... Vosotros, por mano de paganos, matasteis en una Pero Dios lo resucitó ... (Hech 2, 14.22-28) . .. Tomad en vuestro en esta .. (1 Pe
1,17-21) .
... ¿No ardfa nuestro mientras nos hablaba por
el camino y nos las Escrituras?.. (Le 24, 13-35).
«Paz a vosotros» no significa «Estad tranquilos ...»
Hoy, aunque intentes sustraerte, no lograrás escapar a una palabra que te molesta y te alcanza por todas partes.
Pasas por la encuentras personas «exaltadas», e intentas
prescindir de aquellos individuos porque los crees unos borrachos; pero oyes que te dicen en la cara: eres corresponsable de un homicidio. La víctima no es un delincuente, sino un hombre enviado por Dios y acreditado a través de signos excepcionales.
Te alejas por una calle cualquiera masticando amargura por un asunto que ha terminado mal, y resulta que se te acerca un viajero desconocido, que está a dos velas en este asunto, Lo informas y él como gratitud te llama «necio y torpe para creer... ».
Finalmente te llega a casa una carta echada hace un montón de tiempo que te recuerda que has sido librado «de un proceder recibido en herenciay que, por consiguiente, tendrías que actuar de una manera consecuente,
¿Pero la pascua no debía ser un mensaje de paz?
Exacto, pero sabiendo que cuando Cristo resucitado desea «paz a vosotros», no pretende decir «estad tranquilos», sino «abrid los ojos,
moveos ... arreglad las cosas según un orden nuevo ... no tengáis miedo de vivir rechazando el guión del pasado».
Has celebrado la pascua, no si has ido a confesar y comulgar, sino si te encuentras imposibilitado para echar marcha atrás. Precisamente como les pasó a los judíos: el mar Rojo se cerró definitivamente a sus espaldas.
Una predicación como para dormir a la gente de pie. Sin embargo ...
Digamos la verdad. La predicación de Pedro en una plaza (su primer gran discurso misionero) se define eufemísticamente por los estudiosos como «bastante compleja».
¿Nos atreveríamos a llamarla decididamente indigesta? Hoy la mayor parte de los oyentes se dormirían de pie (o usarían los pies para escapar) .
Hemos de reconocerlo. El discurso inaugural del primer papa no es un modelo de simplicidad. Por otra parte, el hecho de que Lucas
haya metido mano en lejos de hacerlo más sencillo, lo complica
más.
En realidad esa temática, esos argumentos, llenos de citas bíblicas
(loel, textos apocalípticos, salmos 110 y 16), que necesi-
tarían a su vez ulteriores comentarios, resultan bastante extraños a nuestra mental idad.
Difícil, para uno que frecuente la plaza, para un cristiano cual- quiera, aclararse en todo ese lío.
Es imposible seguir a Pedro a lo largo de aquel sendero inaccesible de interpretación del salmo 16, sobre el tema de la resurrección, en donde parece que David habla de mismo, pero como ya está muerto y su sepulcro resulta accesible a todos, no podía hablar de sí, sino de otro, o sea, del mesías.
De todos modos, dejándonos ayudar de los exegetas, podemos dividir la predicación en tres partes (de la que hoy prácticamente sólo
lee la segunda, y además mutilada):
-Interpretación del acontecimiento de pentecostés (v. 14-21). cristiano (22-36). En resumen: el misterio pascual, cumplimiento del plan de Dios. Por lo que los hombres, incluso con sus acciones más infames, no hacen sino realizar aquel designio.
-Invitación urgente a la conversión (37-39).
Lo que llama la atención es el éxito obtenido por este discurso. En términos cristianos el éxito no se mide por los aplausos, sino por hecho de que la palabra dé en el blanco.
y el signo revelador es uno solo, y se llama conversíón.
y ahora, elmismo libro de los Hechos nos informa de que «aquel día» la palabra hizo diana en tres mil personas.
El dato aparece sorprendente, aun admitiendo que no se trate de un fenómeno inmediato; más bien debe pensarse en una siembra fructuosa, y así Lucas anticipa lo que iba a ser el final de aquel cambio.
Y, aun concediendo que los oyentes de Pedro tuvieran mucha más familiaridad con la Escritura que muchos asiduos de la iglesia, queda
sin explicar cómo un sermón además no adaptado a un auditorio
popular- haya tenido una eficacia tal.
Entonces la explicación hay que buscarla apelando al poder del Espíritu, capaz de dar vida incluso a la palabra más árida, y de llevarla a «herir» los corazones.
Entonces el hombre ¿qué nos ha ofrecido?
-La franqueza, ante todo. O sea, el coraje. O sea, un lenguaje no diplomático, que va derecho al blanco. Pedro no halaga a los oyentes. Dice cosas muy distintas a las que les gustaría oír.
Una palabra profética no es una palabra que acaricia, que «res- ponde a las expectativas». Puede ser una palabra que arranca la piel y defrauda las expectativas. Porque obliga a un cambio (ante todo en el modo de valorar los actos). Que es lo último que la gente agradece.
