SÉPTIMA PARTE LA ELECCIÓN O RE FORMA DE VIDA
5. TRES BINARIOS (EE 149-157)
Es una meditación —así la llama san Ignacio— importante, pues es la última preparación —en forma de tema de ora- ción— antes de entrar en la materia de elección o reforma de vida: quien no está con la indiferencia propia del “tercer binario”, no debe entrar en elecciones o reformas de vida, sino que debe continuar preparándose, pues con tal estado de ánimo no va a oir la voz de Dios que puede pedirle aquello para lo cual no se halla indiferente.
1. Aclaremos que “binarios de hombres” quiere decir grupo o tipo de hombres con una actitud característica —en cada uno de los tres casos— que describiremos más adelante. Es una frase que, en tiempo de san Ignacio, se usaba en los casos de conciencia para designar a los que formaban par- te del ejemplo, como luego se hablaría de Ticio o de Casio: en lugar de un personaje se hablaba de dos y se los desig- naba como “binario”.
2. La oración comienza, como siempre, recordando que estoy bajo la mirada del Señor, etc. (Tercera adición, EE 75) y se sigue —como también es ordinario en Ejercicios— con la “oración preparatoria” (EE 46).
2.1. Luego viene la “historia”, la cual es aquí “de tres bina- rios de hombres; y cada uno de ellos ha adquirido diez mil ducados, no pura o debidamente por amor de Dios; y quieren todos salvarse y hallar en paz a Dios nuestro Se- ñor, quitando de sí la gravedad (o sea, el peso) e impedi- mento que tienen para ello (o con ello) en la afición de la cosa adquirida” (EE 150).
Se trata, pues —en la misma línea que hemos visto, en “las Dos banderas”— de la “codicia de riquezas” que —según san Ignacio— “suele ser, la mayor parte de las veces” (EE 142) una tentación para los hombres. Los tres binarios —clase o tipos— de hombres tienen una posesión, como dice un autor contemporáneo, “inquietante”. No es que la hayan adquirido de mala manera —porque entonces ten- drían que restituirla a quien se la han robado—, pero le tienen una afición a su posesión que les resulta un peso o “impedimento” en su camino, porque los tres “quieren salvarse (o sea, santificarse) y hallar en paz a Dios nuestro Señor” y encuentran, “en la afición de la cosa adquirida”, un “impedimento”.
San Ignacio no quiere que uno mismo se sienta aludido por el ejemplo, de modo que no se trata de poner como “cosa adquirida” lo
que a uno mismo le inquieta (esto se deja, en caso extre- mo, para el coloquio, que en esta meditación tiene una “nota” propia, EE 157, que no siempre hay que tener en
cuenta, sino solamente cuando “nosotros —los que esta- mos haciendo Ejercicios— sentimos afecto o repugnancia contra algo”, acerca de lo cual pensamos hacer elección o reforma de vida). Porque como enseguida se verá —a pro- pósito de la “composición viendo el lugar” y también en la “petición”— en esta meditación se trata de “desear y cono- cer lo que sea más grato a su divina majestad” y no de ver- se a sí mismo en el ejemplo.
2.2. Sigue la “composición viendo el lugar”, que es solem- nísima (y que se parece a la composición de lugar de la Contemplación para alcanzar amor, en EE 232):
“Será aquí verme a mí mismo, cómo estoy delante de Dios nuestro Señor y todos los santos (intercediendo por mí, como se dirá en la Contemplación para alcanzar amor), para desear y conocer lo que sea más grato a su divina majestad” (EE 151).
O sea, “para desear para mí y conocer”, cuál de las tres actitudes “ante la cosa adquirida” es la que más agrada “a su divina majestad” (que, como se verá luego, sólo puede ser la del “tercer binario”).
2.3. De modo semejante sigue la petición, que “será pedir gracia de elegir —de las tres actitudes de los tres binarios— lo que más a gloria de su divina majestad y salud o santi- dad de mi alma sea” (EE 152).
3. Después de estos preámbulos sigue el tema de la ora- ción, que es la descripción de los tres binarios o actitudes en la elección planteada ante la “cosa adquirida”; o sea, ante la posesión, para cada uno de los tres, de los “diez mil ducados” —diríamos, diez mil dólares— adquiridos “no pura o debidamente por amor de Dios”, y ahora “quieren todos salvarse (o sea, santificarse) y hallar en paz a Dios nuestro Señor, quitando de sí la gravedad (o peso) e impe- dimento que tienen para ello en la afición a la cosa adqui- rida” (EE 150).
Veámoslo por separado. 3.1.
“El primer binario (tipo o grupo) querría quitar el afecto que a la cosa adquirida tiene, para hallar en paz a Dios nuestro Señor y saberse salvar (o sea, santificar); y no po- ne los medios hasta la hora de la muerte” (EE 153). O sea, difiere la elección o reforma de vida hasta el mo- mento de la muerte. No está indiferente a tener o no tener los diez mil dólares y no quiere plantearse ahora si Dios quiere o no que los deje, sino que lo
hará en “la hora de la muerte”. Tampoco podría hacerlo en este momento, por su falta de indiferencia.
