La campaña Barbarroja había resultado ser casi tan destructiva para el Ejército y la Fuerza Aé- rea Alemanas como para sus contrapartes rojos. Las fuerzas alemanas habían sido seriamente sobreextendidas incluso antes de que cayeran víctimas del invierno ruso y de la contraofensiva de Moscú.
El Grupo de Ejércitos Centro había sufrido más. En enero, las tropas escasamente abrigadas, traumatizadas por la guerra y desorientadas tendían a entrar en pánico ante el mero sonido de los tanques soviéticos aproximándose. Las heladas, la malnutrición, la congelación y la batalla pro- dujeron bajas físicas y mentales, y las pérdidas en hombres y material excedían por mucho los reemplazos. A finales de enero de 1942, el Grupo de Ejércitos Centro estaba 187.000 tropas por debajo de sus efectivos autorizados, y sufrió una pérdida neta adicional de 40.000 en febrero. La retirada de Moscú había significado abandonar grandes cantidades de equipamiento que, por lo demás, podría haber sido reparado o salvado. El 31 de enero, las faltas del Grupo de Ejércitos Centro totalizaban 4.262 cañones antitanques, 5.890 morteros y 3.361 piezas grandes de artille- ría.
Alemania ni tenía los recursos humanos ni la capacidad de producción para cumplir con estas pérdidas. En diciembre de 1941, 282.300 reclutas adicionales entraron en el ejército, pero todos necesitaban entrenamiento y dos tercios tuvieron que llegar de la industria del armamento. Las fábricas alemanas experimentaron una gran dificultad en recomponer la mano de obra perdida. Los trabajadores italianos y franceses eran reacios a trabajar en Alemania por miedo a los bom- barderos nocturnos de la RAF. Los trabajadores forzosos rusos se suponía que reemplazaban a los trabajadores agrícolas que eran necesitados en las fábricas, pero debido a la escasez de transporte general y al abuso calculado que los prisioneros habían sufrido en manos alemanas, estaban mayormente indisponibles. Los debilitados supervivientes que llegaron a Alemania cayeron víctimas de una epidemia de tifus.
Esta escasez de obreros, combinada con problemas de combustible, deficiencias en materias primas, y la continuada competición entre los servicios armados por la producción disponible, casi llevó a la producción alemana a una paralización durante diciembre de 1941 a enero de
1942. El 10 de enero, Hitler emitió un nuevo conjunto de prioridades en la producción, subordi- nando sus grandes planes para nuevas fuerzas mecanizadas y expedicionarias a la necesidad de reemplazar el equipamiento para los ejércitos de campaña. Esta orden marcó su tardío recono- cimiento de que Alemania estaba participando en una larga guerra. El 21 de marzo, Hitler su- bordinó oficialmente toda la economía a los requerimientos de la guerra.
El Dr. Fritz Todt, el competente pero humilde ministro para armamento y municiones, murió en un accidente de aviación el 8 de febrero. Fue sucedido por Albert Speer, el arquitecto favorito de Hitler y un hombre de alguna experiencia en los problemas de la producción. Con el respaldo personal de Hitler, Speer logró importantes aumentos en la eficiencia y en la productividad, pero lo hizo sin centralizar y racionalizar la industria alemana. En lugar de ello, Speer estableció una serie de comités coordinadores, en los cuales los viejos industriales del Reich cooperaban para administrar materiales críticos y aumentar la producción. El Mariscal Erhard Milch, el sufrido secretario de estado que hizo la mayoría del trabajo de Hermann Goering en el Ministerio del Aire, trabajó estrechamente con Speer en estos esfuerzos. Milch utilizó el reciclamiento y otros métodos para compensar la escasez en materias primas. En 1942, por ejemplo, la industria ale- mana produjo 3.780 aviones más que en el año anterior, mientras que utilizó 15.000 toneladas menos de aluminio.
Estas reformas llevaron tiempo, sin embargo, y de hecho, la Wehrmacht nunca estuvo comple- tamente reequipada después de las desastrosas batallas de Moscú. El Grupo de Ejércitos Sur, que fue designado para realizar el ataque principal alemán en 1942, llevó a sus unidades hasta un 85% de su equipamiento autorizado solamente mediante transferencias forzosas de los otros dos grupos de ejércitos. Durante noviembre a diciembre de 1941, el OKH había reunido varios miles de camiones desde Alemania y los territorios ocupados en el Oeste, pero tres cuartas par- tes de estos vehículos se averiaron antes de alcanzar el teatro de operaciones ruso. Las pérdidas en vehículos y caballos obligó a los Grupos de Ejércitos Centro y Norte a comenzar la campaña de 1942 con una movilidad severamente reducida, especialmente cuando operaban sobre carre- teras mayormente sin pavimentar. Sin caballos, la artillería disponible y las columnas de sumi- nistros fueron también significativamente perjudicadas.
Como con el Ejército Rojo, las unidades de elite alemanas recibieron bastantes hombres y mate- rial para llevarlas de vuelta a su anterior fuerza. Los restos del Regimiento de Infantería Gross-
deutschland, que en una ocasión estuvo reducido a solamente 33 fusileros, fueron retirados a la
retaguardia para descansar y equipar. A finales de mayo, el Grossdeutschland se había expandi- do a una división motorizada pródigamente equipada, con dos regimientos de infantería motori- zada, un regimiento de artillería, y batallones de tanques, cañones de asalto y motociclistas. La división panzer o motorizada media no fue tan bien pero aún recuperó mucho de su poder de combate. Las unidades Waffen SS continuaron expandiéndose y adquiriendo más blindados. En general, los Primero y Cuarto Ejércitos Panzer habían recuperado parte de sus antiguos efectivos en el momento en que las operaciones activas se reanudaron ese verano. Para la división de infantería típica, sin embargo, el invierno de 1941-1942 fue solamente la primera parada en una larga y dolorosa pérdida de poder de combate.
El Ejército Alemán había perdido mucho más que soldados y vehículos; había sufrido un severo golpe en su moral. La mayoría de los veteranos supervivientes reconocieron que estaban com- prometidos en una lucha encarnizada y de duración indefinida en una tierra extranjera. La de- serción y la rendición eran imposibles, ya que podrían llevar a torturas indescriptibles a manos de un enemigo aparentemente inhumano. Los soldados de primera línea cada vez más buscaron garantías de que estaban combatiendo por una causa justa y necesaria. Para proporcionar tales garantías, sus oficiales se dirigieron a la línea oficial de propaganda nazi de una lucha racial e ideológica. El 15 de julio de 1942, el OKW regularizó este proceso ordenado la asignación de un oficial de educación o adoctrinamiento en todos los estados mayores de inteligencia. Según se acostumbraban a hablar en términos ideológicos, los oficiales inferiores y soldados alemanes también estaban más inclinados a cometer atrocidades contra los Untermenschen eslavos. Para- dójicamente, el conflicto germano-soviético llevó a los soviéticos a quitar importancia a la ideo- logía en favor del nacionalismo, mientras que indujo al Ejército Alemán a abrazar un sistema estilo soviético de oficiales políticos y de adoctrinamiento.