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TERCER INVIERNO DE LA GUERRA ESTRUCTURA DE FUERZA Y DOCTRINA.

In document Cuando Chocan Los Titanes (página 116-119)

Las campañas desde finales de 1943 hasta mayo de 1945 fueron casi contínuas, interrumpidas por breves pausas mientras la máquina de guerra soviética se reunía para otra gran ofensiva. Este período, conocido por los eruditos soviéticos como el Tercer Período de la Guerra, presen- ció la madurez final de ambas fuerzas armadas. Es por consiguiente apropiado examinas las fuerzas relativas de ambos antagonistas antes de reanudar la historia operacional de la guerra. Después de Kursk, la fuerza y la efectividad de combate de los ejércitos alemanes en el Este entraron en un período de casi constante declive. Los flujos periódicos de nuevos reclutas y equipamiento, especialmente para las unidades mecanizadas y las Waffen SS, dieron a los de- fensores los medios para realizar contraataques locales y contragolpes. Pero estos ataques fue- ron regularmente menos efectivos, debido a la creciente sofisticación de las tropas soviéticas y la firme decadencia en el nivel de entrenamiento y efectividad alemanes.

Las formaciones de infantería alemanas estaban incluso más consumidas que sus contrapartes mecanizadas. La división de seis batallones se convirtió en estándar, una división que estaba en gran parte indefensa si un grupo móvil soviético atacaba en su sector. En diciembre de 1943, después de mucha discusión, Heinz Guderian ganó su causa de tener un modelo antiguo de cha- sis de tanque checho reconfigurado como un destructor de tanques autopropulsado. Desafortu- nadamente para los soldados de infantería alemanes, nunca hubo bastantes destructores de tan- ques o incluso cañones antitanque remolcados de gran calibre para equipar más de un tercio de las unidades antitanques de cada división. La constante retirada de la Luftwaffe para defender el Reich, en conjunción con el constante crecimiento de la Fuerza Aérea Roja, hizo a las tropas alemanas igualmente vulnerables a los ataques aéreos. Las baterías antiaéreas ligeras aparecie- ron finalmente en las divisiones panzer y motorizadas, pero la formación media de infantería tenía poca defensa aérea efectiva.

Por contraste, el Tercer Período de la Guerra señaló el completo desarrollo de la estructura de fuerza, equipamiento y conceptos operacionales y tácticos soviéticos. Antes de considerar este desarrollo, sin embargo, debe ser reconocido que los soviéticos, como los alemanes, sufrieron de una severa escasez de efectivos humanos. Las asombrosas bajas civiles y militares de la gue- rra, las grandes fábricas necesitadas para mantener la producción de armas, y las demandas de reconstruir una economía destrozada en tierra reclamaban de los alemanes que forzaran el su- puestamente inacabable suministro de mano de obra soviética. La mano de obra necesaria para construir nuevas unidades especializadas solamente podía llegar reduciendo el número de reem- plazados proporcionados para las unidades existentes en el frente. Además, con los soviéticos casi continuamente a la ofensiva, éstos inevitablemente sufrieron bajas más fuertes al nivel tác- tico que los defensores alemanes. Como regla general, durante el Tercer Período de la Guerra las unidades de combate soviéticas directamente implicadas en una ofensiva sufrían entre un 22 y un 25% de bajas para cumplir sus objetivos.

En 1944, el Ejército Rojo se enfrentó a una crisis de efectivos que era, en su propia manera, tan serio como a la que se enfrentaba la Wehrmacht. Muchas divisiones de fusileros tenían una fuerza efectiva de 2.000 hombres o menos. El número de piezas de artillería en tales divisiones disminuyó a favor de las unidades no divisionarias de artillería de penetración que podían ser concentradas en puntos críticos. Las formaciones de tanques y de la guardia tenían una mayor prioridad para reemplazos que las divisiones de fusileros, pero sufrieron bajas tan fuertes que, a menudo, estaban frecuentemente debilitadas. Entre las unidades más afectadas estaban las com- pañías de fusileros y de subfusiles que viajaban en la parte trasera de los T-34 como infantería acompañante durante operaciones de explotación y persecución. Por esta razón, comenzando a finales de 1942, los soviéticos habían comenzado a crear numerosas regiones fortificadas (ukre-

plennye raiony) –y, después, regiones fortificadas de campaña- que eran formaciones de “eco-

nomía de fuerza” equipadas con una elevada potencia de fuego pero con pocos efectivos. Estas regiones consistían en batallones de artillería y de ametralladoras diseñados para ocupar grandes sectores del frente, liberando por consiguiente a otras fuerzas de combate más móviles para concentrase a lo largo de ejes críticos de ataque.

