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OTRAS CONFUSIONES “PAGANAS” ACERCA DE LA CONCEPCIÓN DEL MUNDO.

In document Julius Evola - La Raza Del Espíritu (página 149-153)

EL PROBLEMA RELIGIOSO

V. OTRAS CONFUSIONES “PAGANAS” ACERCA DE LA CONCEPCIÓN DEL MUNDO.

Una vez que se ha constatado todo esto, sería posible la mencionada posibilidad de “trascender” ciertos aspectos del cristianismo. De acuerdo a su rigurosa etimología latina, trascender significa “superar ascendiendo”. A nivel de principios, no se trataría -es bueno repetirlo- de negar al cris­ tianismo o de demostrar a s j respecto la misma incomprensión dem os­ trada por éste en su momento -aunque en gran medida aun hoy- hacia el “paganismo”; se trataría en vez eventualmente de integrarlo con algo más

vasto dejando a un ladi gunos aspectos por los cuales el mismo concuerda

poco con el espíritu propio de algunas de las fuerzas renovadoras de hoy, en especial de Alemania, para acentuar en vez otros aspectos, más esenciales, según los cuales tal fe puede no contradecir las concepciones generales de la espiritualidad aria y nórdico-aria, precristiana y no-cristiana.

Lamentablemente muy otro ha sido el camino que ha seguido aquel neopaganismo racista extremista al cual nos hemos referido. Casi como cayendo en una trampa preparada a propósito, tales neopaganos, como hemos dicho, terminan profesando y defendiendo ideas, que se reducen en mayor o menor medida a aquel paganismo ficticio, naturalista, privado de luces, de trascendencia, particularista e incluso invadido por un equívoco misticismo panteísta, que fue creado polémicamente por la incomprensión cristiana hacia el mundo no-cristiano y que, cuanto más, como base real, puede tener sólo formas esporádicas de degeneración y de involución de un tal mundo. Y, como si esto no bastara, se da cabida a una polémica anticatólica la cual, mutatis mutandis, de hecho vuelve a exhumar justamente ciertos argumentos y lugares comunes de tipo abiertamente “moderno”, racionalista, iluminista y protestante, que ya fueron en su momento las armas del liberalismo, de la democracia y de la masonería. Un ejemplo de ello lo fue en gran me­ dida el caso de C h a m b e r l a i n . Ello sin embargo se transparenta además en algunas veleidades racistas locales que se han inspirado en la filoso­ fía gentiliana es decir en la filosofía de una persona para la cual el Fascismo ' S e refiere aquí al filó s o fo italiano Gio v a n n i Ge n t i l e, pereneciente a la esc u e­ la idealista neohegeliana, de gran influencia cultural en la época del Fascism o. (N. de la trad.)

sería la continuación del ’70 anticatólico, las reevocaciones romanas serían una retórica estúpida y la tradii. .n italiana iría a coincidir en mayor o menor medida con las opiniones de una serie de rebeldes y herejes, desde G i o r d a n o B r u n o en adelante.

Pero de manera más general se ha indicado más arriba que esto se lo ve cuando el nuevo paganismo se entrega a la exaltación de la inmanencia, de la “Vida”, de la “naturaleza”, buscando crear una nueva y supersticiosa religión, que está en el más estridente contraste con cualquier superior ideal “olímpico” y “heroico” de las grandes civilizaciones arias de la antigüedad pre-cristina. ¿Qué deberíamos pensar con afirmaciones como ésta: “La fe en un m undo suprasensible m ás allá del sensible es una cosa de esquizofrénicos: sólo el esquizofrénico ve doble” O bien de la otra según la cual toda distinción entre espíritu y cuerpo sería el producto de una degeneración anti-aria inoculado por la raza orientaloide? Al negar esta distinción tales racistas, con perfecta consecuencia, llegan a negar la misma inmortalidad: si el alma es inconcebible en forma separada del cuerpo, no se puede pensar en una supervivencia en el más allá, sino sólo en la in­ mortalidad entendida como una continuación en la generación de la es­ tirpe. Inmortalidad ésta, a la cual un estrago, un terremoto o una epide­ mia, por supuesto, serían suficiente para destruirla.

Acerca del prejuicio antiascético, se lo ha ya dicho: el neopaganismo

aumenta al respecto la incomprensión ya demostrada por N i e t z s c h e . De

acuerdo a la misma, el ario no habría conocido, a nivel normal, la ascesis: su verdadera mística habría sido “del más acá”: no habría nunca pensa­ do en una realización sobrenatural de la personalidad.