Como dice muy bien san Ignacio, este “primer binario […] querría quitar el afecto”. Pero, en realidad, no lo quiere, como se demuestra por el hecho de que “no pone los me- dios hasta la hora de la muerte”, cualesquiera estos sean, incluso de dejar “la cosa adquirida”.
3.2.
“El segundo binario [tipo o grupo] quiere quitar el afecto que a la cosa adquirida le tiene; mas así le quiere quitar que quede con la cosa adquirida [los diez mil dólares], de manera que allí venga Dios donde él quiere; y no determi- na dejarla para ir a Dios, aunque fuese el mejor estado para él” (EE 154).
O sea, hará cualquier cosa para demostrar que quiere qui- tar el afecto que él tiene a la cosa adquirida… menos de- jarla. Hará limosnas, una fundación para atender a huér- fanos… ¡menos dejar los diez mil dólares!
En otros términos, no difiere la elección o reforma de vida, pero le pone límites a la voluntad de Dios acerca de “la cosa adquirida”. Está dispuesto a cualquier medio… menos uno, que sería dejar, si Dios se lo pide, “la cosa adquirida”. Como vemos, tampoco este binario está indiferente: está tentado —pero bajo especie de bien— ¡con todo lo que puede hacer de bueno con esos diez mil dólares! Por eso, no quiere dejarlos.
Está dispuesto a hacer ahora su elección o reforma, pero con tal de que él siga en posesión de los diez mil dólares. En estas condiciones, no puede hacer su elección o refor- ma, porque no oiría la voz del Señor, ¡si este le pide que deje los diez mil dólares!
3.3.
“El tercer binario quiere quitar el afecto; mas así le quiere quitar, que también no le tiene afición a tener la cosa ad- quirida o a no tener, sino que quiere solamente quererla o no quererla, según que Dios nuestro Señor le pondrá en voluntad y a la tal persona le parecerá mejor para el servi- cio y alabanza de su divina majestad; y, entre tanto, quiere hacer cuenta que lo deja en afecto, poniendo fuerza de no querer aquello ni otra cosa ninguna, si no le moviere sólo el servicio de Dios nuestro Señor, de manera que el deseo de mejor poder servir a Dios nuestro Señor le mueva a tomar la cosa o dejarla” (EE 155).
O sea, ni difiere la elección o reforma de vida “hasta la hora de la muerte” ni le pone límites a la voluntad de Dios, sino que está dispuesto a cualquier cosa que el Señor le pida: si le pide que deje “la cosa ad
quirida”, la deja; si le pide que siga teniéndola, la seguirá teniendo. Sólo quiere lo que el Señor quiera y se lo mani- fieste con claridad.
Es la verdadera indiferencia, que no es no sentir gusto o disgusto ante la cosa sobre la cual se hace elección o re- forma de vida, sino preferir, ante cualquier gusto o dis- gusto, la voluntad de Dios.
Como vemos, esta meditación de los Tres binarios es una repetición, antes de hacer su elección o reforma de vida, de aquella parte del Principio y fundamento donde se trataba de la necesidad de la “indiferencia” antes de cualquier elección o reforma de vida.
4. Planteados los tres binarios, hay que ver cuál es la ver- dadera, la única actitud que cuadra ante Dios nuestro Se- ñor. Es, evidentemente, la del tercer binario, que es quien verdaderamente “quiere hallar en paz a Dios nuestro Se- ñor y salvarse” (EE153; o sea, santificarse).
5. Una vez visto esto y admitido, hacer “los mismos tres coloquios que se hicieron en la contemplación precedente de “las Dos banderas”“ (EE 156).
Pero san Ignacio le pone una “nota” a este triple coloquio, di- ciéndonos:
“Cuando nosotros sentimos afecto o repugnancia contra ta pobreza actual, cuando no somos indiferentes a pobreza o riqueza (y lo mismo podríamos decir de otras „binas‟ sobre las cuales puede versar la elección o reforma de vida, como
„salud que enfermedad, honor que deshonor, vida larga que corta y por consiguiente en todo lo demás‟), mucho aprovecha, para extinguir el tal afecto desordenado (en favor de uno de los términos de cualquier bina), pedir en los coloquios —aunque sea contra la carne— que el Señor le elija en pobreza actual (o en el miembro de la bina que nos cuesta); y que él quiere, pide y suplica que se lo elija en lo que le cuesta, sólo que sea servicio y alabanza de su di- vina bondad” (EE 157).
No se trata, por supuesto, de elegir lo que nos cuesta… porque nos cuesta, sino de estar dispuestos a aceptarlo, si el Señor nos lo pide. Esa disposición no es otra cosa que la indiferencia.
De modo que, aunque en la meditación de los Tres bina- rios no se trata de considerar nuestra actitud ante una “cosa adquirida” (o, como dice un autor, ante nuestra cosa “inquietante” o cosa ante cuya posesión o no posesión nos inquietamos), sino considerar cuál es la verdadera actitud cristiana (que no puede ser sino la del tercer binario), puede ser que, como dice san Ignacio, sintamos “afecto o repugnancia contra la pobreza actual” (o contra cualquier otro miembro de una “bina” acerca de la cual tengamos que hacer elección o reforma de vida). En este caso debe- mos tener en cuenta, si queremos adquirir esa indiferencia que nos falta, esta nota de coloquio de la meditación de los binarios.