... Dejaré en medio de ti un pueblo pobreV humilde .. (Sof2,3;3,12-13) .
.. .No ha.v en muchos lo mano, muchos poderosos, muchos arisfócraws ..
(1 Cor 1, 26- 3 1)
... Dichosos los pobres en espíritu, porque ellos es el reino de los cielos ...(MtS, 1-12).
Qué pueblo más extraño ...
Se podría decir: las elecciones extrañas de Dios. Hasta extrava- gantes, según los criterios comunes de valoración.
Cuando se refiere afirma la profecía de Sofonías- a su
pueblo, pone los ojos, con evidente complacencia, sobre un pequeño resto de Israel, que se caracteriza por la humildady la pobreza.
Así pues, un pueblo «pobre y humilde» y también sincero en el
hablar (<<ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embus- ).
Es inútil decir que este pueblo no es humilde, pobrey sincero por definición (como si esas características tan apreciadas por el Señor fueran una especie de escudo colocado en la bandera, o una etiqueta pegada al tarro independientemente del contenido). No, está com- puesto por individuos realmente pobres, humildes, sencillos, que «bus-
can al y también la justicia.
Qué clase tan rara de comunidad ...
Cuando Pablo hace el censo de su parroquia de Corinto, advierte que a la llamada no responden intelectuales, poderosos, gente aris- tocrática.
Escasean los personajes ilustres, que ocupan puesto de mando y que han conquistado posiciones sociales de gran prestigio.
En una palabra, no es una comunidad de vip, sino de personas que no cuentan, es más, despreciables.
Celso -contra el que polemizaba Orígenes1
- describe así aquella
situación poco brillante: «Sus disposiciones eran de este tenor: 'Man- tened lejos al que sea culto, o sabio ... Pero abrid de par y par y con mucho ánimo las puertas a quien sea estúpido, ignorante, no instruido, confiado ... '. Ellos mismos admiten que esas personas son dignas de su Dios».
Lo que en boca de Celso debía constituir una acusación infamante, representa el más halagador elogio para la comunidad cristiana.
El manifiesto de reclutamiento de Uno que ha sido suspendido en un patíbulo como malhechor, llama necesariamente, bajo la cruz, a personas no cualificadas, es más, decididamente descalificadas a los ojos del mundo.
¡Para llegar a las alturas de Dios, es necesario colocarse muy abajo! Pablo, lejos de abatirse por la modesta tasa alfabética, por la reducidísima relevancia social, por el escaso peso económico y social de su comunidad, saca de ello motivo de complacencia y de honor en el Señor.
En Cristo, estos pobres, estos rechazados ya tienen todo. Habiendo recibido abundantemente del Señor, no sienten necesidad
alguna de recibir de otros. •
Pablo no promete: «La situación cambiará. Llegarán los ricos, los bienhechores. Tendremos el apoyo de los poderosos. Entablaremos las relaciones precisas con las personas que interesen. Y entonces también nosotros nos convertiremos en una fuerza».
y tampoco: «Os haremos estudiar. Tendremos así individuos pre- parados en los distintos campos del saben>.
Al contrario, está convencido de que aquella situación es ideal. Dios ha elegido precisamente a esa «gente baja del mundo, lo des- preciable», a esos simplones, porque necesita de ellos. Porque ellos son los que tienen el encargo de realizar su proyecto.
«Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta ...».
La debilidad, si quiere tener a raya y avergonzar a la fuerza, debe permanecer debilidad.
La necedad, para llevar a cabo su encargo de ridiculizar la sabi- duría, debe permanecer necedad.
contestar a quien vive palacio, es necesario estar
IIIlIY lejos él.
Dios no promueve «lo que no cuenta» a la grandeza en un plano
humano, no promueve los «nadie» haciéndoles ser «alguien». No
garantiza carreras. No saca a luz personajes, o primeras figuras que dominen la escena.
La comunidad no puede convertirse en trampolín de lanzamiento religioso para recuperar, con el apoyo de Dios y las recomendaciones de sus representantes, esas posiciones de prestigio y de dominio que estaban cerradas de antemano a causa de los orígenes oscuros.
Con otras palabras. Cristo no te ofrece, gracias a tu pertenencia a él, posibilidades que te hagan valer en un plano mundano. En todo caso te las quita.
Me parece que este es el punto esencial del equívoco de cierto estilo cristiano de hoy que, con el pretexto de la visibilidad, rechaza
la pequeñez y la modestia. Se equivoca quien cree que para hacer
frente a los poderosos tiene que hacerse fuerte. Que para resistir alos
sabios, es necesario ponerse a su altura. Que para tener influencia sobre las personas es indispensable manejar los hilos de sus vidas. Se alimenta así una especie de carrera, de competición, con las mismas armas, con las mismas reglas de juego.
Pablo, por el contrario, insinúa bastante abiertamente que sólo la necedad puede poner en jaque al orgullo de los doctos de este mundo. Unicamente la debilidad puede dar miedo a los fuertes y a los rosos.
Nadie puede pretender que, dándose importancia, se le tome en consideración como pertenencia de Cristo. Al contrario: los cluidos, marginados, no reconocidos, los que no son representati- vos, ni decorativos para salones o palcos, los que no son útiles o utilizables para proyectos de grandeza mundana, o como puntal para un cierto orden social fundado en el privilegio y en la prepotencia, esos son precisamente los que llegan a contar en un plano ticamente evangélico.
¿Es para nosotros una fecha histórica, festiva, el día en que un pobre hombre, un hombre de orígenes inciertos yquizás sin estudios, a lo mejor, el tonto del barrio, pide poder entrar a formar parte de la comunidad?
¿Estamos convencidos de que la verdadera historia que se inicia con la profecía de Sofonías, con la parroquia de Corinto, en la montaña sobre la que Cristo ha proclamado su ley hecha de paradojas, es una historia que no se escribe en los documentos oficiales?
Las preferencias extrañas de Dios aparecen con plena evidencia en las bienaventuranzas evangélicas que abren el manifiesto mático del Reino.
Si bien aquí están en primer plano los pobres (las distintas bienaventuranzas no son más que una variante del tema dominante de la pobreza), quienes, aunque se intente «espiritualizar» el discurso, ciertamente no son individuos parapetados en sus posiciones de poder, izados sobre las cátedras de un saber afectado, apoltronados en su bienestar quizás digerido más fácilmente con algún jugo religioso ...
¿A alguno le pasa por la cabeza que, cuando Cristo proclama ,<dichosos los pobres en el espíritu», quiere decir precisamente lo que todos tenemos miedo de entender. ..?
QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO