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LA BÚSQUEDA DEEAVEBBAU

In document 100 fichas sobre ecumenismo.pdf (página 144-147)

1 . E L H O M B R E E S U N B U S C A D O R NATO

A. B u s c a d o r de sentido y de sentido último

Entre las definiciones más lúcidas que se han dado del hombre está la de ser "un busca- dor de sentido", y también "aquél que busca la verdad". Seguramente esa es una dimensión, entre otras, que le separa del mundo animal. El hombre es un explorador de la verdad, pero nunca se ha conformado con la verdad "poseída y definida" -¿acaso eso sería la verdad?-, sino buscador de verdades que están por descubrir. Incluso "verdades definitivas", como "Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre", o "Tú eres el Mesías", según la afirmación exul- tante de Pedro, deben seguir siendo exploradas y profundizadas.

Juan Pablo II ha escrito al inicio de su encíclica Fides et ratio: "Una simple mirada a la his- toria antigua muestra con claridad cómo en distintas partes de la tierra, marcadas por cultu- ras diferentes, brotan al mismo tiempo las preguntas de fondo que caracterizan el recorrido

de la existencia humana: ¿quién soy? ¿de dónde vengo y adonde voy? ¿porqué existe el mal?

¿qué hay después de esta vida? Estas mismas preguntas las encontramos en los escritos

sagrados de Israel, pero aparecen también en los vedas y en los Avesta; las encontramos en los escritos de Confucio y Lao-Tze y en la predicación de los Tirthankara y de Buda; asimismo se encuentran en los poemas de Homero y en las tragedias de Eurípides y Sófocles, así como en los tratados filosóficos de Platón y Aristóteles. Son preguntas que tienen su origen común en la necesidad de sentido que desde siempre acucia el corazón del hombre: de la respues- ta que se dé a tales preguntas, en efecto, depende la orientación que se dé a la existencia"

{Fides et ratio, 1 b).

B. ¿Poseer la v e r d a d o buscar la verdad?

"Poseer la verdad" no es la mejor expresión para indicar la relación del creyente con la verdad de Dios. Quizá es más correcto afirmar que la vedad nos posee, o incluso decir que el creyente es un buscador de la verdad, como se afirma en el párrafo anterior.

El filósofo Lessing escribió una vez: "Si Dios tuviera encerrada en su mano derecha toda la verdad y en la izquierda el único impulso que mueve a ella, y me dijera: '¡Elige!', yo caería, aún en el supuesto de que me equivocase siempre y eternamente, en su mano izquierda, y le diría: '¡Dámela, Padre! ¡La verdad pura es únicamente para ti!'".

Pero ello no significa, en absoluto, que el creyente esté desprovisto de capacidad para ir a la verdad, para acercarse y sumergirse en ella. La verdad atrae al ser humano. Hay una lla- mada desde fuera (Te) y una capacidad desde dentro [Razón) para encontrarse con la ver- dad.

2. R A Z Ó N Y FE

A. El poder de la razón

El ser humano posee un instrumento -la inteligencia- que es parte de su propia identi- dad. Una inteligencia que es con-creadora. Hecha a imagen del Dios creador. "La inteligencia tiene, entre sus virtudes, la de transformar lo que mira -la mirada crea, anticipó Eugenio D'Ors-, a la manera como el ángel de luz viste de claridad esperanzada el aire y el mensaje. En un mundo en que la inteligencia no sea la que dicte la finalidad a la ciencia y no señale a la investigación las preferencias morales, es natural que la humanidad viva en desasosiego, y que aparezcamos como unos realquilados de la historia" (A. Muñoz Alonso).

En la misma línea, Juan Pablo II ha escrito: "El hombre tiene muchos medios para pro- gresar en el conocimiento de la verdad (...); el deseo de verdad pertenece a la naturaleza misma del hombre. El interrogarse sobre el porqué de las cosas es inherente a su razón (...) Los corjpcimientos fundamentales derivan del asombro suscitado en él por la contemplación de la creación (...) Sin el asombro el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal. La capacidad especulativa, que es propia de la inteligencia humana, lleva a elaborar, a través de la actividad filosófica, una forma de pensamiento riguroso y a construir así, con la coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos, un saber sistemático. Gracias a este proceso, en dife- rentes contextos culturales y en diversas épocas, se han alcanzado resultados que han lleva- do a la elaboración de verdadero sistemas de pensamiento" [Fides et ratio, 3a y b y 4a y b).

