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LAS PROPUESTAS ECLESIOLÚGICAS DE J M TIEEARD y CH DUQUÜC

In document 100 fichas sobre ecumenismo.pdf (página 110-112)

1 . L A P R O P U E S T A D E J . - M . T I L L A R D

Sin formularse propia- mente como modelos de unión, las propues- tas eclesiológicas de estos dos teólogos, con una fuerte orien- tación ecuménica, constituyen una con- tribución enormemen- te significativa, apor- tando elementos que pueden clarificar la comprensión de la unidad visible.

A. La i m p o r t a n c i a de la eclesiología de c o m u n i ó n

Uno de los eclesiólogos y ecumenistas más prestigiosos del siglo XX, el dominico cana- diense Jean-Marie Tillard, ha realizado una de las mayores aportaciones al ecumenismo desde ámbitos eclesiológicos, colocando el concepto de 'comunión' como eje de la búsqueda

ecuménica. En una de sus obras más destacadas, Église cf Églises. Lécclesiologie de commu-

nion 0 987), Tillard eleva a categoría fundamental la expresión "eclesiología de comunión", por

su convencimiento de que la "eclesiología permanece siendo la cuestión, sin duda, más difí- cil del contencioso ecuménico. Alrededor de ella se operó la fractura del mundo cristiano en dos bloques: el bloque de las viejas Iglesias, con frecuencia llamado 'bloque católico', y el lla- mado 'bloque protestante'.

Para Tillard, sólo el concepto de "comunión" podrá expresar y justificar plenamente la uni- dad en la fe -trinitaria, cristológica y sacramental-, exigencia única pero ineludible para poder revivir hoy la experiencia de la Iglesia Indivisa. La "comunión" es concepto-clave para enten- der la Iglesia, la eucaristía, el ecumenismo, la ministerialidad -en concreto la del Obispo de Roma-, la realidad de la Vida Religiosa y el mismo diálogo.

Sólo una vuelta a este concepto de la gran tradición cristiana de la Iglesia permitirá la renovación de la vida eclesial, de la teología y del ecumenismo. Concepto de comunión que posibilita, por último, romper la prisión y el cúmulo de malentendidos, sospechas, susceptibi- lidades y falsas pretensiones que aprisionaron en el pasado a las diversas tradiciones ecle- siales.

B. U n a 'Iglesia de Iglesias': su visión de la u n i d a d

La concepción de la unidad visible, en Tillard puede describirse con toda propiedad como "Iglesia de Iglesias". Visión que supera, según el teólogo dominico, al modelo de la "diversidad reconciliada". La "comunión" implicada en la categoría de "Iglesia de Iglesias" provocará, por una parte, una situación que no puede ser exactamente la vuelta a aquella situación que se daba antes de las grandes rupturas, pero, por otra, no se podrá pedir a las confesiones cris- tianas la renuncia a sus intuiciones, a la propia tradición y a los rasgos específicos que se hallen en armonía con la Revelación. No vuelta al pasado para copiarlo miméticamente, sí, en cambio, aceptación de la propia realidad confesional, pero con exigencia de cambio por parte de todos para aceptar en su vida concreta valores eclesiales hasta entonces velados en la pro- pia tradición y que se exigen en una comunión plena y visible.

En esta perspectiva de Tillard ninguna tradición cristiana será absorbida por otra, sólo se les exigirá el rechazo de aquellos elementos que están en contradicción con los valores esen- ciales de la "comunión". Así devienen "comunión" en la comunión; es decir, así se forja la "Iglesia de Iglesias".

2 . L A P R O P U E S T A D E C H . D U Q U O C

A . U n a eclesiología e c u m é n i c a

En 1985, Christian Duquoc publica la obra Iglesias Provisionales. Ensayo de una eclesiolo-

gía ecuménica. La originalidad de su pensamiento eclesiológico deriva en gran medida de su

afirmación de la historicidad de la Iglesia y su convicción de que no cabe separar la esencia de la Iglesia de sus formas históricas e institucionales.

De la anterior convicción se deriva su modo de proceder eclesiológico, orientado hacia un método inductivo que parte de la realidad de la multiplicidad de Iglesias históricas existentes. Metodología a su juicio más adecuada porque, a diferencia de un método descendente que tiende a considerar la multiplicidad como degradación y, por tanto, pecado, sitúa el problema en los datos empíricos, partiendo de la realidad de una multiplicidad de Iglesias históricas, otorgando a la pluralidad un sentido positivo.

Para"D"uquoc, la renuncia al enfrentamiento y la aceptación por parte de las Iglesias de su multiplicidad y diversidad, significa la superación de una forma de concebir la unidad según un modelo 'imperialista', y constituye un signo de vitalidad nueva para el futuro eclesial.

B. La multiplicidad y provisionalidad de las Iglesias

Duquoc toma como punto de partida la siguiente hipótesis: "la multiplicidad de las Iglesias, lejos de deber ser marginada como un desgraciado accidente de nuestra historia constituye, por el contrario, el punto de partida del pensamiento teológico en eclesiología". La consideración de la multiplicidad de Iglesias como algo positivo constituye, a su juicio, la orientación del ecumenismo, que no es sino un cambio de pensamiento y práctica eclesioló- gica a partir del fenómeno de la pluralidad. El objetivo de la unidad no implica una abolición de la multiplicidad sino una manera distinta de referirse a ella.

Consecuencia de ese carácter histórico de la Iglesia es su provisionalidad. Carácter provi- sional que "califica el hecho de que las Iglesias son históricas y, portante, perecederas, lo que no es un juicio peyorativo que insinúa un defecto de valor [...) Lo provisional [...) se opone a la obstinación en la voluntad de detenerse en el instante, la movilidad de las formas o la mor- talidad de las relaciones. Por eso lo provisional afecta a todas las formas que en las Iglesias son históricas: la organización, las formas sociales, las formas simbólicas, las expresiones doc- trinales. Al afectarlas, no las encierra en el instante, sino que las abre a su objetivo: la llega- da del reinado de Cristo".

Reconociendo el valor de la pluralidad de Iglesias como una valor en sí mismo que deri- va directamente del Nuevo Testamento, Duquoc apuesta por una unidad en comunión, en la que las Iglesias pasen de la confrontación y la polémica al diálogo, reconozcan la necesidad de transformación en orden a convertirse en el lugares que posibiliten dicha comunión, y acepten la realidad de las otras Iglesias como el límite que manifiesta que ninguna de ellas se identifica con el Reino.

La cuestión de la ver- dadera Iglesia no se plantea respecto a la Iglesia ideal que algu- nos llaman invisible, sino respecto a las Iglesias históricas. Partir del ideal es con- denarse, o bien a absolutizar la propia Iglesia, o bien a consi- derarlas a todas peca- doras. No es asumir el valor positivo de su multiplicidad. (Ch. Du-

quoc)

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