... Entonces romperá tu luz como la aurora, enseguida te brotará la carne sana ... (Is 58, 7-10).
Cuando vine a vosotros a anunciaros el testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia () sabiduría .. (1Cor 2, 1-5) .
... Vosotros sois la sal de la ... Vosotros sois la luz del mundo ... Vean (los hombres) vuestras buenas obras ... (Mt 5,13-16).
Dar luz para hacer luz
y existe también tu luz (el tema de la luz aparece dominante en la liturgia de hoy).
Quisiera decir que existe una luz en casa». Habla de ello
el trito-Isaías (primera lectura).
Si tu casa constituye el punto de referencia para quien se encuentra en dificultad, para quien no tiene casa, para quien está privado de recursos para procurarse lo necesario para la vida, entonces eres un productor de luz, para ti y para los demás.
Si eres un proveedor de esperanza, para quien está desprovisto de ella, se disiparán tus tinieblas (<<tu oscuridad se volverá mediodía»).
Si te preocupas de los males ajenos, «enseguida te brotará la carne sana».
Tu pan jamás quedará sentado (<<correoso», dicen en mi tierra), cuando lo repartas.
Las obras indicadas por el trito-Isaías son el equivalente de las «obras buenas» que los discípulos de Jesús han de presentar a los ojos de los hombres para que estos den gloria al Padre que está en los cielos (lo que quiere decir que constituyen el signo necesario a través del cual los hombres descubren su presencia sobre la tierra).
Evidentemente son también válidas, actuales, obligatorias, en el nuevo testamento. Son siempre una novedad. Representan una forma de lenguaje puesto al día, comprensible para todos, para hablar de Dios.
Entre las obras buenas recomendadas está también la que consiste en abstenerse del «gesto amenazador» y de la maledicencia. Juzgar, chismorrear, o incluso difamar, especializarse en la maledicencia, son obras muy difundidas. Pero que se hacen «buenas» sólo ... cuando no se practican.
Hay que notar también la ligazón con Dios y con el culto. La oración sólo alcanzará a Dios cuando la caridad alcance al prójimo.
Dios dice «aquí estoy» únicamente a quien responde «heme aquí» cuando alguien llama a su puerta.
Finalmente no es nada despreciable ese detalle: «... No te cierres a tu propia carne». También en el evangelio se hace referencia a la vela que se enciende para «que alumbre a todos los de casa».
O sea, las «buenas obras» no son un producto destinado exclusi- vamente a la exportación. Deben ser una mercancía de amplio consumo doméstico.
Evidentemente ya se ve que, desde el tiempo de los profetas, había gente que andaba de un lado para otro, y se marchaba lejos, para encender una luz. Y dejaba a los «suyos» a oscuras ...
El maestro ha aprendido a no saber nada ...
«Me presenté a vosotros débil y temeroso ... recuerda Pablo a sus parroquianos de Corinto.
Para mí es una de las declaraciones más bellas que ha hecho el apóstol.
Después de la experiencia negativa de Atenas, donde trató con los hombres de la cultura, entendió que tenía que cambiar de método y de estilo (a veces los fracasos son más útiles que los éxitos, siempre que uno tenga la valentía de reconocer los propios errores).
y se presenta en Corinto después de dejar de lado la presunción y las palabras elegantes. No duda en aparecer como uno que no está muy seguro de sí mismo, sin arrogancia ni jactancia, consciente de las propias limitaciones, respetuoso con los demás.
En una palabra, todo lo contrario al maestro desenvuelto, al cam- peón que presume de valiente.
La luz sólo puede ofrecerse a los demás con modestiaydelicadeza. Si Cristo sobre la cruz se manifiesta en la debilidad, el apóstol no puede hacer otra cosa sino revestirse de esta debilidad.
Solamente es posible hablar de la cruz de Cristo en tono humilde, con palabras sencillas.
Pablo ya no se apoya en la elocuencia, en la dialéctica, no apuesta por discursos efectistas. Más que preocuparse de «dar el golpe», intenta abrirse paso hacia los corazones, por el camino de la discreción.
Después del fracaso sufrido en la academia de Atenas, ya no se fía de sus argumentos brillantes, e intenta ser únicamente instrumento dócil del Espíritu: «Mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios».
