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CONTRIBUCIONES Y COSTES.

In document Cuando Chocan Los Titanes (página 184-187)

En el 50 Aniversario de la invasión de Normandía de 1944, una revista norteamericana presentó una foto de portada del General Dwight D. Eisenhower, quien era etiquetado como el hombre que derrotó a Hitler. Si algún hombre merece esa etiqueta, no era Eisenhower sino Zhukov, Vasilevsky, o posiblemente el mismo Stalin. Más generalmente, el Ejército Rojo y los ciudada- nos soviéticos de muchas nacionalidades llevaron la parte del león de la lucha contra Alemania desde 1941 a 1945. Solamente China, que sufrió un ataque japonés casi continuo desde 1931 en adelante, iguala el nivel soviético de sufrimiento y esfuerzo. En términos militares, además, la participación china en la guerra fue casi insignificante en comparación con la de los soviéticos, quienes estuvieron constatemente comprometidos y absorbieron más de la mitad de todas las fuerzas alemanas.

Desde junio hasta diciembre de 1941, solamente Gran Bretaña compartió con la Unión Soviéti- ca los sufrimientos de la guerra contra los alemanes. Alrededor de tres millones de tropas ale- manas lucharon en el Este, con menos de un millón combatiendo en otras partes, atendiendo a la Europa ocupada, o descansando en la patria. Desde diciembre de 1941 hasta noviembre de 1942, mientras alrededor de nueve millones de tropas de ambos bandos luchaban en el Este, la

única acción terrestre importante en el Teatro de Operaciones Occidental tuvo lugar en el Norte de África, donde las relativamente pequeñas fuerzas británicas se enfrentaban al Afrika Korps de Rommel y a sus aliados italianos. En noviembre de 1942, los británicos celebraron la victoria sobre los alemanes en El Alamein, derrotando a cuatro divisiones alemanas y a una fuerza ita- liana algo más grande, e inflingiendo 60.000 bajas al Eje. El mismo mes, en Stalingrado, los soviéticos derrotaron y rodearon al Sexto Ejército Alemán, dañaron al Cuarto Ejército Panzer, y aplastaron a los Tercero y Cuarto Ejércitos Rumanos, erradicando alrededor de 50 divisiones y alrededor de 300.000 hombres del orden de batalla del Eje. En mayo de 1943, los aliados habían perseguido al Afrika Korps de Rommel a través del norte de África y en Túnez, donde, tras duros combates, la fuerza alemana e italiana de 250.000 hombres se rindió. Mientras tanto, en el Este, otro ejército alemán (el Segundo) fue severamente maltrecho, y el Octavo Ejército Italiano y el Segundo Ejército Húngaro fueron completamente destruidos, excediendo las bajas del Eje en Túnez.

Mientras que alrededor de dos millones de tropas alemanas y soviética combatieron en Kursk y posteriormente cinco millones combatieron en un frente de 600 kilómetros desde Smolensk hasta la costa del Mar Negro, en julio de 1943, las fuerzas aliadas invadían Sicilia, y expulsaban a 60.000 alemanes de la isla. En agosto, los aliados desembarcaron en la península italiana. En octubre, cuando 2,5 millones de hombres de la Wehrmacht se enfrentaban a 6,6 millones de soviéticos, las líneas del frente se habían estabilizado en Italia al sur de Roma, cuando los ale- manes desplegaron una cantidad de tropas mucho más pequeña, aunque importante, para detener al avance aliado. (Ver Apéndices, Tabla C, para efectivos relativos del Frente del Este).

El 1 de octubre de 1943, 2.565.000 hombres –representando el 63% de los efectivos totales de la Wehrmacht- combatían en el Este, junto con el grueso de los 300.000 hombres de las Waffen SS. El 1 de junio de 1944, 239 (62%) divisiones del Ejército Alemán luchaban en el Este. Con las operaciones en Italia en punto muerto, hasta junio de 1944, la Wehrmacht todavía consideró el Oeste como una semi-reserva. En agosto de 1944, después de la apertura del segundo frente, mientras 2,1 millones de alemanes luchaban en el Este, 1 millón se enfrentaban a las operacio- nes aliadas en Francia.

