrar en estos recintos creados con el propósito de proteger a la mujer o a la sociedad de éstas.

En este contexto, el trabajo desempeñado por estas niñas y jóvenes en las actividades domésticas tuvo una amplia difusión en el Antiguo Régimen y en el tránsito a la Contemporaneidad; en algunos lugares estaban más protegidas que en otros. Y en este caso, el trabajo realizado como criadas en los hospitales bajo égida eclesiástica, garantizaban mayor protección y una verdadera reclusión en el área de enfermería femenina. Caso contrario, los mayores índices de estupro se cometían en las casas de amos civiles por la escasa protección sobre estas niñas.

B) Dote gratuita

Este tipo de dote era la genérica por antonomasia y la de mayor éxito por su cantidad.278 Dote repartida por instituciones o personas a doncellas pobres que cumplieran determinadas condiciones. Existía un notable número de patronazgos y cofradías para esta obra pía en Castilla.279

El matrimonio era considerado el estado ideal de la persona dentro de la mentalidad de la época, por lo tanto objeto de especial atención y ayuda, dirigido a la protección del honor femenino y de determinadas mujeres del pueblo, de la ciudad y de la familia. Teniendo en cuanta que gran parte de la población era de limitadísimos o escasos recursos, no era de extrañar que hubiese dentro del ámbito de pueblos y ciudades, numerosas instituciones dedicadas a ayudar a la población a poder acceder al estado matrimonial, considerado ideal para la sociedad y para la expansión demográfica y social de la época.

La ayuda era básicamente canalizada dentro del ámbito femenino, ya que la mujer constituía el eje central del matrimonio y de la vida privada, por lo que la aportación económica o cuantía que se estableciera como dote para que las mujeres jóvenes pudiesen iniciar su vida de casadas y para que los hombres se emparejasen con ellas, suponía un incentivo más para acceder al matrimonio.280 Incluso, estas ayudas podían constituir el único punto de arranque matrimonial que podría tener la pareja para el inicio de su vida matrimonial.

Se concedían dos tipos de dote a doncellas pobres: dinero o ajuar, las que se entregaban a las doncellas sin efectuar un trabajo a cambio. Estas dotes tuvieron su apogeo durante los siglos XVI y XVII, época que coincidió con la bonanza económica en Sevilla, y correspondían a patronazgos creados por voluntades testamentarias de particulares en instituciones religiosas de reconocido prestigio, confiriéndoles la responsabilidad de entregarlas anualmente. Durante este periodo se entregaron muchas dotes a doncellas pobres que a pesar del control y requisitos, se dio un caso de fraude conocido. En 1574, dos muchachas intentaron apoderarse de cien ducados

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BIRRIEL SALCEDO, M. (2012: 165): Un acto caritativo importante en la sociedad medieval y moderna de la Europa cristiana fue la dotación de doncellas huérfanas. Esta dotación se realizaba mediante obras pías, fundaciones benéficas, ligadas a establecimientos hospitalarios, hospicios, fundaciones específicas, gremios o por particulares que dotaban jóvenes de su familia, de un pueblo, o de una parroquia. Esta dote era un pequeño capital que le permitiría casarse, alejándola de la pobreza que la podría conducir a la prostitución.

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MORGARDO GARCÍA, A. (2000-2001:285): Por ejemplo en Cádiz, la acción caritativa en este aspecto por patronatos fue importante, por ejemplo el de Antonio Mendibur entre 1714 y 1749 que entregó diecinueve mil ochocientos cuarenta y un reales a tres mil ochocientos sesenta y cuatro pobres y casaderas. El de Pedro de la O que repartió entre 1717 y 1768 un total de setecientos treinta y siete mil doscientos treinta y siete reales en los treinta y seis años de este periodo o el de Juan Reyes que dotó a noventa y siete huérfanas y veintidós religiosas entre 1738 y 1786. DERASSE PARRA, P. (1990: 254): Ya desde el periodo medieval era habitual que el señor participara económicamente en el casamiento de las personas que estaban a su servicio. Lazos de tipo patriarcal, en el que el amo asumía el papel de padre.

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