En una palabra, Pablo ha comprendido que, tratándose de la luz del mensaje evangélico, no era el caso de adoptar una actitud de intelectual.
Ha caído en la cuenta de que, para hacer de maestro, tenía que aprender a no saber nada ...
Por eso ha elegido resueltamente la locura de la cruz.
El evangelio confiado a los «locos»
Me parece que el tema de la locura puede unirse estrechamente con el de la luz, y también con el de la sal, de que habla Cristo en su discurso programático del monte.
Estoy convencido de que la sal que no pierde su sabor y que, además de dar gusto al mensaje cristiano, impide el deterioro, la descomposición, la corrupción de la tierra, es precisamente la de la locura de las paradojas evangélicas.
y de la misma manera estoy convencido de que los cristianos, para ser «luz del mundo», no deben tener la pretensión de brillar. Deben olvidarse de la ilusión de dar luz a los otros con la propia inteligencia. E intentar desterrar la oscuridad y el caos que nos rodea con una pizca (abundante) de locura.
El hamo sapiens ha producido desastres notables. Es hora que se aparte, puesto que ni siquiera es capaz de resarcir los daños que ha causado.
La salvación de la humanidad sólo puede llevarse a efecto con la aparición del demens, del cristiano que sale de la cáscara de la racionalidad, del cálculo, de las prudencias tácticas, de los equilibrios, de la mesura, del justo medio, y emprenda decididamente el camino de la exageración, del exceso, de la provocación.
El mundo no tiene necesidad de beatos de cuello torcido, ni de intelectuales refinados, bien presentados y con la voz empolvada, ni de doctores que prescriben recetas y píldoras con las dosis apropiadas (que hagan bien al cuerpo sin acarrear daños al alma), sino de «locos de Dios», capaces de realizar gestos insólitos, y hasta un poco des-
preocupados (¡despreocupados al maXIlTIO, o sea, hasta del sentido común!), sorprendentes por su fantasía, escandalosos en su libertad, que no dudan en dar puñetazos sobre el estómago para hacer digerir el alimento evangélico más pesado.
Personalmente sostengo que las palabras de Cristo sólo pueden comprenderse, interpretarse y traducirse en una dimensión de necedad y hasta de locura.
Las bienaventuranzas -que se nos propusieron el domingo pa- sado- son en verdad una desconcertante «sinfonía de los locos»l.
Si no recuperamos el valor de la locura evangélica, jamás enten- deremos nada del espíritu que penetra el sermón de la montaña.
Erasmo de Rotterdam se definía «christianus infirmus». Y sin embargo era un intelectual excelente. Pero, en cuanto cristiano, re-
conocía ser «sin valor», «inservible». Quizás porque no era
suficientemente «irrazonable», no suficientemente experto en locura. En la tradición rusa fueron canonizados, junto a mártires y con- fes ores, decenas de locos por Cristo (<<jurodivyje», un término que sugiere algo así como «aborto», «cosa mostruosa»). Eran individuos que habían conseguido el diploma de analfabetos, ignorantes, idiotas. Pertenecían a la raza no del hamo sapiens, sino del homo demens, en la subespecie del homo
Tipos raros, inquietos, turbulentos, muchachos incorregibles que propinaban una somanta de molestias a los grandes, a los prelados y a la gente bien.
El pueblo les bautizó con el nombre de «niños de Dios». O los
declaraba simplemente significativamente!- «beatos».
Se divertían muchísimo perdigoneando a los gallos variopintos izados sobre su personal estercolero (hoy se verían más pintorescos y cantarines arrellanados en sus divanes de la televisión), que por la mañana gritaban al mundo que eran ellos, con su canto, los que hacían nacer el sol. Arrancaban con gusto las máscaras y las plumas a los pavos reales que informaban a la platea extática cómo su rueda era la que hacía girar la tierra.
En un clima conformista, opresor además de aburrido, ellos se han sentido despreocupados, impertinentes defensores de la libertad inte- nor.
Tengo la impresión de que hoy mucho cristianismo está enfermo de rigidez, compostura, aplomo, gravedad (que es lo opuesto a la seriedad, siendo la cosa más falsa, inauténtica, desde un punto de vista evangélico). Quizás hemos olvidado que Cristo no nos ha dicho que hemos de ser embalsamadores (momias que embalsaman a otras momias puede ser el equivalente al ciego que pretende llevar a otro
l. Así R. Petraglio y R. Fabbri ban titulado un comentario suyo sobre las bien- aventuranzas (Boiogna 1987).
ciego ... ), sino sal que quema (<<todos van a ser salados con fuego» Mc 9, 49).