Las cifras de bajas subrayan esta realidad (Ver Apéndices, Tabla E). Desde septiembre de 1939 a septiembre de 1942, el grueso de los 922.000 muertos, desaparecidos e incapacitados (14% de la fuerza total) del Ejército Alemán puede ser acreditado a los combates en el Este. Entre el 1 de septiembre de 1942 y el 20 de noviembre de 1943, esta sombría cuenta ascendió a 2.077.000 (30% de la fuerza total), de nuevo principalmente en el Este. Desde junio hasta noviembre de 1944, después de la apertura del segundo frente, el Ejército Alemán sufrió otro 1.457.000 de bajas irrecuperables. De esta cifra, 903.000 (62%) fueron perdidas en el Este. Finalmente, des- pués de perder 120.000 hombres ante los aliados en la Batalla de las Ardenas, los alemanes su- frieron otros 2 millones de bajas, dos tercios a manos de los soviéticos, desde el 1 de enero al 30 de abril de 1945.

Las bajas totales de la Wehrmacht hasta el 30 de abril de 1945 sumaron 11.135.500, incluyendo 6.035.000 heridos. De éstos, casi 9.000.000 cayeron en el Este. Las bajas de las fuerzas armadas alemanas al final de la guerra sumaban 13.488.000 (75% de las fuerzas movilizadas y 46% de la población masculina de Alemania en 1939). De éstas, 10.758.000 cayeron o fueron hechos pri- sioneros en el Este. Hoy en día, la austera inscripción “muerto en el Este”, que está esculpida sobre incontables miles de lápidas en montones de cementerios alemanes sirven de mudos testi- gos de la carnicería en el Este, donde la voluntad y la fuerza de la Wehrmacht perecieron. Los soviéticos se han quejado amargamente desde la guerra de la ausencia de un segundo frente real antes de junio de 1944, y este asunto permanece como fuente de sospecha incluso en la Rusia posterior a la Guerra Fría. Pero, las razones de los aliados para postergar un segundo fren- te hasta 1944 fueron válidas, y las contribuciones aliadas a la victoria fueron importantes. Como el debacle norteamericano en el Paso Kasserine en diciembre de 1942 y la actuación canadiense en Dieppe en 1943 indican, los ejércitos aliados no estaban preparados para operar en Francia en 1943, incluso aunque un número suficiente de naves de desembarco hubiesen estado disponibles para la invasión, lo cual no era el caso. Incluso en 1944, los éxitos aliados en Normandía fue un asunto reñido y dependió, en parte, de grandes errores y percepciones erróneas de los alemanes. Una vez en Francia, tras la penetración desde la cabeza de puente en Normandía en agosto, los

dos millones de tropas aliadas en Francia inflingieron graves pérdidas al millón de defensores alemanes -100.000 en Falaise y un total de 400.000 en diciembre de 1944. En la posterior Bata- lla de las Ardenas (16 de diciembre de 1944 – 31 de enero de 1945), los alemanes perdieron otros 120.000 hombres. Estas bajas en el Oeste, combinadas con el alrededor de 1,2 millones perdidos en el Este durante el mismo período, rompieron el lomo de la Wehrmach y establecie- ron el contexto para la destrucción final de Alemania en 1945.

Además de su contribución al combate terrestre, los aliados realizaron una gran campaña de bombardeo estratégico contra Alemania (que los soviéticos no pudieron montar) y que, en 1944, atrajo al grueso del poder aéreo operacional y táctico alemán. La campaña de bombardeo estra- tégico hizo un daño importante a objetivos industriales alemanes, golpeó duro en el bienestar y moral de la población civil alemana, y succionó en su vórtice y destruyó a gran parte de la fuer- za de cazas alemana, que anteriormente había sido utilizada efectivamente en un papel terrestre en el Este. Aunque el poder aéreo no resultó ser un arma ganadora de guerras, y la movilización industrial y la producción de armas alemanas llegó a su cima a finales de 1944, la campaña aé- rea seriamente dificultó el esfuerzo de guerra alemán.

Igualmente de desastroso para los alemanes fueron las pérdidas de cazas tácticos en esa campa- ña y en combate en Francia en 1944. Tan devastadoras fueron estas pérdidas que después de mediados de 1944, la fuerza aérea alemana ya no fue un factor en el Frente del Este.

