cubierta por la caridad institucional y privada y la segunda, resuelta a fuerza de medidas extraordinarias. La pobreza estructural era la cotidiana en el que las mujeres (jóvenes y ancianas) eran sus principales integrantes, ya que la pobreza era estructuralmente femenina y urbana. Las mujeres viudas y sin patrimonio tenían escasas opciones y estaban situadas como gran parte de las solteras, en el borde mismo de la marginación laboral con las consecuencias que de esto se derivaban. Éstas y otras mujeres tenían que vivir y mantenerse por sí mismas, viviendo al día, en dependencia económica, en marginación, con escasas retribuciones y en inestabilidad laboral que las hicieron más vulnerables ante las oscilaciones económicas. Las mujeres solían vivir en una pobreza permanente, aunque las instituciones caritativas trataban de ampararlas. La pobreza en las jóvenes las relacionaba con la propensión a la prostitución y en las ancianas, a la muerte por inanición. Se asociaba la pobreza al pecado, sobre todo, en la mujer, la cual debía ser objeto de vigilancia, de control especial por su debilidad y por su mentada tendencia al mal.94
En el Antiguo Régimen, no existía beneficencia pública auspiciada por el Estado a nivel central o municipal, aunque asumieron papeles de patronos de casas de caridad y toda la responsabilidad que eso conllevaba. Las obras pías estaban a cargo de un sector acomodado de la población en forma individual o colectiva (cofradías, hermandades y gremios que practicaban el socorro mutuo), generalmente administrados por la Iglesia.95
La principal medida de protección a las mujeres honestas o rebeldes fue la reclusión, con diferente tratamiento y rigor, pero encerradas para poder controlarlas, “educarlas” y para poder “proteger” la sociedad patriarcal de estas mujeres, de sus supuestos robos, enfermedades y posibles deshonestidades.
La documentación sobre la pobreza femenina es abundante, siendo llamativo la frecuencia con la que se pueden encontrar mujeres que la documentación denomina pobres y que, al mismo tiempo, lucen tratamiento de doña; se trataría de las pobres de solemnidad, hidalgas que por circunstancias adversas habían estado obligadas a recurrir a la beneficencia organizada, siendo las mejor atendidas por las instituciones. También estaban las pobres de solemnidad con niveles de carencia extrema. Las pobres carentes de bienes, trabajo o residencia se beneficiaban si podían tener acceso a esas ayudas de alguna forma de caridad social o religiosa.96
La situación de pauperismo y pobreza generalizada en Sevilla durante toda la Modernidad y la transición a la Contemporaneidad fue debida a pestes, hambrunas, sequías, inundaciones, decadencia económica, manipulaciones monetarias y crisis de subsistencias, que hacía que hubiera muchas indigentes, por lo que había demanda para estos recogimientos. La oferta institucional e individual no era suficiente para canalizar a estas mujeres con trabajo y albergue.
La demanda superó la oferta y la indigencia lacerante era el paisaje cotidiano en las calles de Sevilla. Lo mismo se dio en otras partes de la Monarquía hispánica como en Santiago
94
REY CASTELAO, O. (2009: 196).
95
CARASA SOTO, P. (1991:7-37): La pobreza es una virtud cristiana, dignificada por el evangelio y utilizada por el cristianismo como un instrumento de salvación. Así nace el concepto del “pobre de
Cristo” como objeto básico del sistema de caridad medieval. La sacralización de la pobreza y el de
mendicidad, conducen a convertirla en un verdadero rito socio-religioso. Pobreza y caridad son dos virtudes estamentales; CARASA SOTO, P. (1985:35-45): La proliferación de obras pías y socorros individuales eran rasgos característicos de la religiosidad de la contrarreforma y barroca. En cambio, la virtud ilustrada de la beneficencia no sólo cambia el origen filantrópico y racional de la acción asistencial y la fuente de recursos con que atenderla, sino también el destino, que no será tanto la defensa del individuo necesitado cuanto de la sociedad, no tanto superar las carencias del indigente cuanto los riesgos que suponen para el cuerpo social.
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REY CASTELAO, O. (2009a: 197); CARBONELL i ESTELLER, M. (1992:61): La mayoría de historiadores coinciden en que en la Edad Moderna se da una feminización de la pobreza, dando énfasis a que conduciría a la pobreza moral. Las mujeres solas que poblaban las instituciones asistenciales, sin sujeciones familiares, sin una posición delegada respecto a un marido o a un padre, siendo ellas las plenas responsables de sí mismas. Víctimas o rebeldes que asumían los costes de su autonomía.
