1 . U N P I O N E R O DEL E C U M E N I S M O : J O H N R . M O T T
A . D a t o s biográficos
Nacido en Purvis (NY), el 25 de mayo de 1865, fallece en Evanston, III., el 31 de enero de 1955. Laico metodista es quizá la primera figura de la historia del movimiento ecuménico moderno. En la Universidad de Cornell se convierte a la fe evangélica. Ingresa en la YMCA, y representa a dicha organización acudiendo a la asamblea de Vadstena (Suecia), en 1895 donde nacería la "Federación Mundial de Estudiantes Cristianos" fWSCF). Desde 1895 será el secretario general, y desde 1920 el presidente.
La vocación y el celo misioneros de Mott le inducen a participar en la Conferencia Misionera Mundial que se celebra en Edimburgo 1910, cuna del ecumenismo moderno. Viajero infatigable con intenciones evangelizadoras, recorrió buena parte de los cinco conti- nentes, invitando a líderes de movimientos juveniles y líderes eclesiásticos a participar en los eventos de tipo ecuménico que entonces empezaban a celebrarse.
Recibe en 1946 el Premio Nobel de la Paz por su contribución al entendimiento entre las naciones.
B. La obra de John R. M o t t
Para John Mott, la Conferencia de Edimburgo (1910) significó mucho más que la simple decisión de cooperar juntos en los terrenos de misión del llamado Tercer Mundo. El encuen- tro a través de la WSCF con líderes religiosos de la Ortodoxia iba a suponer abrir el movi- miento ecuménico a todas las Iglesias, e incluso hacer que las agrupaciones estudiantiles "denominacionales" (cuyos miembros pertenecían a una sola Iglesia o Confesión cristiana) pudiese entrar a formar parte de la WSCF que era claramente "interdenominacional". Pero este paso fue providencial para el primer desarrollo del movimiento ecuménico.
Su participación en las Conferencias de Lausana (1927) y Edimburgo (1937), del movi- miento Fe y Constitución [Faith and Order) supuso una contribución importante a la tenden- cia propiamente doctrinal del movimiento ecuménico.
Asistió a la Conferencia de Estocolmo (1925), del movimiento Vida y Acción (/./fe and
Work) presidida por su amigo Nathan Sóderblom, a la vez que creyó firmemente en el valor
del testimonio cristiano en los temas de la paz y de la justicia social.
John Mott fue uno de los abanderados que habló abiertamente en la Conferencia de Oxford (1937) de la necesidad de establecer un Consejo Ecuménico de las Iglesias, que reco- giese en sí mismo las dimensiones doctrinales y de la acción cristiana que, surgidas en Edimburgo 1910, corrían paralelas en los dos movimientos de Vida y Acción y Fe y Constitución. (Véanse las fichas 18 y 19). Fue elegido uno de los cinco presidentes, y el sólo laico, del Comité provisional del Consejo Ecuménico de las Iglesias. Cuando en 1948 se crea, finalmente, el Consejo Ecuménico de las Iglesias, Mott tuvo la satisfacción de predicar en el servicio inaugural.
2 . N A T H A N S Ó D E R B L O M : T E O L O G Í A Y A C C I Ó N E C U M É N I C A
A. D a t o s biográficos
Nació en Trono (Suecia), 15 enero 1866, y muere en Upsala, el 12 de julio 1931. De fami- lia de pastores luteranos y educado en ambiente del 'despertar evangélico' sueco, realiza estudios universitarios en Upsala (1886-1892). Ordenado de pastor en 1893, pasa a residir en París (1894-1901) como capellán en la Embajada de Suecia y como pastor de la congregación luterana sueca de la capital francesa. En París obtiene un doctorado en religiones compara- das por La Sorbona. Siendo profesor de Historia de las Religiones en la Universidad de Upsala (1901-1914) y profesor invitado de la Universidad de Leipzig (1912-1914) es nombrado arzo- bispo de Upsala (1914).
Su labor pastoral se amplía, favoreciendo también, las condiciones de vida de los prisio- neros de guerra y refugiados políticos y la promoción la paz entre las naciones europeas en conflicto bel ico. Recibe el Premio Nobel de la Paz en 1930. Alma del movimiento "Vida y Acción" [Life and Work) presidirá su primera Conferencia en Estocolmo (1925).
B. La obra de N a t h a n S ó d e r b l o m
Nathan Sóderblom estuvo siempre interesado de manera especial en el estudio del refor- mador Lutero al que consagraría, ya en su juventud, un extenso trabajo en el que afirma que después de Pablo, "la historia de la religión no ha tenido un genio igual a Martín Lutero", en la línea de hombres como Agustín, Pascal y Schleiermacher.
Los años de estudiante en la Universidad de Upsala le habían acercado a las actividades del YMCA y de la Asociación Misionera de Estudiantes, organismos que le posibilitan el encuentro con una relevante figura ecuménica, John Mott. Interés ecuménico que desarrolla de manera especial, antes de la Gran Guerra, en la World Alliance for Promoting International
Fríendship through the Churches, y después en un texto -Evangelisk katolicitet (1919) del que
se desprende la idea de un 'concilio mundial de las Iglesias' que ayude al acercamiento mutuo de las Iglesias de Suecia e Inglaterra y que alcanzan la intercomunión en 1922.
La obra decisiva de Sóderblom es la Conferencia Cristiana Mundial sobre Vida y Acción
[Life and Work). Se acercó más al mundo de la Ortodoxia que al catolicismo romano. Y a pesar
de todo impuso su voluntad de invitar a la Iglesia católica a la Conferencia de Estocolmo. Aunque hombre de altura doctrinal, en las circunstancias en las que vive apuesta por un ecu- menismo de tipo práctico: "Debido a necesidades obvias, a la muerte y al hambre reinantes (...) el cristianismo se ha visto forzado a abandonar sus especulaciones (...) para concentrarse en lo que es esencial. De lo que se trata ahora es nada menos que del misterio del sufrimiento, la tragedia del mundo -pero también de la salvación del mundo, de la reconciliación, del per- dón, la transformación y la renovación de la humanidad y de la presencia de Dios...".
En este contexto se mueve precisamente otro núcleo que define al teólogo sueco: la reconciliación europea y la necesidad de que los líderes de las Iglesias promuevan ante sus respectivos gobiernos la urgencia de la paz. Tras su elevación al arzobispado de Upsala (mayo de 1914), redacta una 'Llamada a la pazya la fraternidad cristiana' con la intención de que sea firmada por las jerarquías eclesiásticas de las naciones en contienda. Pero el texto es desoí- do por los líderes religiosos de Alemania, Francia e Inglaterra.