Superstición, residuo de “oscuro medioevo” y de “magia etrusca”, mentira e instrumento para la táctica de dominio temporal del clero en comercio de “indulgencias” sería en cambio para éstos todo lo que es sacramento, rito y poder sobrenatural. Se demuestra así no saber que toda la vida de las civilizaciones antiguas, de las arias y específicamente de la romana “pagana”, tuvo siempre un carácter ritual. En la misma el rito acompa­ ñaba a toda forma de la vida individual y colectiva, no en el sentido de una

^ E stas p a la b ras so n de E. Be r g m a n n, el cu al se h a d e d ic ad o tam b ién a fo rm u ­ lar el ev an g elio de u n a n u ev a “ Ig lesia n acio n al a lem an a” . E s a su v ez aq u el que en la o b ra M u tterg eist u n d E rken b n tn isg eist ha so stenido la tesis de que toda la historia de la civ ilizació n rep resen ta u n a p erv ersió n , p u esto que está d efin id a p o r la rebelión del hom bre contra la natural p reem inencia que, según tal autor, debería tener la m ujer.

c e r e m o n i a v a c í a , s i n o c o m o u n i n s t r u m e n t o d e c o n e x i ó n e n t r e l a s f u e r ­ z a s h u m a n a s y la s s u p ra s e n s ib le s . E n c o n tr a p o s ic ió n c o n e s to y a Cham berlain h a b ía p u e s to e n la c u e n ta d e l e s p ír itu a r io l a s “ c o n q u is ta s ” p r o p ia s d e l lla m a d o l i b r e e x a m e n y d e l a s c i e n c i a s p r o f a n a s m o d e r n a s .

Naturalmente que cuando se cree que el luteranismo ha representado un redespertar del espíritu de la raza nórdica en vez que significar en cambio, com o lo fue efectivamente, el incentivo para una posterior involución espiritual y para una consecuente semitización de sí mismo - en otra parte, en la edición alemana de nuestra Rebelión contra el mundo moderno, hemos justificado estas ideas-, a una incomprensión no puede sino agregársele

otra. Así pues hay algo ingenuo -ha resaltado muy justam ente G u é n o n -

en el escándalo que por ejemplo se manifiesta en modo protestante ante la pretensión de “infalibilidad” que, en el orden del conocimiento trascendente -en Occidente se dice: en materia de “fe”- era en cambio reconocida en forma pacífica por las civilizaciones arias, no a un solo hombre, como en el catolicismo, sino a cada miembro perteneciente legítimamente al bráhman, a la “casta solar” de los jefes espirituales.

Ante tales confusiones, se formula siempre en forma más neta la al­ ternativa: o volver a la tradición y a los orígenes, que son sagrados y espirituales, o bien continuar jugando con diferentes com binaciones e inclinaciones del pensamiento moderno y profano. Otro ejemplo: ¿qué cosa es aquella “naturaleza” que en ciertos ambientes racistas es exaltada tanto? Bastaría muy poco para darse cuenta que ella no es para nada la naturaleza tal como la vivió el hombre antiguo, sino una construcción racionalista del tiempo del enciclopedismo francés. Justamente los enciclopedistas crearon, con precisas intenciones subversivas y revolucionarias, el mito de una naturaleza buena, sabia y previsora en contraste con la corrupción de toda “cultura”, y así nosotros vemos que el mito optimista naturalis­ ta de R o u s s e a u y de los enciclopedistas marchó a paso parejo con el “derecho n atural”, el universalism o, el individualism o, el hum anitarism o, el igualitarismo y la negación de toda forma positiva de Estado y de jerarquía. También en lo relativo a las ciencias naturales se podría decir lo mismo. Todo honesto científico sabe que en sus investigaciones -em peñadas exclusivamente en constatar abstractas uniformidades y en formular re­ laciones matemáticas- no hay lugar para la “naturaleza” en cuanto a las investigaciones biológicas, a la misma ciencia de la herencia, y así suce­ sivam ente. Hem os ya tenido ocasión de resaltar los errores y las unilateralidades en las que se cae al creer como definitivas a leyes que valen

sólo para un aspecto parcial y subordinado de la realidad. En cambio no se halla ningún rastro del significado que la naturaleza tenía para el hombre de los orígenes, para el hombre tradicional y solar caracterizado esencial­ mente por su distancia olímpica y de realeza propia respecto a lo que hoy se piensa que es la “naturaleza”. Puesto que el racismo italiano no se ha conducido por tales dominios todavía, es bueno pues prestar atención y, como decíamos, hacer acopio de la experiencia ajena.

VI.

CRISTIANISMO, RAZA,

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