Otra polémica contribución aliada al esfuerzo de guerra fue el Programa de Préstamo y Arriendo para enviar suministros a la Unión Soviética. Aunque los relatos soviéticos han rutinariamente empequeñecido la importancia del Préstamo y Arriendo en el sostenimiento del esfuerzo de guerra soviético, la importancia global de la ayuda no puede ser minimizada. El Préstamo y Arriendo no llegó en suficientes cantidades para marcar la diferencia entre derrota y victoria en 1941-1942; ese logro debe ser atribuido solamente al pueblo soviético y al nervio de acero de Stalin, Zhukov, Shaponoshnikov, Vasilevsky, y sus subordinados. Según la guerra continuó, sin embargo, los Estados Unidos y Gran Bretaña proporcionaron muchos de los utensilios de guerra y materias primas estratégicas necesarias para la victoria soviética. Sin la comida, ropa y mate- rias primas (especialmente metales) del Préstamo y Arriendo, la economía soviética habría esta- do aún más duramente cargada por el esfuerzo de guerra. Quizás muy directamente, sin los ca- miones, locomotoras y vagones del Préstamo y Arriendo, cada ofensiva soviética se habría em- pantanado en una fase más temprana, superando su cola logística en cuestión de días. A su vez, esto habría permitido a los comandantes alemanes escapar de al menos algunos cercos, mientras obligaba al Ejército Rojo a preparar y realizar muchos más ataques deliberados de penetración para avanzar la misma distancia. Dejados a sus propios medios, a Stalin y sus comandantes po- dría haberles llevado de 12 a 18 meses más acabar con la Wehrmacht; el resultado final proba- blemente habría sido el mismo, excepto que los soldados soviéticos podrían haber llegado a las playas del Atlántico en Francia. Así, aunque el Ejército Rojo derramó el grueso de la sangra aliada, habría derramado mucho más sangre sin ayuda aliada.

Como se indica en el Apéndice, Tabla A, la guerra contra la Alemania Nazi costó a la Unión Soviética al menos 29 millones de bajas militares. Las cifras exactas nunca podrán ser estable- cidas, y algunos revisionistas han intentado establecer el número en tanto como 50 millones. Incontables millones de civiles también perecieron, y la dislocación de la población durante la guerra en la Unión Soviética fue catástrofica (comparable a una ocupación enemiga de los Esta- dos Unidos desde la costa atlántica hasta más allá del río Mississippi). Millones de soldados y de civiles soviéticos desaparecieron en los campos de detención alemanes y en las fábricas de mano de obra esclava. Más millones sufrieron daños permanentes físicos y mentales.

La dislocación económica fue igualmente severa. A pesar de las prodigiosas hazañas que los soviéticos lograron al trasladar la capacidad productiva al interior de la Unión Soviética y al este de los Urales y construir una nueva base industrial en la región de los Urales y Siberia, las pér- didas en recursos y capacidad manufacturera en Rusia occidental y Ucrania fueron catástroficas. La industria pesada del Donbas, Leningrado, Kiev, Kharkov y de un conjunto de regiones caye- ron bajo control alemán, junto con depósitos de recursos minerales claves y la mayoría de las principales regiones agrícolas de la Unión Soviética. De nuevo, un grado equivalente de daño a la economía y capacidad militar de los Estados Unidos habría resultado si los ejércitos alemanes hubiesen conquistado el territorio desde la Costa Este hasta el río Mississippi y en las Grandes

Llanuras del este. Este duro contexto subraya la importancia de los envíos del Préstamo y Arriendo, y explicar porqué “Villies”, “Studabaker” y “Spam” continúan siendo familiares a los rusos más viejos y de mediana edad.

Colocándose por delante de la I Guerra Mundial, de la Guerra Civil, de la colectivización y de la industrialización forzosas, y de las purgas de los años 30, la sorprendente factura sangrienta y el coste económico dejó a la población y a la economía soviéticas debilitadas durante las décadas venideras. Además, la actitud “nunca más” de la población soviética, caracterizada por la cons- tante repetición por la Unión Soviética del slogan “Nadie será olvidado, nada será olvidado”, promovió una paranoica preocupación por la seguridad nacional que contribuiría, finalmente, a la quiebra y destrucción del estado.

In document Cuando Chocan Los Titanes (página 184-187)

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