La disparidad resultante entre los tamaños autorizados y reales de muchas unidades soviéticas va más lejos para explicar el aparentemente asombroso rendimiento de algunos contraataques alemanes. La capacidad de las reforzadas divisiones Waffen SS para detener a un “cuerpo” o “ejército” soviético probablemente resultaba más de la debilidad numérica de las unidades so- viéticas que de la supuesta superioridad táctica de los atacantes alemanes.

En el Primer Período de la Guerra, el Ejército Rojo había desperdiciado una enorme ventaja numérica porque carecía de la habilidad para desplegar y maniobrar sus fuerzas. Durante el Segundo Período, ningún bando había tenido una abrumadora ventaja estratégica en números, pero los soviéticos habían desarrollado lentamente las habilidades de maniobra y de engaño necesarias para crear una correlación favorable de fuerzas en el punto crítico. Durante el Tercer Período, los soviéticos tenían las cantidades y la habilidad para destruir a las fuerzas alemanas, pero la crisis de recursos humanos necesitaba un énfasis continuado sobre sofisticados ataques de maniobra. Los asaltos masivos frontales sucedieron pero más infrecuentemente, y usualmen- te eran ejemplos del fracaso por parte de los comandantes del Ejército Rojo.

Estructuralmente, el Ejército Rojo continuaba la tendencia hacia la creación de organizaciones totalmente de armas combinadas para las fuerzas de fusileros y móviles. Los ejércitos de infan- tería (armas combinadas) y de la guardia consistían generalmente en de tres a cuatro cuerpos cada uno más una impresionante serie de unidades de artillería, antitanques, morteros, “morteros de la guardia” (lanzacohetes múltiples Katiusha) y antiaéreas. Los ejércitos de la guardia y los especialmente designados de choque tendieron a tener mayores proporciones de artillería y de tanques de apoyo a la infantería.

Las innovaciones reales eran las maneras en las cuales estas fuerzas eran confeccionadas y em- pleadas. En cada nivel, las unidades designadas para realizar el ataque principal eran reforzadas con tropas adicionales de artillería, ingenieros y de tanques. Las Regulaciones de Campaña del

Ejército Rojo de 1944, o Ustav, formalizó procedimientos para un conjunto de técnicas que se

habían desarrollado durante 1943, incluyendo la ofensiva artillera y la ofensiva aérea para pro- porcionar apoyo continuo a las fuerzas terrestres atacantes. Más importante, sin embargo, el

Ustav acentuaba la importancia de la maniobra, la sorpresa, y la iniciativa, tres distintivos de la

teoría de entreguerra alemana y soviética:

La maniobra es una de las condiciones más importantes para lograr el éxito. La maniobra con- siste en el movimiento organizado de tropas para el propósito de crear el agrupamiento más favorable y en situar este agrupamiento en la posición más favorable para asestar al enemigo un golpe aplastante para ganar tiempo y espacio. La maniobra debe ser simple en concepción y debe ser ejecutada secretamente, rápidamente y de tal modo que sorprenda al enemigo... La preparación para tomar la responsabilidad sobre sí mismo para una decisión audaz y ejecu- tarla hasta el fin de manera persistente es la base de la acción de todos los comandantes en bata- lla. El arrojo atrevido e inteligente debe siempre caracterizar al comandante y a sus subordina- dos. El reproche es merecido no para quien en su celo en destruir al enemigo no alcanza su obje- tivo, sino para quien, temiendo la responsabilidad, permanece inactivo y no emplea en la mane- ra apropiada a todas sus fuerzas y medios para obtener la victoria.