Si no os hacéis como niños ... si no os convertís en locos ... si no tenéis sal en vosotros mismos, jamás gustaréis el gozo que invade todo el mensaje de Cristo, y no podréis difundirlo.
Los locos por Cristo nos recuerdan cuál es nuestra vocación es- pecífica. Nos trasmiten su método para que podamos realizar nuestra tarea de ser sal de la tierra y luz del mundo. Nos dicen:
«Muchos de vosotros os hacéis la ilusión de poseer a Dios con las ideas y de trasmitirlo por medio de las ideas. En realidad no hacéis más que girar en el vacío en torno a una imagen ajada e inocua de Dios.
Es necesario que os decidáis a dejaros seducir, incendiar por él. Porque sólo así lograréis seducir y quemar a los demás con vuestra sal.
Es necesario que toméis en serio las paradojas evangélicas, y que no os limitéis a bordar píasy doctas consideraciones sobre ese texto. El encuentro con él es siempre peligroso. Para vosotrosy para los demás.
Dejad de ser insignificantes, tímidos, sin tino, tranquilizadores. No queráis ser decorativos.
No bailéis el agua a los intelectuales.
Romped las líneas de la uniformidad, del consenso obligado. Sed unos irregulares.
Dios no os conquista cuando entra en vuestro cerebro.
Dios está seguro de poseeros,y de llegar a alguien cercano o lejano, sólo cuando le permitís adueñarse totalmente de vuestro corazón.
Dios no sabe qué hacer con vuestra mente cuando funciona de una manera irreprochable, de los primeros de la clase.
Dios tiene necesidad de vuestro corazón loco ...
y también los otros que están a oscuras, y que se ven obligados a engullir alimentos insípidos, tienen esta misma necesidad ...
SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Un
maestro «exceSIVO»
Siquieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad...(Eclo 15, 16·21).
Hablamos ... una sabiduría que no es de este mundo ... (1 Cor 2, 6·10) .
.. .Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no traréis en el reino de los cielos ... (Mt 5, 17·37).
El fuego y el agua
«Si quieres ... ».
El Eclesiástico, en la primera lectura, nos ofrece la clave de in- terpretación del mensaje de Cristo que nos llega desde las alturas de aquella montaña.
Ninguna imposición. «Si quieres ... ». Se trata de una llamada a la libertad.
La ley nueva no se presenta con un perentorio «debes», sino con una serie de invitaciones a la felicidad. «Dichosos ... dichosos ... di- chosos ... ».
Por tanto, «si quieres ... ».
Podríamos traducirlo también: «Si gustas ... )).
Si no te contentas, si no te resignas, si no te adaptas, si deseas salir fuera de la regularidad, de la vulgaridad, de una existencia in- colora e insabora ...
Entonces, es la hora de decidirse, de elegir.
La vida o la muerte. Pero, antes, debes aclarar qué es de verdad vida y en qué condiciones puede decirse que uno vive.
El agua o el fuego.
Tu querías poner de acuerdo el agua y el fuego. Y hasta inclinarte ... por el agua tibia, una solución de compromiso.
No, aquí se trata de elegir entre el uno o el otro. Las palabras de Cristo son fuego. Y no puedes acogerlas, si pretendes atenuarlas, echando en ellas cubos de sentido común, reservas mentales, aco- modos.
Si quieres, si tienes un deseo intenso, abrasador. .. Eres libre para rechazarlo.
Pero no te hagas la ilusión de que puedes negociar, obtener des- cuentos, minimizar, dulcificar, firmar tu adhesión buscando después escapatorias ...
Antes de enseñar ...
Quisiera, ante todo, mostrar cómo la temática de Mateo distingue entre fases o etapas, que se han de respetar sucesivamente, estando atentos para no poner antes10 que viene después. Se trata, pues, de:
-Comprender (<<no creáis que he venido a... », o sea, entended
bien. Pongamos las cosas en claro ... ).
Practicar u observar (<<el que se salte uno solo de estos pre-
ceptos ... ).