"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha pues- to en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de cono- cerlo a Él para que, conociéndolo y amán- dolo, pueda alcanzar también la plena ver- dad sobre sí mismo" (Fides et ratio, 0).

B. El milagro de la fe

En el viaje del hombre hacia el misterio, la razón se pregunta, se inquieta, duda y busca alguna luz que no provenga de él mismo. Es el momento de la confianza en algo o en alguien. La confianza en otra voz y si llega a percibir que esa otra voz es la voz del misterio mismo, que se revela, entonces tenemos el concepto de la fe. La fe es confianza en la palabra del que habla, pero también en el contenido del mensaje. Además de ser confianza, la fe es respues-

ta en una doble dirección: respuesta intelectual, pues percibe signos del mismo Dios que le

ofrece la bondad de creer; y a la vez respuesta de la voluntad, ya que se quiere creer. Con toda evidencia ambas direcciones, la intelectual y la volitiva, están precedidas de la misma gracia divina.

Pero valdría la pena insistir en que la fe es el resultado de un encuentro entre dos perso- nas, Dios y el ser humano, y desde ese encuentro -que es experiencia antes que aceptación de "creencias"- nace la fidelidad personal, la confianza osada, la entrega. Por eso "solamen- te tras creer en Alguien cabe creer en algo", y será bueno recordar la diferencia entre la fe

2. R A Z Ó N Y FE

A. El p o d e r de la razón

El ser humano posee un instrumento -la inteligencia- que es parte de su propia identi- dad. Una inteligencia que es con-creadora. Hecha a imagen del Dios creador. "La inteligencia tiene, entre sus virtudes, la de transformar lo que mira -la mirada crea, anticipó Eugenio D'Ors-, a la manera como el ángel de luz viste de claridad esperanzada el aire y el mensaje. En un mundo en que la inteligencia no sea la que dicte la finalidad a la ciencia y no señale a la investigación las preferencias morales, es natural que la humanidad viva en desasosiego, y que aparezcamos como unos realquilados de la historia" [A. Muñoz Alonso).

En la misma línea, Juan Pablo II ha escrito: "El hombre tiene muchos medios para pro- gresar en el conocimiento de la verdad (...); el deseo de verdad pertenece a la naturaleza misma del hombre. El interrogarse sobre el porqué de las cosas es inherente a su razón [...) Los conocimientos fundamentales derivan del asombro suscitado en él por la contemplación de la creación (...) Sin el asombro el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal. La capacidad especulativa, que es propia de la inteligencia humana, lleva a elaborar, a través de la actividad filosófica, una forma de pensamiento riguroso y a construir así, con la coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos, un saber sistemático. Gracias a este proceso, en dife- rentes contextos culturales y en diversas épocas, se han alcanzado resultados que han lleva- do a la elaboración de verdadero sistemas de pensamiento" {Fides et ratio, 3a y b y 4a y b).

"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha pues- to en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de cono- cerlo a Él para que, conociéndolo y amán- dolo, pueda alcanzar también la plena ver- dad sobre sí mismo"

(Fides et ratio, 0).

B. El milagro de la fe

En el viaje del hombre hacia el misterio, la razón se pregunta, se inquieta, duda y busca alguna luz que no provenga de él mismo. Es el momento de la confianza en algo o en alguien. La confianza en otra voz y si llega a percibir que esa otra voz es la voz del misterio mismo, que se revela, entonces tenemos el concepto de la fe. La fe es confianza en la palabra del que habla, pero también en el contenido del mensaje. Además de ser confianza, la fe es respues-

ta en una doble dirección: respuesta intelectual, pues percibe signos del mismo Dios que le

ofrece la bondad de creer; y a la vez respuesta de la voluntad, ya que se quiere creer. Con toda evidencia ambas direcciones, la intelectual y la volitiva, están precedidas de la misma gracia divina.

Pero valdría la pena insistir en que la fe es el resultado de un encuentro entre dos perso- nas, Dios y el ser humano, y desde ese encuentro -que es experiencia antes que aceptación de "creencias"- nace la fidelidad personal, la confianza osada, la entrega. Por eso "solamen- te tras creer en Alguien cabe creer en algo", y será bueno recordar la diferencia entre la fe ("creo en Ti") y las creencias (las formulaciones de los contenidos de la fe).

In document 100 fichas sobre ecumenismo.pdf (página 144-147)

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