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EL EXTREMO NORTE.

In document Cuando Chocan Los Titanes (página 149-152)

Lejos en el norte, después de que las operaciones de Carelia contra los finlandeses habían reco- brado y extendido el territorio perdido en 1941, los soviéticos esperaron su ocasión y realizaron operaciones esporádicas que presionaron al gobierno finlandés del Mariscal Carl Mannerheim y continuaron desangrando al Ejército Finlandés. A mediados de julio, los soviéticos habían re- emplazado a la mayoría de sus tropas de primera línea por unidades defensivas y regiones forti- ficadas, y pasaron a la defensiva ya que la prioridad dirigía las ofensivas más al sur. El colapso posterior de las defenas en el Grupo de Ejércitos Norte en el Báltico y la inminente pérdida de Riga finalmente obligaron a Helsinki a firmar un armisticio el 4 de septiembre de 1944. El Coronel General Lothar Rendulac, comandante del Veinte Ejército de Montaña Alemán, se había anticipado a esta deserción y comenzó a retirar sus fuerzas a posiciones de bloqueo en el norte de Noruega y en la punta de la Península soviética de Kola, al oeste de Murmansk. Bajo fuerte presión de los soviéticos para adherirse a los términos del armisticio, las fuerzas finlande- sas se enfrentaron a las unidades alemanas en retirada el 28 de septiembre, pero Rendulac fue generalmente capaz de completar su retirada. Simultáneamente, el estado mayor del OKW per- suadió a Hitler de que toda la región debía de ser evacuada, pero esta segunda evacuación toda- vía no había comenzado cuando los soviéticos, el 7 de octubre, lanzaron su última ofensiva en el norte, la operación Petsamo-Kirkenes.

Aunque la operación no contribuyó decisivamente a la victoria final soviética en la guerra, y fue hecha pequeña en escala por las otras operaciones en el sur, fue inusul debido a su ubicación y porque combinó operaciones terrestres y anfibias.

El marco para esta operación fue único, con su áspero y lunar terreno e igualmente áspero clima. El hecho de que el terreno no estuviera congelado en octubre hizo el movimiento campo a través aún más difícil. Ciertamente, el resultado de toda la ofensiva giró sobre el control y el uso de las escasas carreteras este-oeste en el área, y grandes cantidades de tropas de ingenieros en ambos bandos fueron dedicadas a crear y mantener tales carreteras.

El Mariscal Meretskov, el comandante del Frente Carelia, y muchos de sus subordinados eran veteranos de las guerras finlandesas y tenían un conocimiento considerable de las dificultades de la guerra en el ártico. La mayoría de las tropas soviéticas en el área, sin embargo, carecían de la amplia experiencia que sus contrapartes del sur habían adquirido en los tres años precedentes. Característico de esta fase de la guerra, el Stavka proporcionó a Meretskov una cantidad de nue- vas unidades que estaban especialmente configuradas para operaciones en la región. Las más inusuales eran los 126 y 127 Cuerpos de Fusileros Ligeros, unidades de infantería ligera con 4.334 tropas de esquiadores y de infantería naval cada una. Estas unidades estaban diseñadas para cumplir el papel de penetración profunda y circunvalación desarrollado por las grandes unidades mecanizadas. Meretskov también reunió 30 batallones de ingenieros, numerosas com- pañías de transporte equipadas con caballos y renos, y dos batallones de vehículos anfibios para cruce de ríos suministrados por los Estados Unidos. Bajo el mando global del Frente Carelia, el Teniente General V. I. Shcherbakov, un veterano de la Guerra Civil Rusa y de la Guerra Finlan- desa de 1939, dirigía el 14 Ejército, controlando los elementos de maniobra de Meretskov. Meretskov apuntó el ataque principal hacia la 2 División de Montaña Alemana, en el flanco sur de Rendulac, con la intención de sobrepasar y rodear a toda la fuerza alemana. El plan de ataque incluía todos los elaborados preparativos típicos de una penetración soviética de 1944; 2.100 piezas de artillería, la mitad de ellas morteros, fueron concentradas para el ataque, y el 7 Ejérci- to Aéreo tenía 750 aviones para apoyar la ofensiva. Los fuegos de artillería preparatorios fueron programados para incluir 140.000 proyectiles de artillería convencional y 97 toneladas de muni- ción de lanzacohetes múltiples. Shcherbakov tenía incluso 110 tanques y cañones de asalto, a pesar del difícil terreno y la total ausencia de blindados alemanes en la región. En total, el 14 Ejército superaba numéricamente al XIX Cuerpo de Montaña Alemán, el objetivo principal de la ofensiva, en 113.200 hombres frente a 45.000.