Las publicaciones doctrinales de ejércitos más modernos expresan sentimientos similares, pero el Ejército Rojo pagó mucho más que un ideal a estas ideas. Aunque es cierto que el fracaso fue todavía tratado con crueldad, el cuerpo de oficiales rojo, particularmente en las formaciones y unidades móviles, estaba envalentonado y se esperaba que asumiera riesgos y tomara decisiones según se necesitaran.

Debido a que el Tercer Período de la Guerra consistió en una serie casi ininterrumpida de ofen- sivas soviéticas, merece la pena examinar los procedimientos utilizados para tales operaciones. Una vez que Stalin aprobaba una recomendación del Stavka para atacar en cierta región, el pri- mer paso era concentrar una abrumadora superioridad local sin dar aviso a los defensores ale- manes. Según la guerra progresó, Alemania perdió a la mayoría de los simpatizantes y a los agentes dejados atrás que podrían haber proporcionado información sobre tales concentraciones de tropas. Solamente el reconocimiento aéreo y las unidades de interceptación de comunicacio- nes alemanes proporcionaban alguna información sobre la retaguardia soviética, y estas unida-

des eran vulnerables a la creciente habilidad soviética en operaciones de seguridad y engaño. Aunque los analistas de inteligencia alemanes frecuentemente tenían un buen cuadro de las uni- dades soviéticas de primera línea enfrente de ellos, eran consistentemente engañados sobre la situación y fuerzas de las fuerzas de fusileros del segundo escalón y especialmente de las unida- des móviles. Una y otra vez, el Ejército Rojo pudo acumular sus fuerzas sin ser detectadas mien- tras distraía a los defensores con la fantasia de una ofensiva en cualquier otro lugar a lo largo del frente.

Cada nivel de fuerzas soviéticas, desde el regimiento de fusileros al cuartel general de frente, tenía sus propios especialistas en la tarea de reconocimiento. Las pocas guarnecidas defensas alemanes eran a menudo un coladero de infiltrados a nivel individual o de unidades. Los equi- pos de reconocimiento y diversión SPETNAZ (voiska spet-sial’nogo naznacheniia) identifica- ban objetivos clave y destruían puentes y otros lugares vulnerables. La tradicional táctica ale- mana de mantener posiciones avanzadas como tan pocas tropas como fuera posible jugó a favor del reconocimiento soviético. En 1944, no era poco común para las tropas de reconocimiento soviéticas realizar un reconocimiento en fuerza (razvedka boem), capturando la primera línea de posiciones defensivas alemanas hasta 24 horas antes de que la ofensiva real comenzara.

Si una preparación artillera formal parecía necesaria, los artilleros soviéticos no solamente pro- porcionaban impresionantes cargas de metal explosivo sino también sofisticados horarios de fuego diseñados para coger a los defensores desprevenidos. Por ejemplo, los alemanes a menu- do permanecían en profundos búnkeres hasta que el fuego de la artillería enemiga menguaba, entonces se apresuraban a salir para tomar posiciones antes de que llegaran la infantería y los blindados rojos. Reconociendo esto, las preparaciones artilleras soviéticas a menudo incluían n período de fuego masivo de artillería, unos cuantos minutos sin disparar, y luego un renovado bombardeo para coger a los defensores al raso después de que dejaran sus búnkeres.

La ofensiva real comenzaba normalmente con fuerzas de infantería apoyadas por ingenieros y tanques o cañones autopropulsados. Si los blindados alemanes estaban en el área, los cañones pesados autopropulsados tomarían posiciones dominantes detrás de la primera línea de atacan- tes, esperando emboscar a los tanques alemanes cuando aparecieran. La artillería y el apoyo aéreo avanzarían junto con los atacantes, que intentaban pasar muy cerca de las defensas del frente alemán y alcanzar la retaguardia tan rápidamente como fuera posible.

En ocasiones, las defensas alemanas resultaban ser demasiado fuertes para una rápida penetra- ción. En este punto, los mejores comandantes soviéticos, como N. N. Voronov en Smolensk en septiembre de 1943, estaban perfectamente dispuestos a cambiar sus planes y reanudar el ataque en un punto más débil en las líneas alemanas. Esta flexibilidad fue hecha posible por el patrón de atacar en puntos múltiples mientras mantenían importantes fuerzas detrás del asalto inicial. Si una punta de lanza fracasaba, las fuerzas de fusileros del segundo escalón, así como también las formaciones mecanizadas de explotación, podían ser entonces intercambiadas para explotar el éxito en algún otro lugar.