-Pedro no habla aislado. Es portavoz de los apóstoles. Respal- dándole está el grupo de los testigos que se reconocen en él. Sus palabras no han sido elaboradas por un equipo de especialistas, sino que son la expresión de la fe de una comunidad. En cierto sentido han sido suscritas por todos.
- Finalmente, pienso que se vereficó, en los oyentes, aquel fe- nómeno característico ya experimentado por los dos de Emaús, quienes denuncian así los síntomas de aquel «malestar» que habían advertido dentro de sí mientras escuchaban la predicación por el camino: «... ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos ex- plicaba las Escrituras? ..
Este es el gran secreto. Las explicaciones más convincentes no son las que hacen mella en nuestro cerebro, sino las que llevan el fuego al corazón. Sólo puede decirse que la palabra de Dios ha sido escuchada, y que ilumina el camino, cuando logra inflamar un corazón.
Los oyentes se duermen de pie, o sentados (no hacen siquiera el gesto de irse, que al menos sería un signo de reacción) cuando la palabra que les alcanza ya está apagada de antemano.
Amory temor
En su carta, Pedro subraya además dos aspectos de la fe que parecen chocar entre sí, pero que son complementarios.
Se trata de mantener con Dios una relación filial y, al mismo tiempo, de cultivar el temor.
Este temor no tiene nada que ver con el miedo. Hay cristianos que viven su relación con Dios bajo el signo del miedo, ¡pero no por eso poseen el don del temor! Implica la capacidad de organizar la propia vida partiendo de la perspectiva de Dios, de su señorío, y de sus exigencias.
Un marco de fondo: la peregrinación.
Un peligro de fondo: tener una experiencia vacía y sin sen- tido.
y hay una acentuación particular: vivir la ferialidad de la fe. Finalmente hay un tema de fondo: la esperanza que no significa esperar, sino anticipar el futuro con un estilo de vida peculiar.
En una palabra, se trata de interpretar la propia existencia en términos de conversión permanente, de éxodo.
Como dice R. Fabris: «Superación del conformismo mimético del ambiente que amenaza continuamente con reabsorber la diversidad de los cristianos, haciéndolos entrar en el standard común».
Por tanto, vivir la dimensión pascual de la propia existencia de creyentes significa rechazar toda tentación de enfilar un camino de huida tanto hacia el pasado (vacío), como hacia la insignificancia. Quien ha sido rescatado «no con bienes efímeros», sino «a precio de la sangre de Cristo», no puede gastar su vida en realidades irri- sorias.
¡Qué desilusión'
Sobre el episodio de Emaús, quisiera simplemente ofrecer algunos puntos de reflexión:
Los dos discípulos pueden tomarse como símbolo de todos nosotros, hoy.
Están informados. Saben todo, hasta las ultimísimas noticias. Cris- to se presenta «desinformado», no está al corriente de lo que ha su- cedido, y tiene necesidad de ser informado sobre los hechos.
Pero es él quien debe explicar el sentido de lo que ha pasado. Nuestro problema no es el de aumentar las informaciones, sino entender, interpretar, captar su significado.
- Jesús, ciertamente, se manifiesta y es reconocido en el gesto de «partir el pan». Pero antes descubre las Escrituras. Y, descubriendo las Escrituras, se revela a sí mismo.
La liturgia de la palabra no es, simplemente, preparatoria de la liturgia eucarística. Las dos son manifestación plena del misterio de Cristo.
Es interesante leer cómo cuentan la historia de Cristo Cleofás y su amigo. Todo sustancialmente exacto, pero parece una narración en la oscuridad. Sí, falta la luz.
Podemos decir: la «carrera» de Jesús de Nazaret leída por los hombres al margen de la luz de la resurrección.
Los acontecimientos ahí están. Pero, sin la pascua, esta historia es la historia de una gran ilusión. «Lástima que haya terminado así ... ». dos se alejan de Jerusalén, donde estaba el centro de los acontecimientos, se han separado de la comunidad.
Jesús, por suerte, nos alcanza, nos encuentra, no sólo cuando lo buscamos, sino también cuando huimos.
- Es solamente una sospecha, pero no logro guardármela sólo para mí.
Pienso que Jesús ha probado. Eligiendo al azar a aquellos dos. Quizás esperaba que apenas recibido el primer anuncio de las mujeres, fueran ya a difundir la noticia, a sembrar esperanza, a llevar los signos.
Quizás se ha juntado a ellos, como un forastero cualquiera, al oscuro de todo, para oírles anunciar la resurrección,
Quería probar la emoción de ser uno de los destinatarios de la noticia sensacional que debería correr por el mundo entero.
Hay gente que no sé cuánto daría por asistir a sus funerales, por oír el comentario de los asistentes. Jesús prefiere oír el comentario de su evasión del sepulcro.
Pero ha tenido que oírles hablar únicamente de su muerte. Y cómo todo acababa allí. Ni siquiera la sospecha de otra realidad.
Siempre te toca lidiar así con nosotros, Señor.
Cae demasiado rápidamente la oscuridad. Y tú tendrás que per- manecer largo tiempo con nosotros, hacerte conocer una infinidad de veces, si quieres que dejemos de anunciar solamente tu muerte.
CUARTO DOMINGO DE PASCUA