A pesar de estos preparativos, el ataque inicial del 7 octubre estuvo obstaculizado por la mala visibilidad, haciendo difícil el apoyo aéreo y artilleróa. El 131 Cuerpo de Fusileros rápidamente logró una cabeza de puente sobre el río Titovka en el centro alemán, pero el 99 Cuerpo de Fusi- leros, responsable del ataque principal contra la 2 División de Montaña, encontró que el planea- do fuego de apoyo no había suprimido los fuegos defensivos alemanes. En el momento en que el 99 Cuerpo de Fusileros se había reorganizado para continuar el ataque, los alemanes se habí- an retirado detrás del Titovka y destruido sus puentes. La ausencia de carreteras obstaculizó el traslado de suministros y de la artillería, por lo que las tropas soviéticas rápidamente corrieron más que su apoyo. Mientras tanto, en la noche del 9 al 10 de octubre, pequeños elementos de la 63 Brigada de Infantería Naval desembarcaron en tres puntos a lo largo del flanco izquierdo alemán. Estos desembarcos amenazaron con cortar la carretera principal a lo largo de la costa. En la mañana del 13 de octubre, los soviéticos estaban preparados para atacar el pilar norte de las defensas alemanas, el puerto de Petsamo, desde tres lados, y el 126 Cuerpo de Fusileros Ligeros había estableico una débil posición de bloqueo a través de la única carretera de escape hacia el oeste. Rendulac autorizó al XIX Cuerpo de Montaña a retirarse, y la 2 División de Montaña pudo romper el bloqueo soviético el 14 de octubre. Petsamo cayó ante los soviéticos al día siguiente, pero las tropas soviéticas estaban tan exhaustas que Shcherbakov tuvo que orde- nar una pausa de tres días.

El resto de la campaña Petsamo-Kirkenes fue una carrera a lo largo de la costa norte de Norue- ga. Una vez tras otra, los cuerpos de fusileros ligeros u otras pequeñas unidades se adelantaban a los alemanes y establecían un bloqueo, solamente para quedar tan escasos de comida y muni- ción que eran incapaces de mantener sus posiciones. El reabastecimiento aéreo aliviaron algu- nos de estos problemas, pero los alemanes escaparon con el grueso de sus fuerzas intactas. Los

blindados soviéticos fueron restringidos a la carretera costera y jugaron un papel muy limitado en la campaña. Las acciones de retaguardia alemanas, apoyadas por la artillería y (según se reti- raban en Noruega) por la aviación, repetidamente contuvieron a los soviéticos. Finalmente, el 29 de octubre, con la noche polar aproximándose, Meretskov detuvo todas las operaciones excepto el reconocimiento.

La operación Petsamo-Kirkenes liberó el flanco ártico soviético y finalmente negó a los alema- nes los suministros de níquel e hierro de varias minas de la región. En el lado negativo, a pesar de todos sus esfuerzos para anticiparse a los problemas, los comandantes soviéticos habían sub- estimado las dificultades de moverse en tal terreno. Las fuerzas de infantería ligera implicadas en ambos bandos encontraron las inherentes limitaciones físicas del cansancio. No es sorpren- dente, sin embargo, que Meretskov y su estado mayor estuvieran entre los enviados al Extremo Oriente en el verano de 1945. Allí, aplicaron las lecciones de Petsamo-Kirkenes en sus planes para derrotar a los japones en el igualmente áspero terreno de Manchuria.

CONCLUSIONES.

En conjunto, el verano y otoño de 1944 fueron una auténcia cadena de desastres para las fuerzas alemanas. Sólo las ofensivas de verano costaron a las fuerzas del Eje aproximadamente unos 465.000 soldados muertos o capturados. Entre el 1 de junio y el 30 de noviembre de 1944, las bajas totales alemanas en todos los frentes fueron de 1.457.000 hombres, de los cuales 903.000 fueron perdidos en el Frente del Este. Igualmente importante para un ejército con pocos vehícu- los de motor, a excepción de las unidades panzer, los alemanes perdieron 254.000 caballos y otros animales de tiro. A finales de 1944, solamente Hungría permanecía aliada de Alemania. Los alemanes se sentían acosados y aislados, con el Ejército Rojo situado en Prusia Oriental en el norte, a lo largo del río Vístula en Polonia, y a través del Danubio en Hungría, y con los ejér- citos aliados a sorprendente distancia de las fronteras occidentales de Alemania.

La Unión Soviética también había sufrido fuertemente durante este período, llegando aún más cerca al fondo de su una vez ilimitado barril de recursos humanos.En un esfuerzo para compen- sar esto, los planes soviéticos utilizaron de manera constante cantidades cada vez mayores de artillería, blindados y aviación para reducir las bajas humanas. En el proceso, además, los co- mandantes soviéticos tuvieron la oportunidad de probar sus teorías operacionales sobre una variedad de consideraciones tácticas y de terreno. Estos comandantes todavía comentieron erro- res ocasionales, pero entraron en 1945 en la cima de su forma.

A finales de 1944, el Ejército Rojo estaba estratégicamente posicionado para conquistar el resto de Polonia, Hungría, y Austria en una sola operación. La única cuestión que quedaba era si esta última acometida estratégica impulsaría a las fuerzas soviéticas tan lejos como a Berlin, y, si era así, ¿dónde completarían sus operaciones los ejércitos aliados?. Gobiernos de oposición al estilo soviético habían acompañado al Ejército Rojo en Europa Oriental, y la Conferencia de Yalta, que se celebró en febrero de 1945, tácitamente legitimaría a estos regímenes. Dónde los ejérci- tos contendientes avanzaron en 1945 tendría una influencia decisiva sobre el cariz político de la Europa de posguerra. Este simple hecho subrayó la importancia de operaciones posteriores du- rante la carrera por Berlín y, coincidentemente, generó más que una pequeña sospecha en los respectivos bandos aliados.

CAPÍTULO 15. BATALLAS EN LA NIEVE, INVIERNO DE 1945.

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