Una vez que una penetración parecía inminente, los comandantes superiores se centraban en el momento más efectivo para introducir a las fuerzas móviles en el campo de batalla. Por un lado, las fuerzas mecanizadas empleadas demasiado pronto podían quedar atascadas en la batalla de penetración; por otro lado, las fuerzas empleadas demasiado tarde podrían encontrarse con con- traataques alemanes o defensas reorganizadas. En las áreas claves de penetración, cada coman- dante de ejército de armas combinadas atacante tenía una o más unidades móviles, cada una equivalente en tamaño a una división panzer reforzada. Estos cuerpos independientes mecaniza- dos, cuerpos de tanques y cuerpos de caballería tenían relativamente objetivos tácticos de gran alcance u operacionales de corto alcance, tratando de capturar un cruce de río clave o rodear a una división o cuerpo alemán.

Las verdaderas estrellas de la ofensiva soviética eran los ejércitos de tanques y los grupos me- canizados-de caballería (normalmente formados por un cuerpo mecanizado o de tanques empa- rejado con uno de caballería), controlados por los comandantes de frente o incluso, en el caso de una gran ofensiva, por el representante del Stavka coordinando dos o más frentes. Los ejércitos de tanques y los grupos mecanizados-de caballería (estos últimos operando sobre terreno má difícil) tenían objetivos operacionales mucho más profundos, a menudo a cientos de kilómetros en la retaguardia alemana. En algunos casos, los ejércitos de tanques rodeaban a ejércitos de

campaña alemanes completos. Según la guerra progresó, se convirtió en axiomático que donde las fuerzas móviles soviéticas tenían éxito, la ofensiva tenía éxito; donde fracasaban, la ofensiva fracasaba. Como si se ratificara la importancia de los ejércitos de tanques, una sexta de tal orga- nización fue creada el 20 de enero de 1944 combinando dos cuerpos móviles independientes bajo el mando del veterano “tanquista” Teniente General A. G. Kravchenko.

Pero incluso los ejércitos de tanques no se movían como masas compactas. Durante la explota- ción y la persecución, cada comandante soviético, desde una división de fusileros reforzada hasta un ejército de tanques, enviaba un destacamento avanzado delante de su cuerpo principal. Tales destacamentos tendían a crecer en tamaño y en alcance de sus misiones según la guerra progresaba. Cada cuerpo móvil independiente sería encabezado por una brigada reforzada de 800 a 1.200 hombres, y, a su vez, cada ejército de tanques sería precedido por una brigada inde- pendiente de tanques o por uno de sus tres cuerpos de 2.000 a 5.000 hombres. Durante una ex- plotación, destacamentos avanzados podrían preceder al cuerpo principal de sus unidades padres entre 20 a 50 kilómetros, dependiendo del tamaño de las unidades implicadas y a la fuerza de las defensas alemanas. En todos los casos, de los comandantes de destacamentos avanzados se es- peraba que utilizaran una iniciativa y habilidad extraordinarias, sobrepasando los centros de resistencia alemanes para continuar el avance. Si, por casualidad, un destacamento avanzado quedaba inmovilizado por los alemanes, la unidad padre maniobraría para contraatacar o, más comúnmente, sobrepasar a los alemanes y continuar el avance.

Justo como los cercos alemanes de 1941 y 1942 habían a menudo fracasado en impedir la huída de las unidades rodeadas, también los soviéticos experimentaron dificultad en sellar a los ale- manes que eran capaces de rodear. Sin embargo, los alemanes rodeados a menudo eran incapa- ces de obtener permiso de los cuarteles generales superiores para escapar o estaban demasiado lejos de sus propias lñineas para escapar exitosamente. Con unas pocas notables excepciones, los cercos soviéticos de 1944-1945 usualmente terminaban con la captura de la mayoría o de todos los alemanes sobrepasados. Finalmente, el Ejército Rojo resolvió el difícil problema que tan a menudo había frustrado a la Wehrmacht –mantener un cerco cerrado con un conjunto de unidades mientras continuaba la persecución con un grupo independiente de fuerzas móviles.

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