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PRIMERAS RUPTURAS

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1 . R A Z O N E S D E LAS P R I M E R A S R U P T U R A S

Las primeras rupturas se remontan a las con- troversias doctrinales de los siglos IV-V, cuando la Iglesia está todavía definiendo las doctrinas centrales de la fe (la doble natura- leza de Cristo, la Maternidad divina, la Trinidad y la proce- dencia del Espíritu Santo).

A. Distintas sensibilidades en el O r i e n t e cristiano

Ya en los albores del cristianismo surgieron en el mundo griego dos escuelas teológicas muy diversas: la alejandrina y la antioquena. Las primeras rupturas que se produjeron en el seno de la Cristiandad se remontan al enfrentamiento entre estas dos corrientes.

Estamos en el momento en que la Iglesia -una vez ha afirmado la divinidad y la humani- dad de Cristo- tiene que explicar cómo se da la conjunción de ambas naturalezas en una misma persona, tratando de conciliar la unidad y la distinción en la persona de Cristo. Las soluciones que teólogos de una y otra escuela aportan constituyen el origen de una agria polémica que, entremezclada con cuestiones políticas y culturales, dará finalmente lugar al cisma.

Las dos escuelas reflejan en sus posturas dos tendencias teológicas y dos orientaciones cristológicas diferentes, que ponen el acento en elementos distintos. Mientras los alejandri- nos partían de la unidad del sujeto, privilegiando la divinidad sobre la humanidad de Cristo, los antioquenos buscaban salvaguardar su humanidad.

Tras muchas disputas, la cuestión quedó zanjada en el concilio de Calcedonia (451), pero la forma en que se explica cómo se da en Cristo la unidad de las dos naturalezas -divina y humana- no satisface a los representantes de varias iglesias, que terminarán por separarse de la Gran Iglesia.

Durante casi quince siglos, estas Iglesias han sido consideradas heréticas, porque se pen- saba que negaban la doble naturaleza de Cristo. Sólo recientemente, gracias al diálogo ecu- ménico, se ha podido reconocer que mantienen la misma fe expresada con formulaciones dis- tintas.

B. La dificultad de hablar lenguajes diferentes

La fórmula "una persona en dos naturalezas" con la que el concilio de Calcedonia, tra- tando de acercar posiciones entre las dos escuelas, expresa la conciliación de la divinidad y la humanidad en Cristo, no fue sin embargo aceptada por los representantes de algunas Iglesias que, finalmente, terminarán por separarse del resto de la Iglesia.

Aunque rechazan la formulación de Calcedonia, poseen la misma fe cristológica (Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre). No se trata por tanto de divisiones de doctrina, sino de una cuestión de lenguaje. Por ello algunos autores han hablado de 'cisma de lenguaje'. B. Sesboué lo ha explicado así: "Una decisión conciliar, destinada a zanjar una cuestión doctri- nal, engendró un 'cisma de lenguaje', abierto no sólo entre 'herejes' y 'ortodoxos' sino entre los propios ortodoxos entre sí que, queriendo afirmar la misma fe, no llegaban a ponerse de acuerdo en las fórmulas (...) La unidad de la Iglesia pagó caros los gastos de esta crisis, ya que el cisma del lenguaje se cristalizó en Iglesias 'cismáticas', cuyas divisiones se vieron fomentadas por rivalidades políticas."

2 . C U A N D O LAS P R I M E R A S R U P T U R A S S E C O N S O L I D A N

A. La Gran Iglesia se fractura

El concillo de Calcedonia fue asumido por la práctica totalidad de las Iglesias, que lo con- sideró en continuidad con la fe de Nicea. Aquellas Iglesias de Oriente que no aceptaron la for- mulación de Calcedonia comienzan a llevar una existencia separada de las demás.

Si toda definición dogmática marcaba tradicionalmente el límite entre la ortodoxia y la herejía, estamos ante el primer caso en la historia del cristianismo en que una cuestión doc- trinal genera una división en el seno de la propia Iglesia.

B. Las Iglesias A n t i g u a s Orientales

Conocidas también como no calcedonianas por su rechazo de la formulación del concilio de Calcedonia: Iglesia Copta, Iglesia Etíope, Iglesia Sirio-occidental o Jacobita, Iglesia Armenia e Iglesia Malabar. Todas ellas pertenecen al mundo oriental.

Iglesia Copta Ortodoxa. Es la Iglesia nacional del Egipto cristiano. Se siente heredera del

patriarcado de Alejandría. Si de su seno brotaron la herejía arriana y la nestoriana, también en esta Iglesia vio la luz un floreciente monacato. La persecución musulmana y su labor misio- nera en África son dos características que han marcado la vida de estas Iglesias. Pertenece al Consejo Ecuménico de Iglesias desde su fundación.

Iglesia Etíope. Perseguida por el Islam y sometida al aislamiento por razones políticas y

geográficas, esta pequeña Iglesia posee una gran tradición litúrgica y monástica. Pertenece también al Consejo Ecuménico de Iglesias desde su fundación.

Iglesia Sirio-Occidental o Jacobita. Vinculada tradicionalmente al patriarcado de Antioquia,

ya antes del concilio de Calcedonia había sido cuna del 'apolinarismo', doctrina defendida por Apolinar de Laodicea que defendía una única naturaleza en Cristo. Tras su rechazo de los decretos de Calcedonia, fue la labor del obispo monofisita Jacobo Zanzalo -a quien esta Iglesia debe su nombre- la que determinó su futuro, al establecer una Iglesia organizada.

Iglesia Apostólica Armenia. El auxilio prestado por el emperador romano oriental Zenon

-de confesión monofisita- a esta Iglesia motiva, como muestra de agradecimiento, el recha- zo de los cánones de Calcedonia. El patriarca de la Iglesia armenia es conocido como el kha-

tolikós.

Iglesia Malabar. Fruto de la evangelización del apóstol Santo Tomás en la India, mantuvo

contacto con el Patriarcado sirio de Antioquia hasta que, en 1912, se convierte en Iglesia auto- céfala.

Ficha

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DIVISIONES ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE

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