(<<pero quien los cumpla y enseñe así a los hombres ... »). Nuestro instinto (y nuestra costumbre) sería pasar inmediatamente a la enseñanza. Por el contrario, antes de enseñar es necesario com- prender.
y antes de enseñar, también es necesario practicar.
Si tienes dudas que aclarar, intenta Verás que,
ciendo», entenderás mejor.
Si temes que los otros no te entiendan, explícate mejor con las obras.
y después de que hayas enseñado, preocúpate de cerciorarte si has comprendido tú (el entender, el aprender, no constituye sólo la con- dición inicial, sino que representa también la consecuencia, tanto del practicar como del enseñar).
El es el más exigente
y precisemos la postura de Jesús frente a la ley antigua. Intentemos fijar algunos puntos:
l. No ha venido a abolirla, a declararla en decadencia, sino a «darla plenitud». Podemos decir: llevarla hasta las últimas conse- cuencias. No es cuestión, pues, de añadiduras, sino de descubrimiento
de la intención de Dios que la ley, y consiguientemente del
espíritu de la misma ley.
Cristo es el más exigente. Pero no en el sentido de la cantidad, sino de la radicalidad. Ni la aligera ni la hace más pesada. Sino que revela las implicaciones profundas de los mandamientos de Dios.
2. Jesús evita las deformacionesdellegalismo, de la casuística. «El cristiano no es el hombre de la minucia, sino de la totalidad» (G. Ravasi).
3. El Maestro denuncia sobre todo el equívoco delformalismo.
No le interesa simplemente la observancia disciplinar, el orden, el funcionamiento, que todo esté en regla.
El va a la raíz, al centro.
El sermón de la montaña no produce personas de bien, irrepren- sibles.
Crea individuos fieles a través de la adhesión, desde dentro, a la voluntad de Dios.
La ética de Cristo dirige todo hacia lainterioridad.
A este respecto son típicas las antítesis que se nos proponen en el texto del evangelio de hoy sobre los puntos específicos: «no matar», eladulterio, el divorcio y los juramentos.
Una religión formalista y legalista se preocupa exclusiva y obse- sivamente de la buena o mala conducta desde un punto de vista exterior, fijando y multiplicando normas y reglamentos.
Cristo identifica el pecado, lo desaloja de su escondite más secreto: el corazón del hombre.
La ley imponía: no al asesinato. Pero yo os digo: no a la cólera, alodio en el corazón, no al desprecio al otro.
La ley antigua condenaba el adulterio. Pero yo os digo: no a la concupiscencia, no a los deseos deshonestos. También los deseos ensucian, no sólo las acciones.
La ley antigua sancionaba el divorcio en determinadas condiciones, respetando ciertos procedimientos. Pero yo os digo: la entrega al otro debe ser total, incondicionada, gozosa, sin reservas, sin egoísmos.
En una palabra, el matrimonio como compromiso serio, fidelidad costosa, signo luminoso del amor mismo de Dios. La indisolubilidad, no sancionada por una norma jurídica, sino confiada a un lazo mucho más fuerte: el establecido por las motivaciones profundas del corazón de un discípulo «apasionado», dispuesto a ir hasta el fondo.
La ley antigua tronaba: no a los juramentos falsos. Pero yo os digo: no a los juramentos. Un hablar habitual sincero, leal, típico de una persona veraz, es una garantía más que suficiente.
Decididamente, un Maestro exigente hasta el exceso.
Y, sin embargo, estamos llamados a elegir -parafraseando la expresión de Pablo en la segunda lectura- entre la moral corriente, dominante (<<de los príncipes de este mundo»), que conduce a la muer- te, y la moral de Cristo, que es la expresión de una sabiduría escondida, no evidente, que sólo puede ser acogida por revelación a través
del Espíritu, el único capaz de escrutar las profundidades de Dios, y que conduce a la plenitud de la vida.
Sabiduría escondida que nos abre al proyecto de Dios.
Sabiduría escondida porque nos deja intuir que ciertas cosas «ex- cesivas», Dios las reserva exclusivamente «para los que lo aman».
Así pues, el «pero yo os digo» de Cristo afecta sólo a aquellos a quienes se les concede comprender otro discurso. Un lenguaje secreto. El del amor.
SEPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO