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LAS PROFECÍAS DE SIMEÓN (LC 2, 25-35) Y DE ANA (VV 36-38)

@ CORRECCIÓN HASTA ACA

14. LAS PROFECÍAS DE SIMEÓN (LC 2, 25-35) Y DE ANA (VV 36-38)

Lucas termina el relato de la presentación del Señor con el testimonio de Simeón y de Ana.

1. El cántico de Simeón lo es a la gloria de Cristo. “Ahora, Señor, han visto mis ojos tu salvación, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” (vv. 29-32; Is 60, 1-3).

En el Antiguo Testamento, esta gloria designaba a Yahveh y provocaba la muerte inmediata de cualquiera que pusie- ra su mirada sobre ella (Éx 33, 20 con nota de BJ).

En el momento presente, en Jesús, Yahveh está entre su pueblo para que pueda oírlo y verlo; y eso causa la admira- ción de “su padre y su madre por lo que se decía de él” (v. 33).

Pero la admiración llega a su colmo cuando se le oye a Simeón decir que, además de “gloria de su pueblo de Is-

rael”, será “luz para iluminar a los gentiles” (v. 32; cf. Jn 8, 32, con nota de BJ), como había sido anunciado por los profetas (Is 42, 6 y 49, 6).

Es la visión universalista de los profetas (Is 19, 16, con nota de la BJ; 45, 14, con nota de la BJ y v. 20, con nota de BJ), que se realiza en el Nuevo Testamento (1 Tim 2, 4, con nota de BJ).

El Nunc dimittis de Simeón, pues, además de anunciar su muerte, acumula textos de Isaías (v. 29, con nota de BJ), haciendo, del cántico, un mídrash.

2. La profecía de Simeón se presenta en rudo contraste con su cántico:

“Mis ojos han visto tu salvación. Este está puesto para caida y elevación de muchos y para ser señal de contradic- ción; iy a ti misma una espada te atravesará el alma!” (w. 29-35).

2.1. La primera idea de la profecía es que el recién nacido debe ser, en el plan de Dios, caída y resurrección de un gran número en Israel, poniendo el acento en la caída y sobre la oposición que va a experimentar.

Puede haberse inspirado el evangelista en Is 8, 14-15, leído en el hebreo o en otra versión, porque los Setenta dicen precisamente lo contrario: “(El Señor) será para vosotros un santuario y no tropezaréis en él como en una piedra”. Mejor parece inspirarse en la cita de Rom 9, 33, que com- bina Is 28, 16 y 8, 14, y cuya aplicación al Mesías es fácil: “He aquí que pongo en Sión piedra de tropiezo y roca de escándalo”. Y es de notar que todos estos textos —como otros que se podrían citar— miran exclusivamente —como el de Simeón— al pueblo judío: es precisamente para sus compatriotas, que viven a la espera del Mesías, que este será causa de caída, piedra de escándalo o tropiezo y este escándalo culminará en el Calvario (1 Cor 1, 23: “nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los ju- díos.”).

Pero Jesús no es sólo causa de caída, sino también de re- surrección y de vida. Espontáneamente se piensa en mul- titud de textos que lo presentan a Yahveh como autor de la vida y de la muerte (Deut 32, 39; 1 Sam 2, 6 con lugares paralelos).

2.2. Pero Jesús, además, “está puesto para ser signo de contradicción” y este es su destino.

En primer lugar, la voz pasiva (“está puesto”) o “pasivo teológico” que, como en muchos otros casos, supone la acción de Dios sin mencionarlo expresamente por una de esas convenciones religiosas del judaismo.

Pero, además, no se piensa sólo en una división provocada por Cristo en el seno de su pueblo, sino que el mismo “signo” será contradicho, contestado, negado, rechazado. No es que la idea de una cierta discriminación o reparti- ción en dos grupos sea extraña a la profecía de Simeón, pero no ocupa el primer plano, como se ve más claramente por la frase que sigue.

2.3.”Y a ti misma una espada te atravesará el alma” (v. 35): en el griego, esta nueva frase está unida a la anterior con una doble conjunción, que significaría un progreso en el pensamiento de Simeón, una nueva precisión, o una insis- tencia, sea en el sentido de que la misma María, asimilada a su Hijo, será “signo de contradicción”, sea porque su Hijo provocará en ella, como en los otros cuyos pensa-

mientos serán descubiertos, la contradicción; y tendremos que elegir entre ambas interpretaciones.

Ante todo, algunos interpretan esta frase, dirigida a María en un contexto dedicado a Jesús, como un paréntesis, que no tendría como consecuencia el poner “al descubierto las intenciones de muchos corazones”, que habría que unir con la frase anterior (“signo de contradicción”); y así lo hace la BJ.

Habíamos dicho que la frase que comentamos significaba, por la doble conjunción que la unía a la anterior, un pro- greso; esto significaría que María participa del destino de Jesús. Por lo tanto, que ella es, como su Hijo, “signo de contradicción” y no, como lo decía Orígenes, que la Madre habría sido conmovida en su fe y que, como los apóstoles, habría sucumbido al escándalo de la pasión o que, al me- nos, habría dudado acerca de su Hijo.

2.4. Volvamos a la frase anterior, que se refiere a Cristo: “Este está puesto para caída y resurrección de muchos en Israel”.

El recién nacido hará caer y resucitar, pero en primer lugar él mismo caerá y resucitará. Y María se ve asociada a esta muerte; y no solamente por el dolor que ha experimentado al pie de la cruz, sino sobre todo por el lugar que le cabe en la economía de la redención.

Recordemos cómo Jesús ha sido un “signo de contradic- ción”: en primer lugar, porque se le ha negado el derecho de reivindicar un origen celestial, o sea, el derecho de pre- tender cumplir, en su persona, el oráculo de Is 7, 14 (“He aquí que una doncella va a dar a luz”) y el de Miq 5, 1-2 (“Mas tú, Belén Efratá, de ti ha de salir aquel que ha de dominar en Israel”).

Ahora bien, el doble hecho que fundaba sus títulos —la concepción virginal, el nacimiento en Belén— había sido el secreto de María que ella guardaba en su corazón. No es imposible que esta discreción le haya valido penosos ul- trajes, como parece indicarlo el texto de Me 6, 3 (“¿No es este el carpintero, el hijo de María?”): esta manera de de- signar a uno por su madre era poco usada por los judíos, aun en el caso de que hubiera muerto el padre, y puede indicar que el padre era desconocido y constituir, en este caso, un insulto.

Pero Jesús fue, no solamente al comienzo de su vida —por ejemplo, cuando es perseguido por Herodes—, sino du- rante toda ella “signo de contradicción”, que no significa meramente ser “ocasión” de caída de muchos, sino ser rechazado y negado por muchos.

2.5. De la misma manera, María acompañará con su “compasión” esta continua e ininterrumpida “pasión” del Señor: ella, como su Hijo, que será “aquel a quien traspa- saron” (Zac 12,10, con nota de BJ), será aquella a quien “una espada le atravesará el alma” (Lc 2, 35, con nota de BJ: Zacarías parece inspirar a Lucas).

Si es condición de todo discípulo tomar “su cruz cada día” (Lc 9, 23) para seguirlo a Jesús, la condición de María es cargar la cruz misma del Señor y, con su “compasión”, acompañarlo.

En estas palabras de Simeón, puestas como un “parénte- sis” en una profecía sobre el Cristo Mesías, Hijo de Dios, queda introducida la figura de la Madre Dolorosa, aunque con contornos aún imprecisos, en esta historia de la infan-

cia, dominada en su conjunto por una ininterrumpida nota de júbilo.

“La luz —del Hijo— brilla en las tinieblas que no la vencie- ron”, como dice Jn 1, 5, refiriéndose, en general, a la en- trada del Hijo en el mundo del mal (ver nota de BJ) o, como dice poco más adelante, “el mundo no la conoció” (Jn 1, 10, con nota de BJ). Pero, mucho más concretamen- te, como lo dice la profecía de Simeón (“muchos en Is- rael”): “Vino a los suyos y los suyos (ver nota de BJ) no la recibieron” (Jn 1, 11).

3. El testimonio de Ana viene a confirmar el de Simeón (Lc 2, 36-38). La ley exigía, en efecto, que la verdad de un hecho fuera garantizada por el testimonio de dos o tres testigos (Deut 17, 6. 19, 15). De aquí que, en muchas oca- siones, los evangelistas se hayan preocupado por asegurar esa presencia de dos o tres testigos en los episodios más importantes de la vida de Cristo (Mt 18, 16; Jn 8, 17; Lc 9, 28. 30).

Pero se necesitan testigos acreditados. Ahora bien, las mujeres no gozaban siempre de una audiencia suficiente en Israel. Por eso Lucas, más bien favorable a las mujeres, como lo demuestra todo su Evangelio (8, 1-3), se preocupa de presentar todos los títulos que habilitan a Ana para dar su testimonio: viuda y de edad —Lucas precisa que per- maneció viuda durante mucho tiempo, lo que en aquella época era acreedor de respeto—, sin duda dependiente de la generosidad de la comunidad (Deut 26, 12), forma parte de los “pobres de Yahveh”, comparte la esperanza mesiá- nica del resto de Israel en la liberación de Jerusalén (v. 38) y se hace portadora de la Buena Nueva en cuanto adquiere conciencia de la venida del Mesías (Is 52, 7-10, con nota de BJ).

Cabe preguntarse si Ana debe tan sólo a esas alusiones a los profetas su título de “profetisa” (v. 36): este título de- signaría entonces la asiduidad constante en la audición de la palabra de Dios, en su meditación y en su proclamación. Así, es la esperanza de los “pobres de Yahveh” (Sof 2, 3, con nota de BJ) la que descubre, con Ana, su objeto en la persona de Cristo y la acoge con alegría y alabanza.

Ana, dice Lucas, “no se apartaba del templo” (v. 37). Por ello, no hay que atribuir su presencia allí en aquel mo- mento a una especial inspiración del Espíritu Santo, como en el caso de Simeón, sino a una particular providencia de Dios que nos gobierna a través de los acontecimientos ordinarios de nuestra vida. Su don profético se pone con todo de manifiesto en el hecho de reconocer al Mesías como tal, alabando a Dios por su aparición y hablando sobre ello “a todos”, esto es, a los que se encontraban en el templo y que, igual que ella, “esperaban la redención de Jerusalén” (v. 38, con nota de BJ). Jerusa- lén representa aquí, como capital, todo el pueblo de Israel. Su carácter de profetisa da a sus palabras, como antes a las de Simeón, alcance y autoridad, pero no nos son trasmitidas por el evangelista.

16. Sobre Simeón, cf. J. Winandy, “La prophétie de Siméon”, Revue biblique 72 (1965), pp. 321-351; sobre Ana, cf. T. Maertens y J. Frisque, Nueva Guia de la Asam- blea cristiana, i, Marova, Madrid, 1971, pp. 246-247.

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