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de Compostela en Galicia. Según el Catastro de Ensenada, las mujeres serian el 28% de los pobres de solemnidad declarados en la provincia de Santiago, además eran pobres nada menos que el 42% de las viudas de sesenta años o más. En Lugo, de las quinientos veintitrés familias conceptuadas como pobres, el 70.5% corresponde a mujeres solas, viudas y solteras.97
Según la mentalidad del Antiguo Régimen, una mujer, para ser considerada honesta o alcanzar esta cualidad debía estar encerrada, emparedada, enclaustrada, recogida entre paredes físicas, psicológicas, siempre vigilada por su amo, su padre, su esposo, el clérigo, el carcelero y Dios. Muchas se habían acostumbrado a este estado, incluso lo exigían y otras se resistían, principalmente las acostumbradas a vivir en libertad. De esta manera, la creación de hospitales, asilos, casas de huérfanos, casas de mujeres arrepentidas tendrían como objetivo la reclusión para preservar la honestidad o su reinserción social.
Sin embargo todo esto cambiaria paulatinamente desde finales del siglo XVIII con las reformas borbónicas y en el siglo XIX se produjo la intervención de los poderes públicos en la regulación del plano asistencial a través de la Constitución gaditana en 1812 y del decreto promulgado en 8 de septiembre de 1836, en el que se restablecía en todo su vigor el Reglamento general de 1822, por el que la beneficencia pública quedaba bajo estricto control de las Juntas Municipales de Beneficencia presididas por los alcaldes.98
En este contexto, las corporaciones de atención a la mujer en el Antiguo Régimen al tránsito a la contemporaneidad serían:
1. Las cofradías de “penitencia, de luz y vela y de gloria” y las cofradías gremiales
Eran congregaciones de ambos sexos, laicos, regidos con marcado carácter religioso que se juntaban por voluntad propia para el culto público de los santos y ánimas y para la práctica de la caridad, dirigido mayormente a los propios miembros de la cofradía. Sus orígenes son medievales, pero se crearon la mayor parte de ellas en el Quinientos. Había hermandades de la Misericordia en las principales capitales de la Monarquía hispánica.99 Generalmente, el arzobispado, el cabildo e hidalgos eran los impulsores de las hermandades de la Misericordia para casar doncellas entre los siglos XVI y XVII. En estas fundaciones solía exigirse que hubiera algún lazo de parentesco entre las candidatas a las dotes y los fundadores -lo que en teoría las hacía inicialmente bastante selectiva-, o bien que fuesen vecinas de una determinada feligresía o parroquia, a lo que casi siempre se añadía la exigencia de que fueran pobres y honestas, de modo que acabaron beneficiando a mujeres humildes. Las casas de la Misericordia administraban el dinero que recibían de donadores a través de las voluntades impresas en sus testamentos, generalmente casar a doncellas pobres o huérfanas que fueran de buena fama, vida y conversación.
En los siglos XVI al XVIII, la elección se hizo con la regularidad prescrita, se escogía jóvenes a las cuales dotaban directamente o previo sorteo. Las ordenanzas disponían que los matrimonios que no tuviesen descendencia debieran devolver a la fundación el importe de la dote, pues el fin del matrimonio cristiano era la procreación:
“que la tal dote se haya de dar y dé a las tales doncellas o sus esposos y maridos
constatando primero que son desposados por palabras de presente y no de otra manera
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REY CASTELAO, O. (2009a: 197): De este ejemplo compostelano se concluye que las mujeres eran el 61% de los pobres de solemnidad y que regían el 75% de los hogares declarados en extrema pobreza. El 85% de los hogares femeninos sólo tenía uno o dos componentes y más de la mitad eran unipersonales, compuesto de mujeres solas en edad avanzada, viudas o solteras, sin dedicación profesional ni procedencia conocida, que vivían de las limosnas repartidas por el clero y la nobleza y cuya situación se veía agravada precisamente por su condición de ancianidad, pobreza, soledad y carentes de apoyo familiar.
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GIMENEZ MUÑOZ, M. del C. (2007:225).
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MELLADO, F. de P. (1851): Las casas de Misericordia existieron en España desde el siglo XII, unos bajos patrocinios de particulares para ayuda económica de los necesitados y enfermos. En un comienzo tuvieron por función albergar a peregrinos que iban en romería a visitar algún santuario, curación de enfermos y recoger jóvenes embarazadas, con el tiempo se orientó principalmente a entregar dotes a doncellas pobres.