• No se han encontrado resultados

LA OBRA DE PAUL COUTURIER

In document 100 fichas sobre ecumenismo.pdf (página 115-117)

1. PAUL COUTURIER: EL H O M B R E OPORTUNO C O N LA F Ó R M U L A IDEAL

A. Datos biográficos del padre del "ecumenismo espiritual"..

CLyon, 29 julio 1881 - Lyon, 24 marzo 1953). Paul Couturier, ordenado sacerdote en 1906, pasó los primeros años de su vida en el sencillo servicio sacerdotal como vicario de una parro- quia y como profesor de instituto en su ciudad natal. Durante la década de los años 20 había recibido en su parroquia a numerosos refugiados rusos -se habla de más de 10.000 que huyendo de la Rusia bolchevique emigran hacia el Occidente- y de manera sencilla va des- cubriendo las riquezas de la espiritualidad de aquellos emigrantes ortodoxos. En 1932 pasa una temporada en la abadía de Amay-sur Meuse, la actual Chevetogne, conociendo al abad Lambert Beaduin, y todo el esfuerzo que había puesto el cardenal Mercier para llevar adelante los diálogos católico-anglicanos en las Conversaciones de Malinas.

Vuelto a Lyon pondría en la escena ecuménica su versión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos [18-25 enero) que iba a implantarse, primero en Francia y después en la Iglesia universal.

Desde 1937 coopera en la creación de las conferencias interdenominacionales del Grupo de Dombes, y apoya a Roger Schutz, iniciador de la Comunidad ecuménica de Taizé.

B. La intuición y f ó r m u l a e c u m é n i c a de Couturier

Ya se ha recordado que en 1932, P. Couturier había visitado la abadía de Chevetogne, con- tagiándose además del espíritu ecuménico del Cardenal Mercier. Su transformación ecumé- nica va a dar resultados insospechados. Su gran aportación consiste en haber intuido un tiem- po [18-25 de enero) para consagrarlo a la plegaria ecuménica que titularía primero "Octavario para la Unidad de los Cristianos" (1934) y que se convertirá desde 1939 en la "Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos".

No sólo había cambiado el apelativo. La gran intuición de Couturier fue hallar una fórmu- la en la que todos los cristianos, sin excepción, pudiesen orar juntos en un mismo lugar. La fórmula es bien conocida: Orar al Señor para que envíe el don de la unidad "por los caminos que Él quiera y cómo Él quiera". No se trata ya de que una Iglesia determinada -sus jerarcas, sus teólogos, sus ecumenistas- programen cómo habría de darse tal unidad, en qué lugar y en qué tiempo. Ahora la plegaria se dirigía a su verdadero centro, Cristo, no a otros centros, como podrían ser las Iglesias mismas.

Se abandonaba la espiritualidad del "retorno", es decir, la de la "vuelta" a una Iglesia determinada; y se abogaba por la marcha de todos los cristianos, de todas las Iglesias al ver- dadero centro: al Señor Jesucristo. La voluntad que debía prevalecer sería la de Dios, no la de los hombres. Todos los cristianos rezan cada día: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". ¿Por qué esta afirmación debería valer para todo menos para el ecumenismo? Aquella intuición de Paul Couturier se cumple todavía hoy en el mundo cristiano.

2 . L A H E R E N C I A D E PAUL C O U T U R I E R

A. A l g u n a s huellas bien visibles

Es evidente que el Concilio Vaticano II toma expresiones textuales de Couturier en un texto del decreto de Ecumenismo: "Esta conversión del corazón y santidad de vida, junta- mente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, han de conside- rarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y con razón puede llamarse ecume- nismo espiritual" [UR 8).

Couturier promovió -además de las Semanas de la Unidad- muchos contactos ecumé- nicos en Francia. Merece destacarse el trabajo llevado a cabo en la abadía trapense de Les Dombes -en la que se reúnen anualmente durante un período de tiempo teólogos de varias Iglesias francesas para orar y dialogar- y que ha dejado interesantes acuerdos ecuménicos sobre el Bautismo, la Eucaristía, la autoridad eclesial, el papel de María en la historia de la salvaciórvfe'tc. Cabría decir que la huella del ecumenismo espiritual, impresa tan fuertemen- te por Paul Couturier en su ciudad de Lyon, ha continuado en el tiempo a través del "Centro Unidad Cristiana" cuyo continuador fue el incansable sacerdote Maurice Villain.

B. El r e c o n o c i m i e n t o del P. C o n g a r

El gran teólogo Yves Congar reconoció que lo que hizo el P. Couturier en el ecumenismo espiritual lo desearía él haber hecho en el ecumenismo doctrinal. Escribió mucho y bien sobre Couturier. Y dijo entre otras cosas que "su vida entera estuvo tomada por una pasión", la pasión de la unidad cristiana. Congar se preguntaba cuáles fueron las intuiciones de Couturier cuyo encadenamiento constituía todo un programa coherente de servicio a la uni- dad. Y contestaba así:

"Me parece que podrían enumerarse las siguientes articulaciones: la oración universal de los cristianos por la unidad; el alma de esta plegaria; la fórmula de la unidad; la peniten- cia ecuménica; la emulación espiritual; la percepción de germinaciones divinas..., etc.".

"Couturier transformó la Semana de Oración, instituida en 1909, en la que se rezaba por la conversión y regreso de los hermanos separados, en una 'oración universal de los cristia- nos por la unidad', gracias a una fórmula que nadie podría rechazar: 'la unidad que Dios querrá, cuando el querrá y por los medios que propondrá".

"Couturier propuso, en su perspectiva de la plegaria, el tema del 'monasterio invisible'. Por él entendía el conjunto, conocido por Dios sólo, de almas consagradas a orar la plegaria de Cristo por la unidad, como él mismo la vivía [...) Este tema, este término de 'monasterio invisible' es un ejemplo de lo que me parece ser un aspecto de la espiritualidad y de la acción ecuménica del abbé Couturier".

LA SEMANA DE ORACIÓN POR EA UNIDAD

In document 100 fichas sobre ecumenismo.pdf (página 115-117)

Outline

Documento similar